mayo 31, 2019

El alcohol se sube a mi cabeza y entonces baja un rap

El rap como expresión simple de la cultura nunca me atrajo, hasta que se me ocurrió experimentarlo. Es como el softbol, una cosa es mirarlo y otra jugarlo. La poesía es menos digerible que la canción y muchos consideran que ciertos cantantes ricos en poesía y metáforas deberían ser (o haber sido) más populares y valorados por la masa popular. Yo los respeto y hasta disfruto algunos, pero también tengo claro que lo simple y sin ambiciones intelectuales es lo que llega realmente a la mayoría de la gente. El rap es simple, es una serie de escupidas con cierta rima y ritmo que no busca más que entretener. No está mal al fin de cuentas.
Como dije, estuve experimentando y salió esto:
¿Estoy borracho?/

Quizás emparcho/Con la cerveza/Penas de antaño

¿Seré un tacaño? /

Que en vez de vino/Whisky, ginebra/U otras rarezas

Elige un trago/De esa cerveza/Que con certeza/

Va a hacerme daño.

Me dará sueño/

Porque me empeño/En beber temprano/Tengo resaca.

No se me pasa/

Por más que trato/Y es que barato/Compro las latas.

Soy una rata/

Que espera poco/Y se siente roto/Cada mañana.

Por la ventana/

Noto que emana/Desde la calle/Gente apurada

Gente cansada/Gente confusa/Triste, difusa/

Gente parada.

Gente sentada/Gente con miedo/Puedo o no puedo/

Gente tocada.

Gente marcada/Con la palabra/Gana dinero/Casi tatuada.

Desconectada/

De lo importante/Desconcertante/Como sabiendo/

No saber nada/

De lo que piensa/De su conciencia/Desmenuzada.



No digo nada/

Nada de nada/Busco otra lata/Y escribo versos

En los desiertos /

De mi cabeza/Que ya está vieja/Tiene pereza/

Busca lo cierto/Pero no encuentra/Tras de las puertas/

Alguien despierto/

Soy un experto/Casi estoy muerto/Solo por dentro/

Y aunque me duele/

Y aunque recele/Mis facultades/Intelectuales/

¡Calamidades!

Soy un pelele

Que pierde tiempo/Y está contento

Mirando tele.

Que pasa el tiempo/Y está contento

Mirando tele.

Que pierde tiempo/Y está contento

Mirando tele.

Cruz J. Saubidet®

marzo 05, 2019

El día que quise cubrir el cupo femenino. Parte I. (Fragmento de Una cosa lleva a la otra)

