mayo 02, 2022

¿Qué le vas a dejar a tus hijos? (sobre herencias y legados)

 ¿Qué le vas a dejar a tus hijos?

Lo que no llegue a gastar antes de espichar.
Es una respuesta por demás de simple. No me interesa que mis hijos sigan mis pasos, no quiero cargarlos con la incordiosa necesidad de ser algo parecido a lo que yo soy y, mucho menos, quiero que me tomen como un ejemplo a seguir en sus acciones de vida.
¡Qué ejemplo voy a ser yo! Y no es que me haya ido mal en la vida, considero que de acuerdo al esfuerzo mis logros han sido demasiados, pero eso no tiene nada que ver con ser ejemplo. Yo soy un defensor del anti-ejemplo, alguna vez me gané enemigos con mi teoría. A grandes rasgos, se trata de relatar a nuestra descendencia los errores cometidos y como fueron resueltos. Estoy seguro que eso ayudaría mucho más que decirles mira mis valores y emúlalos. ¡La pindonga! Más aún si partimos de la base en que los hijos hasta la adultez nos van a considerar un poco pelotudos, y con razón, porque aunque tratemos de ocultarlo de muchas formas, alguien que vive con nosotros se termina dando cuenta. Los hijos nos ven alguna vez en todos los estadios del alma y eso es una herramienta importante que van a tener en la vida. Que recuerden que el viejo a veces se enojaba, o estaba melancólico, o cursi, o demostrativo, o desconfiado, o callado, o triste, o borracho, o filosófico, o músico, o ácido, o agresivo, o indiferente; pero tarde o temprano volvía al equilibrio. Ese es el ejemplo que van a atesorar, al menos de mí: tarde o temprano volvía al equilibrio. Y no es que yo sea un maestro Zen, la vida tiende al equilibrio aunque muchas veces factores externos nos descolocan y nos sacan del eje. También van a saber que el equilibrio va cambiando y después de algunas situaciones se corre, especialmente después de las pérdidas de seres queridos. También espero que sepan que equilibrio no significa felicidad, pero que si la van a encontrar, ayuda bastante un poco de paz.
Volviendo al principio, a mi edad la idea de la muerte propia se torna palpable, y la seguir fumando no ayuda mucho. Por eso me pongo a pensar en qué les voy a dejar. Por un lado está la herencia que no es mucho ni poco; y por otro lado el legado. ¿Qué es más importante? Supongo que el legado, que podría ser un conjunto de herramientas que les permitan prescindir de la herencia y poder encarar la vida con energía. Espero poder des aconsejarlos lo mejor posible y espero vivir para verlos adultos. Y verlos felices y que encuentren personas que valgan la pena. Y que me sigan sorprendiendo como lo vienen haciendo por más de dos décadas.
Hecho este descargo, me voy a gastar la herencia, total el legado esta bueno…

enero 04, 2022

Sobre un 2021 donde nada cambió

 Y se termina algo que perduró en una nebulosa desde su inicio, el 2021.

No le había puesto muchas fichas de entrada, pero así y todo llegó a sorprenderme.
La salud me jugó en contra y por suerte los médicos y los remedios pudieron controlar los dolores. Así y todo y con el cuerpo dolorido, pude seguir laburando y de paso cambiar y aprender desde cero una nueva función que me demanda más horas y me implica algo que siempre esquivé que es hablar por teléfono, y en inglés. Claro que desde mi nueva posición, las personas me necesitan para sortear algunos escollos y por ende descubrieron que deben esforzarse comunicativamente conmigo si quieren resultados. Y ya están aprendiendo que un buen email vale más que mil llamadas. Claro que la autopercepción no es una de mis cualidades (yo nunca me hubiera contratado) y es posible que lo que yo pienso que hago bien lo esté haciendo pa la mierda y la oficina de Recursos Humanos esté acumulando quejas sobre mí que derivarán en mi despido y exilio. Vaya uno a saber. Y tampoco importa demasiado.
Con mi artritis a cuestas me vi obligado a abandonar muchos de mis ejercicios que me permitían más que nada sentir los calzoncillos flojos y levantarme con facilidad, pero poco a poco estoy retomando mis trotes y ganado fuerza mientras trato de pesar cinco kilos menos, incluso hay días en los que puedo abrir un tarro de mermelada sin ayuda.
En rasgos generales las cosas andan bien, los hijos crecen encarrilados, mi señora se sigue riendo conmigo, el auto arranca, la heladera está llena y el gato caga donde corresponde. La vida social ha estado bastante limitada estos tiempos de pandemia, pero los años y las canas me han hecho amigarme con eso y disfrutar cada vez más del sillón del living, un libro y un gin tonic (cerveza, güisqui, vino tinto, ginebra, oporto, prosecco)
La política no me ha dado sorpresas tampoco, aquí y allá gobiernan para el ojete y está comprobado que mejor no me caliento, porque de tanto para decir me quedo sin palabras. Es increíble que la gente que llega tenga una maldad tan evidente, y si no la tiene, dure poco. Pero no voy a politizarme hoy.
Como todos saben yo soy un tipo de principios, especialmente en mis producciones literarias. Quedó más que claro este 2021, donde lo único que hice fue comenzar escritos abandonándolos luego de un rato, eso sí, pensando en continuarlos en un futuro cercano.
Incontables son las veces que comencé a escribir sobre temas políticos y me fui apagando a la par de mi furia, pero hay algunos ensayitos que espero finiquitar antes del 2023 ya que a mi entender son ideas que tienen futuro de obras de arte.
Mis tres principales proyectos son estos:
1- Listado interminable de cosas que no tienen razón de existir, comenzando con las propuestas aspaventosas de casamiento, siguiendo por el Kiwi que sin dudas no es una fruta, las engañosas bondades del laurel, etc. Hay algunos políticos y artistas en la lista, que ya cuenta con 96 elementos y sigue creciendo.
2- La pobreza no asumida. Casi toda la población mundial de cierto nivel adquisitivo no tiene el coraje de decirle que no a cosas que se inventaron para hacerlos sentir que son ricos, pero a mi entender los dejan expuestos en su pobreza. Cualquier espera mayor a 20 minutos, te despliega como pobre no asumido, ya sea en Disney, en un restaurante caro o para subirte a un avión.
3- El concepto erróneo y milenario de “Hacer el amor” El encuentro sexual de los enamorados deshace el amor, lo desarma en pedazos y eso es lo lindo del asunto.
Para ir cerrando y cada vez más corto de palabras y ambiciones literarias, un abrazo muy especial a todos los que han perdido seres queridos y un muy feliz año nuevo para todos los que me conocen.
Para el 2022, no les deseo que se cumplan sus deseos, ¡que sea sorpresa!
CRUZ SAUBIDET®

marzo 15, 2021

Despojado, friolento y entogado (El síndrome del impostor)

 El síndrome del impostor es un trastorno psicológico por el cual algunas personas exitosas sienten que no son merecedoras de sus logros. 

Eso para la gente común y corriente.

En los políticos se ve que funciona al revés.

Podría agregar otros rubros pero mejor no porque durante toda mi vida mis palabras me han hecho perder amistades. ¿Qué quiere escuchar la gente? Creo que la frase “tenés razón” es la más esperada. Y me  parece que yo no vine a este mundo  para decirla más que en caso de necesidad y urgencia.

Tengo una compañera de trabajo a la que le encanta decir “You re right” y cada vez que lo hace eleva el tono mucho y eso genera satisfacción en los destinatarios. Cada vez que me lo dice, yo en vez de agradecer o asentir, no, no me sale tampoco, no se por qué mierda ante el “You re right” contesto “maybe” “who knows” o “Just a point of view” y eso la descoloca un poco y como es “polite” no me manda a la mierda.

Al revés que mi difunta madre, mi genética no me permite elogiar mucho y, lo que es peor, es un dolor de huevos aceptar cumplidos. Debe ser el síndrome del impostor que me invade  porque en lo profundo de mí algo me asegura que la voy a terminar cagando.

Eso me pasó ya con la poesía. Durante un tiempo mis rimas fueron ponderadas y yo me envalentoné y les saqué espontaneidad tratando de darles una profundidad de la que carezco, y ahí la cagué, porque he encontrado versos cuyas metáforas ni yo puedo descifrar.

Por eso me voy a dedicar al stand up, mejor si es sentado por mis rodillas dañadas, no me voy a hacer mas problemas con tema profundos ni malasangre con la política. Todo será liviandad por unos meses, buscar el humor en las cosas simples y absurdas.

Por ejemplo, ¿Qué será de la vida de Hugo Varela? Debe ser un señor mayor a esta altura. Tiene cosas simpáticas aunque vaya uno a saber si se habrá deconstruido, más que nada en sus chistes sobre gays. A mí ya no me hacen gracia hace mucho tiempo pero puedo afirmar que  a muchos sí porque todavía me llegan whatsapps en algunos grupos con esa categoría y siempre me generan el mismo rechazo o quizá sea tristeza imaginando a los que se ríen. Por otro lado, y esto me deja mal parado, todavía me hacen gracia los chistes de gangosos, perdón. Pero volviendo a Hugo Varela, lo que me lo trajo a la cabeza es la imagen de tiempos de pandemia donde él sacrifica su barbijo en lugar de la corbata.

