enero 25, 2016

La vida es simple

Dicen que lo vieron por el barrio, yo no creo que ande a las vueltas después de lo que dicen que hizo. Pero Juancho asegura que le vino a comprar unos Parisienes y un Fantoche triple glaseado. Sería muy de él. ¡Andá a saber si es cierto! No pasaron ni dos semanas. Claro que nunca salió del barrio, ojo, eso dicen algunos que aseguran conocerlo, pero una vez anduvimos por Capital y él conocía hasta dónde era mas fácil estacionar. Eso da por tierra la teoría sobre su apego e inmovilidad barrial. Tampoco es que quedarte siempre en un lugar te transforme en héroe. Yo creo que hace falta un poco más. Podría decirse que éramos cercanos, con respeto mutuo siempre. Amigos, para los de afuera puede haber parecido ya que lo ayudé en la mudanza y le presté la moto o el auto varias veces, pero todos saben que yo no tengo amigos. No es que no quiera tenerlos, pero debe haber algo en mí que genera desconfianza o intranquilidad. Pero no voy a escribir sobre mí, el tema en cuestión es él, Ramón de los Ángeles Uruinaga, o Moncho para los amigos, o Mochito para la familia o Macoco para las putas del puerto o Angelito para la Josefina, que aseguraba ser su novia desde el dos mil cuatro a pesar que nunca compartieron casa ni una noche completa. Para mí siempre fue Ramón, compañero del secundario en el comercial y amigo de la cancha los sábados con las cervezas correspondientes posteriores a la victoria o derrota de nuestro equipo. Desde hace veinte años que me voy y vuelvo al barrio de a ciclos, y cambian los negocios, los dirigentes del club, el cura, los colores de las casas, las putas se jubilan, los trapitos se hacen viejos y cambian de rubro, muchos se mueren y varios nacen, pero Ramón siempre está. Siempre acelerado haciendo cosas que nadie comprende para personas que no se lo piden. Hablando con unos y otros, vendiendo bicicletas, motos, lanchas y autos viejos que en el barrio parecen cero kilómetro y mudándose seguido, aunque siempre cerca. Yo tengo mis negocios que algunos conocen y muchos critican, Ramón nunca hizo comentarios al respecto pero tampoco quiso participar a pesar de haberlo invitado más de una vez es una movida de magnitud. “Todo bien”, me aseguraba, “pero yo soy de otro palo, papi, vos sabés que la plata me importa poco” Tan poco no le importaba, debo admitir que nunca tuvo demasiada ambición pero también es cierto que nunca lo vi seco. Lo de Ramón siempre fue la política, chiquitita, casi intrascendente pero con la conciencia y comodidad de formar parte del eslabón mas chico de la cadena. Tenía su gente, su piecita de reuniones con posters de Perón y Evita, otrora Menem ahora Néstor y Cristina y el que venga en el futuro. Siempre peronista y dispuesto a apoyar al pagador del alquiler de la unidad básica y su salario siempre con titulo distinto. Nunca jodió a nadie, tampoco fue de gran ayuda pero a veces su voz llegaba a algún concejal o hasta al intendente. Dieciséis años llevaba en el poder el intendente, Ramón me había comentado que ya habían bajado la orden de “bajarlo”, claro que yo pensé que lo bajarían del ejecutivo no que le clavarían tres balas entre los ojos. Igual era mal tipo, nunca fue fácil negociar con la intendencia y hasta yo pensé en asustarlo más de una vez, pero la balanza siempre favoreció al jefe comunal y negocios son negocios. El tema es que hace doce días, una semana después de las elecciones en las que nos hicimos de un nuevo intendente, a quince días del traspaso de mando, nuestro benemérito intendente apareció “fiambre” en la puerta de la intendencia y todas las pruebas apuntan a Ramón que está desaparecido desde entonces. Yo creo que ya va a aparecer y si lo encierran voy a ser el primero en llevarle Parisienes y Fantoches glaseados al penal donde lo confinen, seguro que como mucho le clavan un añito. Cruz J. Saubidet®