Mi empresa buscaba la permanente innovación, por eso decidí que era imprescindible incorporar mujeres. Fue difícil, no porque no hubiera chicas preparadas a delinquir, sino porque pocas de ellas estaban dispuestas a pertenecer a una organización compuesta sólo por hombres.
A Josefina la encontré un día de lluvia haciendo dedo en la autopista, al principio pensé que estaba trabajando, pero cuando me acerqué, evidencié que con ese aspecto rollinga no tenía tantas posibilidades de vender su cuerpo, o quizá sí, vaya a saber. Le decían “La china” tal vez por llamarse así o lo que fuera, el caso fue que no pude vencer la tentación de llevarla.
 -Gracia, loco, me estaba recagando de frío, son todos “una manga de caretas”, nadie levanta a nadie ya en este país, es una mierda. Pero con vos todo bien, sos del palo se ve.
-¿De qué palo?
-Quiero decir que no sos careta, que no la vas de “forro” y que tirás una mano de vez en cuando.
-Parece que sí. ¿Cómo te llamás?
-¿Vos no sos el Joaquín, de la villa? Sí, ¡qué loco! Para el Juliancito sos como un Dios.
-¿Sos amiga de Julián? -Si, curtimos a veces, pero el chabón labura demasiado, nunca tiene tiempo. Si no fuera del palo pintará para “careta” como ese Martín, el rubio ese que tiene al lado.
-¿Y Martín es careta? -Y…, el chabón quiere “pintarla” de villero, pero ni ahí, se le nota que viene de casa de material. Josefina hablaba mal y mucho, tenía diecisiete años y no era fea.
Su “onda” no me resultaba atractiva, pero es posible que para Julián fuera una diosa. Me cayó muy simpática y como iba para la oficina, la llevé hasta la villa.
-¿Vas al colegio?
- A veces, pero no mucho porque debo un montón de materias de tercero y cada vez que voy, los ortivas de los profesores me quieren llenar la cabeza con que estudie y que termine el secundario. Ni ahí, no va eso conmigo, mirá que yo leo mucho y escribo bien.
-¿Para qué escribís?
-Para los otros, muchos pibes no tienen idea de cómo hacer la “o” con un vaso y yo le escribo cartas. A mi mamá le leo las cartas de mi abuela que vive en Formosa y le contesto a la viejita.
-¿Fuiste a Formosa?
-No, a mi abuela no la conozco, pero le escribí como cien cartas.
-¿Cómo conseguís guita? -No tengo un cobre, nunca, ni para el bondi. Pero a veces “empujo” a las “caretitas” de la escuela parroquial, tranqui, hago unos manguitos pero no mucho, las pendejas andan “secas” como yo.
-¿Con quien te juntás?
-¡Que se yo! Yo conozco a todos en la villa, y buena onda. Pero más que nada con Julián y los amigos.
-¿Qué podrías hacer con nosotros? De laburo, digo.
-Puedo ser la secretaria de Julián. ¡Te imaginás!
-No jodas, el día que Julián necesite secretaria, yo me jubilo.
-Era Joda, ni idea que puedo hacer.
-Pensalo, estoy cansado de que todos seamos hombres. Cruz J. Saubidet®

febrero 26, 2019

Otra canción que no fue


Días hablando en inglés
Noches de puro español
Sin tiempo de reacción
Me van dejando despierto
Y van mostrando el desierto
De unas letras sin canción

De tener que escribir versos
Que nadie ha de tararear
Me voy quedando con estos

noviembre 06, 2018

Sobre relaciones con fantasmas y el Heavy Metal


A veces, las cosas raras o simples casualidades las tomo de forma natural y me lleva años darme cuenta de las posibilidades narrativas de la historia. Ayer estuve escuchando AC-DC. Y caí en la cuenta de que todo acontecimiento humano tiene un destino narrativo y está en el escribidor la responsabilidad de hacerlo entretenido. Eso trato.

