mayo 27, 2014

UN POCO DE FILOSOFÍA

Luego de largos debates intelectuales y filosóficos
de conferencias en remotos parajes brindadas por personalidades sólo conocidas en pequeños círculos y después de haber devorado obras completas de famosos pensadores 
(Sócrates y su verdad única, 
Platón y su caverna, 
Marx y Engels y su socialismo científico, 
DESCARTES y su racionalidad, 
Hegel y su dialéctica, 
Hume y su escepticismo, 
Aquino y su filosofía moral, 
Locke y su empirismo, 
William James y su pragmatismo, 
Nietzsche y su moralismo anticristiano, 
Rousseau y su contrato social, 
Sartre y su existencialismo e 
incluso el ilustrado Voltaire;

he podido focalizar la esencia de la vida toda en una frase desnuda pero no por ello carente de profundidad:

“El foco de todos los problemas debe agarrarse con un trapo”

Cruz J. Saubidet®

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setiembre 16, 2013

No conocía el mar (primera parte)

Aníbal no conocía el mar, ni siquiera las lagunas cercanas, menos aún el gran río que tantas canciones había inspirado. Su patria consistía en cincuenta kilómetros a la redonda. Una vez se había alejado un poco más, pero como lo llevaron y trajeron en camioneta, no contaba como expedición. Se habría sentido aburrido si sus deseos hubieran volado más lejos, pero no, donde estaba tenía todo lo que necesitaba, especialmente su familia y su trabajo. Él seguía soltero a los cuarenta y pico de años, pero su papel de tío protector le daba tantas satisfacciones como si se tratara de un padre y sus hijos. La Gringa era la luz de sus ojos. Sus sobrinas crecían y tenían hijos, así y todo, el tío les repetía que lo mejor era que no se casaran, que él se ocuparía de vestir y alimentar a los pequeños para que ellas siguieran el camino más libre que encontraran. Un día apareció por la estancia un cura de esos que giran por los campos tratando de cristianizar con bautismos al por mayor, casamientos innecesarios y extremaunciones tardías. Luego de la misa celebrada en el galpón el sacerdote juntó a las parejas no consagradas en matrimonio y cometió el grave error de hablar antes con los hombres, siempre más propensos a la aceptación que las mujeres. Rodrigo, aceptó casarse con La Gringa, no era algo que deseara con desesperación, pero tener a su lado a la más linda de la zona era interesante y si el hijo que estaba a punto de nacer le pertenecía, él quería hacerse cargo. Luego, el sacerdote habló con las mujeres que acataron la decisión de sus hombres, pero La Gringa en ese momento estaba conversando con una amiga y no se preocupó de entender la situación ni las consecuencias. Al rato el cura armó todos sus petates para la celebración. Rodrigo llamó a La Gringa y la chica se acercó sin dejar de conversar. -¿Qué querés, Rodrigo? -Nada, Gringa, vení que el cura dice que nos va a casar. -¡Estás loco, vos! Yo no me quiero casar. -Dale, Gringa, si no el cura se pone como loco. -Que se ponga loco, yo no me voy a casar porque el cura me pida. -¡Pero el nene es mío! -Más vale, ¿Qué te pensás que soy yo? -Entonces tenemos que casarnos. -¡Casate vos si querés, yo no me voy a casar! -¿Pero, no me querés Gringa? -Más o menos, yo me quedo con el tío y los abuelos. -Entonce andá vos y decile al cura que no querés. -Si vos le dijiste que te querías casar andá vos a decirle al cura que yo no quiero. -¡Cámo sos, Gringa! ¡Después no me andes pidiendo plata para el nene, eh! -Bueno, pero vos no me pidas de verlo entonces. Ignorando a Rodrigo, la Gringa siguió conversando con su amiga como si nada hubiera pasado. La Gringa, la más pequeña de las sobrinas de Aníbal, que a los dieciséis estaba a punto de parir, aceptó la propuesta del tío y rechazó el pedido matrimonial del padre de la criatura, en realidad no lo quería demasiado y la oferta de vivir en esa casa alejada rodeada de monte no podía equipararse siquiera con la continuidad de la vida en comunidad de la casa de su tío. Le decían “La Gringa” por sus ojos claros y desde sus primeros años su belleza autóctona deslumbraba a todos. Aníbal adoraba a sus padres ya viejos y nunca se alejó de ellos, más aún cuando Monchito, Susi, La Gringa y Rosita, perdieron a Susana, su madre y hermana mayor de Aníbal víctima del “mal de chagas”, y recayeron de lleno en la vida familiar. La gringa tenía seis meses y despertó en el tío una adoración inimaginada en un hombre soltero. Rosita, con tres años, tardó un poco en adaptarse a la falta de madre, pero entre la abuela y el tío Héctor (hermano mayor de Aníbal) se ocuparon de hacerla feliz. Monchito ya tenía doce años y genes bondadosos y trabajadores, no era muy estudioso pero escribía y leía con destreza. A los quince empezó a trabajar en la estancia, a los veintitrés se casó y partió hacia un mejor trabajo, hoy tiene cuatro hijos y una bonita casa, que su mujer se encarga de mantener en optimas condiciones.

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mayo 03, 2013

pocoapoco

Entonces, en un acto de valor, lo mandé bien a la puta madre que lo parió. No sé si fue la solución e incluso esa actitud me cerraría muchas puertas en el futuro, pero últimamente cuando me hincho las pelotas tengo un plazo de tres días antes de explotar.


¿En que me perjudicaba ese personaje? En nada, incluso existe la posibilidad de que sintiera aprecio por mi persona, pero esa actitud de predicador y ese sombrero blanco eran demasiado para mi tolerancia.

Todo comenzó con el que escribió el Apocalipsis (quizás San Juan) donde se vomitaba a los tibios. A partir de ahí, la frase “decidite, la concha de tu hermana” fue ganando adeptos en el mundo occidental, no tanto en el oriente porque los chinos antes que nadie utilizaban la onomatopeya: ¡nomolestes! que sonaba como la imitación de un pájaro pero para todos significaba lo que significa.


 Segunda parte del texto

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agosto 09, 2011

La poesía homosexual y la genialidad de Bolaño

Todos alguna vez escribimos versos y nos creímos poetas, no reneguemos de ello.
No existe la poesía de machos, para escribir rimas nuestro lado femenino debe aflorar y eso está bien porque andar impostando masculinidad a toda hora suele ser cansador.

A veces los grandes escritores nos hacen creer que fuimos usurpados de alguna idea, posiblemente eso no sea cierto y el hecho de que creamos que lo que escribió alguien nosotros ya lo habiamos pensado sea simplemente la habilidad del autor mezclada con nuestro deseo de parecernos a él. Eso me ha pasado con el difunto Roberto Bolaño. En el primer capitulo de la novela "los sinsabores de un verdadero policía" habla de los poetas de la siguiente manera:

"Para Padilla, recordaba Amalfitano, existía literatura heterosexual, homosexual y bisexual. Las novelas, generalmente, eran heterosexuales. La poesía, en cambio, era absolutamente homosexual. Dentro del inmenso océano de esta distinguía varias corrientes: maricones, maricas, mar-iquitas, locas, bujarrones, mariposas, ninfos y filenos. Las dos corrientes mayores, sin embargo, eran la de los maricones y la de los maricas. Walt Whitman, por ejemplo, era un poeta maricón. Pablo Neruda, un poeta marica. William Blake era maricón, sin asomo de duda, y Octavio Paz marica. Borges era fileno, es decir de improviso podía ser maricón y de improviso simplemente asexual. Rubén Darío era una loca, de hecho la reina y el paradigma de las locas (...) Cernuda, el querido Cernuda, era un ninfo y en ocasiones de gran amargura un poeta maricón, mientras que Guillen, Aleixandre y Alberti podían ser considerados mariquita, bujarrón y marica respectivamente...."