También estuve meditando sobre la incomodidad en el vestir. Creo que el taco alto debe ser insoportable aunque tiene la capacidad de levantar el culo de las usuarias. En cambio, la falda o pollera me parece lo máximo en comodidad, estoy pensando seriamente en adquirir una kill XL y andar por la vida con libertad en las partes culturalmente aprisionadas en los hombres. No olvidemos que el Imperio romano se forjó con hombres empollerados o entogados.

Otra incomodidad que siempre me llamó la atención son los anteojos Ray Ban, una vez tuve unos y no se si yo soy un poco obsesivo, pero que venga la marca en el vidrio era molesto como una basura en el ojo.

Este año, en el cual me transformé en un desagradable friolento, empecé a usar medias de dormir o sea medias cuya su única función es abrigar los pies bajo las mantas. Siempre despotriqué contra ellas y tengo que admitir que están buenísimas y no aprietan. ¡En qué me he convertido!

Todavía me falta para ser gracioso, debo confesar que hoy entré a Twitter y a las 5 de la mañana me desvelé y escuché a María O’Donnell. Supongo que es un proceso y me llevará un tiempo despojarme de todas las cosas serias de este mundo, pa colmo el miércoles tengo reunión con la maestra de Simón. Queselevacer.

Cruz J. Saubidet®

marzo 08, 2021

El otro día tuve una revelación: 10 x 10 = 100

Después de conversar con muchos peronistas / kirchneristas amigos e inteligentes, he comprobado que para todos ellos la coima de entre 10 y 15% es sistemática y ¿necesaria?

La respuesta “corrupción hubo siempre” repiquetea en todos los casos con una liviandad escalofriante.

A mí me suena mal y hasta feo, pero parece que la política necesita de ese combustible que la fortalece y la convierte en la maravilla que tenemos hoy en día.

Yo pienso en la cantidad de obras que podrían realizarse con esa porción de plata, pero es algo que no está en discusión, algo que la historia ha aceptado y para muchos es correcto.

En mi experiencia trabajando para empresas privadas, muchas veces me he encontrado con proveedores que, sin siquiera yo solicitarlo, daban por sentado que como encargado de compras me correspondía el 10% y por ende un sobreprecio (porque no van a sacarlo de sus beneficios). Eso me llevó a dejar de comprar a muchos. Llevado a la política donde las arcas son públicas y aunque de todos, de nadie, se nubla un poco la moralidad de la coima y se convierte en algo aceptado. Y mientras siga de esa manera y sea considerado aceptable por gran parte de electorado comprar 10 garrafas para una comuna van a significar 8 o 9 para la gente, arreglar un camino de 20 km quizás van a ser 20 km. pero con una capa menos de ripio, una escuela de 8 aulas va a tener 7, un remedio o tratamiento va a costar más (en la salud el retorno es por encima del 20%), se van a comprar 100 árboles y plantar con suerte 80, y así todo, desde lo más chico hasta el tomógrafo de 100 millones.

Por eso estamos en el horno como país, porque lo que nos molesta de la política está instalado en la sociedad y cuando alguien intenta cambiarlo no solo se encuentra con el peronismo sino con la ciudadanía acostumbrada a manipular el sistema para sacar su ventajita. Hay muchos que no, pero muchísimos que sí. Que las licencias incomprobables de los empleados públicos, que las filas especiales para acomodados, que votar a personajes con niveles de riqueza imposibles para un empleado público, que dejarse manejar por gremialistas millonarios, que fiscales y jueces que tranzan sin reparos, que policías que controlan la venta de drogas, que periodistas que defienden y aplauden hasta el despegue de un avión o la estupidez de Macri cuando eliminó el cepo y no quiero seguir porque quiero trabajar en mi show de Stand-up aunque la realidad no me ayuda.

El otro día tuve una revelación: 10 x 10 = 100. De tan simple da miedo. Y sin contradecir a unos y a otros. La frase se afanaron un PBI, tan denostada por el kirchnerismo es real y aceptada por ellos. Porque si la corrupción y la coima no son un problema, y los retornos aceptados por casi todos van del 10 al 20%, en 12 años se quedaron con un PBI por debajo de las patas. ¿Quién se asusta? ¿Y los 40.000 Millones de Macri? Nunca voy a defender a Macri porque representa n sector feo y oscuro de Argentina y gobernó para el ojete.

En cambio a Vidal la banco (vengan de a uno) estoy convencido de que Macri le jugó feo y la dejó sola haciendo los cambios profundos y molestos que le costaron perder con el “ministro de economía de Cristina” que revirtió todos los cambios y devolvió a la provincia a sus peores épocas de inseguridad, drogas, corrupción y violencia.

Alberto Fernández es lo que es, sigue siendo el mismo que se acomoda dónde lo dejan tener su cuota de poder, se dejó usar y poner de presidente, allá los que lo votaron. Allá los que confiaron que podría ser otro Alberto Fernández que el que es, ¿va a cambiar porque algunos periodistas lo consideraran un moderado? No, desde que le sigo sus idas y venidas nunca cambió para mejor y a esta altura es complicado. Queselevacer

CRUZ SAUBIDET®

 

marzo 01, 2021

El sexo y la comida o la comida y el sexo.



Luego del fracaso de las utopías socialistas, las inocencias de la Acción católica, el desparpajo de la secta Moon y de descubrir (no sin una gran tristeza) que no vale la pena cambiar el mundo porque todos los cambios hasta la fecha fueron para peor, a los seres humanos solo nos quedan dos elementos para evitar caer en el abismo de la desesperación. En realidad se trata de los mismos dos elementos de siempre, pero la evolución de la humanidad nos ha querido hacer creer que la vida podría llegar a tener otros fines.
Desde un programador de retorcidos programas informáticos, pasando por un vendedor de seguros, una ejecutiva, actriz, hasta un albañil, hombres y mujeres buscan un único y anhelado fin para sus vidas: comer y coger bien.
Por supuesto que hay miles de componentes que podrían confundirnos y hasta hacernos convencer que los caminos de la vida buscan otras consumaciones, pero si hurgamos profundo concluiremos que los placeres humanos están guiados por esos dos factores.
Todo, absolutamente todo nuestro andar por esta corta vida es buscar algo que los más positivistas llaman felicidad y que yo le llamo, de negativista nomás, pequeñas alegrías. Hay muchas cosas que nos producen sensaciones gratas, pero suelen estar relacionadas o al menos tener un fin común: la comida y el sexo.
El arte sin sensualidad no sería nada, mirar un cuadro, leer un libro, mirar una película o escuchar música nos producen diferentes sensaciones, estas no estarían conclusas si no rematáramos ese efecto placentero con una buena dosis de sexo, porque el placer sin la concreción orgásmica es placer a medias, le falta un poquito.
Triunfar en la vida y ser exitoso en lo que se hiciere, no significaría nada si no se trasladaran aquellos logros a la mesa y a la cama. ¿Exagero?
El sexo y la comida son amplios, y vale todo en ellos. Hay personas a las que les gusta el sushi o la berenjena, el vino o la cerveza para acompañar; otros que disfrutan un trozo casi crudo de carne y no necesitan acompañarlo con lechuga; algunos prefieren grandes porciones y otro poquito pero variado, hay paladares que no soportan altas temperaturas y otros a los que la tibieza los lastima; hay grandes comedores de hamburguesas con queso mientras otros disfrutan del caviar. Hay personas que prefieren el sexo solitario, o de a dos, de a tres o más; algunos prefieren hacerlo con un congénere, otros con una pareja de otro sexo mientras las sesiones grupales colman las expectativas de muchos. Generalmente el más “natural” y barato suele ser de a dos, en una cama y con la puerta cerrada, así y todo es posible que llene las esperanzas de ambos.
El sexo y la comida son compatibles, aunque recomiendo ordenarlos de manera que no se molesten entre sí. La cultura nos obliga a ocupar la noche para tales menesteres, pero si la comida es abundante y previa al acto es posible que genere incomodidades, aunque si el sexo precede a la comida, esta será disfrutada y el sexo realizado con liviandad.

En algunas culturas se come más de lo que se coge, suelen ser las más desarrolladas económicamente, en cambio en las sociedades más pobres se coge más de lo que se come.
Ambas tendencias son negativas, porque focalizar las energías en uno de los dos pilares genera irremediablemente un progresivo e inconsciente abandono del otro.
En las sociedades ricas, el exceso de comida provoca obesidad y por ende coarta la buena predisposición física para una práctica activa del sexo, además de volverlos/as poco atractivos a la hora de un buen revolcón. Me dirán algunos que hay belleza en la gordura, puede ser, pero no demasiado y me refiero a gordura grande.
En cambio, las culturas mal alimentadas, utilizan el sexo como único medio de placer, y al ser lo único se torna peligroso. Las enfermedades infectocontagiosas por vía sexual y el descontrol de la natalidad generan un círculo vicioso del cual es muy complicado salir, dado que son generadores de más hambre.
De esa manera, cuando personas de países pobres emigran hacia sociedades ricas, llevan implícito un trueque de sexo por comida. Algunas sociedades lo aceptan gustosas, otras son más reacias, incluso se hacen las desentendidas y se quejan mientras aprovechan el cambio.
También se da lo opuesto, aunque en menor medida, personas de países ricos visitan países pobres en función del mismo trueque, pero no quiero hablar del tema.