No tengo idea si está vivo, hace un tiempo lo busqué por las redes sin suerte y cada tanto pego una espiada, pero nada. Es un fantasma y eso tiene mucho sentido porque el Perro siempre fue un poco hectoplasmático, desde su aspecto hasta su actitud escurridiza y antisocial.
Hay muchas formas de amistad, pero la más inexplicable es aquella dónde no se puede esperar absolutamente nada del otro, ni siquiera una charla en algún momento especial. Me gustan esos amigos, más que nada porque me obligan a comportarme igual y entonces cada encuentro tiene algo mágico, irrepetible y espontáneo, cosa difícil para estos tiempos de tomaydacas. Cada encuentro con el Perro corría riesgo de ser el último hasta que lo fue aquella noche, veinte años atrás, en el club República del Oeste. Claro que yo había tomado como el último el anterior, seis años antes en la costanera, cuando el Perro saltó el tapial del Lawn Tenis para afanarse pelotas de tenis, que eran una excusa más para desatar su adrenalina. Yo lo esperé afuera y cuando volvió con tres pelotas en cada bolsillo, caminamos hasta la orilla y las tiró al agua. Esa tarde me contó que tenía una novia llamada Mariela y que era un poco drogadicta, un poco dijo, y si el Perro consideraba a alguien de esa forma se trataba de algo serio. Todos los “un pocos” del Perro equivalían a un montón de cualquier cristiano cuerdo. Cuando se declaraba un poco en pedo, el Perro no podía caminar; un poco de hambre del Perro significaba comerse una cebolla cruda de tres bocados.
Usualmente las personas como el Perro me intranquilizan, siempre al borde de todas las emociones explosivas, uno tiene la duda de si te van a pegar un tiro o clavar un cuchillo por una pavada. Sin embargo nunca me pasó con él, algo me tranquilizaba y aseguraba que nunca se pasaría de rosca conmigo, y nunca pasó y lo he visto cagarse a trompadas con amigos por huevadas.
Estar con el Perro era como escuchar Heavy Metal del bueno, esa intensidad y violencia musical actúan como una aspiradora de la violencia propia, y eso me trajo al Perro a la memoria, porque a mis cuarentaylargos vengo a descubrir que el efecto de la música pesada es el contrario al que creí toda mi vida y, sin ser fan, un buen AC-DC o Sepultura me relaja más que Jorge Drexler.
No voy a sobrevaluar a mi amigo, no era gran tipo, era impresentable, violento, ladrón de pavadas, borracho, tomaba cualquier droga, pero debo valorar que nunca de los jamases me presionó ante una negativa de acompañarlo en sus vicios y hasta alguna vez me preguntó si me jodía que se clavara una pasta estando conmigo. Mi respuesta era la del libre albedrío, pero estaba claro que si se caía lo dejaba tirado y me iba a la mierda. Incluso, la tarde de las pelotas de tenis, lo dejé durmiendo contra la pared de un kiosco a las siete y me volví casa sin un atisbo de culpa.
La noche en el club, había acompañado a unos amigos a un recital de una banda horrible, allí me lo encontré al Perro, igual, con ese abrazo franco y esa cerveza en la mano. Conversamos casi sin escucharnos por el ruido, me contó que trabajaba con el padre y alquilaba una casita cerca de la cancha de Colón. Seguía con su aspecto fantasmagórico y seguía emanando esa paz tan violenta. En el amor andaba un poco mal, Mariela había muerto hacía un par de años y él estaba limpio desde ese momento, aunque ya estaba un poco podrido de su vida.
Nos despedimos a las cuatro de la mañana, él más mamado que yo, y fue la última vez. Hasta el momento.
Másvaleasí.
Cruz J. Saubidet®

