noviembre 22, 2006

THANKSGIVING, ACCION DE GRACIAS U OTRAS COSAS MAS (los últimos días de noviembre, reedición 2006)

Como algunos saben, mi personalidad es de contrera. Todo lo que pueda ser criticado lo será y allí se centra mi diversión.
Y el tema que me trae hoy es la celebración del Día de Acción de Gracias o Thanksgiving como le dicen por aquí, indudablemente el festejo más importante para los norteamericanos, en el cual conmemoran el agradecimiento de los peregrinos a los indios por haberles ayudado a proveerse para el segundo invierno en estas tierras. El tema es contradictorio desde el vamos. Luego de agradecerle a los indios y festejar con ellos la acción de gracias, dedicaron los años venideros a sacárselos de encima. Y vaya si lo lograron.

Pero no voy a criticar demasiado la conquista y la extinción o achicamiento poblacional de los indios americanos. El estado se ha librado del problema de una sabia manera: los pocos que quedan, NO PAGAN IMPUESTOS. Esto provoca el silencio de ellos y el resentimiento del resto de la población. Pero como ya dije, no voy a hablar demasiado de ellos, solo voy a recurrir a algunas metáforas alimenticias. Entre nosotros; creo que la única razón por la que se come pavo es porque rinde mucho, pero en casa, como somos tres, nos vamos a comer un pollito, pero no se lo digan a nadie. Aqui les dejo un cuentito que me pareció divertido escribir en honor al feriado.

LOS ULTIMOS DIAS DE NOVIEMBRE (CUENTITO)

Qué fue lo que hicimos para merecer este destino? ¿Por qué nos persiguen y nos matan? No tengo idea. Si alguno de nosotros se hubiese encargado de plasmar nuestra historia en estas tierras, tal vez lo entenderíamos. Pero pocos de los nuestros han llegado a viejos y la tradición oral en nuestra raza está plagada de errores. Esta tierra, dicen, nos perteneció hace muchos siglos. Entonces llegaron ellos.
Con los lugareños anteriores manteníamos una relación cordial. Asesinatos hubo siempre. Es la naturaleza humana y no voy a discutir sobre ello. El verdadero inconveniente comenzó con la llegada de aquel barco. ¿Quién iba a pensar que ese grupo de personas blancas, extrañamente vestidas, sucias y muertas de hambre se iba a dar maña para quedarse con todo?
Al principio hasta nos daban lástima. Pero con el tiempo, este grupo antaño religioso, se convirtió en un verdadero peligro para los habitantes autóctonos. Y con el paso de las cosechas consideraron innecesaria la presencia indígena en "sus tierras" y minuciosamente lograron desplazarlos a sitios menos agradables.
Resultaron mansos los locales. O pocos, o menos inteligentes, o menos armados, o menos políticos. El tema es que cada vez fueron quedando menos nativos y a su vez llegaron más cristianos del otro lado del mar. Por suerte o por desgracia, nos permitieron quedarnos. Total, no molestábamos demasiado y éramos de gran utilidad. Cada tanto asesinaban a alguno de los nuestros, pero así y todo de cierta manera nos protegían.
A medida que crecían en número, algunos se desplazaban hacia otros puntos. Y cada expansión territorial contaba con nuestra presencia, hasta que llegó el momento en que cada recodo de esta tierra, abrigaba a alguno de los nuestros.
¿Cuantas familias desmembradas habrá dejado esa expansión? No podría hablar de números, pero cifras de siete dígitos me quedan cortas. Los pocos que regresaron, trajeron consigo cuentos del otro lado. De otro océano. De meses y meses de marcha. La historia se repetía en todas partes, con nosotros siempre presentes, testigos silenciosos de esa conquista.
Luego de dos siglos desde el pálido arribo y a pesar de los muchos sacrificios, nuestra raza aún seguía fuerte. Antiguamente entre indios, ahora entre blancos. Entonces apareció esa mujer, señora empecinada y testaruda. Sarah, creo se llamaba. Su terquedad y su empuje fueron la causa del comienzo de las masacres y de nuestra esclavitud. Siglos habíamos estado, siglos habíamos sufrido y siglos nos habían perseguido. Pero a esta altura de la historia y después de casi un siglo y medio desde aquel día, me pregunto si vale la pena seguir. Mi pregunta es la de todos, pero nadie la responde. Todos agachan la cabeza y se resignan y me siento solo en esta lucha.
Hace casi ciento cincuenta años que estamos encerrados. Nuestra suerte fue echada aquel día nefasto en que Abraham Lincoln, haciendo lugar al petitorio de Sarah, declaró como oficial la festividad de Thanksgiving, o Día de Acción de Gracias. A partir de allí pasamos a ser una razón de estado, a pesar que este solo quería eliminarnos.
Los hombres armaron jaulas y nos tiraron dentro. Inventaron comidas nutritivas que tuvimos que aprender a ingerir. Nos quitaron los hijos al nacer y nos mataron. Cientos, miles a diario iban al verdugo, cada vez menos violento, pero más fulminante. Cada año, el mes de noviembre se acerca más deprisa. Cada año nuestra muerte se percibe en el aire. Evito comer demasiado y así me mantengo con vida pero creo que en los últimos meses me excedí un poco.
Cada año son más, y cuando se leen las estadísticas, los cínicos se regodean con la realidad de los millones que se agregan a la celebración. Dicen que hasta los latinos se han acoplado al festejo. Siempre detesté a los latinos, nada más que por el nombre que nos dieron. ¿Qué necesidad de llamarnos "pavos"?
¿Era necesario herirnos también con nuestro nombre? Al menos acá nos llaman "turkey" y no "stupid". Varias veces me pregunté que fue lo que los llevó a sustantivarnos con el nombre de un país. Espero que no se haya tratado de racismo, aunque no lo sé.
Discúlpenme, debo retirarme. Se acercan personas y aparentemente abrirán mi jaula. El año pasado fueron sesenta millones a las mesas. Este año, dicen, serán más. Incluso me enteré de que muchos hermanos ahora llegan congelados desde distintos puntos de América Latina. Pero dentro de pocos minutos ya nada importará. Solo me resta pensar a que lugar de este país llegaré y que familia me servirá en la noche de un jueves; pero ya no estaré para contarlo. ♦

