febrero 28, 2006

Dejar de fumar es fácil


Todo empezó como un juego. Tendría diez años cuando hurté a mi padre un cigarrillo y con inocencia infantil lo prendí en el baño. No tenía mucha gracia, chupaba y escupía el humo de manera sistemática y no me divertía en lo absoluto.
Ansioso por descubrir las bondades que hacían a mis padres depender de dicho elemento, se me ocurrió absorber una bocanada y tragarla. Por supuesto que sin la técnica es imposible, mi idea era tragar el humo cuan pedazo de pan. Pero luego de varios intentos truncos opté por mantener el humo en la boca y empujarlo con un trago de agua. Fue el acabose, tosí de manera incontrolada por más de media hora, mi garganta raspaba y como broche de oro mis padres me descubrieron.Pero el hombre es hombre y comete errores, cinco años después volví a intentarlo. Me sentía importante con un cigarrillo en la boca, no tragaba el humo pero el placer radicaba en tenerlo entre los dedos.Ya fuera de la soledad del baño, no faltó un amigo experimentado que me enseño la técnica de tragar el humo, de la posibilidad de sacarlo por la nariz, de hablar con él en los pulmones y, lo que tal vez fue mi perdición, la habilidad de hacer argollitas de humo.A los quince años considero que me transformé en un dependiente del cigarrillo. Mi padre me dejaba fumar delante de él y mi madre lo mismo, eso sí, si estaban los dos no lo hacía.A finales del colegio secundario todavía controlaba mis impulsos y no pasaba de los cinco cigarrillos diarios pero con la universidad y las noches de estudio ascendí a un paquete diario. Mi mentalidad austera me impidió superar esa barrera, me parecía un exceso fumar más de 20 cigarrillos en un día, pocas veces lo he hecho. Pero también me ha costado mucho fumar menos de 20, por lo que, según los estadistas, estoy dentro de los que fuman un paquete por día.Mis primeros diez años de fumador no fueron malos. Por ese entonces podía hacer cosas que hoy el cuerpo me niega. Aguantaba más de un minuto bajo el agua, nadaba distancias importantes sin cansarme, jugaba dos horas al fútbol o al tenis o a lo que sea. No sólo física era mi libertad, por ese entonces tampoco me molestaba la dependencia y ni siquiera me planteaba la posibilidad de dejarlo.Pero luego de más o menos 73000 cigarrillos en mi pecho, el cuerpo comenzó a resentirse. Primero fue la agitación e hiperventilación posterior a una corrida, luego demoraba cada vez más en cambiar el aire al hacer deporte. Un día en la pileta un dolor en el pecho me impidió seguir nadando y llegar a los dos largos bajo el agua. Otra noche me arremetió una taquicardia impresionante y una sensación que solo se calmaba subiendo el brazo izquierdo sobre la cabeza.Así y todo seguí fumando, sintiendo que estaba mal lo que hacía pero convencido de mi debilidad para dejarlo, de mi incapacidad de tranquilidad sin él y sin definir jamás que es lo sabroso que tiene.Pasaron 51000 cigarrillos más, el dolor en el pecho se hizo crónico, me costaba correr hasta la parada del colectivo y la acidez que provocaba en mi esófago era cada vez menos soportable. Entonces apareció la úlcera y los remedios y la orden del médico de abandonarlo.Mi mujer me propuso que recurriera a los parches de nicotina o a las pastillas inhibidoras. Me negué rotundamente, es mental, le decía, tengo que poder controlar mi ansiedad.Decidí esperar a terminar el último paquete existente en casa y luego renunciar. Este último vivió tres días. Deseé que nunca se acabara, pero se terminó y listo.Los primeros tiempos fueron durísimos, al levantarme solo pensaba en no fumar y me torturaba de deseo controlado. La necesidad de sentir el humo en la garganta no puede ser suplida con alimento alguno y me invadía una sensación de insaciedad constante.Mi humor también cambió, mi irritabilidad me volvió hosco y silencioso, mi mujer e hija dudaban antes de hablarme seguras de una mala contestación.Mis dedos fueron masticados, uñas, cutículas y piel fueron cercenadas, pero la ansiedad seguía firme cuan rulo de estatua. No quería salir, aunque necesitaba imperiosamente la soledad y el aire fresco en mi cara, suponía que las reuniones me generarían más deseo.La música me daba ganas de fumar, leer me daba ganas de fumar y escribir era imposible sin el cigarrillo. Realmente me sentía estúpido, ¿cómo era posible que abandonar algo que me dañaba tanto me costara tal esfuerzo? Recordé una novia de la adolescencia, pero no era momento de hacer analogías.El cuerpo también lo sentía, ante la falta de nicotina volvieron las palpitaciones a la hora de dormir, los movimientos bruscos y despertadas innecesarias. La sed me atormentaba por las noches y la tos, suponía que dejarlo me la sacaría, pero solo se incrementó. Envejecí varios años, convirtiéndome en un viejo cascarrabias que prefiere no hacer el amor pues el cigarrillo posterior resultaría obligatorio.No es nada fácil, en este momento el deseo me carcome las entrañas, no sé si podré soportarlo más. No, no podré. Me voy al kiosco en busca de tabaco, estas 60 horas sin fumar fueron, indudablemente, las más largas de mi vida.
Cruz J. Saubidet®
Publicado en "El Nuevo Cojo"