Cruz J. Saubidet®

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abril 30, 2011

Empezar de abajo y otros delirios

Empezar de abajo decía mi padre, hay que empezar desde el principio.
Mas no existen los principios. Todo en la vida es una sucesión de hechos encadenados de la mejor manera que nos sale.
Hoy conocimos a alguien, está bueno eso, pero no podemos llamarle el principio de la relación, porque cada cosa que hicimos hasta el momento nos dirigió hacia ella, y a su vez, posiblemente también sea lo que la aleje de nosotros.
Es un problema pensar así, especialmente cuando el oficio de uno es contar historias, pero el mismo oficio se encarga de encaminar las letras transformando en difusos los comienzos y los finales, porque, lamentablemente nada tampoco termina hasta la muerte. Los libros deberían terminar con la muerte de todos los personajes.
Hace tiempo quiero escribir un cuento sobre héroes encontrados por la muerte antes de tiempo, pero, si no llegan a ser héroes porque se mueren, sólo son personas normales con todas las intenciones de llegar a héroes, pero sin el detalle de la supervivencia.
Me estoy yendo por las ramas como si mi historia se tratara de un árbol genealógico.
Quiero escribir historias de amor, románticas y conmovedoras, pero no me sale.
No soy romántico, le propuse a mi mujer matrimonio por teléfono, y me pareció suficiente el anillo de oro para el triplete “declaración-compromiso-casamiento” No solamente eso, al anillo lo perdí al segundo año de casado y nunca lo repuse. Mi mano es soltera desde hace diez años. Es un símbolo sin importancia (me digo) pero quizás tenga alguna repercusión en el futuro de mi matrimonio.
En algún momento se desencadenarán los reproches y ese bizantino detalle “anillístico” formará parte de la primera fila y yo sólo podré defenderme con disparos de amor, a veces más dañinos que las balas y otras insignificantes y carentes de toda fuerza.
El amor, ladies and gentelmen, es algo difícil de soportar, pero está bueno. No siempre, pero la mayoría de las veces, hace que nos sintamos refugiados y seguros. Bien dije “hace que” y “a seguro se lo llevaron preso”, pero al menos la sensación es agradable.
Amar es entregarle una gran parte de tu vida a otra persona, no es tan complicado. El problema es que no siempre se trata de la persona correcta y entonces un día te das cuenta de que en lugar de “lavarla a mano”, mandaron tu vida a una tintorería de limpieza en seco y se te estropeó y encogió demasiado. Entonces tu vida no te entra o te da vergüenza usarla. Eso debe ser triste, le he visto en muchas personas. La mayoría de ellas, en lugar de agarrar su vida y lavarla con cuidado y cariño, no, se la entregan a otra persona sin pensarlo demasiado. Otras, nunca más dejan que nadie se la lave y tampoco es lo ideal.
Siguiendo con las analogías “baratas”, a la vez de que nuestra vida es lavada de diferentes maneras nosotros debemos mantener presentable la vida de nuestras parejas y ahí vienen los agobios; que que ayer te la lavé, que que te la lavo mañana, que que ponétela así que la mancha no se nota tanto, etc., etc. Porque no se trata de andar haciéndose lavar la vida y listo; también tenemos que agarrar el jabón en barra, el cepillo y la tabla de lavar y darle duro y parejo a la vida de quien nos acompaña.
Cuando se alcanza un estado de conformidad con la forma de limpieza de tu vida y la de tu pareja, se llega a un equilibrio donde las pulcritudes y las manchas pasan a un segundo plano y se consigue una tranquilidad de espíritu más o menos recomendable. ¿Cuánto se tarda en lograr eso? Días, años, nunca, durante períodos, que se yo. En mi caso demoró unos siete años, quizás ocho. ¿Lo logré? Vaya uno a saber. A veces pareciera que sí.
Quizás la clave sea la libertad, y no hablo de libertad descontrolada y come caminos, la libertad es mucho mas intangible que eso, la libertad es un sentimiento de poder hacer y decir cosas sin el peligro de lastimar a la pareja. O al menos lastimándola de manera superficial sin llegar a heridas graves. O al menos lastimándola de verdad, pero sin el peligro de “todo se va a la mierda”
¡Háblenme del amor, señoras de grandes pechos y hombres bien dotados! ¡Cuéntenme de qué se trata esa vaina!
Yo sólo sé la parte que me ha tocado, pero debe haber tantos matices inimaginables y posiblemente más coloridos que el mío, no digo mejores porque yo soy un afortunado. Muchos me envidian, sin ir más lejos, mi vecino Eric a veces me consulta sobre como manejar situaciones insostenibles con su esposa. Insostenible es Eric, con sus ciento y pico de kilos. Mucho para su mujer, tan pequeñita. Pero ella es fuerte, claro que no es simpática, ni Eric lo es. A veces les sugiero que alguno de los dos debería reírse, aunque el otro se enoje, pero ellos insisten con la seriedad y pulcritud.
Ella se viste como una señora, siempre con pantalones negros sueltos y camisas blancas aburridas. Me gustaría preguntarle si al menos la ropa interior es sexy, todavía no hay tanta confianza para eso. Eric, en cambio, usa ropa ajustada, generalmente Lacoste o Ralph Lauren, que le queda bastante mal considerando las dimensiones de su estómago.
Creo que no pueden salirse de su “10 years plan” y por eso andan serios y con problemas. Porque son tan afortunados que es seis años completaron el plan, pero son tan americanos que deben esperan cuatro años para trazar uno nuevo. El plan era: doscientos cincuenta mil por año: se reparten entre 140 ella y 130 él; la casa de sus sueños: lista y habitada; hijo: la niña no salió linda pero es sanita; hasta tienen camionetas costosas e iguales (una negra y una blanca)
¿Dónde está el problema? Lamento decirlo pero debe ser sexual. Cuando tenga confianza para hacer preguntas de ese tipo, me enteraré de lo que realmente me interesa.
Mi otro vecino, Philix, un cincuentón “made in Rusia” con esposa al tono, creo que es feliz. Claro que es ruso y nunca va a contarme sus problemas. Pero se lo ve contento al hombre, siempre rodeado de amigos y de hijos.

¿Es el amor el que define la felicidad? No tengo idea. Antes pensaba que el sexo y la comida mandaban, pero cuando las hormonas se tranquilizan se esperan más cosas además de comer y coger bien.
aclaracion: este escrito no tiene remate, puedo seguir escribiendo sobre él, la bola seguirá siempre girando y las conclusiones serán efímeras, como yo, que desaparezco lentamente

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mayo 01, 2010

UNA COSA LLEVA A LA OTRA


Artículo Publicado en Daily News 29/4/2010

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octubre 27, 2009

Sin embargo no fue tan complicado

Sin embargo, señora “no se que mierda es usted pero pareciera tener poder” sus apreciaciones me suenan un poco incongruentes. Y no se trata de una reacción subjetiva a sus palabras, estoy seguro de que cualquier persona con no mucho, un poco de cabeza nada más, coincidiría conmigo tildándola de ignorante, o peor aún de infantil.