Cruz Joaquín Saubidet®


5 comentarios:

Don Mike dijo...

juar,,juar..y mas juar..que cuentecillo tan mas divertido...saludazos y que el pollo le caiga bien...

Gemma Ferré dijo...

Me ha encantado el cuento, muy ingenioso.

Desde lejos, esto del día de Acción de Gracias suena de lo más ñoño, supongo que han influido las series de televisión en que hacen gala de sentimentalismo familiar exacerbado y ese pavo enorme que no entiendo como cabe en el horno

Un beso

silviaeny dijo...

Te veo venir todo ecologista camino de la creacion del P.P.P (partido pro-pavos).

Mi pavo estuvo bien rico, todavia lo tengo en el estomago :-). Siento que tu te tuvieras que conformar con un "pollito" y entiendo que ahora estes resentido.

JA JA JA!! (risa cruel)

Anónimo dijo...

Hola. Soy Retroferran, llego a tu blog por Marcela, de Roma, y además de decirte que me gustó quisiera invitarte a visitar el mio, Anclaos en Europa (http://anclaos.blogspot.com), un rincón para compartir las experiencias de los argentinos que estamos viviendo en el exterior mas alla de las nostalgias, el tango o el dulce de leche.

Cada vez somos mas los anclaos.

Exitos!

Cruz J. Saubidet dijo...

Mike: un abrazo
Gemma: Gracias, es realmente la fiesta mas importante y familiar por estos pagos, y (obviando los pobres pavos) la menos comercial. La gente se reune de verdad.
Silvia: Me alegro por tí, yo comí sobras de pavo el sabado, pero deberias ir al baño mas seguido.
retrorefran: Mañana voy para alla.
Saludos
Cruz