mayo 07, 2007

Los hombres somos animales escatológicos ¿Cuál es el problema?

Cuando los hombres hacemos pipí, escupimos. Pero no se trata de una salivación cualquiera, la función de esa escupida es encontrar el triunfo en un acto simple. Los hombres buscamos ese tipo de laurel en muchas pequeñas cosas, estamos plagados de nimias acciones que implican una competencia constante con nosotros mismos y los triunfos son casi secretos.
Los hombres escupimos cuando hacemos pipí porque juntar nuestra saliva con el chorro de orina y hacer de esos dos elementos corporales uno solo significa mucho más de lo que cualquier mujer llegue a entender jamás.

Los hombres nos tiramos pedos y los disfrutamos. En nuestro cerebro llevamos un ranking inconsciente de nuestros mejores flatos y consideramos maravilloso descubrir que el pedo de esta mañana ha llegado al puesto número uno. Los pedos causan gracia a los hombres, no hay explicación para eso pero es así, somos capaces de ponderar un pedo ajeno por su duración, timbre o tono.
Un solo pedo puede modificar la crítica hacia una película, por ejemplo, la escena de “Click” donde Adam Sandler se espeta sobre el escritorio del jefe tres largas y sonoras flatulencias, salva la película del tedio; y la escena de los cowboys haciendo un concierto en “locura en el oeste” (Blazing Saddles) de Mel Brooks me ha quedado grabada el la memoria como una de las maravillas del cine.
El eructo (¿erupto?, en cambio, es considerado un arte menor para los hombres, quizás por lo sencillo y fácil de provocar que nos resulta.
Ciertas partes de nuestro cuerpo generan olores particulares y deliciosos solamente para nosotros, pero detallarlos es una tarea imposible sin caer el la demagogia.
Por último, una acción inherente a “casi” todos los hombres es rascarse, centrando el ir y venir de las uñas en la zona testicular. La frase típica ante tal situación es: ¡Bañate, sucio! Groso error de la platea femenina, la “rascada de bolas” no tiene nada que ver con el aseo personal. Algún día las mujeres entenderán que pica, porque pica, no hay explicación posible. Incluso no siempre es picazón lo que lleva a la manipulación de las partes, muchas veces se realiza con la única función de poner un poco de orden lo que por distintos movimientos no se encuentra en el lugar correcto.
Hay muchos ejemplos masculinos sobre acciones escatológicas, pero por ser lunes, temprano y por tener que trabajar voy a dejar aquí mi informe. Acepto nuevas sugerencias para presentar algún día una tesis sociológica sobre el tema.
Cruz J. Saubidet®
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4 comentarios:

Carolin dijo...

Buenas confesiones,

Te felicito, no muchos hombres se atreverian...

Don Mike dijo...

Sr, la palabra no es "rascar". mas bien es una mezcla de dos palabras, "rascariciarse" los huevos...o no?..saudos sr.

Buen post.

Consuelo dijo...

jajajaj como me he reido con esto¡ Espero la segunda parte. Resulta un buen inicio para solo "intentar" conocer (no necesariamente entender) la naturaleza masculina¡

julix dijo...

La verdad siendo mujer creo k es la cosa mas graciosa y medianmente stimulante...ya que pare mi, y para varias es no desagradable es ams es pasable, sino cuantos hombres en el mundo se kedarin solos por demostrar amor a su cuerpo....nica ...algunas mujeres somos la nueva generecion de amantes de la flatulencia....quien se une?