octubre 29, 2018

"Apoyador integral de locuras ajenas" 2


Ya lo decía Rousseau, el hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe, debe haber un poco de cierto al fin de cuentas él se hizo famoso, pero hay que tener cuidado porque la valoración al determinar lo bueno y lo malo de nuestras acciones es un camino ancho y de difícil transito. Las cosas que dañan a los demás están mal, eso está claro; pero muchos conceptos morales no hacen más que joderle la vida a la gente. La gente es mala y comenta decían las vecinas del barrio Roma en Santa Fe, que comenten nomás, casi todo es por envidia.
Esta introducción, como se habrán dado cuenta, es para atajarme de aquellos con más tabúes que libertades en materia sexual. Gracias a Dios, los jesuitas no pudieron ponerme culpas por ese lado, vaya a saber por qué.
Nunca conté esta historia, por respeto tal vez, pero no hay nada de que avergonzarse y la protagonista me autorizó siempre y cuando cambiara su nombre.
En mi primer año en la UNL, hice amistad con algunas personas que no eran el ejemplo a seguir en cuanto a lo académico. Fue un error, pero ya está. Entre muchas amigas, hubo dos con las que me sentía muy a gusto. Ambas compartían una minúscula casa donde nunca faltaba música, cerveza y una buena conversación. Allí pasé muchas horas, rodeado de una agradable libertad de oratoria.
Las dos chicas eran entrerrianas, de un pueblito cerca del río Uruguay y habían compartido escuela desde primer grado.
No eran muy lindas mis amigas, aunque Clarabella tenía un cuerpo muy interesante, que le gustaba exhibir bajo ajustadas camisetas y minifaldas. Cuando yo llegaba hacía como que me agachaba y siempre comentaba el color de sus bombachas.
Las dos noviaban con muchachos de la facultad más grandes que yo, y para mí era un alivio ya que no estaba interesado en relaciones sentimentales de ningún tipo. Una vez, Clarabella dijo querer probarme y sin preámbulo abusó de mi cuerpo. Estuvo muy bien y no afectó en nada la relación ni hubo incomodidades posteriores.
En una de las charlas madrugadas, Clarabella me comentó que su fantasía era protagonizar una película pornográfica, y ahí salto mi instinto de “apoyador integral de locuras ajenas” que le prometió todo el soporte que necesitara.
En un fin de semana en Santa Fe, le comenté al hermano de un amigo que se dedicaba al negocio audiovisual, acerca de mi amiga y su deseo. Y ahí quedó la charla. Hasta que un mes después, mi amigo me entregó un papel de parte de su hermano. Era un nombre y un teléfono para que le entregara a Clarabella. Así lo hice y los días pasaron.
Una noche de jueves, Clarabella me contó que tendría una entrevista en Santa Fe, en un par de semanas y que necesitaba mi ayuda para prepararse.
Por supuesto que accedí, quién se negaría a eso a los dieciocho. Durante una semana, cada noche dedicamos tiempo a mirar películas y a practicar posiciones, movimientos y sonidos propios de la industria del entretenimiento para adultos. Ella pedía y hacía indicaciones y yo trataba de hacer un decoroso papel. Aprendí mucho esos días y las enseñanzas me acompañaron el resto de mi vida. Le pregunté a Clarabella por qué me elegía por sobre su novio para esos menesteres, la respuesta concisa y clara fue que ella estaba enamorada y los sentimientos no ayudan en esta industria. Estuve de acuerdo y seguimos practicando.
Clarabella fue a la entrevista y no me permitió acompañarla, fue una lástima que no la eligieran, creo que tenía mucho talento, posiblemente sus rasgos duros y su tez oscura le jugaron en contra. Así y todo, le entregaron el video de la prueba y lo miramos una noche los tres. El actor me superaba por todos lados y Clarabella hacía un papel descollante, aplaudimos al final y brindamos con cerveza. Nunca más pasó nada entre nosotros.
La vida siguió y los caminos nos separaron. Cuando decidí escribir esta historia la busqué en Facebook y nos mandamos unos mensajes. Es madre de cuatro hijos y tiene su negocio en su pueblo natal. Me aseguró que guarda el video de la prueba y el recuerdo de esas practicas en un rincón de su corazón.
La verdad, Cruz, me comentó, el actor era muy grandote de todos lados pero con vos fue mucho mas divertido.  
Yo, agradecido.

Cruz J. Saaubidet®

octubre 23, 2018

“Apoyador integral de locuras ajenas”