El tema da para mucho, pero es viernes y el fin de semana me pisa los talones.


febrero 08, 2021

Yo me divierto barato

 

Esta historia tiene conexiones lejanas e incongruentes, hay que armarla sin apuro. Como ya conté, en la universidad tuve una amiga cuyo deseo más profundo era ser actriz porno y que alguna vez me utilizó como sparring antes de sus pruebas fallidas dentro de la industria.(aquí el cuento) Como parte del entrenamiento, miramos muchas películas, muchas, y en una de ellas nos encontramos con un personaje que se me parecía bastante. La película en cuestión, de principio de los noventas, se llama “Mátame sin dolor” y es española y muy parecida a todas las películas condicionadas de esa época.

Como escritor de tiempo cada vez más parcial, de cierta manera y sin mucho esfuerzo busco la viralización de mis escritos o audios. Eso no estaría sucediendo y algo ocurre con la gente que me lee porque si bien por sus comentarios han disfrutado del relato, no es suficiente para compartirlo y abrirlo a un público más amplio. No reniego de eso, quizás me gustaría que al menos mi familia lo hiciera, pero no me voy a quejar.

Hace casi dos años, hice algo que me demostró que la viralización no siempre está en las redes sociales. Ya lo contó Yuval Harari en su libro Sapiens, el gran cambio de la humanidad se originó en el concepto de “chisme” y hacia ahí voy.

Hace casi dos años, para darle una mano y porque me convenía, contraté al hijo de una compañera de trabajo para hacer unos arreglos en casa. El muchacho en cuestión hizo bien el trabajo y conversamos en algún descanso. En medio de la charla intrascendente y en inglés que cuando es tímido es difícil de entender, el muchacho me preguntó si yo era policía.

-¿Policía? Pregunté, ¿por qué pensaste eso?

-Tiene aspecto de policía, y como trabaja en el Town, pensé eso.

-No, trabajo con números- le dije al momento que se me vino la idea a la cabeza y ya no pude sacármela. –Muchos me han dicho que tengo pinta de policía o de actor porno-

-No me parece, de policía sí.

-Sin embargo, allá por los noventa hice un par de películas XXX en España. Incluso en una el personaje era policía.

-¡No bromee!

-Es un pasado mucho más lejano que mi vida en este país. No lo cuento mucho porque no fui un gran actor, solo una película tuvo un poco de éxito. Se llama“Mátame sin dolor” o “kill me without pain” de 1992.

Entonces cambié de tema a la familia, los autos y las máquinas quitanieves.

Y el tiempo pasó y siguió pasando y olvidé esa charla. La gente en el trabajo es muy correcta a la vez que yo soy silencioso y no suelo dar pie a la confianza. Pero hay un personaje, un hombre de 72 años director de un departamento con el cual me permito bromear de cuando en vez y muchas veces me pide ayuda con algunos personaje que solo hablan español.

Hace un mes, mientras conversábamos de una película argentina, me largó al pasar:

-“I watched your movie, good staff” (miré tu película, buena)

-My movie? (mí película?)

-Yep, something like “killing with no pain”, old movie, interesting you look good and de actress is beautiful. (Sí, algo así como mátame sin dolor, vieja, interesante, te ves bien y la actriz es preciosa)

 

Entonces es menos de un segundo tuve que decidir que hacer con la mentira. Y decidí seguir adelante.

-Was in another life, but thanks, y appreciate your comments.

-Good staff, good staff. What was your stage name? (Buena, Buena, ¿cual era tu seudónimo?

-Old times, old memories, ¡who cares about my pseudonym! (Viejos tiempos y recuerdos, ¿A quién le importa mi seudónimo?)

Y cambiamos de tema.

Y me quedé pensando sobre la viralización de un chisme. Y me quedé pensando en la cantidad de charlas donde este hombre se mordió la lengua para no comentarme del tema.

Y me quedé pensando en la posibilidad de que toda la municipalidad esté convencida acerca de mi pasado actoral.

Y me divierte la idea y desde hace un mes que trato de dirigir las charlas hacia los gustos cinematográficos sin haber logrado aún que nadie me sugiera siquiera haber escuchado de mi película. Son todos muy respetuosos y yo me divierto barato.

Queselevacer.

El VIDEO: https://youtu.be/gXAMEKhhv48

Cruz Saubidet


El amor es magia, el resto es literatura

 

Estar contaminados de cine y series muchas veces nos hace pensar que una intuición o un sueño tienen grandes posibilidades de ocurrir. Ya dice el dicho que si soñás que te morís, te morís y mucho más terrible si te cagás, pero no conozco casos fuera de la ficción. Yo no conozco, pero mi amigo Bob (en realidad de llama Roberto pero usa chaleco sin mangas) es un convencido de cuanta teoría conspirativa o premonitoria anda a las vueltas. Alguna vez llegó a asustarme. Un día se le metió en la cabeza que me estaban por asesinar y que posiblemente él sería el autor y que, aunque me quería mucho, no había forma de enfrentar al destino. Lo mandé a la mierda y dejé de verlo por un mes hasta que descubrí que sus palabras estaban influenciadas por la canción Obediencia Debida de la efímera banda Instrucción Cívica, de la que saldría Kevin Johansen. Corría el año 1987 y la letra: Creo que hubo un malentendido/ yo a vos no te quise matar/ las ordenes se cumplen no se piensan/ ¡y ahí estas!”  Convenció a Bob que estaba escrita para él y que tarde o temprano me iba a tener que asesinar. Como verán no logró el objetivo pero fue la primera señal de alarma que mi amigo me regaló. Y la primera “Sevillana” que empecé a cargar en mi bolsillo, por las dudas.

Cuando los ánimos se calmaron y me juró que mi destino ya no estaba en sus manos retornamos a las aguas tormentosas de nuestra amistad. Hicimos muchas cosas juntos, yo desde mi pragmatismo y Bob desde la compleja significación de cada acción. Una chicharra fuera de época traía aparejada una invasión alienígena y si algún policía nos pedía documentos era al menos la CIA vigilándonos.

Dejando de lado a Roberto, que ya me ha regalado varias historias con múltiples apelativos, hace unos días que vengo pensando en la idea que tenemos del futuro y cómo amoldamos nuestros planes de acuerdo a percepciones sobrenaturales. Desde ya que no me refiero al trabajo ni a las finanzas, en esos casos un plan es factible y realizable en el mundo real, también hay factores que pueden influir pero son más fáciles de mantener a raya.

Ahora bien, nuestra vida afectiva y espiritual suele correr por vías mucho más delgadas y escurridizas. Muchos hemos mamado y deseado formar una familia dentro de los valores culturales que supieron enseñarnos personas equivocadas. Esos famosos valores un poco retrógrados por suerte están cambiando y ya son pocos los que prefieren vivir en un estado de masoquismo antes de romper con estándares la mayoría de las veces religiosos.

No reniego de la familia, aunque en general es más reconfortante para los hijos que para los padres, y está bien que así sea dado que los culpables de traer un hijo al mundo son los progenitores. Muchos no lo entienden todavía, pero la unidad de un matrimonio no se trata de tolerancia, compañerismo, afecto ni comunicación, o sí, también, pero nada eso es suficiente para mantener a una pareja unida y ahí entra el factor sobrenatural por excelencia llamado suerte. Y no me vengan con la cursilería de que todo se trata de amor. No reniego del amor, pero conseguir que el afecto se mantenga más o menos equilibrado entre dos personas a través de los años es algo de tinte sobrenatural. Todas las relaciones afectivas están signadas por el factor suerte, que es el que logra que dos personas independientes encastren y se sientan cómodas. La suerte radica en lo perdurable de las relaciones considerando lo efímero que es todo en nuestra vida.

Hace un tiempo hice una encuesta a muchas personas que convivían con sus parejas, la pregunta era: ¿Pensás que el amor entre dos puede existir porque ambos comparten el mismo concepto sobre el enamoramiento o porque las diferencias de concepto “amor” al menos no generan un cortocircuito? Ganó por goleada la diferencia entre el concepto de “amor” lo cual agrega puntos a favor a lo sobrenatural de las relaciones afectivas. Tenemos todos una idea más o menos uniforme y teórica acerca del amor, pero yo estoy convencido que es como las huellas digitales, diferente en cada persona, por eso considero magia que dos personas se enamoren.

No se comparte el amor, se lo brinda y se lo recibe siendo bien diferentes ambos, por eso es tan impresionante que el amor que uno puede brindar calce justo en alguien que lo recibe y viceversa, siendo los dos amores tan diferentes entre si. Por eso no me gusta la literatura romántica en casi ningún formato, por eso prefiero a Sabina que a Montaner, por eso me quedo con los relatos en primera persona. El enamorado nunca sabrá cómo es amado, sólo le queda estar conforme y feliz con lo que recibe y desde ese lugar brindar lo que pueda. El amor es magia, señores, no busquen otra explicación. La media naranja no existe, existe algo sobrenatural que logra encastrar partes de dos personas y acercarlos a una dicha. El resto es literatura y yo no sé nada de eso.

