mayo 03, 2007

Música y palabras.



Uno de mis muchos fracasos en la vida viene del lado de la música. Alguna vez rasqué la guitarra y sus sonidos me llenaron de armonías, pero mi voluntad flaqueó por el lado de la práctica y ahí quedé, triste y descorazonado buscando nuevos medios para calmar mis ansias artísticas.
Pero la música siguió martillándome y lo sigue haciendo, día tras día, noche a noche, recriminándome haberla abandonado a otros personajes que supieron dominarla.
Yo no pude, los acordes se desencontraban de mis dedos y las seis cuerdas nunca sonaron tal cual la imagen mental que trataba de emular. Peor era cuando mi voz buscaba entonar en armonía con ella, o muy baja, o muy alta o muy al medio, la realidad es que nunca coincidió el poder de mis cuerdas vocales con el de mi guitarra.
Allá está ella, descansando en un ataúd bonito pero oscuro, a la espera de un rencuentro que es posible que nunca suceda.
¿Por qué las letras? ¿Por qué no la música? ¿Por qué no un pentagrama en lugar de un teclado de computadora?
Nada más que por impericia y desconsuelo. Escribo porque no soy músico, busco en cada frase un acorde que la haga musical, tampoco es fácil, pero al menos es posible.
Los textos carecen de la urgencia de la música, pero no por ello se desentienden de la práctica, esto que hoy escribo, dentro de un año, de retomarlo quizás podría ganar musicalidad, no hablo de rimas, hablo de música, de armonía, de suavidad en las palabras, de palabras que acaricien algún costado del cuerpo por el solo hecho de ser ellas y no otras que por suerte o por desgracia fueron dejadas de lado.
Quiero hacer música en silencio, ahora sí practico, por momentos pienso en prosa, en ocasiones en verso, siempre en función de escribirlo en otro momento.
¿Piensan los músicos en música? Tal vez sí, pero con un código más amplio que palabras, con acordes, con arpegios, con siete notas que son muchas más, con miles de combinaciones posibles y con la certeza de que siempre habrá nuevas.
También siempre habrá nuevas historias que contar y eso me resta impotencia. Al igual que del piano a la guitarra, podré saltar de la ficción al ensayo, de la poesía al reportaje, del realismo mágico al hiper realismo. Algún día saltaré de las cuerdas a los vientos y esbozaré textos en inglés. Haré conciertos en forma de monólogos y con suerte, alguna de mis novela suene como una Opera.
Mientras tanto sigo practicando, envidiándole armonías a Girondo, Poe, Cortázar, Dostovyeski, Wilde, Hemingway, Borges. Ellos encontraron la música en sus letras, yo continúo buscando mis propios acordes.

Cruz J. Saubidet®
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3 comentarios:

Julie dijo...

Hola encontre tu blog en viviendo en olla y me alegra saber que hay una comunidad dominicana bloggiando. Yo tengo mi propio blog de diseno des de aqui NY tambien.

El Apestado dijo...

Yo le dí con la guitarra en la cabeza a mi hermano así que no fallé en eso de la música....

Anónimo dijo...

Lindas palabras, suenan a melancolía... y la melancolía también es hermosa. Usted siga haciendo música con palabras, el ritmo que intente sonará bien, se lo aseguro.
K.-