Sucede, señora mía, que el mundo es injusto y las necesidades desgraciadamente me han hecho depender de un sello que sólo usted es capaz de posar sobre este documento y, en este momento de mi vida es de suma importancia que figure en él.

Como me ha repetido, su dependencia tal como osa llamarla a pesar que la supongo más mía que suya dado que yo la utilizo, viene cumpliendo una intachable trayectoria bajo su mando y está raqueada entre las más eficientes del ministerio. También me asegura, casi con lágrimas en los ojos, que en sus veinte años de trayectoria pública jamás de los jamases ha aceptado una gratificación voluntaria de cliente alguno, ¿se refiere a coima quizás? Me pregunto las razones que la han llevado a tocar ese tema, yo no pregunté ni estaba interesado en sus ingresos extras. Claro que posiblemente me está ahorrando el mal trago de ser rechazado ante mi oferta.

Su ignorancia y mi necesidad forman una dicotomía infranqueable de conveniencias.

Usted asegura que falta un papel que yo aseguro haber dejado en mi visita anterior, es su palabra contra la mía y la discusión vacía. Usted sabe que no podré conseguir con celeridad el papel que solicita y veo un brillo orgásmico en sus ojos al negarme su aprobación.

¿Qué queda por hacer? ¿Qué me queda por hacer? Necesito el sello y ya estoy seguro que no lo apretará contra mi hoja por las buenas. Pienso, pienso en todas sus palabras y lo descubro, entonces me acerco a su oreja y le espeto: “Contra mi voluntad, señora “no se que mierda es usted pero pareciera tener poder” me veo en la obligación de ofrecerle una gratificación no-intencional para que presione su sello embadurnado en tinta sobre mis papeles”

Ella sonrió, mientras el sello volaba desde la almohadilla hacia mis papeles, yo pensaba: la vida es una mierda.

Cruz J. Saubidet®

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setiembre 10, 2009

La culpa no es de Maradona; es de los K

Yo no me olvido de algunas cosas, pero como la frase “ya te lo dije” es de mal gusto y educación, no voy a vanagloriarme de mi capacidad futurística.

Maradona les cuesta a los argentinos 600 millones de dólares por año y a eso, hay que sumarle su salario y el de sus acompañantes.
Yo no estoy loco. Julio Grondona, presidente de la AFA, aceptó la designación de su personaje menos querido a cambio del “arreglo” que transformó al estado como proveedor de la transmisión del fútbol por TV abierta.

El gobierno necesitaba al “Diego de la gente” en un primer plano mediático, necesitaba desviar la atención hacia un personaje harto popular, y entonces negoció la dirección técnica de la selección Nacional para Maradona y, por un tiempo, se sacó algunas cámaras y micrófonos de encima.

Si bien Maradona fue el mejor jugador argentino de la historia, su background como DT deja bastante que desear. Supuestamente Bilardo supliría esas falencias, pero ya es sabido que con los caprichos “del Diego” no se puede hacer mucho.

Así estamos ahora, con el agua al cuello y grandes posibilidades de perdernos el mundial de Sudáfrica.

No es culpa de Maradona, ¿Quién rechazaría el trabajo que siempre deseó? La culpa es de la política inmadura de la Argentina, donde el fútbol sigue siendo un arma demasiado poderosa.

Ahora hay que esperar, pedirle por favor a Bilardo que se ponga las pilas y rogar por un gesto de humildad maradoneano.
Y si no clasificamos, supongo que nada importará, Maradona seguirá siendo amado por el pueblo, que como ya sabemos perdona todo, desde a sus políticos ladrones y mentirosos hasta sus deportistas que juegan un mundial dopados.

Yo no me olvido de nada, y el fútbol me importa cada vez menos.

Queselevacer.

Cruz J. Saubidet®

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julio 11, 2009

YA SALIÓ -UNA COSA LLEVA A LA OTRA-



¨ Una Cosa lleva a la otra ¨ es una novela con variadas virtudes, pero sobre todo la de no intentar ser pretensiosa.
Saubidet desarrolla en ella una trama que bien podría no ser de ficción.
Aquí el escritor no deja escapar su espíritu periodístico, con retratos que nos resultan reales, creíbles; incluso familiares.
Personajes tales como Roberto pueden, perfectamente, representar a una buena parte de un empresariado vulgar y mezquino, cuyo único sostén de poder es el dinero. Una neo-burguesía que no sólo somete a sus empleados, sino que absorbe sus vidas al punto de intentar que se mimeticen con sus patronos, aunque sólo en sus miserables existencias.
En las antípodas, Julián o ¨ El Pichu ¨ son de esos personajes del post-menemato que pueden encontrarse en cualquier esquina, ya sea solazándose en un porro placero o ¨ poniéndole caño ¨ a su víctima de turno. Son víctimas, además de victimarios.
Cruz Saubidet revela sin rodeos el submundo de una Argentina que ha hundido sus valores elementales en la sórdida letrina de la no cultura del trabajo, del desamparo social, de la banalidad y la falta de proyectos. Y Saubidet los denuncia a través de su ficción, adopta un modo de relato casi auto-referencial, en primera persona, haciéndose cargo de la fuerza de sus palabras: Corrupción policial y política, la pauperización de los sectores más vulnerables de una sociedad que observa pasmada como su seguridad pende de un hilo, pero que a la hora de ¨ graznar ¨ una opinión, utiliza una tijera moral cortando por el segmento más delgado del cordel.
¨ Una Cosa lleva a la otra ¨ es – antes que nada – una novela creíble. Pero esto en sí mismo no es la virtud fundamental, sino que el mayor atributo que emana esa condición es que cada lector puede suspender su incredulidad gracias al hábil y cautivante relato de nuestro escritor santafecino.
Pasen y lean.
Vale la pena internarse en las páginas de ¨ Una cosa lleva a la otra ¨

Eduardo Molaro
Poeta / Escritor / Compositor / Productor artístico y amigo personal de CJS.
Buenos Aires – Abril de 2009

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mayo 19, 2009

PASADO PISADO

Muchos afirman que la vida es una sucesión de errores y que la felicidad son pequeños bocaditos que nos regala la realidad para que sigamos insistiendo en eso de vivir.
Otros, más optimistas, dicen que los errores no son errores sino elecciones que de alguna forma tomaron caminos inesperados. Me gusta más esa teoría, la idea de inesperado suele ser oscura y mal vista, aunque la mitad de las cosas inesperadas que nos suceden son agradables. Quizás consideramos como inesperadas sólo las cosas desagradables y no dejamos lugar a las cosas bonitas. Sin embargo no medimos con la misma vara de inesperado chocar con el auto a recibir un llamado de alguien a quien extrañamos. Las dos situaciones presentan la misma sorpresa pero tendemos a sobrevalorar la situación desagradable por sobre la alegre.
Hace días que vengo elaborando una teoría. La conclusión es que es suficiente un solo momento feliz en la vida para considerar que todo lo hecho antes de ese momento valió la pena. Si consideramos que la vida es una cadena infinita de decisiones donde una cosa lleva a la otra, no quedan dudas de que los errores anteriores fueron los que nos llevaron al momento feliz y que si hubiésemos cambiado un sí por un no hace dos años, nada de lo que hoy sucede sería así.
También (o tampoco) podemos estar seguros de que si hubiésemos tomado otras decisiones la vida nos habría sonreído por otros lados, eso sí, quitándonos las alegrías que conseguimos por este.
Al fin y al cabo, el pasado es inalterable (al menos por ahora) y lo único que tenemos por delante es el futuro que se volverá inquebrantable al momento que lo pisoteemos.
Lo pasado, pisado dice el dicho, el problema es no permitir que ese tiempo pasado ya pisado nos llene la cabeza de culpas y rencores difíciles de superar.
Hace muchos años tuve una psicóloga muy agradable, ella me dio la clave aunque aun no he podido llevarla a la práctica en su totalidad. Ella me aseguró que si uno no se perdona los errores, no podrá avanzar. Tenía razón. Es un trabajo duro, una lucha sin cuartel contra el pasado donde muchas veces creeremos darla por perdida, pero si consideramos que esa lucha es parte de nuestro pasado, podremos perdonarnos las derrotas y seguir intentando.
La felicidad es inesperada, podemos esperar logros, ascensos, dinero, mujeres, lujos, etc. pero nunca sabremos de qué lado vendrá la alegría pura, llena de cosquillas y deseos de eternidad, ella puede aparecer por cualquier frente, el menos pensado o el más común de todos, solo debemos relajarnos y dejar que nos inunde, mañana será una reserva anímica para superar imprevistos de los malos.