El VIDEO: https://youtu.be/ISq1Cjs9d2s

CRUZ SAUBIDET®

enero 11, 2021

Pensamientos desordenados y livianos volumen XXII:

 

Hace tiempo que escribo enojado y prefiero no compartirlo, ayer me pasó lo mismo pero decidí compartirlo, porque mal que mal, es lo que anda por mi cabeza en estos días de frio y encierro y ha generado esta serie de pensamientos:

La realidad está demasiado complicada. A pesar de las predicciones de un mundo mejor pos-pandemia, son pocas las cosas positivas que dejó el 2020 e incluso parece que la pos-plaga está bastante lejos todavía. Fue el año pasado el que emparejó a algunos germofóbicos con la gente de bien, incluso Poncio Pilatos dejó de ser estigmatizado ante la generalización del fregado de manos. Muchos comenzaron la cuarentena con cierta ilusión de cambio real y profundo, pero quizá por la baja mortalidad del virus o vaya a saber qué, nada cambió y el mundo sigue igual de complicado pero con barbijo.

Aquí y allá.

Y es que trato de combinar dos mundos siendo el de Argentina el que vive en mi cabeza mucho tiempo y el de estos pagos, el que trato de vivir en carne y hueso y enfrentar los problemas cotidianos como mejor me sale. Quiero creer que todo el mundo tiene al menos dos lugares en su cabeza y que se retroalimentan el uno con el otro dejando un sabor amargo y dulce a la vez. No importa mucho la distancia entre ellos, no siempre es eso lo que los separa aunque la posibilidad de unirlos se complica un poquito cada mil kilómetros.

 

Me gusta pensar que vienen años felices, ojalá sea cierto, porque si bien ya no seré un deportista de elite ni un físico nuclear, si la salud me acompaña y el sentimiento de libertad sigue creciendo tal vez, quien sabe.

El pasado me ha regalado maravillosas personas y con muy pocas he estado de acuerdo. En los albores de la pandemia me comuniqué con amigos lejanos en el tiempo. Eso los primeros tres meses, en mayo abandoné casi todo y mis amigos alejados se ve que también porque casi no recibí llamados. A veces sigo siendo naif pero ya se me va a pasar.

Me gusta valorar la diferencia y discutir sin el peligro del enojo, o si hubiere enojo, sin el temor a la enemistad. Tengo que admitir que hay gente que no me gusta sin razón, pero lo más terrible es que hay gente que me cae bien sin ningún sentido. Supongo que puedo percibir sensaciones gatunas y eso me acerca o me aleja de las personas.

Como hombre de poca fe, mi vida interior es un poco menos atractiva que mi belleza física. No se trata de religión solamente, aunque también, sino de la mayoría de las cosas. Nunca tuve fe en los gobernantes. Soy receloso de la política ideológica porque no creo que los que la lideran conserven la ideología de sus seguidores. Respeto a los jóvenes idealistas y si manifiestan en pelotas me parece fantástico. A los más grandecitos ya los miro con un poco de prejuicio, especialmente cuando no modifican sus conceptos a pesar de los fracasos comprobados. Entonces me aseguran que no fracasaron sino que los hicieron naufragar las grandes potencias, y yo que la corrupción ayudó bastante y que está a ojos vista, y ellos ya me saltan con que soy gorila (la fácil) y yo que si algo no soy es gorila pero que la cagaron con el comentario y bueh.

No hay forma de cambiar las cosas en profundidad sino de forma consecuente. Y ahí, las ideologías de cualquier extremo suelen cagarla, fundamentalmente por priorizar la politiquería y la falsa épica con la realidad. ¿Cuál es la realidad? No estoy seguro, pero una distribución mas justa de la riqueza y la justicia sería un buen comienzo. ¿Cómo? Ayudaría mucho que hubiera gente honrada a cargo, cosa que sería revolucionaria y épica de verdad.

Siempre he caminado con personas con las que no comparto filosofías ni ideales, pienso que es mejor así, nunca necesité compartir más que momentos, siempre trabajé solo y nunca formé parte por mucho tiempo de un grupo político, cultural, filosófico o social. Porque hay lugares comunes que no ameritan ni una charla, La Libertad por ejemplo, ¿Quién va a ser tan hijoeputa para pretender coartar libertades? Después de pensar un rato, descubrí que hay muchos.

Pensamos, creemos que somos libres y criticamos a los que supuestamente nos quitan la libertad a la vez que elogiamos a los que aparentemente nos la proporcionan.

A veces pienso que la libertad está más emparentada con la soledad que con la felicidad.

Pensar en libertad como la capacidad de trasladarte sin que te controlen es algo, pero sabe a poco.

El mundo nunca tuvo en cuenta la libertad como bien esencial, desde que la gente se empezó a organizar, la base del poder fue quitar libertades y así con la obediencia alcanzar prosperidad y de paso hacerse rico y, ya que pinta, conquistar a los vecinos.

Tampoco la libertad de máxima pureza es para cualquiera, es una falacia creer que la mayoría la pretende, yo creo que son pocos los que se animan a ejercerla.

Muchos se sienten más seguros si otro se hace cargo de sus problemas sin que les importe una mierda que ese detalle le saca libertades. Incluso muchas de las libertades robadas permiten vivir con cierta dignidad. Nadie crea ser libre, es una utopía más preocupante que la felicidad plena.

Suena feo, pero perder la libertad no siempre es terrible, basta con mirar gente que se enamora, o que trabaja para otros, que paga una hipoteca, que tiene un auto o tiene hijos que es el mayor porcentaje posible de pérdida.

Por eso no creo a quienes luchan por las libertades desde un lugar de mayor libertad.

A todos nos gustaría que nuestras propias reglas rigieran cada vez que nos hacen falta. Pero no. Casi siempre jugamos con reglas de otros, o leyes o tradiciones. Al momento de jugar, aceptamos las reglas. Podemos no aceptarlas y no jugar, o tratar de cambiar las normas, pero al rebelarnos debemos tener en cuenta que una revolución, hasta que triunfa, juega con las reglas del sistema anterior. Muchas revoluciones fueron imprescindibles, otras tantas impresentables y la historia se encargó (o se encargará) de ponerlas en su lugar.

Mientras tanto, en este mundo desgastado a lijazos de soberbia y con las soluciones cada vez más alejadas, sólo me queda esperar el retorno de una cualidad que alguna vez el mundo tuvo y que se está perdiendo: La sutileza. La vara ha descendido tanto que ya nadie pretende siquiera un buen uso de las palabras a la hora de mentirnos. Antes era más lindo y factible compartir las grandes diferencias con otros, pero estos tiempos es casi imposible exponer ideas sin recibir una agresión. Lo que lamento es que se ha perdido la sutileza y que hoy en día el insulto sea la respuesta más factible. ¡Váyanse a la mierda, pelotudes! De onda lo digo. Debe ser que es más liberador denostar un pensamiento que acomodarlo y digerirlo en una charla. Parte de mi deconstrucción 2020 fue convencerme de que no hay muchas verdades, hay muchos puntos de vista.

Y esto no es argentino solamente, en el país donde vivo terminó la presidencia menos sutil en mucho tiempo y el que viene no se destaca por su discurso. Porque una cualidad con la que los políticos contaban era la sutileza, no siempre sensible, pero al menos agradable de oír. Aquella cualidad que sin necesidad de ser buena o mala cumplía una función imprescindible para las almas como la mía: embellecía.

 CRUZ J. SAUBIDET®


enero 05, 2021

Sobre el desprecio y el Rock&Roll


Siempre quise ser músico, de esos buenos, mas mis dedos nunca respondieron a mi oído y mi voz fue incapaz de armonizar con la guitarra, por eso ando escribiendo por el mundo, no por vocación ni amor por las letras sino por simple y llana frustración ante mi incapacidad musical. 
Pero esto no se trata de mí, al fin de cuentas a quien le importa, esto es acerca de música y odios vicerales. 
 El riff de Joselo Manrique o Nortencho era fácilmente reconocible, casi todas sus canciones comenzaban igual y se diferenciaban después de treinta segundos. La idea estaba buena, el efecto sorpresa era real y los fanáticos no podían reconocer lo que se venía por los primeros acordes. Gustaba y molestaba a la vez y eso explicaba su convocatoria a la hora de las presentaciones. 
 Nortencho tenía plata por su familia dueña de una fábrica de productos plásticos dónde trabajaba de lunes a viernes de once a cuatro de la tarde, porque a pesar de ser una estrella de rock o algo así, debía mantener la empresa a flote junto con sus dos hermanas. 
 Gracias a sus ingresos como empresario podía darse algunos lujos poco comunes en una banda poco exitosa. Tenían un camioncito donde guardaban los equipos, una sala de ensayo en la parte de atrás de la fábrica y lo más importante; estaban los tres bien alimentados. 

 Mario Estittoli era un virtuoso de la guitarra, la púa y los dedos se hacían invisibles en los largos solos de cada una de sus canciones. Si bien el público junto al escenario valoraba los solos e idolatraba a Mario, con el tiempo muchos de sus seguidores comenzaron a aburrirse al detectar inconscientemente cierta soberbia en el músico. De esa manera, mes tras mes metían menos gente en los lugares de rock que no eran tantos en la zona norte del conurbano. Joselo y Mario tocaron muchas veces en la misma noche o en shows barriales al aire libre, y a pesar de que nunca se tuvieron cariño ni respeto siempre se saludaron con fingida amistad. 