Así como la mayoría de los días debo forzar mis sentidos para encontrar una historia, esta mañana hay dos que pujan por salir y aunque muy distintas entre sí, están conectadas en mi participación como “apoyador integral de locuras ajenas”. Porque si un amigo viene y me comenta sobre un emprendimiento tradicional (llamémosle poner un bar o fabricar medias para buzos de neopreno) mi reacción va a ser técnica y el apoyo no tan manifiesto. Sin embargo, cuando alguien me comenta una locura linda fuera de los parámetros establecidos, mi entusiasmo crecerá hasta el grado de convertirme en esa última gota necesaria en cada decisión. Tuve que tirar la moneda y la suerte se decidió por el Polaco.
Tomasz Nowak Cerrudo o el gringo Cerrudo o el polaco Tomi, allá en los albores de los noventas, era un hombre de treinta y pocos años, rubio, ojos claros, de aspecto de heladera antigua, dientes y orejas grandes y bigote estilo pizzero Italiano.  Andaba en una F100 nueva con unos cuernos texanos en el paragolpes, cosa que provocaba algunas burlas de los gauchescos y simpatía de mi parte. El polaco vivía con su madre en un campo sobre la ruta que va de San Cristóbal a Tostado, entre Santurce y La Cabral. Tierras malas y salinizas pero que bien manejadas pueden aguantar una vaca cada tres hectáreas. Claro que el polaco no estaba interesado en los bobinos y alquilaba sus seis mil quinientas hectáreas a su vecino. Su mundo eran el casco de la estancia y unas cien hectáreas alrededor.
El padre del Polaco tampoco era muy laburador, aunque la casa era una maravilla, no a la vista sino en innovaciones tecnológicas y mecánicas. Esa chispa estaba en su hijo que continuando la tradición siguió agregando elementos extraños e interesantes a su morada. El viejo Nowak se había matado en el 85 al estrellar su avioneta contra un molino mientras practicaba acrobacias para la fiesta del pueblo. Murió en su ley dijeron sus amigos del aeroclub quizás aliviados ante la posibilidad de poner en peligro a la población con piruetas aéreas demasiado osadas. El Polaco, ante la orfandad, decidió dejar la universidad de ciencias exactas en Córdoba e instalarse con su madre.
Una mañana, yendo yo para Aguará, paré a auxiliarlo de una pinchadura múltiple de ruedas. Cómo no tenía más ruedas de auxilio, lo llevé hasta su estancia. Ya me llamó la atención que tuviera un vaso térmico de café, aunque al ver su casa el vaso perdió magnitud. Había cuatro galpones diseminados alrededor de la casa y un tinglado gigante con dos avionetas.
En uno de los galpones estaba el taller mecánico, digno de envidia de cualquiera que yo conociera, con máquinas inexplicables y dos fosas impecables. Descansaban un Volvo rural viejo pero reluciente y un Jeep con ruedas desproporcionadas. En pocos minutos reparó las ruedas pinchadas y lo llevé de nuevo hasta la ruta. Al despedirnos me regaló el vaso-termo de café y me invitó a pasar cuando quisiera.
Así nos hicimos amigos, de encuentros de cervezas en la Shell de la entrada del pueblo, en el boliche y hasta compartiendo alguna pesca en el Salado. El Polaco siempre buscaba algo nuevo, había viajado mucho por el mundo y como sus finanzas estaban cubiertas ocupaba sus horas con inventos y teorías interesantes. Y así, tirada al azar, me comentó sobre la idea de crear el órgano de tubos más grande del mundo. El polaco había visitado el Boardwalk Hall en Atlantic City (yo estuve en 2007) y otro mega órgano en Filadelfia y sabía que no podía hacer algo así para superar el Guinness Record, pero, usando chapas de zinc y motores eléctricos quizás podría entrar a los record como el órgano de dos octavas con tubos más grandes y sonido más potente del mundo. Por supuesto que yo apoyé la idea y me comprometí a asistirlo en la construcción. La inversión era interesante aunque no dañaría las arcas de la familia Nowak Cerrudo, o no tanto ya que el polaco contrató a dos antenistas, un tornero, un chapista de autos, tres atorrantes del pueblo y al único afinador de pianos de la zona. Se colocaron ocho antenas de entre 115 y 80 metros separadas seis metros unas de otras, en cada una se insertaría dos o tres tubos de acuerdo a la escala musical. Yo pasaba un par de veces por semana para chequear los avances y cada visita me maravillaba la magnitud de la obra. Los tubos iban desde los 2 metros de diámetro hasta los sesenta centímetros y las alturas variaban aunque todos eran imponentes. Entre todas las opciones, el polaco había elegido hacer tubos labiales y durante meses el piso del tinglado estuvo cubierto de flautas gigantes que serían la última parte a instalar. Bajo cada antena, un compresor eléctrico proporcionaría el viento necesario para tres tubos. En un acoplado colocó el teclado y el panel eléctrico.
Desde la ruta podían apreciarse los tubos brillantes y varios curiosos se acercaron y tomaron fotos que a su vez vieron periodistas que también vinieron a observar la obra. Luego de dieciséis meses el órgano estaba listo y había que probarlo. Claro que ni el polaco ni yo sabíamos tocar mucho el piano, así que los primeros sonidos que escupió la estructura fue el cumpleaños feliz, básico, sin acordes, las notas nomás, que nos dejaron satisfechos aunque un poco sordos. El sonido era realmente potente.
El fin de semana de la fiesta del caballo en San Cristóbal, invitamos a todos los que quisieran a la inauguración, incluyendo choripanes, cerveza y música en vivo. Vinieron cerca de ochenta personas y las cámaras del canal local cuyo periodista estrella se empecinaba el llamarle piano al órgano. La mamá del Polaco fue la música invitada y se lució con la interpretación de “para Elisa” que sonaba raro en la potencia de los tubos. Hubo aplausos, video, periodistas y luego silencio.
A pesar de la repercusión en la prensa, las cartas y los llamados, la organización Guinness siquiera amagaba con venir a chequear el invento del Polaco. Alegaban que la distancia y el tiempo hacían imposible la visita y que la estaban programando para dentro de dos años. El polaco no se deprimió y siguió con nuevos proyectos. Yo me mudé y estuvimos desconectados unos años. Hasta que me llegó la invitación a su casamiento y esa fue mi última visita a su estancia. Los tubos seguían enhiestos e imponentes y la marcha nupcial fue ejecutada en el órgano. La última carta de Guinness postergaba un par de años más la visita.
Y la vida siguió…
Hasta anteayer, que mi hijo menor compró en una feria de libros usados los Guinness Records de 2008. Hojeando las cosas raras, allí estaba, el órgano con los tubos más grandes del mundo, acompañado de una vista aérea de la estancia del Polaco y esas ocho torres rodeadas de tubos. En la última foto estaba el Polaco de pie, con sus bigotes y menos pelo, sentada en el teclado junto a él, una adolescente apretaba las teclas, supongo que debe ser la hija de mi amigo. Masvaleasí.
Cruz J. Saubidet®