enero 11, 2016

Sobre los dolores del cuerpo y el alma

Debo padecer lo contrario al Asperger, si las cosas salen como espero que salgan me empiezo a preocupar. Tampoco pataleo demasiado, pero me intranquilizo un poquito, así como cuando me duele una parte del cuerpo por primera vez. Yo tengo una gran memoria de dolores, aunque creo suponer que al igual que Los Ángeles con el Terremoto, yo estoy esperando el gran dolor, ese dónde la opción de morir sea la más agradecida. Esperando, lo que se dice esperando, no. Espero que no llegue, pero uno nunca sabe lo que el cuerpo depara y sigue fumando, comiendo con sal y tomando alcohol. Los cuarentas son por un lado la plenitud en muchos aspectos del ser humano, pero también traen consigo la desaparición del sentido de inmortalidad. Después del cuarto muñeco de nuestra edad (y en mejor estado físico) que vemos caer, comienza una sensación de que quizás un chequeo no sea una mala idea, o largar el pucho o comer sano o empezar a hacer yoga ya como algo extremo. Claro, que para tomar conciencia real quizás necesite de un “sustito” como le llaman los mayores que dan consejos. Entonces comienza el planteo sobre la intensidad del sustito que necesito para cambiar. Ese dolor en el pecho es raro, pero debe ser muscular ya que se intensifica cuando trabo las pectorales. El brazo izquierdo siempre me molestó un poquito así que no puedo confiar en eso como indicador del infarto. También puede ser que mi cuerpo venga soportando infartos recurrentes desde hace quince años, no puede ser, eso era la úlcera pero ya se curó. Ese dolor en el bajo vientre no es definitivamente apendicitis pero puede ser un cáncer estomacal que me va a liquidar pronto. Claro que es el mismo dolor que tuve el año pasado y que luego de chequeos computarizados de pecho, estomago, vejiga llena y después vacía, exámenes de sangre, orina y hasta materia fecal el Doctor Jaremko confirmó su primera teoría: veinticinco porciento muscular y el resto de la azotea. Y puede ser, la terraza se me debilita para la época de las fiestas y el cuerpo somatiza con dolores extraños nuevos y viejos. Pero el tema de la muerte ronda mucho más que antes, tal vez a los cincuenta desaparezca o es posible que vaya ganando naturalidad. Ya veré, si llego a la quinta década. La única cagada de morir tan pronto es no haber hecho algo realmente groso, me dirán que los hijos, la familia, los amigos; es verdad, pero ustedes entienden, haber logrado algo por encima del común de la gente, algo que me trascienda de una buena forma, un escrito maravilloso por ejemplo. También puede ser que quiera saltar “más alto que el culo” y que mi destino es el de un tipo normal con ansias de escapar de eso, un poco triste aunque realista. Lo que sí puedo dar por realizado es haber sentido el amor más grande posible que es por los mis hijos, eso sí, y he compartido muchísimo tiempo con ellos. Eso es algo que debería llenar mi espíritu, pero no, queselevacer, soy difícil de complacer. El otro día miré la película “The book of life” y creo haber entendido que la belleza o no de la muerte depende de un sólo factor: ser recordado. No me quedó claro si aquellos que son recordados por cosas espantosas también pasan una muerte llena de alegría, pero debe ser así porque el infierno era la tierra de los olvidados. Entonces me agarró terror de ser olvidado y me puse a escribir huevadas, que aunque de pobre factura al menos son muchas. Si me van a olvidar al menos que tarden mucho.

enero 04, 2016

Pa mi hijo algunos des consejos

Cuando uno siempre se está yendo corre el riesgo de cruzarse y encariñarse con otros que están el la misma.



Año bisagra el 2015, no para mí que poco he cambiado o mejorado o empeorado.