 Musicalmente no estaban muy lejos, power trío, ambos en busca de una mezcla metal sinfónica, ambos líderes de sus bandas, ambos poco innovadores aunque Nortencho consideraba que su originalidad al comienzo de todos sus temas era insuperable y Mario alardeaba de su capacidad con los solos y letras de contenido social. 
 En el circuito de Rock&Roll de zona norte, allá por el 2000 había unas veinte o veinticinco bandas y Mario y Nortencho punteaban en el ranking humilde de convocatoria y eran de la pequeña elite de los que cobraban unos mangos sin depender de las entradas vendidas. 

 La crisis del 2001 afectó a ambas y Mario fue el más perjudicado por la falta de dinero y energía del público a la vez que Joselo decidió enfocarse en los plásticos para evitar la quiebra de la empresa. Nunca desarmaron las bandas pero Mario tuvo que aceptar un trabajo de guitarrista en un grupo bastante exitoso de zona oeste, empleo que no disfrutaba y que lastimaba mucho su ego ya que se consideraba muy superior al líder de la “mercenaria agrupación”. 

 En 2002 el baterista de Mario se mudó a Brasil junto con el bajista de Joselo y un par de músicos de la zona hartos de cagarse de hambre. Ambos reemplazaron una y otra vez las ausencias pero no lograban encontrar la coordinación y armonía de antaño. Y a su vez el desprecio entre ambos creció por culparse mutuamente de las perdidas. 

 En 2003 un grupo de gran convocatoria tocaba en la plaza de San Isidro y Joselo y Mario fueron invitados como soportes. Tocaron tres temas cada uno y luego comenzó el recital principal. Sucedió que el cantante invitó a Mario y a Joselo por separado a tocar un cover de Pink Floyd (wish you were here) Así fue que Joselo subió al escenario con su riff de siempre y Mario se esforzaba por que su “solo” sonara perfecto y lograra tapar el chinguichingui de Joselo. En ese ida y vuelta estuvieron seis minutos para deleite del público que estaba presenciando una guerra maravillosa de guitarras y egos desde puntos opuestos de la tarima. Es difícil describir la música, pero si cerraba mis ojos había mucho odio y desprecio y a la vez belleza. 
 El cantante de la banda, que además producía, vislumbró la posibilidad de juntarlos y ver los resultados. No fue una tarea sencilla, los ensayos y la elección de canciones fueron batallas campales y hasta llegaron a encontrarse en el escenario habiendo practicado por separado las canciones de uno y otro. 
 Grabaron un CD con cuatro covers y tres canciones de cada uno. Hicieron tres presentaciones y las críticas fueron generosas. 
 Pero el desprecio entre ellos no decreció, todo lo contrario, y por eso decidieron dejar de tocar juntos. Un par de temas sonaron un tiempo en las radios, maravillosamente enojados y armoniosos. 

De vez en cuando los escucho y revivo esos años interesantes del rock. Después yo me vine a USA y el Kirchnerismo les sacó a casi todos los músicos el enojo opositor indispensable para la buena creación. Pero no importa, con Joselo y Mario aprendí que muchas veces el odio puede generar cosas muy buenas y que el amor está extremadamente sobrevaluado como elemento creador.

Cruz J. Saubidet®

diciembre 01, 2020

humor, pero del malo


A veces hay chistes fabulosos que no logran el efecto deseado, pasa lo mismo con la comida, algunas bebidas e incluso con el amor. 
  Dos moscas adolescentes salen de la escuela y una le dice a la otra: “Te invito a mi caca” 
Ese chiste podría compararse con una IPA artesanal en un bar cool, una pizza congelada de buena marca o el amor a un gato. No está mal pero no llega a romper la resistencia que todos tenemos a la carcajada. Digo todos y el amargado soy yo, el resto se ríe con mayor liviandad, vale decir que a mi primer esbozo literario lo llamé “miseriedad” un juego de palabras entre seriedad y miseria y, si bien ha pasado un tiempo de eso, la mueca de mi boca sigue tendiendo hacia abajo. 
A veces escribo maravillas que no logran el efecto deseado, aunque no sé si son maravillosas o quiero que lo sean. 
  Se encuentran dos fantasmas que hacía tiempo no se veían y uno pregunta: ¿Qué es de la muerte de tu abuelo? 
 Este chascarrillo tiene el record de no hacer reír a nadie nunca, sin embargo al igual que alguno de mis cuentos a mí me gusta mucho. Muchos lo equiparan con una Bieckert tibia, una milanesa de berenjena o el romance de Curro “el palmo”. Entonces es posible que mi sentido del gusto sea la causa de mi fracaso literario. 
  Yo soy un perro lobo, mamá loba y papá perro; yo un tiburón ballena mamá ballena y papá tiburón; yo un oso hormiguero…¡Dejate de joder! 
 Ojo, este, bien contado da para algunas risas especialmente en un año complicado como el actual donde lo social se ha condensado y el público se ha convertido en familiar directo que ya conoce casi todo lo que tengo para decir. Al principio se generaron reencuentros digitales con el pasado, pero poco a poco quizás nos dimos cuenta que la soledad sigue siendo solitaria a pesar de tanta charla virtual. ¡Doctor! Me parece que soy asmático, ¿Será grave?, No, es esdrújula. 
Este me gusta, aunque da para espetarlo en alguna reunión docente o literaria, casi no lo usé este año y ojo que va como tira de asado, daikiri y “Antes del amanecer” Ante la falta de público, calculo que he perdido un 35% de mi capacidad humorística, lo cual es complicado porque desde mi proceso de deconstrucción me vi obligado a deshacerme de un 30% de mis chistes, o sea que si alguna vez retomo la vida social me van a encontrar nada más que 35% divertido. 
Dicen que los ocupas está yendo a Hawai porque allá nadie te des-aloha. 
Y sí, me retiro con este choripán de cancha de fútbol, diet Sprite y “Seducción de dos lunas” Otro día me pongo filosófico, hoy es demasiado lunes de lluvia y frío. Queselevacer

Sobre nombres, apellidos y "El DIEGO"


-El trabajo de todo papá es que sus hijos sean mejores que él, ustedes la tienen fácil. -¿Por qué? -Imagínense un hijo de Einstein, de Maradona, de Paco de Lucia, de Saramago, de Favaloro; esos sí que tienen trabajo. En cambio, conmigo es fácil. Con su mamá es un poco más difícil, pero yo sé que también van a ser mejores que mamá. Porque no se trata de los que hagan, la profesión que elijan será lo de menos, el tema, y no quiero condicionarlos, es hacerla mejor que lo que sus padres hicieron con la de ellos. No me acuerdo dónde leí que el nombre de pila es el resultado de lo que cada uno ha hecho con su apellido, y me gusta, porque a pesar de yo no haber todavía logrado grandes cosas con el mío, en realidad les estoy facilitando las cosas a mis hijos que sin esforzarse demasiado van a poder acrecentar el apellido heredado. Ante la muerte de Diego me vino a la cabeza esta introducción y todavía no tengo claro por qué. Diego es el último ícono que nos quedaba de una Argentina potente. Se murió Borges, se murió Pappo, se murió Favaloro, se murió Quino y se van agotando las opciones. Ojo que nunca fui fanático de la música de Pappo, pero sí de su persona y su estilo. Con Diego es al revés, siempre fui fanático del jugador de fútbol aunque no de su personalidad, sin embargo las canas (mías) me hicieron apreciarlo cada vez más y dejarme envolver por su magnetismo inexplicable incapaz de pasar inadvertido. Desde ya que no es un ejemplo a seguir en muchos aspectos, pero ojalá tuviera una parte de la pasión con que encaró su vida. De la pasión desmesurada siempre salen errores, y está bien así, pero si se acompaña esa pasión con un talento maravilloso sale un icono idóneo en traspasar cualquier pared. Y el tipo se la pasó rompiendo paredes y las bolas a muchos, se peleó con otros tantos y apoyó a muchos chantas, ¿pero quién no? Al fin de cuentas, la cruda realidad es que cada vez que lo miro gambetear, hacer jueguito, o disfrutar por millonésima vez el gol a los ingleses, se me humedecen los ojos. Queselevacer. Cruz Saubidet