Cruz J. Saubidet®

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febrero 20, 2009

Homenaje a un gaucho de veras

Restituto Norberto Vargas es uno de los personajes famosos que abundan en cada una de las regiones de cada lugar del mundo.
Así como hoy fijamos la vista en algún personaje particular (punk, dark, gato, motoquero), hace años era inevitable prestar atención y observar detenidamente a Don Vargas. Hombre gaucho, grandote, de ojos achinados y de bigote grande y tupido.
Vale aclarar que nunca nos quisimos, o quizás yo no lo quise y a él le fui indiferente, pero a la distancia, lamento no haber aprovechado un poco más su sabiduría de hombre duro y trabajador.
Poco sé de su historia, sólo me queda el sabor amargo al sentir que trabajó mucho y hoy es un jubilado más en un pueblo perdido sin mucho que hacer y con una gran tristeza que lo carcome día a día.
El hombre anduvo siempre a caballo, durante sesenta años, cada día de su vida. De joven, dicen, le gustaban la farra, el vino y las mujeres; pero con los años dejó esos vicios y se dedicó a trabajar con responsabilidad. En sus genes estaba liderar a otros, y pese a su analfabetismo fue un capataz consultado por muchos a la hora de emprender trabajos grandes. Eso sí, a la antigua, con perros y a los gritos, a lo bruto, sin una pizca de psicología aunque siempre al frente de su tropa, demostrándole a los más jóvenes que él podía hacer las cosas mejor o igual que ellos.
Su libreta de anotaciones, basada en números y dibujitos, poseía un informe preciso y detallado de todo lo que sucedía dentro de las ocho mil hectáreas que manejaba, nada se le escapaba a su visión infalible de rodeos de vacas, terneros, toros, caballos, pastos, alambrados, posibles enfermedades, sequías o inundaciones.
¡Y el respeto! No solamente sus empleados, todas las personas se detenían a cruzar algunas frases con él, desde patrones y administradores hasta el más insignificante barrendero del pueblo. Vargas siempre tenía una risa para regalarles, una risa mezclada con palabras ilegibles para muchos pero contagiosa.
De grande le picó el bicho de la soledad (o de la trascendencia) y se juntó con la hija de un peón que le dio dos hijos a los que adoraba. La alegría le duró poco, su hija mayor tenía una grave enfermedad progresiva que consumió horas de amargura, hospitales y ahorros. Así y todo, la chica salió adelante e hizo una vida medianamente normal. Su hijo creció sano y fuerte, aunque desinteresado de las tareas rurales.
Vargas se jubiló a los 67 años, estiró lo más que pudo su retiro pero debió abandonar su trabajo luego de cincuenta años en la misma estancia. Se instaló en su casa en el pueblo e hizo algunos trabajos para amigos que le inventaban ocupaciones para mantenerlo entretenido.
Hace dos años, su hija Alejandra tuvo una decaída y murió a los 22 años. Desde ahí, nada pudo levantar el ánimo de Don Vargas. Los que pasan por su casa pueden verlo cada día, sentado en el patio, con el mate en la mano y la mirada triste. Quizás espere algo, quien sabe qué.
Cruz J. Saubidet®

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enero 22, 2009

La libertad frígida

Simulaba ser decente, simulaba ser comprensivo, simulaba hablar con corrección, simulaba estar enamorado.
Claro, yo lo conocía bastante bien, y eso que nunca fuimos muy amigos. Tal vez lo conocía tan bien por eso. Nos teníamos simpatía, por que negarlo, pero no existía el cariño suficiente como para perder la objetividad.
Yo lo sabía porque yo era parecido, yo simulaba muchas cosas también, aunque con el tiempo mi tolerancia flaqueaba por muchos frentes.
Alguna vez hablamos del tema y nos reímos entre ginebras y cervezas. Llegamos al punto de simular nuestra felicidad, tanto, que estuve a punto de convencerme que era así. Después, lógicamente los ciclos lo tiran abajo a uno. A él no, su felicidad simulada se prolongó a través de los años y creo que continúa.
Claro que yo sé que simula, no una amargura porque no es un tipo amargo, simula una conformidad para con su falta de libertad.
“Como si la libertad sirviera para algo”, me dijo un día antes de casarse. “La libertad es una ausencia total de paredes donde sujetarse, es algo un poco adolescente, algo que soñamos pero que no seremos capaces de homologar con nuestro equilibrio interior. Yo necesito, después de mucho tiempo, algo que me marque un camino delimitado. No sé si lo soportaré mucho, pero si no lo pruebo es posible que me esté perdiendo de algo”
Era extraño verlo en un ambiente tan rígido, tan tranquilo. Debo admitir que me chocaba. Pero él se movía como pez en el agua, trabajaba, ganaba plata, tenía hijos, dormía en horarios lógicos, visitaba personas y personas lo visitaban, hacía deporte y hasta creo que jugaba al golf.
Pasaron años y él seguía con cara de conforme.
Yo, en cambio, seguí con mi libertad y me fui hundiendo en la amargura.

Porque las posibilidades de felicidad no existían en mi mente, simulaba estar bien y también simulaba estar mal porque no es bueno que la gente piense que uno no tiene preocupaciones.
Un día empecé a preocuparme, algo no estaba bien en mí, mi libertad había dejado de servirme para sentirme libre.
Entonces lo fui a visitar y conversamos de la mano de un buen vino. No llegué a ninguna conclusión.
¿Qué es la libertad? Es posible que se trate de algo distinguible entre muchas sensaciones, quizás sea algo que deseamos tanto que no nos enteramos cuando la tenemos, ¿y cuando la perdemos? Acaso no se trate de algo que se pierda sino de una sensación que sólo se encuentra.
La libertad es la ostentación del egoísmo, es nuestra y no puede compartirse. La libertad no significa felicidad. La libertad genera muchos sentimientos, pero la felicidad no tiene mucho que ver con ella.
La libertad es un arma para dominar a los oprimidos, algo así como un paraíso en la Tierra, del cual nadie vuelve a contarnos su experiencia.
Sin embargo, conceptos diferentes de libertad hay por cientos. El preso que sale de la cárcel obtiene su libertad, claro que esa libertad será pequeña comparada con la que los hombres necesitan. Igual está bien y debe sentirse profundamente como algo maravilloso, hasta que deja de ser suficiente.
La libertad podría mutar a un “agradecimiento por haber abandonado una situación incómoda” y no estaría mal, aunque la nostalgia suele ser un poco hijoeputa y hasta hacernos añorar calvarios pasados. Porque la memoria es selectiva y no hay nada mas olvidadizo que ella. Si no, que me lo digan los divorciados que vuelven a casarse o las parturientas sufrientes.
La libertad esclaviza un poco, nos obliga a ser libres siempre y a rechazar posibles situaciones quizás agradables, creo que mi amigo no está tan equivocado.
Me parece que la libertad es un concepto demasiado grande, creo que por el momento una gran pasión a la que seguir tendrá efectos muy superiores. Yo sigo buscando.
Cruz J. Saubidet®


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enero 15, 2009

¿Quién es el transgresor?

