Muchos afirman que la vida es una sucesión de errores y que la felicidad son pequeños bocaditos que nos regala la realidad para que sigamos insistiendo en eso de vivir.
Otros, más optimistas, dicen que los errores no son errores sino elecciones que de alguna forma tomaron caminos inesperados. Me gusta más esa teoría, la idea de inesperado suele ser oscura y mal vista, aunque la mitad de las cosas inesperadas que nos suceden son agradables. Quizás consideramos como inesperadas sólo las cosas desagradables y no dejamos lugar a las cosas bonitas. Sin embargo no medimos con la misma vara de inesperado chocar con el auto a recibir un llamado de alguien a quien extrañamos. Las dos situaciones presentan la misma sorpresa pero tendemos a sobrevalorar la situación desagradable por sobre la alegre.
Hace días que vengo elaborando una teoría. La conclusión es que es suficiente un solo momento feliz en la vida para considerar que todo lo hecho antes de ese momento valió la pena. Si consideramos que la vida es una cadena infinita de decisiones donde una cosa lleva a la otra, no quedan dudas de que los errores anteriores fueron los que nos llevaron al momento feliz y que si hubiésemos cambiado un sí por un no hace dos años, nada de lo que hoy sucede sería así.
También (o tampoco) podemos estar seguros de que si hubiésemos tomado otras decisiones la vida nos habría sonreído por otros lados, eso sí, quitándonos las alegrías que conseguimos por este.
Al fin y al cabo, el pasado es inalterable (al menos por ahora) y lo único que tenemos por delante es el futuro que se volverá inquebrantable al momento que lo pisoteemos.
Lo pasado, pisado dice el dicho, el problema es no permitir que ese tiempo pasado ya pisado nos llene la cabeza de culpas y rencores difíciles de superar.
Hace muchos años tuve una psicóloga muy agradable, ella me dio la clave aunque aun no he podido llevarla a la práctica en su totalidad. Ella me aseguró que si uno no se perdona los errores, no podrá avanzar. Tenía razón. Es un trabajo duro, una lucha sin cuartel contra el pasado donde muchas veces creeremos darla por perdida, pero si consideramos que esa lucha es parte de nuestro pasado, podremos perdonarnos las derrotas y seguir intentando.
La felicidad es inesperada, podemos esperar logros, ascensos, dinero, mujeres, lujos, etc. pero nunca sabremos de qué lado vendrá la alegría pura, llena de cosquillas y deseos de eternidad, ella puede aparecer por cualquier frente, el menos pensado o el más común de todos, solo debemos relajarnos y dejar que nos inunde, mañana será una reserva anímica para superar imprevistos de los malos.
Cruz J. Saubidet®
Blog de un escéptico servidor. "Creo que el kiwi no es una fruta" "Capaz si llegaron es porque transaron y si se mantuvieron es porque a muchos cag*ron." "Creo que Argentina ya no es lo que era, pero a mí me alcanza" "Me gusta más criticar que ser criticado, pero me controlo" "Está mal, pero para ponderar, me quedo callado"
Mostrando las entradas con la etiqueta pasado. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta pasado. Mostrar todas las entradas
mayo 19, 2009
octubre 16, 2007
¿ES SANO RELATAR EL PASADO?
¡Pero no, corazón! Son cosas que la gente dice, no para perjudicarme, sino para quitarte a vos la ilusión de que lo nuestro realmente funciona y funcionará.
Todos tenemos pasado, para que negarlo, pero la clave para que los tiempos pasados no nos condenen se llama crecer, o madurar que sería lo mismo pero con gusto a fruta.
Que haya tenido actitudes desdeñables y atragantadas de urbanidad en años anteriores, no implica que las siga teniendo hoy día.
¿Fui malo? Depende del cristal con que se mire. La maldad es un concepto demasiado resumido para los tiempos que corren. Lo mismo para la bondad, que tiene casi siempre implícita esa concepción espiritual de trascendencia que siempre detesté.