agosto 24, 2020

Un paraíso profano

Así y todo, la historia me venía demostrando mi falta de capacidad para tomar buenas decisiones, desde ser de Unión, la música que ocupó mis años mozos, no ser peronista, algunos amigos, la carrera universitaria y puedo seguir pero me voy de tema. También hubo algunas decisiones inamovibles que me cagaron la vida y no supe luchar contra ellas especialmente el descreimiento hacia lo popular y espontáneo, nunca me salió y eso que en la escuela me enseñaron eso de que donde haya dos o más en mi nombre ahí estaré yo. Y no es que no haya creído en Dios, no soy tan soberbio, lo que siempre pensé es que no le importamos, así como a mí no me importan los cangrejos fantasmas. Y de tanto joder y amargarme por huevadas, un día me agarró un achaque que al final era jodido y me cagué muriendo sin más esperanza que descansar, pero ahí empezaron los problemas propiamente espirituales. Y esto es literal porque desprovisto de carne y huesos me encontré con una realidad inesperada, llena de incógnitas y, lo que es peor, de decisiones que tomar. ¡No van a creer que existe el paraíso! Lo que sí existe es el purgatorio, que es el lugar donde uno se aloja mientras toma una decisión. Es tan aburrido que varias veces me he apurado con tal de salir un poco y esa medida apresurada me ha hecho regresar una y otra vez. Tampoco está Dios a las vueltas, un ente de baja categoría te recibe, te da las pautas a cumplir y te abandona a tu suerte. La opción para salir del purgatorio es elegir una persona viva para acompañarla hasta la muerte con una mínima capacidad de ayudarla y la obligación de guiarla en la transición pos mortem. Ya de entrada me desilusionó mi espíritu de compañía, no van a creer que algún abuelo, tío, madre o amigo me había elegido. Al morirme me encontré con un espíritu antiguo y solitario que me eligió porque sabía que me quedaba poco. Incluso me guió con mala onda y desgano. El problema es que tenía que optar por una persona y al momento de mi muerte yo tenía cuatro hijos y una esposa. Fue una decisión jodida. La lógica hubiera sido quedarme con mi esposa y luego de su muerte dividirnos hacia nuestros hijos y así cubrir la mayor cantidad de afectos posibles. Pero no estaba seguro de querer compartir sus posibles nuevos amores. Pensé en mi padre pero tampoco estaba seguro de su voluntad de acompañar a alguno de mis hijos. Así fue que pasé mucho tiempo en el purgatorio. Y elegí a una de mis hermanas, que como tía comprometida y adorada por mis hijos me aseguró un buen contacto con ellos. Claro que cuando murió ella se fue con su hijo y ahí ya pude optar por el más desprotegido de los míos, sufriendo sus malas decisiones hasta su muerte, luego de la cual me comunicó la bronca que siempre me tuvo. La muerte te da sorpresas. Y no es gran cosa ni muy diferente a la vida en la tierra, uno sigue eligiendo y separándose. Cada tanto coincido en el purgatorio con algún ser querido, incluso paso tiempo ahí a la espera de que alguno de ellos aparezca, pero muchas veces el tedio del lugar me obliga a escapar y andar a la par de alguna persona. Trato de favorecer a descendientes, pero ninguno se acuerda de mí y eso me pone un poco triste. A veces tengo alegrías, hace un tiempo un tataranieto encontró una de mis novelas y la leyó. No le gustó mucho pero fue agradable. Dicen, en esas intermitentes y esporádicas charlas de purgatorio, que después de esta muerte viene una espectacular, pero yo pienso en el paraíso prometido en la Tierra en el que muchos creían y me suena a más de lo mismo. Queselevacer Cruz J. Saubidet®

agosto 03, 2020

Los peligros del ratón Mickey

El Mono vive bien, no mejor que antes, pero no le falta nada. Antes tenía mucho, y repartía, hasta el viaje a Disney. Volvió raro de Orlando, y eso que yo le dije que Disney era una bosta, que está bueno pero que bien pensado es todo lo que está mal. La felicidad no es por ahí, claro que muchísimos piensan lo contrario y gastan sus dólares haciendo colas interminables para convencerse de estar viviendo en un mundo de fantasía vacío de significado. Y que yo soy un amargo y miserable, y que qué se le va a hacer, y que andá a la mierda y que qué la pases lindo.
El tema es que Orlando lo cambió al Mono, aunque capaz que no fue el viaje sino darse cuenta de que él no pertenecía. Algunos viajan al Tibet para darse cuenta, otros hacen retiros de silencio, otros se clavan ayahuasca en el Amazonas y otros viajan a Disney. Porque la introspección depende de cómo te pega la falta de cotidianeidad, y si hilamos fino, qué más lejos de la realidad que un mundo de fantasía de cuentos robados creado por grandes empresarios deseosos de secar tus bolsillos a cambio de poca cosa.
Hay diferentes maneras de encontrar el valor de las cosas, una es tropezarse con la simpleza del universo en soledad y también todo lo contrario. El Mono se topó con el Mono real en Magic Kingdom, hacía calor y el cartelito de la fila auguraba 38 minutos de espera. Y allí su vida pasó por su cabeza, la primaria pública y agradable, las vacaciones en carpa con la familia, la secundaria privada y estricta, la colimba de tres meses solo en los papeles ya que nunca tuvo la oportunidad de ponerse el uniforme, la universidad gratuita y desordenada, su primer trabajo, su primer despido, su primera relación seria, su primer susto grande, su viaje a Europa a los veinte conmigo y Junquito, su primer acto de dudosa moral, su segundo, el último, la muerte de su hermano, su primer hijo, sus mujeres, sus secretos. Y llegó su turno y no quiso subir, y salió caminando en busca de un lugar solitario donde seguir pensando, porque lo que le llamaba la atención era que por su cabeza no pasaban las cosas por las que supuestamente había luchado. No figuraban su primera casa, su primer Renault Fuego, su segunda casa, su club de golf, su cabaña en Cariló, sus veranos en Punta del Este, sus fiestas ostentosas.
Después de media hora encontró una sombra más o menos solitaria. Se sentó sobre el pasto y cerró los ojos. Se sintió enojado al descubrir que sus sonrisas no provenían de cosas por las que había pagado pero como aliciente supuso que se debía a que ya las tenía y por ende ya no las necesitaba. Sí necesitaba a su hermano, a sus amigos, un fin de semana de pesca, un amor desbordante. Ahí me mandó a la mierda por whatsapp y yo supuse que con el insulto me daba la razón.
Volvió raro de Orlando, vendió la casa de Cariló y compró tres departamentos en el centro. Sigue laburando, pero mucho menos, cada tanto agarramos la lancha y nos rajamos a pescar, a veces con nuestros hijos.
Conversamos menos que antes, no me molesta, ahora cada vez que discutimos por algo profundo y filosófico suelta la frase: Disney, una mierda.
Cruz J. Saubidet®

mayo 31, 2019

El alcohol se sube a mi cabeza y entonces baja un rap

El rap como expresión simple de la cultura nunca me atrajo, hasta que se me ocurrió experimentarlo. Es como el softbol, una cosa es mirarlo y otra jugarlo. La poesía es menos digerible que la canción y muchos consideran que ciertos cantantes ricos en poesía y metáforas deberían ser (o haber sido) más populares y valorados por la masa popular. Yo los respeto y hasta disfruto algunos, pero también tengo claro que lo simple y sin ambiciones intelectuales es lo que llega realmente a la mayoría de la gente. El rap es simple, es una serie de escupidas con cierta rima y ritmo que no busca más que entretener. No está mal al fin de cuentas.
Como dije, estuve experimentando y salió esto:
¿Estoy borracho?/

Quizás emparcho/Con la cerveza/Penas de antaño

¿Seré un tacaño? /

Que en vez de vino/Whisky, ginebra/U otras rarezas

Elige un trago/De esa cerveza/Que con certeza/

Va a hacerme daño.

Me dará sueño/

Porque me empeño/En beber temprano/Tengo resaca.

No se me pasa/

Por más que trato/Y es que barato/Compro las latas.

Soy una rata/

Que espera poco/Y se siente roto/Cada mañana.

Por la ventana/

Noto que emana/Desde la calle/Gente apurada

Gente cansada/Gente confusa/Triste, difusa/

Gente parada.

Gente sentada/Gente con miedo/Puedo o no puedo/

Gente tocada.

Gente marcada/Con la palabra/Gana dinero/Casi tatuada.

Desconectada/

De lo importante/Desconcertante/Como sabiendo/

No saber nada/

De lo que piensa/De su conciencia/Desmenuzada.



No digo nada/

Nada de nada/Busco otra lata/Y escribo versos

En los desiertos /

De mi cabeza/Que ya está vieja/Tiene pereza/

Busca lo cierto/Pero no encuentra/Tras de las puertas/

Alguien despierto/

Soy un experto/Casi estoy muerto/Solo por dentro/

Y aunque me duele/

Y aunque recele/Mis facultades/Intelectuales/

¡Calamidades!

Soy un pelele

Que pierde tiempo/Y está contento

Mirando tele.

Que pasa el tiempo/Y está contento

Mirando tele.

Que pierde tiempo/Y está contento

Mirando tele.

