febrero 14, 2006

SUEÑOS RAROS


Estos días de fuerte gripe y sueños interrumpidos, a mi subconsciente se le ha dado por soñar con la historia Argentina.
Suena extraño quizás, pero todo tiene su lógica, pues he pregonado desde aquí que la historia está cargada de gruesos errores y por ello me cuesta hasta lo imposible creer en ella.
La noche del viernes para el sábado soñé que debía caracterizar a Bernardino Rivadavia y a Juan Manuel de Rosas. Yo trabajaba en un periódico y mi escrito tenía que relatar dos fotos parecidas (eran Rivadavia y Rosas) pero sin criticar a ninguno de ellos pues estaba seguro de mi muerte si lo hacía.
Creo suponer que la disyuntiva onírica provenía de un artículo que había escrito para el diario sobre las caricaturas de Mahoma en el cual me había esforzado por ser imparcial y no creo haberlo logrado.
Del sábado al domingo soñé con Sarmiento, en este caso el bache se producía al momento que mi subconsciente no poseía demasiada información sobre los actos de gobierno de Domingo Faustino y sí aspectos de su personalidad progresiva, liberal y extremadamente racista. Debido a la falta de información antedicha, el sueño giraba en torno a banalidades, pero me exigía acumular información para continuar durmiendo tranquilo. A las tres de la mañana, después de tres repasos del mismo sueño opté por despertarme y hurgar entre mis libros alguno que hable del hombre. A las tres y media, totalmente desvelado, me sumergí en un libro de Felipe Pigna que, al menos para los requerimientos de mi sueño, me sirvió de ayuda. Apagué la lámpara en los márgenes del día, pero los sueños subsiguientes no se vieron reflejados en las lecturas.
Del domingo al lunes soñé con indios. Fue un sueño muy triste, desesperanzador. Los indios se iban al galope hacia el sur, siempre galopaban. Yo sabía que alguien los perseguía, pero como iba con ellos no me daba vuelta para mirar quienes eran. Me desperté cansado y transpirado, con un nudo en la garganta y una necesidad de leer sobre las conquistas de las tierras de los indios argentinos.
En eso ando, descreyendo un poco de cada autor, pero formándome un panorama de cómo puede haber sido esa matanza.
Anoche no soñé, estaba debilitado por las noches anteriores. Hoy me desperté a las cinco de la mañana y ya no pude seguir durmiendo.

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