febrero 27, 2006

Su padre le puso Marco Cap. 6


Los caminos de Rodrigo fueron siempre río arriba, desde que tuvo poder de decisión el Paraná lo trasladó a contracorriente, a fuerza de motor.
Las conclusiones de don Cosme ahondaron en el ánimo del padre de Marco, cayó en la cuenta que estaba demasiado al oeste de su río y sintió una extraña desprotección a la vez de una libertad desconocida. No le gustaba Formosa, era una zona gris dentro de un país que él creía verde. Pero la realidad era que el concepto de patria casi no existía en Rodrigo, la pertenencia tenía más que ver con puertos, bares y amigos, no importaba mucho que se tratara de Argentina, Brasil o Uruguay. En el fondo, él sabía que sus caminos desconocerían fronteras.
Cada tanto leía diarios, tenía conciencia de que un tal Perón mandaba en el país, pero que estaba viejito por lo que a la brevedad su señora (que se llamaba María Estela pero le decían Isabel) iba a quedar al mando. Poco le importaba, su padre lo había convencido que los políticos nunca fueron ni serán trigo limpio y que lo más sano era vivir alejado de los vaivenes del poder. Sin embargo, en Corrientes había tocado la guitarra en varios actos políticos. Si bien se trataba de negocios, era imposible hacerse el sordo ante las denuncias de pobreza, desprotección y prepotencia que enumeraban los candidatos, muchos de ellos amigos de noches de fiesta en los bares del puerto.
Miró la hora al mismo tiempo que José entraba al bar. Se sentó junto a los viejos conocidos y conversaron un rato.
Pasada la siesta salieron rumbo a Fontana y allí pasaron la noche. No repitieron la velada de Pirané, solo cenaron en silencio y se fueron a dormir.
Rodrigo estaba meditabundo, casi no durmió esa noche agobiado por imágenes de su pasado que lo llamaban a la vez que rechazaban su acercamiento. Su hijo, la italianita, la imagen difusa de su padre, la idea de algo parecido a su madre, sus tías, los puertos, la guitarra siempre, los amigos muertos, el capitán, Joaquín y muchos otros hacían fila para un repaso efímero de vivencias que la mente de Rodrigo retenía unos segundos.
Desayunó junto a José y el día sucedió sin contratiempos entre mates, el motor del auto y las bajadas de José con sus productos.
Llegaron tarde a Formosa, comieron en el hotel y en la soledad del cuarto se puso a pensar en el futuro. Veinticinco años le parecieron suficientes para hacer un plan. Debía volver a Corrientes y aclarar sus asuntos. Luego quizás se conchabara en el barco por un tiempo y con el dinero ganado y su guitarra al hombro encararía lo más al norte que le dieran los pies. No sabía por que, pero tenía una necesidad de norte que lo agobiaba y debía obedecerle.
Al mediodía siguiente se acercó al puerto, el barco estaba amarrado y subió a saludar al capitán. La propuesta seguía en pie y la aceptó, no era mucho dinero pero tampoco mucho trabajo y se aseguraba casa y comida por el tiempo que durara el trabajo.
Zarparon e hicieron parada en Corrientes donde Rodrigo y el capitán declararon por el incidente del bote. Luego juntó sus cosas y, sin saludar, se despidió de la ciudad desde la popa de su nuevo hogar.
Unos días más tarde Buenos Aires se presentó ante sus ojos, tendría cuatro días antes de zarpar. Junto a Joaquín conoció los principales puntos de la ciudad aunque con su guitarra a cuestas prefirió el puerto con sus bares y sus putas. De madrugada volvía al barco y dormía hasta altas horas. Caminó la ciudad, fue a los cines de Lavalle y tomó un sinnúmero de cafés en los bares de Corrientes. Pero había algo raro en el aire, a diferencia de Corrientes, la gente era reacia a conversar demasiado. Así y todo hizo varios amigos de la mano de la música; aunque nunca lo invitaron a sus casas.