Cruz J. Saubidet®

marzo 05, 2019

El día que quise cubrir el cupo femenino. Parte I. (Fragmento de Una cosa lleva a la otra)

Mi empresa buscaba la permanente innovación, por eso decidí que era imprescindible incorporar mujeres. Fue difícil, no porque no hubiera chicas preparadas a delinquir, sino porque pocas de ellas estaban dispuestas a pertenecer a una organización compuesta sólo por hombres.
A Josefina la encontré un día de lluvia haciendo dedo en la autopista, al principio pensé que estaba trabajando, pero cuando me acerqué, evidencié que con ese aspecto rollinga no tenía tantas posibilidades de vender su cuerpo, o quizá sí, vaya a saber. Le decían “La china” tal vez por llamarse así o lo que fuera, el caso fue que no pude vencer la tentación de llevarla.
 -Gracia, loco, me estaba recagando de frío, son todos “una manga de caretas”, nadie levanta a nadie ya en este país, es una mierda. Pero con vos todo bien, sos del palo se ve.
-¿De qué palo?
-Quiero decir que no sos careta, que no la vas de “forro” y que tirás una mano de vez en cuando.
-Parece que sí. ¿Cómo te llamás?
-¿Vos no sos el Joaquín, de la villa? Sí, ¡qué loco! Para el Juliancito sos como un Dios.
-¿Sos amiga de Julián? -Si, curtimos a veces, pero el chabón labura demasiado, nunca tiene tiempo. Si no fuera del palo pintará para “careta” como ese Martín, el rubio ese que tiene al lado.
-¿Y Martín es careta? -Y…, el chabón quiere “pintarla” de villero, pero ni ahí, se le nota que viene de casa de material. Josefina hablaba mal y mucho, tenía diecisiete años y no era fea.
Su “onda” no me resultaba atractiva, pero es posible que para Julián fuera una diosa. Me cayó muy simpática y como iba para la oficina, la llevé hasta la villa.
-¿Vas al colegio?
- A veces, pero no mucho porque debo un montón de materias de tercero y cada vez que voy, los ortivas de los profesores me quieren llenar la cabeza con que estudie y que termine el secundario. Ni ahí, no va eso conmigo, mirá que yo leo mucho y escribo bien.
-¿Para qué escribís?
-Para los otros, muchos pibes no tienen idea de cómo hacer la “o” con un vaso y yo le escribo cartas. A mi mamá le leo las cartas de mi abuela que vive en Formosa y le contesto a la viejita.
-¿Fuiste a Formosa?
-No, a mi abuela no la conozco, pero le escribí como cien cartas.
-¿Cómo conseguís guita? -No tengo un cobre, nunca, ni para el bondi. Pero a veces “empujo” a las “caretitas” de la escuela parroquial, tranqui, hago unos manguitos pero no mucho, las pendejas andan “secas” como yo.
-¿Con quien te juntás?
-¡Que se yo! Yo conozco a todos en la villa, y buena onda. Pero más que nada con Julián y los amigos.
-¿Qué podrías hacer con nosotros? De laburo, digo.
-Puedo ser la secretaria de Julián. ¡Te imaginás!
-No jodas, el día que Julián necesite secretaria, yo me jubilo.
-Era Joda, ni idea que puedo hacer.
-Pensalo, estoy cansado de que todos seamos hombres. Cruz J. Saubidet®

febrero 26, 2019

Otra canción que no fue


Días hablando en inglés
Noches de puro español
Sin tiempo de reacción
Me van dejando despierto
Y van mostrando el desierto
De unas letras sin canción

De tener que escribir versos
Que nadie ha de tararear
Me voy quedando con estos

noviembre 06, 2018

Sobre relaciones con fantasmas y el Heavy Metal


A veces, las cosas raras o simples casualidades las tomo de forma natural y me lleva años darme cuenta de las posibilidades narrativas de la historia. Ayer estuve escuchando AC-DC. Y caí en la cuenta de que todo acontecimiento humano tiene un destino narrativo y está en el escribidor la responsabilidad de hacerlo entretenido. Eso trato.

No tengo idea si está vivo, hace un tiempo lo busqué por las redes sin suerte y cada tanto pego una espiada, pero nada. Es un fantasma y eso tiene mucho sentido porque el Perro siempre fue un poco hectoplasmático, desde su aspecto hasta su actitud escurridiza y antisocial.
Hay muchas formas de amistad, pero la más inexplicable es aquella dónde no se puede esperar absolutamente nada del otro, ni siquiera una charla en algún momento especial. Me gustan esos amigos, más que nada porque me obligan a comportarme igual y entonces cada encuentro tiene algo mágico, irrepetible y espontáneo, cosa difícil para estos tiempos de tomaydacas. Cada encuentro con el Perro corría riesgo de ser el último hasta que lo fue aquella noche, veinte años atrás, en el club República del Oeste. Claro que yo había tomado como el último el anterior, seis años antes en la costanera, cuando el Perro saltó el tapial del Lawn Tenis para afanarse pelotas de tenis, que eran una excusa más para desatar su adrenalina. Yo lo esperé afuera y cuando volvió con tres pelotas en cada bolsillo, caminamos hasta la orilla y las tiró al agua. Esa tarde me contó que tenía una novia llamada Mariela y que era un poco drogadicta, un poco dijo, y si el Perro consideraba a alguien de esa forma se trataba de algo serio. Todos los “un pocos” del Perro equivalían a un montón de cualquier cristiano cuerdo. Cuando se declaraba un poco en pedo, el Perro no podía caminar; un poco de hambre del Perro significaba comerse una cebolla cruda de tres bocados.
Usualmente las personas como el Perro me intranquilizan, siempre al borde de todas las emociones explosivas, uno tiene la duda de si te van a pegar un tiro o clavar un cuchillo por una pavada. Sin embargo nunca me pasó con él, algo me tranquilizaba y aseguraba que nunca se pasaría de rosca conmigo, y nunca pasó y lo he visto cagarse a trompadas con amigos por huevadas.
Estar con el Perro era como escuchar Heavy Metal del bueno, esa intensidad y violencia musical actúan como una aspiradora de la violencia propia, y eso me trajo al Perro a la memoria, porque a mis cuarentaylargos vengo a descubrir que el efecto de la música pesada es el contrario al que creí toda mi vida y, sin ser fan, un buen AC-DC o Sepultura me relaja más que Jorge Drexler.
No voy a sobrevaluar a mi amigo, no era gran tipo, era impresentable, violento, ladrón de pavadas, borracho, tomaba cualquier droga, pero debo valorar que nunca de los jamases me presionó ante una negativa de acompañarlo en sus vicios y hasta alguna vez me preguntó si me jodía que se clavara una pasta estando conmigo. Mi respuesta era la del libre albedrío, pero estaba claro que si se caía lo dejaba tirado y me iba a la mierda. Incluso, la tarde de las pelotas de tenis, lo dejé durmiendo contra la pared de un kiosco a las siete y me volví casa sin un atisbo de culpa.
La noche en el club, había acompañado a unos amigos a un recital de una banda horrible, allí me lo encontré al Perro, igual, con ese abrazo franco y esa cerveza en la mano. Conversamos casi sin escucharnos por el ruido, me contó que trabajaba con el padre y alquilaba una casita cerca de la cancha de Colón. Seguía con su aspecto fantasmagórico y seguía emanando esa paz tan violenta. En el amor andaba un poco mal, Mariela había muerto hacía un par de años y él estaba limpio desde ese momento, aunque ya estaba un poco podrido de su vida.
Nos despedimos a las cuatro de la mañana, él más mamado que yo, y fue la última vez. Hasta el momento.
Másvaleasí.
Cruz J. Saubidet®

octubre 29, 2018

"Apoyador integral de locuras ajenas" 2


Ya lo decía Rousseau, el hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe, debe haber un poco de cierto al fin de cuentas él se hizo famoso, pero hay que tener cuidado porque la valoración al determinar lo bueno y lo malo de nuestras acciones es un camino ancho y de difícil transito. Las cosas que dañan a los demás están mal, eso está claro; pero muchos conceptos morales no hacen más que joderle la vida a la gente. La gente es mala y comenta decían las vecinas del barrio Roma en Santa Fe, que comenten nomás, casi todo es por envidia.
Esta introducción, como se habrán dado cuenta, es para atajarme de aquellos con más tabúes que libertades en materia sexual. Gracias a Dios, los jesuitas no pudieron ponerme culpas por ese lado, vaya a saber por qué.
Nunca conté esta historia, por respeto tal vez, pero no hay nada de que avergonzarse y la protagonista me autorizó siempre y cuando cambiara su nombre.
En mi primer año en la UNL, hice amistad con algunas personas que no eran el ejemplo a seguir en cuanto a lo académico. Fue un error, pero ya está. Entre muchas amigas, hubo dos con las que me sentía muy a gusto. Ambas compartían una minúscula casa donde nunca faltaba música, cerveza y una buena conversación. Allí pasé muchas horas, rodeado de una agradable libertad de oratoria.
Las dos chicas eran entrerrianas, de un pueblito cerca del río Uruguay y habían compartido escuela desde primer grado.
No eran muy lindas mis amigas, aunque Clarabella tenía un cuerpo muy interesante, que le gustaba exhibir bajo ajustadas camisetas y minifaldas. Cuando yo llegaba hacía como que me agachaba y siempre comentaba el color de sus bombachas.
Las dos noviaban con muchachos de la facultad más grandes que yo, y para mí era un alivio ya que no estaba interesado en relaciones sentimentales de ningún tipo. Una vez, Clarabella dijo querer probarme y sin preámbulo abusó de mi cuerpo. Estuvo muy bien y no afectó en nada la relación ni hubo incomodidades posteriores.
En una de las charlas madrugadas, Clarabella me comentó que su fantasía era protagonizar una película pornográfica, y ahí salto mi instinto de “apoyador integral de locuras ajenas” que le prometió todo el soporte que necesitara.
En un fin de semana en Santa Fe, le comenté al hermano de un amigo que se dedicaba al negocio audiovisual, acerca de mi amiga y su deseo. Y ahí quedó la charla. Hasta que un mes después, mi amigo me entregó un papel de parte de su hermano. Era un nombre y un teléfono para que le entregara a Clarabella. Así lo hice y los días pasaron.
Una noche de jueves, Clarabella me contó que tendría una entrevista en Santa Fe, en un par de semanas y que necesitaba mi ayuda para prepararse.
Por supuesto que accedí, quién se negaría a eso a los dieciocho. Durante una semana, cada noche dedicamos tiempo a mirar películas y a practicar posiciones, movimientos y sonidos propios de la industria del entretenimiento para adultos. Ella pedía y hacía indicaciones y yo trataba de hacer un decoroso papel. Aprendí mucho esos días y las enseñanzas me acompañaron el resto de mi vida. Le pregunté a Clarabella por qué me elegía por sobre su novio para esos menesteres, la respuesta concisa y clara fue que ella estaba enamorada y los sentimientos no ayudan en esta industria. Estuve de acuerdo y seguimos practicando.
Clarabella fue a la entrevista y no me permitió acompañarla, fue una lástima que no la eligieran, creo que tenía mucho talento, posiblemente sus rasgos duros y su tez oscura le jugaron en contra. Así y todo, le entregaron el video de la prueba y lo miramos una noche los tres. El actor me superaba por todos lados y Clarabella hacía un papel descollante, aplaudimos al final y brindamos con cerveza. Nunca más pasó nada entre nosotros.
La vida siguió y los caminos nos separaron. Cuando decidí escribir esta historia la busqué en Facebook y nos mandamos unos mensajes. Es madre de cuatro hijos y tiene su negocio en su pueblo natal. Me aseguró que guarda el video de la prueba y el recuerdo de esas practicas en un rincón de su corazón.
La verdad, Cruz, me comentó, el actor era muy grandote de todos lados pero con vos fue mucho mas divertido.  
Yo, agradecido.