Año bisagra el 2015, más feo que lindo para el mundo.
Año bisagra el 2015, en donde casi cada día los diarios nos dieron motivos de preocupación.
Año bisagra el 2015, año de mucha muerte y locuras.
Año que pasó rápido el 2015, aunque el tiempo es relativo y la memoria descarta algunas tardes tediosas e interminables.

Nada importa demasiado, mijo, si no mire como a pesar de todo las cosas siguen su marcha. ¿Nunca le pasó encontrarse con personas a las que diez años atrás las consideraba desahuciadas? Bueno, mijo, así es el mundo, siglos y siglos de gente que aguanta hasta lo inimaginable, repleto de injusticias y personas de mierda, si, mijo, personas de mierda va a haber siempre, no seamos ingenuos, y fíjese, mijo, muchos que parecían buenos después la historia  termina condenándolos, ¿Por qué, mijo? Por hijoeputas, no se imagina la libertad de acción que se obtiene cuando las personas confían de su bondad. ¿Ejemplos quiere, mijo? Después le digo, porque todavía todo está muy fresco, o sea muy caliente que es casi lo mismo.
El mundo está global, mijo, antes era más fácil lidiar con la información porque llegaba tardísimo y entonces no teníamos la posibilidad de vivir las novedades. Ahora uno se siente hasta responsable de lo que pasa, no importa la distancia. ¿Se acuerda de las Torres Gemelas, mijo? Vimos todo en vivo, incluso en el corto tiempo de las acciones pudimos descubrir que siempre puede venir algo peor.
Pero la gente aguanta, mijo, a veces silenciosa a veces haciendo lío como dice el Papa. Aguanta el dolor, el frío, el hambre, las perdidas, las ausencias, la soledad, los desconciertos, quizá lo que menos aguanta es la falta de esperanza, pero también aguanta eso. ¿Tuvo hambre alguna vez, mijo? ¿Tuvo miedo alguna vez? ¿Perdió mucha gente en su vida? ¿Tuvo frío mezclado con sueño? 


Yo siempre traté de evitarle esas cosas, pero no siempre se pudo, usted sabrá perdonarme o entenderme, mijo. ¡No sabe lo difícil que es aconsejar! ¡No se imagina lo complicado que fue ponerme en su lugar en sus años jóvenes! Yo siempre traté que usted pensara por su cuenta, se acuerda de esas charlas donde yo quedaba como el malo, el escéptico, el pisabrotes como usted me decía, ¿se acuerda, mijo? Yo no quería pisar esos brotes, sólo trataba de asegurarme de que esos brotes fueran realmente suyos. ¡Cómo se enojaba! No está mal seguir a líderes, lo terrible es perdonarles todo y permitirles que nos roben nuestros pensamientos o peor aun, permitirnos adueñarnos de los pensamientos de ellos. Eso sí, usted tenía razón, mijo, pensando como yo pienso no se puede ser feliz, claro que usted no entiende todavía que su felicidad es lo que me hace feliz. Es peligroso seguir a líderes, mijo. Me dirá que siempre hubo líderes, y claro que sí, la anarquía es una utopía hasta en los niveles más pequeños. Los líderes supuestamente son los representantes de los intereses comunes de sus seguidores, pero entiéndame, mijo, que es imposible compartir todas las ideas de otra persona. No se puede coincidir en todo y ahí está la habilidad del líder para hacerle creer a sus seguidores que ellos son las mentes importantes y el rebaño no tanto. Recuerde que los malos están en fila y los buenos desorganizados.
Yo no le voy a aconsejar que trabaje incansablemente, ni que con la bondad se logran todos los objetivos, ni que el amor todo lo cura, esas son frases de Facebook; lo que le puedo aconsejar, mijo, es que sea una persona austera, que siempre recuerde que la comodidad no es mala pero los lujos no llenas vacíos y, si generan algo parecido a la felicidad es demasiado efímero para que valga la pena.
Es lo que yo pienso, mijo, igual nunca me ha hecho mucho caso y yo lo acepto porque debe saber que mi teoría de no perdonar pierde validez con usted.
Cruz Saubidet®
Invierno USA 2015
 