¡Se ponía colorete que daba miedo! ¡Y del antiguo!, porque si algo podemos ponderar de la cosmética, es su evolución en materia de coloretes y tinturas. Las señoras de antaño imprimían en sus mejillas colores irreales que, no entiendo por qué, no las colocaban en un punto inferior de la evolución humana.
El hombre vuelve al pasado y las modas que parecen modernas son solo una retrospectiva de anteriores, quizás más antiguas de lo que podamos imaginar.
Cuando el arete en la oreja masculina dejó de parecer transgresor (aunque la historia antigua nos muestra que no se trata de algo moderno) los hombres comenzaron a cercenar otras partes de su cuerpo; así fue como nariz, ceja, lengua, ombligo, labio, pezón y hasta glande comenzaron a lucir adornos externos. ¡Nada de moderno! Tribus antiguas nos impresionaron con tales costumbres en revistas científicas.
¡Y los tatuajes! ¿Quién hoy en día no luce algún dibujo perenne sobre su piel? Claro que tampoco es algo moderno, quizás la carga significativa sea menor ahora, pero no difiere mucho de las culturas ancestrales.
Las egipcias pintaban sus rostros con esmero, las chicas y señoras de hoy en día también, ya sin temor al negro extendido sobre los ojos.
Agradezco que el colorete ya no exista en la forma de los ochentas, lo más cercano que queda es Pucca, pero es un dibujo animado.
Me pregunto si la transgresión tiene autenticidad y no encuentro muchas respuestas. Tal vez se trate de ciclos históricos y nada más. Luego de algunos años, las sociedades se abren y transforman años de represión cultural en transgresión. Pero esa transgresión no suele diferir de otra anterior.
Es posible que la transgresión pura venga del lado de la investigación. Sólo alguien que inventa algo totalmente novedoso y con eso rompe verdaderamente conceptos establecidos, puede llamarse un verdadero transgresor, sin importar que se vista como el más regular de los mortales.
El resto de nosotros,(que se viste distinto a la media, que usa aros, tatuajes, piercings o hasta que escribe pavadas queriendo ser “diferente”), solamente formamos parte de un ciclo histórico repetido que quedará en la nada luego de unos años. El transgresor es aquel que con su huella cambia el mundo, el resto es moda.
La transgresión es inteligencia usada en función de romper parámetros establecidos, aunque me gusta más el concepto de parámetros inexplorados.
Así las cosas, mientras no se me ocurra nada interesante, seguiré siendo uno más del montón, es triste, pero peor es el colorete.

Cruz J. Saubidet®

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enero 09, 2009

Siempre se deja alguna marca, muchas veces sin quererlo marcamos a la gente que nos rodea y nos quiere o no. La trascendencia puede ser buena o mala, cincuenta y cincuenta, nada nos asegura que nos recuerden por las cosas buenas o como reverendos hijos de puta, y nadie puede confirmarnos que nos moleste una o la otra.

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enero 05, 2009

Cara o Cruz, doble o nada

La otra cara de la moneda suele ser siempre mejor que la que nos ha tocado en suerte, ya lo decía Mr. Murphy en sus mandamientos que traspasaron el siglo XX y se adentraron en el nuevo con una certeza incontrolable.
Si sale cara, de seguros estábamos necesitando el numerito del importe o viceversa. Los grandes países trataron de acorralar el problema quitándole el número a la moneda, pero la cara sigue siendo la cara y del otro lado, lo que hubiere, va a significar lo contrario. ¡No señores! La suerte no va a cambiar por más que cambien los determinadores, la suerte va a cambiar cuando decidan de una vez por todas a hacer lo que hace falta para que dejen de importar las caras de la moneda.
Lo cierto es que la moneda en sí poco nos importa, nuestra suerte es un elemento al que cada vez colocamos menos esperanza, aunque sabemos que alguna vez nos puede tocar algo que valga la pena. Mientras tanto, nuestra lucha es robarle oportunidades al destino, muchas veces de forma violenta y otras recogiendo los pequeños despojos que la abundancia va dejando a nuestro paso.
También es un problema determinar si aquello que nos parece un regalo de la diosa fortuna lo es efectivamente. Muchas veces, aquellos que vislumbramos como seres afortunados no lo son tanto y, la billetera abultada, la preciosa mujer que los acompaña o la casa fantástica no tienen el poder suficiente para hacerlos felices. Pero, ¿Quién sabe? Al fin de cuentas, ni todos los viejos son sabios, ni todas las monjas vírgenes, ni todos los pobres buenos.
Never enough. Never will be...
Cruz J. Saubidet®

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diciembre 25, 2008

Solo un Detalle

¿A quién le importan los detalles? A mí, muy poco, aunque si consideramos como tales actitudes simpáticas o cariñosas, debo admitir que a veces me deleitan sus caricias.
Creo que el mes de diciembre debería llamarse el “mes de los detalles”. Todo el mundo anda regalando “detalles” a diestra y siniestra en forma de tarjetas con detalles auspiciosos, llamados telefónicos con detalles festivos, alguna que otra carta con “detalles” artesanales o simples emails con “detalles” recordatorios.
Mucha gente de estos lugares, tiene el “detalle” de enviar una postal navideña o de fin de año con una (o dos) fotografías de la familia unida y feliz. Esta arraigada costumbre tiene muchos detractores, entre los que me encuentro, aunque en mi caso sin una refutación válida, simplemente no me gusta. Otros censuradores de tal hábito son las personas que no tienen una familia pero desean tenerla, y ven en tales postales una actitud egoísta y ostentosa del remitente, suponiendo que su único deseo es refregarle en la cara sus logros personales. Muchos de mis alumnos apoyaban dicha postura, en consecuencia, les hice jurar que cuando tuvieran una familia no lo harían.
Como ahora vivo en el campo, la invasión de vidrieras, santaclauses y musiquitas me afectan mucho menos que años anteriores, donde Manhattan vomitaba “Christmas” hacia los cuatro puntos cardinales. Sin embargo, por estos barrios las personas se dedican a decorar sus casas con miles de luces, muñecos y unos pobres ciervitos de alambre y luces que mueven sus cabezas hacia los lados. Yo pienso en lo cara que les va a venir la cuenta de electricidad y sufro por ellos.
Este año que se extingue se lleva consigo pedazos interesantes de mí, que no tendré el “detalle”de contarles porque sigo siendo mala persona.
Sin embargo, durante este año he conocido a buenas personas a quienes les he caído en gracia a pesar de mis pocos esfuerzos. Esos individuos se portaron bien conmigo y hasta me hicieron creer que yo era un tipo inteligente e interesante. Es verdad que ellos suelen abusar de las drogas y el alcohol, pero yo no busco gente sana, para eso tengo a mi familia. Y no creo que el uso de hierbas prohibidas produzca daños irreparables en las cabezas, ni que las pupilas dilatadas sean síntomas nocivos al entendimiento y comprensión de la realidad.
Como sea, mi “detalle modelo 2008” fue la aceptación de las personas. Haber vencido barreras y prejuicios de muchos tipos, hasta el punto de tolerar la estupidez si esta al menos es graciosa.
Como estas fiestas se prestan para el repaso, he decidido elaborar una entrega simbólica de premios CJS.
Personajes del año:
1- Amparo (durante el 2008 demostró adaptabilidad, independencia, inteligencia y alegría)
2- Silvina que me aguantó (y este año fui especialmente difícil)
3- Barack Obama. además de todo, escribe lindo. Ya lo criticaré cuando asuma.
4- Baby boom 2008/2009 ¡Que manera de engendrar criaturas!
5- Roberto Bolaño (qepd) un maestro de la fabulación y ante todo: el orden.
6- Fabián Rossini. Sin palabras, un amigo.
7- Las familias amigas que compraron casa.
8- El vino tinto del bueno.
9- Mi parrilla.
10- Bernardo Palombo y su trouppe del Taller latinoamericano. Gente maravillosa.

