octubre 13, 2006

De ayer y de siempre.


A veces supongo que si en lugar de escribir me dedicara a otros negocios podría conseguir mucho más dinero y, quien sabe, satisfacciones.

A veces creo que un buen tequila me ayudaría, pero jamás lo tomo por si acaso me llegara a gustar demasiado lo que sale.

Estoy leyendo “mazurca para dos muertos” de Camilo J. Cela y a pesar de que la lectura es lenta, disfruto de cada frase castiza. Prefiero a Pérez Galdós pero a quien le importa.

A veces la realidad me pega unos golpes y pongo la otra mejilla.

Ciertas veces, asqueado de mis escritos, escribo versos que me asquean también, aunque sé que no son malos. La poesía me aburre, pero me resulta fácil.

Me gustó cubrir periodísticamente el tema de los inmigrantes en USA, pero mis pronósticos se cumplieron al pie de la letra y ya no es agradable abrigar desilusiones.

Me gusta hacer reportajes, pero mis entrevistados esperan más preguntas y yo solo quiero charlar. Un cineasta, luego de conversar una hora en un Starbucks me preguntó cuando le haría el reportaje.

Anteayer se estrelló una avioneta en Manhattan, cerca de mi casa, East river por medio, desde mi terraza veía el humo, entonces me preguntaba si me convenía vivir en un lugar amenazado por la tercera parte del mundo, creo que sí, aunque si pasó una avioneta puede pasar cualquiera. Hace un mes, mi vuelo Toronto-Nueva York dio dos vueltas a Manhattan antes de aterrizar, supuse que si lo deseaba el piloto, podría estrellarse contra cualquier edificio, tuve un poco de miedo.

El peligro Iraní se vio opacado por el peligro norcoreano, creo que la religión y/o la pobreza vuelven a los pueblos un poco fundamentalistas, unos suponen una vida mejor después de la muerte, los otros tienen tan poco que perder que siguen ciegamente a sus líderes, los dos juntos son pólvora. Los líderes no son como ellos, si así lo fueran les pasaría lo que a Evo Morales en Bolivia donde algunos poderosos (que no son como ellos) movilizan masas y desestabilizan a un gobierno popular. Al final la plata termina triunfando.

Mientras tanto, el economista de Bangladesh Mohammed Yunu recibió el Nobel de la paz. Es el creador del “banco de los pobres” el Grameen Bank, un sistema de microcréditos para pobres que les permite iniciar sus emprendimientos de subsistencia. La obra de este hombre ha beneficiado a 3 millones de personas que pasaron de no tener nada a tener algo para la subsistencia.

Escribí un informe de mis impresiones sobre Argentina y lo dejé inconcluso, pero pueden leer un poco si quieren.

Cruz J. Saubidet®


1 comentario:

Patricio Padilla Navarro dijo...

A veces me da rabia estudiar ciencias sociales, encuentro razón cuando algunos poetas dicen que por la necesidad de clarificar conceptos los que nos gustan estas disciplinas opacamos lo que las cosas nos dicen. Atrapamos un sin fin de palabras en un solo concepto, imponemos significados a las cosas y no escuchamos lo que las cosas tienen que decirnos.
Mi unico brazo de esperanza es mi acercamiento al arte, específicamente a la música, tanto uso de etiquetas y categorías conceptuales termina por asesinar la realidad por medio de lenguajes toscos y aburridos. (no por eso menos necesario)

Saludos, sorry por la lata