diciembre 31, 2015

Transitorio 2015-2016

El combo Navidad-Año Nuevo es una época complicada para muchos, en mi caso también ya que desde chico formo parte del espectro “muchos” sea por no ser el más sagaz, el más atlético o el más simpático, ojo, algunos dicen que soy muy pintón, pero yo no les creo. Soy parte del “muchos” en otras cosas también, la ropa y los zapatos por ejemplo, mis talles son bastante generales por lo que se complica a la hora de conseguir buenas ofertas.
 La época es complicada, era eso lo que quería decir. Más que complicada es una mierda, de onda lo digo, yo entiendo que a muchos les guste y que los nenitos estén ansiosos por la llegada de PapaNoel o SantaClaus o el NiñitoDios o cualquier otro intermediario entre los padres y la imaginación infantil, pero en lo personal la Navidad es un atentado contra la austeridad humana. Uno decidió trescientos cuarenta días atrás vivir con austeridad restándole valor a lo material para darle lugar a lo realmente importante y cuando está a punto de cumplir el aniversario se encuentra con dos realidades: La austeridad se fue a la mierda en Diciembre de 2015 y en once meses no fue posible descubrir lo que es realmente importante.
Y he aquí el disparador de este escrito: ¿Cuáles son las cosas importantes de la vida? ¿Son las famosas máximas Salud, Dinero y Amor? ¿Es la generosidad? ¿Es la vida interior? ¿Es la Fe? ¿Es el café con leche de cada mañana? ¿El trabajo? ¿La familia? ¿Todas esas cosas? Yo no sé. Esta reflexión viene al caso desde que me senté a meditar en la frase harto popular “¡Y uno que se preocupa por pavadas!” ante una situación complicada de verdad. Es verdad, pero además es indudable que es necesario preocuparse por pequeñeces tal vez como una práctica permanente para estar preparado ante escenarios de mierda. Pero como también es cierto que cuando pasan cosas feas uno no está preparado por más que haya practicado, caemos en la conclusión de que cada quien se preocupe por lo que lo haga preocupar y no andemos juzgando a nadie por como se preocupa por cosas pequeñas o grandes. Al fin de cuentas la despreocupación es una cualidad de pocos.
Estoy frenando mis dedos para no tocar temas políticos…
Hacer una retrospectiva sobre el año que se va sin caer en lugares comunes ni engrandecer situaciones tal vez poco dignas de mención no es fácil. “Pior tuavía” resulta cuando la única opción para no caer en lo tedioso es, efectivamente, agrandar un poco el chiquitaje pero no voy a hacerlo para no ser criticado por aquellos que me tildan de exagerado.
 El 2015, si bien en lo personal fue un año tranquilo aunque mellado sobre el final con la muerte de mi suegro Ricardo, para el mundo estuvo bastante jodido con guerras, atentados, desastres naturales, ejecuciones por tv, refugiados por doquier, etc.
En Argentina tampoco fue una maravilla porque al tiempo que se caían algunos castillos de naipes berretas pero de truco, muchos decidieron cambiar por naipes nuevos pero de póquer, entonces ganó Macri que no me simpatiza ni un poquito, pero los de antes tampoco, así que sigo con mi anarquismo confundido pero tranquilo.
Connecticut sigue lindo pero aburrido como siempre, y como no puedo hacer mucho para cambiarlo mi vida interior ha crecido mucho al punto de estar trabajando en el Town y situarme en las oficinas de Google, o salir a correr e imaginarme en la maratón de NYC, o dar clases y creerme en una cátedra de Harvard eso sin hablar de mis habilidades con la música y el sexo….
Esto está poniéndose largo, así que voy cerrando con la seguridad de haber dicho muy poco pero eso sí, aburrido como pocas veces. Debo ser yo.
¡Ya voy, Simón! ¿Qué necesitás, Amparo? Sí, mi amor, estoy yendo. Sabrán entender mi apurada despedida Happy New Year, Enjoy & Celebrate, XO-XO-XO Cru en CT

octubre 26, 2015

Ni K Ni M

No soy Macrista 
ni K, 
diría que mis sentimientos son anárquicos y 
me alegra muchísimo 
cuando los poderosos pierden el poder. 
Ojalá pase eso y que 
siempre 
el poder se renueve lo más rápido posible. 
La historia nos ha demostrado que el poder hace creer a sus portadores que son imprescindibles 
y está bien comprobado que no es así.