Cruz Joaquin Saubidet®

febrero 25, 2006

Leyes paradójicas o el muro de los lamentos


El los albores del año nuevo 2006, la cámara de representantes de EEUU aprobó por 239 votos a favor y 182 en contra el proyecto HR 4437.
Esta peligrosa ley aboga por la construcción de un muro fronterizo visible desde la Luna entre México y EEUU y, lo más terrible, transforma al inmigrante indocumentado en un criminal.
Entre otros aspectos, la ley obligaría a los empleadores a constatar el carácter “legal” de los empleados y enviar información detallada a los federales. También aceleraría las deportaciones a menos de 14 días y les entregaría unos buenos millones extras a las patrullas fronterizas.
El presidente Bush quiere proteger las fronteras para evitar el ingreso de terroristas y en enero de 2004 propuso, sin éxito y en vistas a las elecciones, que se concedieran permisos de trabajo por 3 años renovables a 3 más, pero luego de eso el inmigrante debería partir de los Estados Unidos. La propuesta es ilógica, ya que si un inmigrante pasa seis años en el país no se irá porque venza un plazo y volverá a ser ilegal luego de los años legales.
Los demócratas aseguran que la ley no será aprobada por el Senado, incluso presentaron la propuesta HR2030 en donde se flexibilizarían las condiciones para aquellos que acrediten 5 años de residencia, impuestos pagos y ausencia de antecedentes criminales.
No soy un especialista en inmigración ni mucho menos, pero en estos dos años en este país he comprendido que los inmigrantes ilegales son necesarios al establishment y su erradicación no solo es imposible sino que no es conveniente ni a la política ni a la economía del país.
Si bien algunos envían dinero a sus familias, muchos jóvenes y familias completas asentadas por estos lares consumen de una manera fabulosa. No es una crítica, cada quien vive como le gusta o como puede, pero el estado bajo ningún punto de vista puede afirmar que los inmigrantes le ocasionan un gasto ya que movilizan la economía (y por ende los impuestos) de una forma significativa y redituable.
No quiero extenderme aunque el tema se presta para mucho, ni quiero sacar conclusiones de fácil refutación en un futuro cercano, pero supongo que por el momento ninguna de estas leyes verá la luz. Quizá las presiones internas logren la construcción del muro, pero eso no va a frenar la inmigración, solo volverá más peligroso el cruce fronterizo.
La paradoja del caso es que una de las excusas de ejecutivo para estas leyes duras era la posible entrada de terroristas árabes por la frontera mexicana y resulta que el sr. Bush apoya que una empresa del gobierno de los Emiratos Árabes Unidos (si mal no recuerdo de ahí cerca “dicen por aquí”vinieron un par de los pilotos del 11 de setiembre o al menos “dicen por aquí” que Al Qaeda tiene una fuerte vinculación con E.A.U.) se haga cargo de seis de los principales puertos del país.

O nos ponemos de acuerdo o saltamos para cualquier lado.
Cruz Joaquin Saubidet ®

febrero 24, 2006

Para criticar me quedo callado (Diálogos conmigo mismo)


Hace un par de meses llegó a mis manos un libro de una escritora uruguaya, llamado “Che Patrón” en donde se detalla con gran belleza la vida de un hacendado correntino que se pasó la vida trabajando en el campo. El personaje es un hombre humilde, instruido y sumamente austero. Pero algo no me cerraba del protagonista. No encontraba la vuelta a mi problema con la calidad humana del señor y me preocupaba porque suelo inquinarme hacia personas desagradables, malas o estúpidas; pero este buen hombre no era nada de eso. Por esa causa releí el libro, esta vez en busca de elementos que me chocaran.
Por fin di con ellos. Mi desagrado no era para con él, sino para con un nefasto y repulsivo personaje de la historia Argentina llamado Isaac Rojas, del cual nuestro héroe era un gran amigo. Rojas fue el alma de la revolución del ’55 y el derrocamiento de Perón, y fue el ideólogo del bombardeo a Buenos Aires donde murieron una cantidad de inocentes. Como todo bicho, nunca llegó a presidente y mantuvo su influencia desde el segundo puesto del poder durante la revolución.

A partir de eso, mi país se fracturó definitivamente y surgieron infinidad de rencores dada la proscripción del peronismo que duró 18 años.
Lejos yo de ser peronista, veo sumamente incorrecto que se prohibiera a una fuerza política que aglutinaba al 50% de la población.
-¡Epa! Saubidet, se levantó politizado hoy.
-Todavía no me acosté, pero político siempre he sido.
-¿Usted no era de los que criticaban al gobierno de Perón?
-Desde ya, el personaje de Perón me pareció siempre detestable, pero no puedo ser tan obtuso de pretender que mi idea sea la de medio país que es peronista.
-No se que hubiera pasado de haber vivido por aquellas épocas, me lo veo apoyando el golpe de estado.
-Por ahí vamos mal, no suelo apoyar a nadie, nunca. Menos todavía un autoritarismo que prohibiera nombrar a Perón, Evita, Justicialismo, etc. ¡Déjese de joder! Esas boludeces generan odios y más odios y así hemos llegado a estos años.
-Tiene razón, pero recuerdo haberlo escuchado criticar mucho a Menem desde la radio.
-Desde ya que critico, critiqué y criticaré a Menem.
-Usted decía que no podía ser candidato una basura así.
-Lo mantengo, creo yo que una persona con tantos procesos y deshonestidades comprobadas no debería ser candidato. Pero la ley es la ley y hoy Carlos es Senador de la Nación. Por suerte no ganó la presidencia.
-Seguro, pero suele ser inevitable querer prohibir las injusticias.
-Supuestamente las leyes está para eso.
-¿Se ha vuelto inocente o me está jodiendo?
-Ninguna de las dos cosas. Teóricamente las leyes están para impedir las injusticias, que no lo hagan correctamente es otro tema. Pero están escritas e incluso son parecidas en casi todos los países. El problema es que no se cumplen.
-¡Usted es un descubridor!!
-Usted preguntó. Mi opinión es que en la mayoría de los países emergentes (jaja) las leyes responden a favoritismos del tipo económico. No es que no se cumplen, se esquivan de miles de maneras (algunas incluso legales).
-A ver, explique.
-Una empresa compra a otra empresa y luego de un tiempo la cierra porque presentó la bancarrota. No hay nada ilegal en ello, las empresas suelen fundirse y quebrar. Hasta ahí todo es legal. Pero la realidad es otra, la primera empresa provocó la debacle de la segunda luego de vaciarla y hacerse de sus activos. Como verá, la intención es mala desde el vamos, pero en ningún momento se quebrantó la ley.
-Todavía no está muy claro.
-El estado contrata una empresa para hacer un puente, luego de 20 años el puente está listo.
-¿Y?
-¿No le parece inmoral que se tarden 20 años en hacer un puente de mierda?
-Si.
-Bueno, pero es legal. El estado pagó por el puente y el puente se hizo.
-Me estoy perdiendo, ¿hacia donde vamos?
-Así no llegaremos muy lejos, el problema es la legalidad de la ilegalidad que sufrimos la mayoría de los países y donde los factores económicos suelen tornarse maestros en el arte de hacer legal lo ilegal.
-¿Y los políticos?
-Ellos son los que deberían protegernos de eso, pero muchos se transformaron en los factores económicos antes nombrados, previo paso por un poquito de corrupción.
-Entonces.
-Nada, me voy a dormir y mañana releo esto para comprobar las pavadas que escribo cuando estoy enojado y medio dormido.
-Un saludo a Morfeo.
-No se preocupe, comí bien.
Cruz Joaquin Saubidet®