octubre 02, 2018

Título en proceso


El mundo es grande, y lo que entendemos es poco. Cuando aceptamos eso se abre un poco el panorama y la mente puede descansar un rato. Yo no estoy curado del todo, pero trato mucho de evitar hacer juicios de valores. Por supuesto que me parecen feas las cosas que lastiman a personas, pero cuando se trata de situaciones o actitudes que no tendrían que molestar, cada vez entiendo menos a los criticones seriales.
Es difícil la felicidad, mirá si será difícil que casi nadie la consigue. No se enseña la felicidad, ni la alegría ni la tristeza. Pueden tratar de meterte cosas en la cabeza haciéndote pensar que si seguís ciertas pautas sociales-culturales-religiosas vas a estar más cerca de alcanzarla, puede funcionar para algunos y por un tiempo, pero tarde o temprano la gente pensante va a sentir una disconformidad y, con un poco de coraje, va a querer alejarse de esa zona donde le aseguran muchos que está la alegría y la plenitud.
Juzgar es una de las actitudes que demuestran el miedo de salir de la zona en la que estás. No querer aceptar diferencias, a mi entender, es el temor a descubrir la posibilidad de estar equivocado. No hay que ser un genio para confirmar que todos estamos equivocados en algo y bañarse de humildad sería una buena cosa para los juzgadores seriales.
Los sentimientos no se enseñan, te pueden explicar cómo ser bueno pero nunca a sentirte bueno, te pueden enseñar matemáticas pero no a apasionarte con los números, te pueden convencer que necesitas ser heterosexual y formar una familia pero sabemos que no siempre es así. Los sentimientos fuertes son lo único que no sigue modas, y son lo que nos hace ser lo que somos, para bien o para mal.  Los homofóbicos deberían darse cuenta que ser puto-lesbiana-trans requiere un coraje impresionante habiendo en el mundo tanta gente que prefiere juzgar antes que comprender. Y eso debería generarles a estos dueños de “la posta” un respeto especial por los “diferentes” Claro que no les pasa.
Yo paseo mucho por las redes, especialmente Twitter y Facebook y leo mucha gente enojada y juzgando cosas que no deberían molestarle. Es necesario aprender a aprender, saber tiene fecha de vencimiento ya que todo cambia cada vez más rápido. Saber te puede servir un tiempo, pero si no te tomas el trabajo de aprender y cambiar, tu sabiduría va a ser obsoleta pronto.
¿Qué puede molestarte que le expliquen a tu hijo/a en la escuela que el concepto hombre / mujer es mucho más amplio de lo que pensás?
No hay dudas que es mucho más cómodo tener hijos, parientes y amigos que no van a ser discriminados, pero al fin de cuentas lo que queremos es que sean felices, y la felicidad es difícil y muchas veces imponiendo conceptos la complicamos más todavía.
Yo estoy aprendiendo despacio, es un largo camino, pero liberador.
 Cruz J. Saubidet®