Sin demasiadas broncas ni certezas, 
creo que 
el kirchnerismo ha hecho abuso de de la palabra 
"EXPLICAR", 
puede parecer una pavada, pero 
en lo personal la frase "te voy a explicar" me genera un rechazo especial, 
me hace pensar que el que la dice está convencido de su superioridad 
y que me está haciendo un favor que nunca le pedí. 
Si querés, presentame tu postura y si me parece potable te creo y si no, no te doy bola, 
pero no me expliques desde un pedestal. 
Quizá exista gente que necesita ser Explicada, 
sin duda existe y bastante.


Ya llevo más de una década afuera, 
no viví el kirchnerismo desde adentro 
y me cuesta tanto escuchar y entender 
a los quejosos que viajan a Europa 
como a los oficialistas que idolatran a su jefa y 
perdonan la corrupción y la soberbia y hasta la convierten en algo positivo.  
Yo debo ser muy esceptico, 
si querés 
te explico….


septiembre 23, 2015

“Mincho, no es que te quiera enseñar pero es para que aprendas” Luis Antonio Mereles 1990

Dicen los que saben que para hacer un buen mate se necesita tiempo y un singular talento, sin embargo yo no creo que sea pa’ tanto y que con un poco de ganas, agua caliente y una bombilla, el ciudadano de mente abierta puede lograr un producto de calidad incluso superior a la de aquellos que hacen un ritual de tal cotidiana acción. La introducción puede parecer vacía, y lo es. Hilando fino puedo encontrar en ella un par de palabras que me hacen ruido: bombilla y ritual. La bombilla efectivamente genera un ruido cuando el mate está en su definición. Ritual es una palabra a la que suelo escaparle pero, al igual que la matemática, me atrapa cada vez que me alejo un poco. Ritual y ciclo suelen ir de la mano, y eso es más triste aun que batir el mate creyendo que el polvillo va a cambiar el gusto.
Aprender es a mi entender uno de los rituales por excelencia, ojo, aprender con método en Escuela o universidad.
Mi inteligencia me ha permitido superar sin esfuerzo la escuela y rechazar los esfuerzos universitarios. ¿De puro vago? Se preguntaran algunos con bastante razón; sí y no, contestaré.
Aprender es, ante todo, un acto de humildad. Es permitir a otra persona explicarte lo que sabe. Suena simple para la mayoría de las personas, pero existimos un tipo de personalidades que somos impermeables a ese tipo de situaciones. Soberbia, dirán otros, puede ser, diré yo que no busco absolución alguna con este escrito. Pero debe haber algo más que todavía no he descubierto. 