Podría agregar muchos más, pero un top 10 ya es suficientemente aburrido como para crear los 40 principales, aparte es muy poco interesante, como ver fotos donde no sale uno y encima fingir interés.

En estas fiestas levantaré mi copa pensando sólo en mí, deseándome la capacidad de demostrarle a toda la gente que quiero, que la quiero.

Que la pasen lindo, los abrazo sobre mi corazón un poco nevado, pero con algo de calor para irradiar en caso de necesidad.

Cruz J. Saubidet®

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diciembre 09, 2008

sobre los placeres

-No tengo plata, loco, soy pobre.

-Y llorón. No tenés plata para algunas cosas, pero sí para otras.

-Para algunos gustitos si. Pero siempre lo justo, nunca quedo satisfecho del todo.

-Dame un ejemplo.

-El vino.

-Vos sí que sos profundo.

-Nunca dije que fuera profundo. Algunos quieren tener plata para comprarse autos caros, casas, ropa. Yo no, me gustaría tener plata para gastarme mil pesos en una noche de vinos buenos.

-Si vos creciste tomando vino barato en damajuana de cinco litros.

-¡Por eso! la vida viene bien y uno disfruta lo que tiene, pero, un día, alguien te convida un vino de doscientos pesos y todo cambia. A partir de ese día, todos los vinos son una porquería.

-Sos medio pelotudo.

-No. Pelotudo me siento después, cuando empiezo a gastarme doscientos mangos para disfrutar ese vino. Igual, uno cada tanto no es tan grave. Pero tiempo después, probás uno de mil, y la vida cambia otra vez. Calculá que para comprarme uno de esos vinos, tengo que ahorrar seis meses.

-¿Compraste?

-Estuve en el sur trabajando dos meses, viste que allá te cagás de frío pero se gana mucho más. Volví en colectivo en lugar de en avión y no “la puse” todo este tiempo solo para ahorrar guita. Cuando salga de acá, voy a comprarme la botella.

-Vos, estás loco del todo.

-Los placeres, hay que dárselos en vida.

-¿Es tan bueno ese vino?

-Si me acuerdo te traigo un traguito.

-Estás loco, mil mangos en una botella de vino.

-¿Cuánto te costó ese telefonito?

-Cuatrocientos.

-¿Y me decís a mí que estoy loco?

-El teléfono me viene durando bastante más de lo que te durará esa botella.

-Sí, pero la emoción de tenerlo te debe haber durado lo mismo. Al fin de cuentas, tendrá muchos “chiches”, pero para hablar por teléfono con un aparato de treinta te sobraba.

-Puede ser. Ni vos ni yo estamos libres de vicios. Yo, la tecnología; vos, los vinos. Algunos se gastan eso o más en un polvo con una puta cara, otros se lo juegan en el casino o se tiran en un paracaídas. Tenés razón. Los placeres hay que dárselos en vida.

-Más vale, loco. Ahora me voy a tomar mi vino, tengo que aprovechar que voy a estar solo hasta las nueve.

-Nos vemos, no te olvides de traerme un traguito.


Cruz J. Saubidet®

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noviembre 11, 2008

Obama es cool

I really don't know if Obama will be a good president, I only say than man is a person who the people love.

I want to think Obama represents good people in USA, at least "open mind" people.

For this moment, after years with a "close mind" president, is enough for me.

Empiezo este escrito en “mal inglés” porque debo hacerlo.

Dentro de mi escepticismo patológico, debo confesar que el triunfo de Obama me ha generado sensaciones parecidas a la alegría. No por mí, que suelo desconfiar de mi sombra, sino por los millones de personas que ven en él el primer cambio verdadero en la historia de USA.

El tipo no es efusivo, no llora ni grita ante el micrófono, no habla pelotudeces, ha estudiado mucho para la lección, no se pone nervioso, conoce los estratos sociales del país (es negro, fue pobre, nieto de inmigrantes y estudió en Harvard) y está casado con una mujer interesante.

Quizás él pueda cumplir las deudas de otros presidentes.

Más allá de la guerra de Irak y otros frentes, Obama deberá asumir temas internos mucho más álgidos. Desde la inmigración ilegal (donde no hizo grandes promesas aunque la comunidad se las tomó como tales) hasta el “sistema de salud universal”, donde ningún mandatario logró resultados hasta el momento. Pienso que esta crisis puede ayudarlo en esa batalla, puesto que es más fácil luchar con empresas y empresarios “golpeados” que en su esplendor. Ya lo veremos.

Obama está a punto de agarrar una “papa hirviendo” y deberá lidiar con reclamos urgentes desde todos los puntos del planeta, y más urgentes aún fronteras adentro.

Por ahora, la frase “yes, we can” y la palabra “hope” dominan el escenario, un escenario que lo espera con los brazos y el corazón abierto, pero no le perdonará traiciones.

La historia se está escribiendo, un afro americano es presidente de Estados Unidos, sí o sí las cosas están cambiando. La esperanza se siente en el aire.

Este video me conmovió bastante, me demostró que aparte de todo, Obama es “cool”.




Cruz J. Saubidet®

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octubre 21, 2008

Disertación sobre el odio o el amor (Diálogos conmigo mismo)

- El odio y el amor son muy parecidos, al menos requieren más o menos la misma energía.

- Puede ser, pero el odio tiende a destruir, el amor a construir.

- Sí, a construir, pero destruyendo las estructuras de la vida, destruyendo las propias individualidades, dando por muerta a la soledad. No sé, la verdad, cual de los dos es más sano.

- Seguís siendo un extremista, no es para tanto, el amor es BONITO, el odio es FEO.

- Eso ya lo sé, pero, (y me voy a ir por las ramas) el odio se desata contra alguien, y tiende a liberarnos de esa opresión interna. El amor en cambio, no nos libera, la independencia que se vislumbra es la separación, y esta es dolorosa, al revés del desahogo que nos da el odio.

- Puede ser que como teoría suene bonita, pero considero al odio dañino.

- Sí, pero el odio puede descargarse en furia, en venganza, en asesinato o lo que sea. El amor a una mujer, se descarga en orgasmos y después, todo son palabras.

- ¿Qué?

- Que una buena venganza, una pelea, se guarda en la memoria mejor que un buen amor.

- ¿Te parece?

- No sé, medito en voz alta. A ver si encasillo un poco. En lo que a mí respecta, mis momentos de furia los tengo guardados como sensaciones, en cambio, los amores, solo son historias.