febrero 22, 2006

Dolores de Cabeza





¿Escribir sobre que? Ni la menor idea, solo es una necesidad ingobernable luego de 10 días en los cuales el solo hecho de concentrar la vista en la pantalla me producía puntazos en la zona frontal de mi cabeza.
El mundo sigue igual, mal por donde lo miremos.
Las religiones continúan manejando más cosas que las lógicamente concebibles. Luego del problema de los dibujitos que sigue activo aunque más calmo, el tema importante y por fin reflejado es el poder nuclear de Irán para el que las caricaturas fueron un medio propagandístico importante a la hora de rechazar las negativas de la ONU. Fidel Castro apoyó a Irán en la producción de uranio enriquecido para producir energía y Chávez no tardará en pronunciarse en consecuencia.
Hamas maneja Palestina e Israel volvió a tirar una bombitas en represalia de no se que cosa.
Filipinas sufre las consecuencias del deterioro del suelo y la tala indiscriminada y los pueblos son sepultados bajo el barro producto de las lluvias de la época.
En Irak continúan los atentados y sigue muriendo gente todos los días de forma antinatural.
Por estos lares, la noticia es que los puertos de Philadelphia, Nueva York, Nueva Orleans, Nueva Jersey, Miami y Baltimore, son manejados por una empresa de los Emiratos Árabes. En realidad los manejaba una empresa inglesa pero esta se vendió y la compraron estos muchachos. La casa blanca asegura que los Emiratos árabes son amigos antiguos, pero a la población y a la oposición (que a estas alturas también consta de republicanos escaladores de poder) no les simpatiza la idea. Yo digo: ¿Por qué no sigue la mafia manejando los puertos como siempre? Ja.
Argentina y Uruguay siguen a las trompadas por el tema de las papeleras. ¿Cuál es el problema? ¿Los uruguayos mienten cuando aseguran que no van a dañar el medio ambiente? ¿O los detestables grupos ecologistas no tienen la capacidad de aceptar que ya se trata de no dar el brazo a torcer? Parece que el tema va mucho más allá de la ecología y quizás la población entrerriana esté reviviendo el orgullo Urquizista del siglo XIX.
Tal como suponía, en Bolivia no ha pasado nada. De las promesas de campaña, la única puesta en marcha es la rebaja de los sueldos. Días atrás los escuché al canciller boliviano y está bastante chapita, mezcla las relaciones internacionales con la Pachamama y los espíritus de los ancestros. Pero no voy a criticar, hay que darle tiempo y no ponerse ansioso, no hay que olvidar que todos los métodos probados en Bolivia fracasaron.
En Chile Bachelet está a punto de asumir y las aguas están calmas.
Latinoamérica sigue pobre y gobernada por mala gente, que le vamos a hacer. Estamos condenados a que las políticas y los políticos sean incorrectas y que siga primando el egoísmo por sobre el bienestar.
En México, Vicente Fox cubre algunos funcionarios corruptos del PAN y el PRI esta envuelto en un escándalo de magnitudes pues un gobernador y un empresario fueron grabados mientras planeaban apresar a una escritora que publicó un libro sobre el empresario donde dejaba al aire sus mañas de pederasta. Política, política sucia que al menos hoy día es dada a conocer. Al menos parte, no quiero pecar de inocente.
Así las cosas, no quiero abusar de mi imaginación y me duele la cabeza.
Cruz Joaquin Saubidet ®