 Aprender es la palabra clave de mis 43 años, y las preguntas son muchas: qué, dónde, cuándo, con quién, para qué, cómo. Dicen los que saben que nunca es tarde para aprender, ahí discrepo un poco, a mi edad podría aprender muchas cosas, desde física cuántica a filosofía o desde derecho a sicología, pero ya es tarde, aunque quizás de todas maneras lo haga. Es tarde porque he perdido la inocencia del alumno. El alumno debe creer en el maestro como un ente superior de conocimientos. A mí ya no me sale por una mezcla de soberbia y experiencia. ¡Qué más quisiera yo que mi mente me permitiera aprender libre de prejuicios!
 De todas las preguntas formuladas me voy a detener en “para qué aprender” y ahí el abanico se extiende hacia el universo. Los motivos pueden ser muchos, desde para tener un título, para ayudar a la gente, para ganar dinero, para pertenecer a un círculo social, para sentirse bien, etc. Todas son válidas y respetables, aunque ninguna me convence. Ser médico por ejemplo cumple con casi todos los parámetros, abogado, algunos menos; filósofo, un par; matemático, uno o dos, contador por ahí anda. Pero qué pasa cuando los intereses van por otro lado. Me parece envidiable la gente que ha aprendido en la universidad (casi tanto como las personas de fe), aclaro por las dudas se me enojen algunos.
Aprender debe ser el puntapié inicial para experimentar y superar lo aprendido. ¿Qué esa es la idea? ¿Qué la universidad es una herramienta para enfrentar el futuro? Un medico que cura enfermos con lo que ha aprendido ¿Descubre nuevas formas de curar fuera de las fronteras del conocimiento adquirido?
Un abogado ¿Descubre, no como manejar las leyes, sino como hacer justicia real? Un contador ¿Descubre como inventar formulas simples para situaciones confusas? Un filósofo ¿Descubre cómo ser interpretado por las mentes más básicas? Un periodista ¿Descubre cómo investigar sin preconceptos? Algunos sí, seguramente y para ellos mis respetos.

Volviendo a mis 43 años, la única respuesta posible para mi “fracaso” estudiantil es la falta de un lindo “Para qué” Sin embargo, como autodidacta, me las vengo rebuscando más o menos bien aunque sin destacarme demasiado. Si el “para qué” fuera el dinero trabajaría mucho más. Si fuera un título en sí mismo sin duda lo tendría, si fuera para pertenecer a un círculo social me las rebuscaría por otro lado, si fuera para ayudar a la gente tendría que ser mejor persona. Me queda la opción “Para sentirme bien” pero tengo miedo que el efecto sea el mismo que da un auto nuevo y que dura poquito.
Espero llegar a los 44 con un “Para qué” grande como una casa. Mientras tanto sigo en la lucha....

mayo 29, 2015

Stand Up de un humilde servidor. Hoy: la Risa

La risa es la reafirmación de estar pasándola bien. Cagarse de risa es reírse con liviandad estomacal, sin molestias gastrointestinales, sin apuro tal vez. A su vez es algo incontrolable, accidental, que deja oscuras secuelas y necesita de una pronta limpieza.
Es muy complicado determinar si cagarse de risa es algo positivo o negativo, aunque en mi caso suele tender a lo segundo.
Una vez, le dije a mi mujer después de una reunión con amigos, que hacia años que no me cagaba tanto de risa. Lo que fue un comentario inocente fue tomado como una agresión hacia ella; “Claro, conmigo te aburrís, te hubieras casado con Malena Pichot si querías reírte sin parar, no sé qué haces conmigo si ni siquiera te hago reír” y sigue y sigue “Debe ser horrible vivir con alguien tan apagado, ¿no?, tan embolante como yo, etc, etc….

Esos comentarios suelen dejarme en un callejón sin salida, de tres posibles reacciones y todas ellas erróneas. Puedo guardar silencio y ella dirá: “Ves que tengo razón”; puedo negar punto por punto y sonar poco creíble o puedo afirmar sus declaraciones y generar una pelea que nos mantendría enojados por varios días. ¡Ninguna sirve! Todas las posibles reacciones son una mierda, todas excepto tirarme un pedo bien fuerte y en lo posible muy oloroso y con eso cambiar el foco de atención hacia reproches mucho más sostenibles. Porque un pedo causa enojo, pero dada su esencia efímera se diluye rápidamente.  Quince años de matrimonio me han enseñado que la única forma de evitar peleas intrascendentes es tirarme pedos fuertes y olorosos. Por suerte, como buen macho que soy, siempre tengo un gas a las vueltas esperando salir y que internamente me hace cagar de risa y me libra del pecado.

diciembre 30, 2014

Estadísticas Vitales (o no tanto)