Al fin de cuentas, mi amor, la maldad y la bondad son solo los caminos que se toman en pos de los objetivos, no vayas a creer que siempre la maldad es atajo y la bondad demora porque caeríamos en lugares demasiado comunes para vos y para mí. Y no nos gustan los lugares comunes porque ya están demasiado pisoteados.
¿Qué querés saber de mi pasado? Yo te lo cuento sin problemas, pero me parece que algunas cosas te van a afectar. A lo que te cuente, deberíamos ponerle etiquetas, las amarillas van a ser los arrepentimientos y las verdes, los sucesos inevitables. Así y todo vamos a discrepar en los colores y te repito que vas a rogar que me arrepienta de las etiquetas verdes y me vas a querer menos cuando me niegue.
Antes de eso te quiero aclarar que tu pasado me interesa solo de manera anecdótica, no quiero escuchar de tus amores antiguos, ni tus sesiones de sexo desenfrenado con tal o cual, ni los pasos de tus trepadas laborales. O mejor dicho, quiero enterarme poco a poco de todo eso, quiero que dentro de tres años, tras un orgasmo compartido me cuentes, entre sonrisas, tus historias de cama. O dentro de diez años, envalentonados ambos con vodkas o tequilas, enterarme como llegaste a ser la profesional que eras cuando te conocí. Pero quiero que las historias de tu vida se inserten en un marco de comodidad, donde lo que digas ya esté aceptado de antemano.
Tené en cuenta, y no creas que doy vueltas al asunto para escaparme, que todo lo que hice es pasado y no hay forma de cambiarlo. Soy producto de lo que hice, no lo niego; pero me gusta mucho más sentirme producto de lo que quiero hacer y vivir en función de eso. Ahí estás vos, ahí estamos los dos y me gusta la situación de proyectar juntos lo que vendrá.
Pero está bien mi amor, entiendo que quieras saber y te voy a contar todo con el riesgo de perderte.
Cruz J. Saubidet®
[verdad] [pasado]
verdad pasado
Todos tenemos pasado, para que negarlo, pero la clave para que los tiempos pasados no nos condenen se llama crecer, o madurar que sería lo mismo pero con gusto a fruta.
Que haya tenido actitudes desdeñables y atragantadas de urbanidad en años anteriores, no implica que las siga teniendo hoy día.
¿Fui malo? Depende del cristal con que se mire. La maldad es un concepto demasiado resumido para los tiempos que corren. Lo mismo para la bondad, que tiene casi siempre implícita esa concepción espiritual de trascendencia que siempre detesté.
Al fin de cuentas, mi amor, la maldad y la bondad son solo los caminos que se toman en pos de los objetivos, no vayas a creer que siempre la maldad es atajo y la bondad demora porque caeríamos en lugares demasiado comunes para vos y para mí. Y no nos gustan los lugares comunes porque ya están demasiado pisoteados.
¿Qué querés saber de mi pasado? Yo te lo cuento sin problemas, pero me parece que algunas cosas te van a afectar. A lo que te cuente, deberíamos ponerle etiquetas, las amarillas van a ser los arrepentimientos y las verdes, los sucesos inevitables. Así y todo vamos a discrepar en los colores y te repito que vas a rogar que me arrepienta de las etiquetas verdes y me vas a querer menos cuando me niegue.
Antes de eso te quiero aclarar que tu pasado me interesa solo de manera anecdótica, no quiero escuchar de tus amores antiguos, ni tus sesiones de sexo desenfrenado con tal o cual, ni los pasos de tus trepadas laborales. O mejor dicho, quiero enterarme poco a poco de todo eso, quiero que dentro de tres años, tras un orgasmo compartido me cuentes, entre sonrisas, tus historias de cama. O dentro de diez años, envalentonados ambos con vodkas o tequilas, enterarme como llegaste a ser la profesional que eras cuando te conocí. Pero quiero que las historias de tu vida se inserten en un marco de comodidad, donde lo que digas ya esté aceptado de antemano.