febrero 17, 2006

Sobre enojos, religiones, culturas y dibujitos


publicado en El Nuevo Cojo.
Hace más de 25 años, una editorial española publicó una serie de revistas de historietas que gozaron de la aceptación del público en general. Se llamaba “Érase una vez, el hombre”. La caricatura en cuestión se valía de los mismos personajes para contar la historia de la humanidad de una manera entretenida para los niños.
Uno de los números se titulaba “La conquista del Islam” y, si mal no recuerdo, la imagen de Mahoma aparecía varias veces interactuando con los personajes.
A finales de septiembre de 2005, el periódico danés Jyllands-Posten publicó una serie de caricaturas humorísticas sobre Mahoma. Tampoco pasó mucho. Hasta que otros medios europeos reprodujeron días atrás los 12 dibujos y se armó la hecatombe.
La mayoría de los países musulmanes se movilizaron en repudio a la publicación y la violencia tomó tintes gigantescos cuando fueron quemadas embajadas, oficinas de la Unión Europea y una cantidad de sedes diplomáticas europeas en países musulmanes.
El Ayatolá Alí Jamenei, máxima autoridad Iraní (incluso el presidente debe consultarlo) declaró que se trata de una conspiración de los sionistas para crear tensiones entre musulmanes y cristianos y dijo: "Esta rabia es justificada e incluso santa, pero no está dirigida contra los cristianos del mundo, sino contra algunas manos diabólicas involucradas en este diabólico asunto"
Según explican los estudiosos, la imagen de Mahoma no puede ser representada pues esto llevaría aparejada la idolatría, elemento prohibido en el Corán.
Para ser franco, jamás he leído el Corán, ni la Torá, ni siquiera he prestado mucha atención a la Biblia. Pero supongo que no existe religión alguna que obligue al creyente o feligrés a iniciar una Guerra Santa contra tal o cual persona o estado.
La Iglesia católica la hizo específicamente contra los musulmanes y, junto con la Inquisición y la evangelización del mundo (¿incivilizado?), fueron crímenes terribles y repudiables. También debemos admitir que todo se trató de política y poder y que las intenciones religiosas eran el último eslabón de una cadena de codicias.
¿Los musulmanes odian a los judíos? No todos, pero una gran mayoría asentada en medio oriente, siente una inquina especial contra el pueblo hebreo. Las causas son territoriales, religiosas, económicas y raciales. Todas se incrementaron luego de la famosa guerra de los seis días en donde Israel multiplicó varias veces su territorio gracias a una estrategia perfecta y a la mirada para el costado de las potencias mundiales.
¿Los musulmanes odian a los cristianos? No lo creo, incluso comparten gran parte de sus creencias, aunque seguro debe quedar rencor por las cruzadas y es probable que consideren tibios a los católicos.
¿Los musulmanes odian a Estados Unidos? No, incluso varios millones se cobijan en su suelo y pagan sus impuestos puntualmente. Lo que odian es el imperialismo capitalista ejercido por el país y el incondicional apoyo prestado a Israel.
¿Por qué se enojan tanto por unas caricaturas? Dudo, aunque sin pruebas, que se trate de las caricaturas. Creo suponer que el poder político musulmán utiliza esta situación para enfervorizar a un pueblo exaltado en el dolor del sufrimiento y la pobreza y apegado a la esperanza eterna que solo le brinda su religión.
Los líderes musulmanes saben manejar a sus pueblos, saben unirlos en la fe en Alá y así, tal vez, pueden manipularlos con facilidad.
No los juzgo por eso, no existe político en la historia de la humanidad cuyo objetivo no haya sido ese. Los países poderosos manipulan el fervor de sus ciudadanos con comodidades, lujos y guerras ganadas; los en vías de desarrollo con la promesa de ello y los muy pobres generalmente buscan exaltar las pasiones místicas de sus habitantes.
No hay buenos ni malos, o sí, en todos los bandos hay buenos y malos.
¿En que terminará esto? Espero que no se agrave demasiado, a pesar de que una revista francesa publicó nuevas caricaturas del profeta en solidaridad con el diario danés. En los gobernantes estará la buena disposición de resolver el conflicto y aquietar las aguas. Por el momento, lo que se ha logrado es mucho odio de ambos lados, los indignados por la publicación y los que consideran excesiva la reacción. ®

febrero 14, 2006

SUEÑOS RAROS


Estos días de fuerte gripe y sueños interrumpidos, a mi subconsciente se le ha dado por soñar con la historia Argentina.
Suena extraño quizás, pero todo tiene su lógica, pues he pregonado desde aquí que la historia está cargada de gruesos errores y por ello me cuesta hasta lo imposible creer en ella.
La noche del viernes para el sábado soñé que debía caracterizar a Bernardino Rivadavia y a Juan Manuel de Rosas. Yo trabajaba en un periódico y mi escrito tenía que relatar dos fotos parecidas (eran Rivadavia y Rosas) pero sin criticar a ninguno de ellos pues estaba seguro de mi muerte si lo hacía.
Creo suponer que la disyuntiva onírica provenía de un artículo que había escrito para el diario sobre las caricaturas de Mahoma en el cual me había esforzado por ser imparcial y no creo haberlo logrado.
Del sábado al domingo soñé con Sarmiento, en este caso el bache se producía al momento que mi subconsciente no poseía demasiada información sobre los actos de gobierno de Domingo Faustino y sí aspectos de su personalidad progresiva, liberal y extremadamente racista. Debido a la falta de información antedicha, el sueño giraba en torno a banalidades, pero me exigía acumular información para continuar durmiendo tranquilo. A las tres de la mañana, después de tres repasos del mismo sueño opté por despertarme y hurgar entre mis libros alguno que hable del hombre. A las tres y media, totalmente desvelado, me sumergí en un libro de Felipe Pigna que, al menos para los requerimientos de mi sueño, me sirvió de ayuda. Apagué la lámpara en los márgenes del día, pero los sueños subsiguientes no se vieron reflejados en las lecturas.
Del domingo al lunes soñé con indios. Fue un sueño muy triste, desesperanzador. Los indios se iban al galope hacia el sur, siempre galopaban. Yo sabía que alguien los perseguía, pero como iba con ellos no me daba vuelta para mirar quienes eran. Me desperté cansado y transpirado, con un nudo en la garganta y una necesidad de leer sobre las conquistas de las tierras de los indios argentinos.
En eso ando, descreyendo un poco de cada autor, pero formándome un panorama de cómo puede haber sido esa matanza.
Anoche no soñé, estaba debilitado por las noches anteriores. Hoy me desperté a las cinco de la mañana y ya no pude seguir durmiendo.