Era una pavada, pero ese día no quería escribir versos. Buscaba racionalizar todo lo racionalizable, para eso usaría los números que si bien es cierto que suelen mentir, al menos hacen sentir que los pies están sobre la tierra. Hacía sesenta y un días de mi arribo. Anote grande el 61 en el primer renglón. La temperatura promedio, no poseía datos exactos, había sido de 33,8 grados. Había hablado poco, con algunos más que con otros, este cálculo me llevó tiempo pues la memoria suele fallar transformando las mejores charlas en duraderas siendo que en realidad duraron menos que las intrascendentes. A manera de cuadro coloqué los nombres de mis interlocutores. Vastides: 26 horas, 40 minutos. (Durante las comidas conversaba, a veces) Germán: 28 horas (en los viajes en camioneta conversábamos bastante) Martina: 9 horas Marta: 1 hora, 50 minutos Rony: 2 horas Julián: 4 horas, 20 minutos (era mi profesor de trabajos en cuero) Agustín: 6 horas, 15 minutos vivo (charlamos un poco mientras hicimos las tablas) 1 hora muerto Martín: 4 horas, 40 minutos Rosa de Vastides: 30 minutos Jorgito: 2 horas, 25 minutos Jacinto: 9 minutos Sandra: 4 horas, 15 minutos Cura: 2 horas, 30 minutos Policías: 2 horas. Mamá de Rolo: 22 minutos Luis (radio): 20 minutos Otros: 1 hora. Total: 108 horas, 16 minutos. No me pareció tan poco, esperaba mucho menos. Mis cuentas arrojaban que me había pasado cuatro días conversando, y eso no implicaba que hubiera estado cincuenta y ocho días callado. Entonces hice otra cuanta más reveladora. Sesenta y un días significaban 1464 horas, a ellas había que restarle al menos doce horas diarias correspondientes al sueño y a actividades de carácter solitario. La resta me daba 732 horas de actividad. De ellas había conversado 108 y un poquito. En conclusión, había pasado más de 623 horas en silencio absoluto, quizás pensando más de la cuenta. Mis ansias numéricas no me daban paz. Había andado a caballo 37 horas, hachado leña 45 horas, fumado en soledad 81 horas (calculé 10 cigarrillos por día a 8 minutos por cigarrillo), escrito pavadas por 33 horas y mirado el fuego 86 horas. Total: 282 horas. Consideré que esta última cuenta no quitaba horas al silencio, por lo que descarté las conclusiones. La actividad sexual de la temporada se limitaba a tres orgasmos con Marta y un par de actos solitarios dedicados a la monjita. Había recibido cuatro cartas, tres de familia y una de mi amiga pechugona, no había escrito. Mis ingresos legales consistían en treinta pesos, los no tanto en seiscientos dólares. Había comido arroz en cuarenta y seis oportunidades y fideos cincuenta veces, dos asados humildes, varios bichos de campo y oso hormiguero con el difunto Agustín. En tres ocasiones tomé gaseosa, una sola pagada por mí.

mayo 27, 2014

UN POCO DE FILOSOFÍA

Luego de largos debates intelectuales y filosóficos
de conferencias en remotos parajes brindadas por personalidades sólo conocidas en pequeños círculos y después de haber devorado obras completas de famosos pensadores 
(Sócrates y su verdad única, 
Platón y su caverna, 
Marx y Engels y su socialismo científico, 
DESCARTES y su racionalidad, 
Hegel y su dialéctica, 
Hume y su escepticismo, 
Aquino y su filosofía moral, 
Locke y su empirismo, 
William James y su pragmatismo, 
Nietzsche y su moralismo anticristiano, 
Rousseau y su contrato social, 
Sartre y su existencialismo e 
incluso el ilustrado Voltaire;

he podido focalizar la esencia de la vida toda en una frase desnuda pero no por ello carente de profundidad:

“El foco de todos los problemas debe agarrarse con un trapo”

Cruz J. Saubidet®

septiembre 16, 2013

No conocía el mar (primera parte)