- Seguís siendo contradictorio. El amor se guarda también como sensaciones agradables, como momentos maravillosos.

- Como quieras, pero, a diferencia del odio descargado, si uno ya no está enamorado de la persona a la que recuerda, la sensación deja de existir.

- Yo guardo mis amores de una manera linda, como lo que fueron.

- ¿Y los odios?

- Prefiero pasarlos al olvido.

- ¿No te los acordás?

- Mucho menos que los amores.

- Vos, debés ser mejor persona que yo.

- Nunca estuvo eso en duda, yo siempre fui el más bueno.

Cruz J. Saubidet®

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setiembre 28, 2008

Good Bye New York, in true colors

Prendo un cigarrillo, no más cerveza porque mi cuerpo ya dijo basta, quisiera tener un “algo” para volar un ratito, pero mejor así. Si no hay, paciencia ¿Ya son las 3:30?
Algunas noches son de colores, transmiten su esencia de alguna manera profunda, pero no es posible interpretarlas.
Los colores de la noche son difusos, además me duele el ojo derecho. Me arde mucho y está irritado, no debería escribir, pero quien pudiera negarse a ello.
La noche define sus colores a medida que sucede, priman los primos, que solo son parientes del verde, el morado y el naranja, que no por ser secundarios deben tener menos importancia.
Pero quizás la noche tenga matices y los colores solo ganen calidad de acuerdo a su poder cromático. No sé mucho de colores, solo quiero mezclar noches primarias y transformarlas en secundarias. No es fácil, pero tampoco imposible.
A veces no quiero dormir, ¿para que? Si puedo escribir y demostrarme (ya no me interesa tanto mostrar) que sigo teniendo la chispa que alguna vez creí tener.
Los colores de la noche no son chispas, no siempre brillan y no siempre la noche tiene oscuridad para permitir la transmisión sin ruidos.
¿Qué sé yo de la noche? Poco, solo que la venero.
Son más venerables las noches de invierno, cuando la nieve absorbe los restos de sonido, y el silencio te impregna de su poder. El verano es jodido y pegajoso, los pensamientos se aletargan y los ruidos llegan cargados de lo que son.
Las noches deberían suceder afuera. En verano las paredes son molestias imprescindibles y las ventanas esbozos de libertad. En invierno las paredes tienen sentido, el sentido del cuerpo que les agradece su dureza y protección.
Hoy perdí mi boina, mi querida boina azul, mi marca identificatoria neoyorquina, quizás así debió ser, debo despedirme de esta ciudad que me enamora pero, debo dejarle algo a cambio de sus servicios, mi boina azul duerme en algún lugar de Broadway Aveneu, espero que esté bien, espero vérsela puesta al homeless de la cuadra del taller, me sentiría tranquilo de su futuro.
Nueva York, ya te regalé mi gorra, ya la tenés, te juro que me encantó perderla, las pérdidas sin tristeza valen poco, o mejor dicho, es la tristeza las que las transforma en pérdidas.
Los colores de la noche me enceguecen, no los primarios que tienen la pureza, esta noche, un rojo y un amarillo hicieron la mezcla perfecta.
CJS

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setiembre 16, 2008

Volveré en pocos días, si me conectan internet en casa.
No estoy mas en New York, ahora para visitarme hay que manejar 2 1/2 horas pal norte, pero el camino es agradable.

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julio 28, 2008

El momento justo

Nunca creí que fuera el mejor momento para hacerlo, pero como la situación lo ameritaba, decidí darle para adelante y hacer la prueba. Casi seguro de mi fracaso tomé el primer trago. Al contrario de lo que esperaba, no sentí nada extraño más que una inusual frescura recorriendo mi garganta, era como si pisara un mármol, pero mi garganta era mi pie descalzo. Tampoco sé si esa fue la sensación, porque comparar suele ser impropio de las almas escépticas como la mía. Así y todo, no puedo negar que mis esperanzas estaban bordeando la aventura, de la que suelo ser reacio.
Me habían asegurado que con un trago sería suficiente, pero como no sentía efectos, me tomé dos más. Ya no bajaban como mármol frío, ahora parecían almohadones de plumas que se negaban a superar el esófago, claro que yo ya no estaba ahí para contarlo.
Sentí como si mi cuerpo flotara y se me separasen las extremidades, no iban muy lejos, brazos y piernas flotaban a diez centímetros del cuerpo y sentía que mi cabeza también empezaba a alejarse del cuello. Lejos de asustarme, me maravillaba la sensación de poder mover los dedos aun estando desconectados de mi centro nervioso, incluso mi cerebro (y mi cabeza) ya se encontraban despegado de mi cuello. Hice unos experimentos, me cambié las piernas de lugar, puse un brazo pegado al cuello y posé la cabeza en mi mano y la hice girar cual pelota de basketball. Admito que eso me mareó un poco, pero a la vez me encantaba. Bajé mis piernas al piso y moví una y luego otra hasta que me pareció una distancia prudente, temía perder la conexión y que desaparecieran.
Mi cabeza dominaba los movimientos, quizás gracias a los ojos, la nariz y los oídos, o tal vez el cerebro, aunque la desconexión medular me hacía pensar que el poder del cerebro como amo y señor del ser humano era un mito y que hay algo invisible que dirige nuestras acciones.


El caso es que luego de quince minutos lúdicos comencé a extrañar mi cuerpo como una unidad y traté de juntarme. Lo hice, solo apoyaba a mi tronco los brazos y las piernas pero estos no se unían, solo quedaban donde les ordenaba. Algo estaba fallando y me empecé a preocupar. Me habían avisado que cada persona sentía algo diferente, pero nadie me comentó de un desmembramiento físico ni de la perdida de capacidades. Si bien había tomado tres cucharadas en lugar de una, los efectos deberían haberse terminado hacía varios minutos, sin embargo yo seguía descuartizado y sin descubrir como volver a la normalidad.
Mi tronco flotaba a un metro del suelo, sentía un poco de vértigo y por eso coloqué mis piernas debajo y las sostenía con las manos, pero, al ser las piernas mas pesadas que los brazos, cuando el tronco se movía (quizás por el viento) mis brazos quedaban sujetos a mis muslos y se separaban de mi cuerpo. Para mantener la cabeza sobre el cuello necesitaba mantener el cuerpo muy estático, pero una y otra vez el viento me movía y volvía a ser seis partes.
Si hubiera podido recostarme, me habría quedado así hasta que los efectos se fueran, pero era imposible, mi cuerpo nunca bajó de la altura de mis piernas.
Sentí ganas de vomitar, extrañas ganas de vomitar ya que la sensación estomacal buscaba una salida por la boca y esta no estaba conectada. Las arcadas subían hasta encontrar el tope del cuello y volvían al estómago. Respiraba bien, si bien el aire no llegaba a los pulmones, me daba la tranquilidad de que no iba a morir al menos por un rato. Las nauseas llenaron mi frente de un sudor frío y pegajoso que cubrió mis ojos, quedé ciego. Traté de limpiarme los ojos con una mano, pero cada pasada los empeoraba, ahora me dolían y los oídos me zumbaban. Perdí noción de la realidad, sentía que mis piernas y brazos volaban por los aires y se golpeaban entre sí, a veces pegaban contra mi cabeza, pero no podía ver hacia donde me disparaban. En un momento estaba muy lejos del cuerpo, eso creía porque mis sentidos estaban amulados. Quise gritar, pero las cuerdas vocales habían quedado en la parte del cuello, quise moverme pero era inútil, quise llorar pero mis ojos estaban demasiado irritados, quise morirme, pero no supe como.
Me encontraron dos días después, deshidratado y con la cara hinchada. Hace dos meses que estoy en una clínica, pero no recupero la movilidad de mi cuerpo. Mis ojos fueron sanados, pero mi cuerpo sigue ausente.
Ayer vino la enfermera con la botellita que encontraron junto a mí, me ofreció una cucharada pero me negué.
“Tome un poco”, me insistió, “un poco de ginebra no puede hacerle mal”
Cruz J. Saubidet®