febrero 12, 2006

Stand by...


Disculpen la tardanza, pero los últimos tres días casi no pude levantarme del sillón. La gripe sigue fuerte y las ideas en baja, el cuerpo me duele y algunas nauseas me exigen que no fume en este estado. Por suerte los juegos olímpicos de invierno y el básquet de la NBA me hicieron compañía y disfruté el triunfo de Manu Ginóbilli con los Spurs.
Por otro lado, mi próximo escrito “anecdotario de un espíritu libre 2”, me va a costar mucho trabajo, dado que mi amigo Cacho Barbero esta sufriendo una enfermedad incurable (mal de chagas) y ha tenido una fuerte recaída la última semana. Parece que el corazón le viene fallando. Así y todo escribiré las anécdotas pues merecen un capítulo aparte.
Hoy nevó mucho en Nueva York, la primera nevada del año y según los estadistas la más grande nunca medida.
Desde mi ventana pude ver los copos caer aunque no pude disfrutarlos dada mi salud.

Hasta mañana.

Cruz Joaquin Saubidet

febrero 07, 2006

Anecdotario de un hombre endeudado


Julián Ernesto Galeano nació hace más de cuarenta años en alguno de los tantos ranchos diseminados por el norte argentino. Creció en la miseria absoluta y siendo niño, llegó a comerse una vela para saciar el hambre de todo un día.
Desde sus ocho años ha cazado bichos de todo tipo y color para comer y vender sus cueros, siempre ha tenido perros alrededor, todos con los dientes limados y hambrientos como su dueño.
Julián nunca fue a la escuela, ni a la iglesia ni conoce de números demasiado. Julián sabe mucho de trabajo, de pobreza y, por que negarlo, de mujeres.
El hombre es de mediana estatura, de físico relleno, de cabeza grande y de fuerza descomunal. Prefiere trabajar solo, pocos pueden seguir su ritmo de trabajo porque, a diferencia del resto, cuando trabaja no piensa.
Lo he visto cavar pozos y plantar postes, incansable, durante muchas horas, lo pude observar encarando un toro de ochocientos kilos con su caballito de trescientos, lo vi caer y levantarse luego de ser pateado por vacas, terneros, caballos y alambrados eléctricos. Pero Julián no hace caso a esas pequeñeces, sabe que a la tarde de cada día, luego de tomar una jarra de vino y hacer el amor con su mujer, la vida volverá a sonreírle. Porque Julián necesita sexo al menos una vez por día, sino le hace mal, aseguraba.
La Guada era la mujer de Julián, lo fue por muchos años hasta que la “llevó” el comisario del pueblo a vivir con él. Tuvo tres hijos de Julián y luego se hizo ligar las trompas para poder disfrutar del sexo sin las incomodidades de una preñez no deseada. La Guada es grandota y fuerte, cada uno de sus pechos soportaría un niño de un año haciendo caballito. La Guada sabe escribir, mal, pero fue hasta tercer grado hasta que quedo esperando al Nenón luego de un encuentro con un vendedor ambulante. Tenía casi trece años y Doña María, su madre, adoptó al niño y nunca permitió a su madre tratarlo como hijo. La Guada cumplió los quince y hubo fiesta en el galpón, Julián estaba changueando por la estancia y se quedó al baile, siempre en un rincón con un jarro de vino en la mano. Pero esa noche, el vino cambió sus efectos y Julián bailó tres chamamés con la homenajeada, que a los pocos minutos, en la oscuridad del depósito de huevos, quedó embarazada de la primera hija del matrimonio.
Doña María mandó a llamar a Julián cuando notó lo abultado de la panza de su hija, el muchacho bajó la cabeza y construyó un rancho de palo y barro en una calle abandonada, junto a un afamado talabartero de la zona que se había armado un rancho a su medida (un metro cuarenta) que desde lejos parecía una casita de Barbie.
A pocos metros se instalaron Julián y la Guada y bajo ese techo agujereado nacieron sus tres hijos. No siempre vivieron ahí, muchas veces Julián tuvo casa en estancias, pero el vino lo dejó una y otra vez sin trabajo. Era tan buen trabajador, que lo volvían a contratar y echar de los mismos lugares infinidad de veces. Entonces Regresaba a su rancho en la “Calle Muerta” donde contaban año a año con nuevos vecinos. Y cuando no tenía trabajo salía a cazar y seguía siendo bueno, aunque el precio de los cueros ya no era tan rentable.
La familia de Guada y Julián era muy pobre, jamás tuvieron dinero en efectivo porque el sueldo indefectiblemente debía cubrir las cuentas que se amuchaban con el correr de los meses. Consumía cincuenta kilos de carne, cuarenta y cinco de pan y una bolsa de harina de veinticinco por mes. A eso había que sumarle siete o más damajuanas de vino de cinco litros, treinta y seis pilas grandes para el grabador que sonaba sin parar, caramelos para Julián y los chicos, verdulería, ropa, etc.etc. Por supuesto que todos los meses debían pagar la cuota de la mesa y las sillas, el televisor, las zapatillas Adidas de los chicos y los gigantescos vestidos de la Guada.
El sueldo de Julián tenía casi siempre un 125% de déficit, pero a él nunca le preocupó el tema, era de esos hombres que saben encontrar las soluciones en la inercia o el cansancio de los otros.