Cruz J. Saaubidet®

octubre 23, 2018

“Apoyador integral de locuras ajenas”


Así como la mayoría de los días debo forzar mis sentidos para encontrar una historia, esta mañana hay dos que pujan por salir y aunque muy distintas entre sí, están conectadas en mi participación como “apoyador integral de locuras ajenas”. Porque si un amigo viene y me comenta sobre un emprendimiento tradicional (llamémosle poner un bar o fabricar medias para buzos de neopreno) mi reacción va a ser técnica y el apoyo no tan manifiesto. Sin embargo, cuando alguien me comenta una locura linda fuera de los parámetros establecidos, mi entusiasmo crecerá hasta el grado de convertirme en esa última gota necesaria en cada decisión. Tuve que tirar la moneda y la suerte se decidió por el Polaco.
Tomasz Nowak Cerrudo o el gringo Cerrudo o el polaco Tomi, allá en los albores de los noventas, era un hombre de treinta y pocos años, rubio, ojos claros, de aspecto de heladera antigua, dientes y orejas grandes y bigote estilo pizzero Italiano.  Andaba en una F100 nueva con unos cuernos texanos en el paragolpes, cosa que provocaba algunas burlas de los gauchescos y simpatía de mi parte. El polaco vivía con su madre en un campo sobre la ruta que va de San Cristóbal a Tostado, entre Santurce y La Cabral. Tierras malas y salinizas pero que bien manejadas pueden aguantar una vaca cada tres hectáreas. Claro que el polaco no estaba interesado en los bobinos y alquilaba sus seis mil quinientas hectáreas a su vecino. Su mundo eran el casco de la estancia y unas cien hectáreas alrededor.
El padre del Polaco tampoco era muy laburador, aunque la casa era una maravilla, no a la vista sino en innovaciones tecnológicas y mecánicas. Esa chispa estaba en su hijo que continuando la tradición siguió agregando elementos extraños e interesantes a su morada. El viejo Nowak se había matado en el 85 al estrellar su avioneta contra un molino mientras practicaba acrobacias para la fiesta del pueblo. Murió en su ley dijeron sus amigos del aeroclub quizás aliviados ante la posibilidad de poner en peligro a la población con piruetas aéreas demasiado osadas. El Polaco, ante la orfandad, decidió dejar la universidad de ciencias exactas en Córdoba e instalarse con su madre.
Una mañana, yendo yo para Aguará, paré a auxiliarlo de una pinchadura múltiple de ruedas. Cómo no tenía más ruedas de auxilio, lo llevé hasta su estancia. Ya me llamó la atención que tuviera un vaso térmico de café, aunque al ver su casa el vaso perdió magnitud. Había cuatro galpones diseminados alrededor de la casa y un tinglado gigante con dos avionetas.
En uno de los galpones estaba el taller mecánico, digno de envidia de cualquiera que yo conociera, con máquinas inexplicables y dos fosas impecables. Descansaban un Volvo rural viejo pero reluciente y un Jeep con ruedas desproporcionadas. En pocos minutos reparó las ruedas pinchadas y lo llevé de nuevo hasta la ruta. Al despedirnos me regaló el vaso-termo de café y me invitó a pasar cuando quisiera.
Así nos hicimos amigos, de encuentros de cervezas en la Shell de la entrada del pueblo, en el boliche y hasta compartiendo alguna pesca en el Salado. El Polaco siempre buscaba algo nuevo, había viajado mucho por el mundo y como sus finanzas estaban cubiertas ocupaba sus horas con inventos y teorías interesantes. Y así, tirada al azar, me comentó sobre la idea de crear el órgano de tubos más grande del mundo. El polaco había visitado el Boardwalk Hall en Atlantic City (yo estuve en 2007) y otro mega órgano en Filadelfia y sabía que no podía hacer algo así para superar el Guinness Record, pero, usando chapas de zinc y motores eléctricos quizás podría entrar a los record como el órgano de dos octavas con tubos más grandes y sonido más potente del mundo. Por supuesto que yo apoyé la idea y me comprometí a asistirlo en la construcción. La inversión era interesante aunque no dañaría las arcas de la familia Nowak Cerrudo, o no tanto ya que el polaco contrató a dos antenistas, un tornero, un chapista de autos, tres atorrantes del pueblo y al único afinador de pianos de la zona. Se colocaron ocho antenas de entre 115 y 80 metros separadas seis metros unas de otras, en cada una se insertaría dos o tres tubos de acuerdo a la escala musical. Yo pasaba un par de veces por semana para chequear los avances y cada visita me maravillaba la magnitud de la obra. Los tubos iban desde los 2 metros de diámetro hasta los sesenta centímetros y las alturas variaban aunque todos eran imponentes. Entre todas las opciones, el polaco había elegido hacer tubos labiales y durante meses el piso del tinglado estuvo cubierto de flautas gigantes que serían la última parte a instalar. Bajo cada antena, un compresor eléctrico proporcionaría el viento necesario para tres tubos. En un acoplado colocó el teclado y el panel eléctrico.
Desde la ruta podían apreciarse los tubos brillantes y varios curiosos se acercaron y tomaron fotos que a su vez vieron periodistas que también vinieron a observar la obra. Luego de dieciséis meses el órgano estaba listo y había que probarlo. Claro que ni el polaco ni yo sabíamos tocar mucho el piano, así que los primeros sonidos que escupió la estructura fue el cumpleaños feliz, básico, sin acordes, las notas nomás, que nos dejaron satisfechos aunque un poco sordos. El sonido era realmente potente.
El fin de semana de la fiesta del caballo en San Cristóbal, invitamos a todos los que quisieran a la inauguración, incluyendo choripanes, cerveza y música en vivo. Vinieron cerca de ochenta personas y las cámaras del canal local cuyo periodista estrella se empecinaba el llamarle piano al órgano. La mamá del Polaco fue la música invitada y se lució con la interpretación de “para Elisa” que sonaba raro en la potencia de los tubos. Hubo aplausos, video, periodistas y luego silencio.
A pesar de la repercusión en la prensa, las cartas y los llamados, la organización Guinness siquiera amagaba con venir a chequear el invento del Polaco. Alegaban que la distancia y el tiempo hacían imposible la visita y que la estaban programando para dentro de dos años. El polaco no se deprimió y siguió con nuevos proyectos. Yo me mudé y estuvimos desconectados unos años. Hasta que me llegó la invitación a su casamiento y esa fue mi última visita a su estancia. Los tubos seguían enhiestos e imponentes y la marcha nupcial fue ejecutada en el órgano. La última carta de Guinness postergaba un par de años más la visita.
Y la vida siguió…
Hasta anteayer, que mi hijo menor compró en una feria de libros usados los Guinness Records de 2008. Hojeando las cosas raras, allí estaba, el órgano con los tubos más grandes del mundo, acompañado de una vista aérea de la estancia del Polaco y esas ocho torres rodeadas de tubos. En la última foto estaba el Polaco de pie, con sus bigotes y menos pelo, sentada en el teclado junto a él, una adolescente apretaba las teclas, supongo que debe ser la hija de mi amigo. Masvaleasí.
Cruz J. Saubidet®