diciembre 15, 2006

El sexo y la comida o la comida y el sexo.



Luego del fracaso de las utopías socialistas, las inocencias de la Acción católica, el desparpajo de la secta Moon y de descubrir (no sin una gran tristeza) que no vale la pena cambiar el mundo porque todos los cambios hasta la fecha fueron para peor, a los seres humanos solo nos quedan dos elementos para evitar caer en el abismo de la desesperación. En realidad se trata de los mismos dos elementos de siempre, pero la evolución de la humanidad nos ha querido hacer creer que la vida podría llegar a tener otros fines.
Desde un programador de retorcidos programas informáticos, pasando por un vendedor de seguros, una ejecutiva, actriz, hasta un albañil, hombres y mujeres buscan un único y anhelado fin para sus vidas: comer y coger bien.
Por supuesto que hay miles de componentes que podrían confundirnos y hasta hacernos convencer que los caminos de la vida buscan otras consumaciones, pero si hurgamos profundo concluiremos que los placeres humanos están guiados por esos dos factores.
Todo, absolutamente todo nuestro andar por esta corta vida es buscar algo que los más positivistas llaman felicidad y que yo le llamo, de negativista nomás, pequeñas alegrías. Hay muchas cosas que nos producen sensaciones gratas, pero suelen estar relacionadas o al menos tener un fin común: la comida y el sexo.
El arte sin sensualidad no sería nada, mirar un cuadro, leer un libro, mirar una película o escuchar música nos producen diferentes sensaciones, estas no estarían conclusas si no rematáramos ese efecto placentero con una buena dosis de sexo, porque el placer sin la concreción orgásmica es placer a medias, le falta un poquito.
Triunfar en la vida y ser exitoso en lo que se hiciere, no significaría nada si no se trasladaran aquellos logros a la mesa y a la cama. ¿Exagero?
El sexo y la comida son amplios, y vale todo en ellos. Hay personas a las que les gusta el sushi o la berenjena, el vino o la cerveza para acompañar; otros que disfrutan un trozo casi crudo de carne y no necesitan acompañarlo con lechuga; algunos prefieren grandes porciones y otro poquito pero variado, hay paladares que no soportan altas temperaturas y otros a los que la tibieza los lastima; hay grandes comedores de hamburguesas con queso mientras otros disfrutan del caviar. Hay personas que prefieren el sexo solitario, o de a dos, de a tres o más; algunos prefieren hacerlo con un congénere, otros con una pareja de otro sexo mientras las sesiones grupales colman las expectativas de muchos. Generalmente el más “natural” y barato suele ser de a dos, en una cama y con la puerta cerrada, así y todo es posible que llene las esperanzas de ambos.
El sexo y la comida son compatibles, aunque recomiendo ordenarlos de manera que no se molesten entre sí. La cultura nos obliga a ocupar la noche para tales menesteres, pero si la comida es abundante y previa al acto es posible que genere incomodidades, aunque si el sexo precede a la comida, esta será disfrutada y el sexo realizado con liviandad.

En algunas culturas se come más de lo que se coge, suelen ser las más desarrolladas económicamente, en cambio en las sociedades más pobres se coge más de lo que se come.
Ambas tendencias son negativas, porque focalizar las energías en uno de los dos pilares genera irremediablemente un progresivo e inconsciente abandono del otro.
En las sociedades ricas, el exceso de comida provoca obesidad y por ende coarta la buena predisposición física para una práctica activa del sexo, además de volverlos/as poco atractivos a la hora de un buen revolcón. Me dirán algunos que hay belleza en la gordura, puede ser, pero no demasiado y me refiero a gordura grande.
En cambio, las culturas mal alimentadas, utilizan el sexo como único medio de placer, y al ser lo único se torna peligroso. Las enfermedades infectocontagiosas por vía sexual y el descontrol de la natalidad generan un círculo vicioso del cual es muy complicado salir, dado que son generadores de más hambre.
De esa manera, cuando personas de países pobres emigran hacia sociedades ricas, llevan implícito un trueque de sexo por comida. Algunas sociedades lo aceptan gustosas, otras son más reacias, incluso se hacen las desentendidas y se quejan mientras aprovechan el cambio.
También se da lo opuesto, aunque en menor medida, personas de países ricos visitan países pobres en función del mismo trueque, pero no quiero hablar del tema.