Tené en cuenta, y no creas que doy vueltas al asunto para escaparme, que todo lo que hice es pasado y no hay forma de cambiarlo. Soy producto de lo que hice, no lo niego; pero me gusta mucho más sentirme producto de lo que quiero hacer y vivir en función de eso. Ahí estás vos, ahí estamos los dos y me gusta la situación de proyectar juntos lo que vendrá.
Pero está bien mi amor, entiendo que quieras saber y te voy a contar todo con el riesgo de perderte.
Cruz J. Saubidet®
[verdad] [pasado]
verdad pasado
junio 05, 2007
Confusiones sobre el tiempo y el espacio.
Recuerdo, cuando era casi un niño, que deseaba viajar en el tiempo para evitar hacer las “cagadas” que me mandaba casi a diario y que en general implicaban algún castigo. Con el tiempo y al ver imposibilitada esa posibilidad, ante las grandes “macanas” solía pensar que mi propia muerte era la solución más conveniente para evadir el lío provocado, pero no debo haberlo pensado en serio ya que nunca intenté, como pensaba en mis treces, tirarme bajo el colectivo de la línea 3 que pasaba por la puerta de mi casa.
La vida adolescente me fue quitando esos pensamientos (y de los otros también) y durante algunos años nada lograba preocuparme demasiado.
Hasta que vi la película de James Cameron “The Terminator” o “Terminator” como se llamó en Argentina a mediados de los 80. Arnold Schwarzenegger hacía de un robot que venía del futuro para evitar que naciera John Connor, hijo de Sarah Connor, una linda Linda Hamilton que al final es igual a Sandra Bullock pero un poco más “heavy”. Por supuesto que atrás del robot, el propio John (desde el futuro) había mandado a su amigo a defender a su madre, sabiendo que terminarían revolcándose y engendrando al futuro héroe de la resistencia contra las máquinas que en el futuro ganarían inteligencia propia aunque artificial y dominarían el mundo.
A partir de Terminador volví a fantasear con los viajes en el tiempo y la posibilidad (o imposibilidad) de cambiar el futuro a través del pasado, porque está comprobado que el pasado se puede cambiar desde el futuro, aunque no nos damos cuenta porque lo que pasa depende de lo que ya pasó y más aun de lo que pasará.
Los enramados vericuetos del cerebro generan teorías que se expanden de la misma forma que los espejos enfrentados, o sea hasta el infinito.
El tema pasado-presente-futuro como elementos que juegan entre sí, confunde mucho, incluso no estoy seguro que mí presente sea el mismo que el de mi vecino, el de mi hija o el de mi mujer.
Después de varios años, de la mano de mi hija, el tema volvió a mi cabeza gracias a “The last mimzy”, donde a fuerza de muchas preguntas tuve que hacer un esfuerzo (gráficos incluidos) para explicar el “tiempo” de una manera didáctica y poco convincente para mí, aunque mi pequeña quedó conforme. Así y todo, que de vez en cuando siente unos socavones al respecto y me los comenta.
Me imagino al mundo como una suma de presentes paralelos e invisibles que casi nunca se juntan y que conviven más allá de lo que mi cerebro (y el de la mayoría) puede comprender. Al igual que muchos aceptan dogmas de fe sin cuestionarse demasiado, yo acepto eso como una verdad, el pasado y el futuro están en el exacto lugar que piso, pero en otra dimensión imperceptible para mis sentidos.
La película Deja Vu, de Tony Scott pero con el sello de Jerry Bruckheimer habla sobre eso. Si bien decae en el final, la trama es interesante. Por accidente, unos científicos descubren la posibilidad de ver un pasado paralelo a una distancia de cuatro días y medio en el tiempo y con eso investigan los crímenes, con una contra: luego de 4 días y medio descubrir al criminal suele resultar tarde.