Julián jugaba bien al fútbol, era una pena que estuviera borracho todos los domingos, porque así y todo, su patada calzada en botas de goma se tornaba inatajable para los arqueros.
Hablábamos poco, pero teníamos una buena relación, cada vez que le planteaba que debía organizar su economía me respondía “AJA” y seguía pensando en sus cosas.
Llegó el día en que ningún comercio le fiaba, ya había cambiado de pueblo en tres ocasiones, pero ya no quedaba nadie a quien recurrir en 100 km. a la redonda.
Vino a mí preocupado, no tenía pan, ni papas y la vaca lechera estaba seca. Lo ayudé.
No le presté más plata porque me debía demasiada, así que lo declaré en “default” y le prohibí visitar pueblo alguno hasta que se aquieten las aguas. Yo le compraba los alimentos y otras necesidades y con lo poco que quedaba iba pagándole a los acreedores más simpáticos. Cada vez que andaba por el pueblo los comerciantes me preguntaban por él y yo les comentaba el default declarado y las quitas de intereses que deberían hacer para cobrar.
Pero llegó el día en que me fui de la zona y tuve que prepararlo a Julián para su reingreso al mundo. Un mes antes de mi partida lo llevaba conmigo y le mostraba las bondades de comprar en efectivo, él nunca lo había hecho y con celeridad le agarró el gusto al dinero constante y sonante. Incluso se transformó en ahorrativo, me lo demostró cuando al salir del supermercado me mostró un pulverizador para mosquitos y ante mi consulta sobre el veneno dijo: “el mes que viene”
Pasaron años sin verlo aunque seguí al tanto de su vida. Sus hijos se casaron y tienen hijos, la mujer lo dejó por un comisario y él, cambió mil veces de trabajo.
No encontramos en un bar hará dos años, conversamos poco como siempre, yo pagué dos cervezas y él se ofreció a pagar la última: “Anotala en mi cuenta Rolo” le dijo al mozo.

Cruz Joaquin Saubidet®

febrero 04, 2006

Anecdotario de un mendigo.


Hace mucho tiempo, yo vivía y trabajaba en la ciudad de Buenos Aires. Contaba con 20 años y consideraba imprescindible ser un tipo abierto y masivo. Por ello me parecía simpático conversar con los especimenes más zaparrastrosos de la urbe y hasta considerarlos “mis amigos”. Supongo que se trataba de mi espíritu de contradicción para con la gente que me rodeaba.
Por ese tiempo, solía recorrer a diario la calle peatonal “Florida”, arteria transitada como pocas y llena de oficinistas bien vestidos y apurados. Yo nunca lo estaba, el apuro no contaba entre mis cualidades, y sí, dejaba para mañana lo que podía hacer hoy.
Todos los días, hiciese calor, frió o lloviese; a pocos metros de la intersección de Florida y Corrientes, se asentaba un muchacho con la boca torcida y andar inestable que en tono de súplica decía: ¡Pod favod, me pueden ayudad! ¡Pod favod, me pueden ayudad! ¡Pod favod, me pueden ayudad!
De cuando en vez le daba algunas monedas, aunque nunca pronunció unas gracias. Yo lo observaba en sus movimientos, le tenía una mezcla de lástima y bronca por lo mal agradecido.
Pero sucedió una tardecita de invierno que lo descubrí conversando con un señor de traje. Noté que su voz no era la misma y que sus gestos perdían la torpeza, y su boca, aquella siempre torcida, modulaba con armonía y hasta dejaba leer sus palabras en el tumulto bullicioso de la tarde.
Confundido regresé a casa y durante semanas esperé encontrarlo en la misma situación. Harto de la incógnita, una tardecita me decidí a hablarle luego de darle unas monedas. La calle estaba casi desierta.
-Che, ¿por qué sos tan desagradecido?
-¿Que? ¿Pod que dice adsí?
-No me hables así que ya sé que fingís.
El muchacho miró para todos lados chequeando la cercanía de la gente. Cuando sintió que era el momento dijo:
-¡No me cagues el laburo!, No digas nada.
-¿Laburo? ¿De que laburo me hablás? Te pasás el día pidiendo.
-Es un trabajo, como cualquier otro.
-No, la mayoría de la gente hace otras cosas.
-La gente trabaja de lo que puede, con suerte de lo que le gusta.
-Si, pero vos podrías trabajar en otra cosa.
-Si, pero esto es un trabajo, cumplo un horario y una función.
-¿Qué función?
-Cubrir la necesidad caritativa de la gente. Por supuesto cobro por ello.
-Mirá que bien.
-Claro, la gente responde a necesidades, si tiene hambre va a comer a Mc. Donald, si quiere ropa tienen un millón de opciones, si quiere salir tiene teatros y cine a granel y si quiere hacer caridad me tiene a mí. La caridad es una necesidad básica.
-Visto de ese modo, tenés razón, aunque podrías agradecer de vez en cuando.
-¡Marketing!, la gente se siente mejor y más buena si no recibe siquiera una sonrisa luego de ser caritativa.
-¡Tenés todo pensado!
-Y, hace años que vivo de esto y no me va nada mal.
Seguimos en contacto por mucho tiempo, tengo su número de celular aunque preferimos mandarnos un e’mail para las fiestas. Ya no mendiga en Florida, la competencia se tornó feroz luego del desastre Menem-De La Rua. Trabaja en su propio Kiosco cerca de la cancha de Huracán y asegura que regala más de lo que vende.