Aníbal no conocía el mar, ni siquiera las lagunas cercanas, menos aún el gran río que tantas canciones había inspirado. Su patria consistía en cincuenta kilómetros a la redonda. Una vez se había alejado un poco más, pero como lo llevaron y trajeron en camioneta, no contaba como expedición. Se habría sentido aburrido si sus deseos hubieran volado más lejos, pero no, donde estaba tenía todo lo que necesitaba, especialmente su familia y su trabajo. Él seguía soltero a los cuarenta y pico de años, pero su papel de tío protector le daba tantas satisfacciones como si se tratara de un padre y sus hijos. La Gringa era la luz de sus ojos. Sus sobrinas crecían y tenían hijos, así y todo, el tío les repetía que lo mejor era que no se casaran, que él se ocuparía de vestir y alimentar a los pequeños para que ellas siguieran el camino más libre que encontraran. Un día apareció por la estancia un cura de esos que giran por los campos tratando de cristianizar con bautismos al por mayor, casamientos innecesarios y extremaunciones tardías. Luego de la misa celebrada en el galpón el sacerdote juntó a las parejas no consagradas en matrimonio y cometió el grave error de hablar antes con los hombres, siempre más propensos a la aceptación que las mujeres. Rodrigo, aceptó casarse con La Gringa, no era algo que deseara con desesperación, pero tener a su lado a la más linda de la zona era interesante y si el hijo que estaba a punto de nacer le pertenecía, él quería hacerse cargo. Luego, el sacerdote habló con las mujeres que acataron la decisión de sus hombres, pero La Gringa en ese momento estaba conversando con una amiga y no se preocupó de entender la situación ni las consecuencias. Al rato el cura armó todos sus petates para la celebración. Rodrigo llamó a La Gringa y la chica se acercó sin dejar de conversar. -¿Qué querés, Rodrigo? -Nada, Gringa, vení que el cura dice que nos va a casar. -¡Estás loco, vos! Yo no me quiero casar. -Dale, Gringa, si no el cura se pone como loco. -Que se ponga loco, yo no me voy a casar porque el cura me pida. -¡Pero el nene es mío! -Más vale, ¿Qué te pensás que soy yo? -Entonces tenemos que casarnos. -¡Casate vos si querés, yo no me voy a casar! -¿Pero, no me querés Gringa? -Más o menos, yo me quedo con el tío y los abuelos. -Entonce andá vos y decile al cura que no querés. -Si vos le dijiste que te querías casar andá vos a decirle al cura que yo no quiero. -¡Cámo sos, Gringa! ¡Después no me andes pidiendo plata para el nene, eh! -Bueno, pero vos no me pidas de verlo entonces. Ignorando a Rodrigo, la Gringa siguió conversando con su amiga como si nada hubiera pasado. La Gringa, la más pequeña de las sobrinas de Aníbal, que a los dieciséis estaba a punto de parir, aceptó la propuesta del tío y rechazó el pedido matrimonial del padre de la criatura, en realidad no lo quería demasiado y la oferta de vivir en esa casa alejada rodeada de monte no podía equipararse siquiera con la continuidad de la vida en comunidad de la casa de su tío. Le decían “La Gringa” por sus ojos claros y desde sus primeros años su belleza autóctona deslumbraba a todos. Aníbal adoraba a sus padres ya viejos y nunca se alejó de ellos, más aún cuando Monchito, Susi, La Gringa y Rosita, perdieron a Susana, su madre y hermana mayor de Aníbal víctima del “mal de chagas”, y recayeron de lleno en la vida familiar. La gringa tenía seis meses y despertó en el tío una adoración inimaginada en un hombre soltero. Rosita, con tres años, tardó un poco en adaptarse a la falta de madre, pero entre la abuela y el tío Héctor (hermano mayor de Aníbal) se ocuparon de hacerla feliz. Monchito ya tenía doce años y genes bondadosos y trabajadores, no era muy estudioso pero escribía y leía con destreza. A los quince empezó a trabajar en la estancia, a los veintitrés se casó y partió hacia un mejor trabajo, hoy tiene cuatro hijos y una bonita casa, que su mujer se encarga de mantener en optimas condiciones.