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julio 02, 2008

Termino, luego empiezo

A veces, es bueno temer los desenlaces porque de ellos dependerán los futuros comienzos.
Terminar algo significa mucho más que dar por concluido un asunto, implica casi siempre un nuevo comienzo cargado de adrenalina e indefiniciones.
Es como el cuento del huevo y la gallina, nunca sabremos si la intención primera fue empezar algo o terminarlo. Me dirán que para terminar algo hay que empezarlo, es verdad, aunque también podemos terminar cosas que ya fueron empezadas. Asimismo es cierto que comenzamos muchas cosas que nunca terminamos y eso nos transforma en mediocres, pero a no preocuparse, desde la mediocridad suelen surgir algunas cosas interesantes.
El problema de dejar proyectos inconclusos es que debemos encontrar de forma no natural la energía necesaria para un nuevo propósito. Porque la fuerza de lo nuevo está en su esplendor en lo finalizado anteriormente.
Mantener el orden en el hogar suele ser un ejemplo práctico. Nuestro plan es tender las camas, lavar y secar los platos y limpiar el inodoro todos los días. Por un tiempo venimos bien y hacemos la tarea con decisión; pero un día no la hacemos por cualquier motivo, a partir de ese día, retomar el hábito nos dará mucho trabajo, porque nos faltará la energía que nos brinda el trabajo terminado el día anterior.
El trabajo periodístico me ha deparado una suerte parecida, mientras las notas que hacía llegaban a buen fin, encontraba de ellas el impulso para la siguiente, mas un día me trabé con una y no pude terminarla, a partir de allí me ha costado muchísimo encontrar nuevas ideas de las cuales investigar y contar algo, estoy luchando con eso, pero para seguir haciendo reportajes debo sacar energía de donde no la tengo.
Terminar cualquier cosa significa casi siempre una sensación agradable. Si lo que hacíamos nos gustaba, a pesar de la nostalgia, sentiremos que hicimos algo bueno; y si era desagradable, el placer radicará en el alivio de no tener que hacerlo más.
Creo que en la política pasa lo mismo, pero en este caso es un efecto contraproducente. La política es un lugar en donde las personas “luchan” por ser los hacedores de los cambios positivos para la población. Los políticos necesitan tener en su CV una cantidad de acciones concluidas para aspirar a nuevos cargos, y eso es un gran error.
Los políticos deberían diferenciar correctamente que las obras que propician no les pertenecen, ni ellos las harán. Será un trabajo del sistema. Y será el sistema político (y no ellos) el que se fortalezca con cada obra terminada.
Los políticos tendrían que considerar a sus proyectos como obras terminadas y no a las obras propiamente dichas, ellas ya no les pertenecen, son de la gente. Cuando el político quiere inaugurar para sentir “propia” la obra, se genera un gran problema. Las obras propuestas, serán a corto plazo o mal hechas y sobre todo estarán cargadas de egoísmo.
La política como sistema de gobierno, en cambio, se verá fortalecida con cada proyecto concluido y estará preparada y enérgica para nuevos desafíos.
Tal vez debería prohibírseles a los políticos inaugurar y de esa manera mataríamos dos pájaros de un tiro: Las obras serían realizadas sin ansiedad ni egoísmo; y los políticos contarían con mejor energía para presentar proyectos que valgan la pena.
Pero es, al igual que limpiar el inodoro a diario, otra utopía.

Cruz J. Saubidet®


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junio 23, 2008

NO ME CREAN, SOY HUMANO.

Todos mentimos de manera descarada mientras pensamos superficialmente que actuamos con honestidad, pero la honestidad no existe, al menos en estado puro.
No voy a caer en críticas repetidas hacia los políticos y los poderosos, está bien que ellos nos mientan, su trabajo se basa en pequeñas mentiras que a la larga nos cagan la vida, pero no es su culpa; ¿Cómo no nos van a mentir si de sus mentiras dependen nuestros votos? Seamos razonables y no nos quejemos tanto. ¿Cómo no nos van a mentir los empresarios si de sus mentiras dependen nuestras compras? No nos pongamos quisquillosos, la mentira debe tener interlocutores ávidos de ellas para conseguir el efecto deseado.
El mundo funciona (y ha funcionado) a fuerza de mentiras. La verdad en estado de pureza está condenada al fracaso. Solo se trata de tomar conciencia de eso y continuar nuestra vida dispuestos a enfrentarla, y también midiendo las consecuencias de los demás enfrentando las nuestras.
Nuestros días comienzan con un “Buen día” que, inmerso en la resaca del sueño que se niega a retirar de nuestro cuerpo, no significa un verdadero deseo hacia el otro sino un convencionalismo vacío de significados.
¿Cómo estás? – Bien: Es la frase mas repetida y mentirosa de cada día de nuestras vidas, la repetimos por el tedio que implicaría explicar la lista de situaciones que refutarían ese “Bien”. Un conocido contesta “más o menos”, claro que tiene tiempo para explicar los motivos.
Mentimos a nuestros padres para evitar castigos, a nuestros amigos para no perderlos, a nuestras parejas para verlas felices, a nuestros hijos para que vayan aprendiendo el mundo que les espera, a nuestros jefes para que no nos molesten, a nuestros maestros para que nos aprueben.
La mentira es parte de nuestro ser y convivimos con ella y hasta tenemos una relación de camaradería con ella.
Pero, en un momento de nuestra vida, la mentira comienza a molestarnos, no la pequeña de todos los días, sino la grande, la que nos condiciona y nos castiga. En ese momento tomamos conciencia de que aquellos que hoy nos mienten de forma descarada, empezaron como nosotros, y poco a poco descubrieron que mintiendo de un modo inteligente llegarían lejos.
Todos transan, todos han transado para llegar donde están, todos mienten, todos mintieron, todos crecieron en la mentira y todos han recurrido a ella para estar donde están.
Por eso no compro discursos, solo agarro pequeños retazos de palabras de otros y trato de formarme ideas propias.
Yo sé que me mienten, desde los políticos, pasando por el papa, el dalai lama, los periodistas y hasta mis vecinos, pero lo acepto porque yo también miento y seguiré mintiendo hasta que me muera. He aprendido a convivir entre “verdades y mentiras a medias”, y hasta considero que sin la mentira girando por todas partes el mundo sería un lugar aburrido.

Cruz J. Saubidet®

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junio 20, 2008

Reciclaje de mejunjes azules (VI)

Soy derrochador con el dinero, pero muy ahorrativo a la hora de comprar discursos. Creo que no he comprado discurso alguno hasta la fecha.

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¿Me encontró la soledad, o dejé escapar a todo el mundo?

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El foco de todos los problemas, debe agarrarse con un trapo.

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Si el café se ha enfriado, significa que supiste aprovechar el tiempo.

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Todas las personas brillantes tienen momentos opacos; es una pena que no ocurra a la inversa.

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Es muy triste cuando se termina una bebida exquisita.

Cruz J. Saubidet®

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