Cruz Joaquin Saubidet®

febrero 02, 2006

El invento de la soledad PARTE 4 (epílogo)


Con el tiempo su trabajo lo absorbió de tal manera que dejó de extraer cobre, sus días estaban ocupados con las tareas rurales. Su inventiva seguía fuerte, logró un arado de cinco rejas que a fuerza de engranajes podía ser trasportado por un solo buey. Inventó una cosechadora de algodón muy rápida y una prensa para extraer el aceite de maíz. Pero tuvo que ceder, sus prioridades cambiaban con el tiempo y por ello debió valerse de materiales más fuertes que el cobre. Para no sentirse frustrado compraba hierro en bruto o herramientas viejas y las fundía en función de las nuevas.
Una vez que rompió esa barrera mental, logró proveerse de luz eléctrica en cantidades considerables, inventó grandes acumuladores con cobre y barras de carbón. Sus baterías gigantes tomaban energía del viento gracias a un sistema de quince ventiladores colocados sobre las palmas, si bien se vio obligado a proveerse de focos, esto le sirvió para trabajar de noche sin las presiones de las necesidades de la granja.
El invierno del noveno año logró construir la radio y con ella retomó de cierta manera el contacto con la realidad. Entendió que nada había cambiado demasiado, que su hurañismo no le había hecho perder grandes cosas, el país y el mundo seguían igual. Comprendió también que solo había cambiado el entorno de su infelicidad y no podía decidir con que mundo se quedaba. Había logrado relativamente su objetivo, hacía nueve años que se valía de su cerebro para sobrevivir, no había conquistado fabricar todo lo necesario, pero bien hubiera sobrevivido sin la ayuda del hierro o los foquitos.
En esos años había prescindido de mujer y amigos, a pesar de ello no se sentía peor que rodeado de ellos, pero extrañaba las charlas los días de lluvia, extrañaba reírse. ¿Cuántas veces había reído en soledad? Solo recordaba el día que logró el primer litro de aceite.
Y se enfermó, por primera vez su cuerpo le pidió paz, se sintió cansado y con fiebre. La cabeza le dolía y no podía pensar claramente. Se acostó pensando en un sueño reparador. Estaba solo y transpirado de pies a cabeza. Tenia frío. Se sentía triste aunque no entendía la causa. Los últimos nueve años no había dejado de pensar y proyectar, ahora el cuerpo le impedía la claridad de sus ideas, no podía focalizar pensamientos prácticos. Por eso estaba triste, porque no podía pensar. La tristeza y la alegría no necesitan pensamientos, solamente aparecen y se van cuando se les concede el lugar. Por mucho tiempo no pudieron entrar en José porque no encontraron espacio, quizás la soledad dio lugar a la tristeza, una gran tristeza que le impidió levantarse.
Ahí quedó, ahí lo encontraron unos chicos vecinos que luego de días de silencio se animaron a cruzar la tranquera. Ahí lo enterraron, nadie reportó su muerte a la policía ni nadie preguntó por él, nueve años de ausencia es mucho tiempo.
Aun se mantiene la casa en pie, un cura instaló allí su misión, es la única casa con ventilador y luz eléctrica en setenta kilómetros a la redonda. La llaman “la casa de José”, nadie supo su apellido ni quiso averiguarlo.
Algunos inventos están en uso, otros viven la incomprensión del paso del tiempo y tal vez nunca vean la luz, son muchos y seguirán apareciendo cada vez que al cura se le dé por hurgar en los rincones.
Pero ante todo, el vientito que corre por la casa en las siestas de verano, será siempre agradecido como un homenaje silencioso.
Cruz J. Saubidet®

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