El interrogante, al igual que en las tres “Terminator” es si es posible cambiar el futuro volviendo al pasado, en la trilogía del gobernador de California parece que no, en Deja Vu se deja abierta la posibilidad de poder cambiar un poco, aunque torciendo un poco las cosas y por eso remarco que el final deja algunos baches.
Borges nos contó de un Aleph, Ana Belén de “La puerta de Alcalá”, Mempo Giardinelli de la suma de toda la literatura y Pablo milanés del tiempo que pasa y nos ponemos viejos. Yo no quiero ser menos. Claro que tendrán que esperar unos años, pero no es para preocuparse, en realidad ya está hecho pero todavía no lo escribí.
Cruz J. Saubidet®
La vida adolescente me fue quitando esos pensamientos (y de los otros también) y durante algunos años nada lograba preocuparme demasiado.
Hasta que vi la película de James Cameron “The Terminator” o “Terminator” como se llamó en Argentina a mediados de los 80. Arnold Schwarzenegger hacía de un robot que venía del futuro para evitar que naciera John Connor, hijo de Sarah Connor, una linda Linda Hamilton que al final es igual a Sandra Bullock pero un poco más “heavy”. Por supuesto que atrás del robot, el propio John (desde el futuro) había mandado a su amigo a defender a su madre, sabiendo que terminarían revolcándose y engendrando al futuro héroe de la resistencia contra las máquinas que en el futuro ganarían inteligencia propia aunque artificial y dominarían el mundo.
A partir de Terminador volví a fantasear con los viajes en el tiempo y la posibilidad (o imposibilidad) de cambiar el futuro a través del pasado, porque está comprobado que el pasado se puede cambiar desde el futuro, aunque no nos damos cuenta porque lo que pasa depende de lo que ya pasó y más aun de lo que pasará.
Los enramados vericuetos del cerebro generan teorías que se expanden de la misma forma que los espejos enfrentados, o sea hasta el infinito.
El tema pasado-presente-futuro como elementos que juegan entre sí, confunde mucho, incluso no estoy seguro que mí presente sea el mismo que el de mi vecino, el de mi hija o el de mi mujer.
Después de varios años, de la mano de mi hija, el tema volvió a mi cabeza gracias a “The last mimzy”, donde a fuerza de muchas preguntas tuve que hacer un esfuerzo (gráficos incluidos) para explicar el “tiempo” de una manera didáctica y poco convincente para mí, aunque mi pequeña quedó conforme. Así y todo, que de vez en cuando siente unos socavones al respecto y me los comenta.
Me imagino al mundo como una suma de presentes paralelos e invisibles que casi nunca se juntan y que conviven más allá de lo que mi cerebro (y el de la mayoría) puede comprender. Al igual que muchos aceptan dogmas de fe sin cuestionarse demasiado, yo acepto eso como una verdad, el pasado y el futuro están en el exacto lugar que piso, pero en otra dimensión imperceptible para mis sentidos.
La película Deja Vu, de Tony Scott pero con el sello de Jerry Bruckheimer habla sobre eso. Si bien decae en el final, la trama es interesante. Por accidente, unos científicos descubren la posibilidad de ver un pasado paralelo a una distancia de cuatro días y medio en el tiempo y con eso investigan los crímenes, con una contra: luego de 4 días y medio descubrir al criminal suele resultar tarde.
El interrogante, al igual que en las tres “Terminator” es si es posible cambiar el futuro volviendo al pasado, en la trilogía del gobernador de California parece que no, en Deja Vu se deja abierta la posibilidad de poder cambiar un poco, aunque torciendo un poco las cosas y por eso remarco que el final deja algunos baches.
Borges nos contó de un Aleph, Ana Belén de “La puerta de Alcalá”, Mempo Giardinelli de la suma de toda la literatura y Pablo milanés del tiempo que pasa y nos ponemos viejos. Yo no quiero ser menos. Claro que tendrán que esperar unos años, pero no es para preocuparse, en realidad ya está hecho pero todavía no lo escribí.
Cruz J. Saubidet®
Suscribirse a:
Entradas (Atom)