El tema da para mucho, pero es viernes y el fin de semana me pisa los talones.

Cruz J. Saubidet®

7 comentarios:

DTox dijo...

Hola man, como estas, tenia tiempo sin pasar, felicidades... Oye tremendo disco el que invitando a escuchar de Pink Floyd... Yo vi a Roger waters aqui en Venezuela en el 2002, fue increible. Bueno ya me despido exito!

Don Mike dijo...

ahhh caray!!!...estos temas son mi mero mole.Me ancabrona que mi mujer cene demasiado porque es el prologo de una noche sin sexo.

Yo comiendo antes o ddespues del sexo, me es indistinto... soy cuzco sin restricciones...jajaja.

Excelente post sr, sus apuntes sobre el sexo, la pobreza, la riuqeza y todo lo demas es cierto...
!A COMER Y A COGER QUE EL MUNDO SE VA A ENCOGER!!....SALUDOS

Silvina dijo...

Cruz, hay tantas cosas que se interrelacionan, un día de estos ¿podrías sumar el clima?. Para mí no hay nada mas bonito que una cena muy romántica, lenta y tranqula, con unas caricias de preambulo, ¡¡ hombre !!, es una convinación perfecta, solo es cuestión de saber compaginar.

Silvina dijo...

Hola, yo otra vez, pasé para desearte feliz navidad. Un abrazo.

Arcangel Vulcano dijo...

Pienso que "Cada cabeza es un mundo", en materia de sexo no hay axiomas. Cada persona de acuerdo a sus convicciones, valores,aspiraciones y sueños hace y dice lo que mejor le parece.Ahora que, si me tocara hablar con mi hija adolescente encontraría útil expresarle, que todo depende de ella, de su decisión, y de su actitud.El sexo le he dicho, debe ser tu responsabilidad, debe ser "responsable"; es decir, que debe ser practicado con plena consciencia de sus implicaciones y posibles consecuencias. Lo cual supone, que no puedes responsabilizar a nadie más por lo que pueda ocurrir después del sexo, solo a ti mismo.Por otra parte, pienso que en materia de sexo no deben haber límites entre las parejas, todo es posible, nada está prohibido; pero eso ya es una cuestión íntima de cada persona, en su individualidad y derecho legítimo de decidir que hacer con su cuerpo, o sus gustos e inclinaciones.Sin embargo, de acuerdo a mi experiencia de vida, creo que cuando el sexo se práctia por amor sublime con la pareja, sin lugar a dudas, tocas el cielo. Aunque debo admitir, que al practicar sexo sin amor también sepuede eventualmente obtener placer, que no siempre nos conduce a la felicidad sino más bien a sentir vaciedad interior. Ahora que, habría que plantear toda una discusión sobre la moral, la ética y una importante gama de elementos esenciales en las relaciones familiares, lo cual sería inapropiado en este espacio. Interesantes temas haz tocado amigo; en materia de sexo no hay verdades absolutas; la diversidad pareciera ser la tendencia. Un gran saludo.

Malvado Ventrílocuo dijo...

Llevo un rato intentando añadir un tercer pilar a tus cimientos de sexo y comida, uno que no estuviera relacionado ni remotamente con ninguno de los dos. Estaba convencido de que podría encontrarlo pero...
Me aterroriza reconocer que no he sido capaz.

habla_lechuga dijo...

Como que tiene sentido, no hay felicidad sin un bueno plato de sexo, aunque en las etapas en las que se da a lo largo de nuestra vida nos hace valorarlas de distintas maneras, digo, de adolescente cogerte a la flaca mas buena de tu colegio o barrio puede moldear tu vida futura, imagina si no tuviste exito y fuiste rechazado, eso marcaria una vida sin sexo y talvez sin comida...

Que preferimos, el sexo sin sentimientos o lo contrario...