Blog de un escéptico servidor. "Creo que el kiwi no es una fruta" "Capaz si llegaron es porque transaron y si se mantuvieron es porque a muchos cag*ron." "Creo que Argentina ya no es lo que era, pero a mí me alcanza" "Me gusta más criticar que ser criticado, pero me controlo" "Está mal, pero para ponderar, me quedo callado"
noviembre 15, 2007
Un versito a Buenos Aires
ciudad que ha inspirado a Bioy, a Borges y Cortázar
en el camino de sus cuentos;
a Quinquela Martín,
en sus paisajes boquenses,
y a muchos otros que han dejado su huella
en esta tierra de soles entrecortados,
inviernos fríos y tardes tristes,
sin amor y sin poesía.
* * * * * * *
Ciudad de gente apurada,
corriendo hacia bancos que cerraron,
a funciones de cine ya empezadas,
o simplemente,
a un puesto de panchos
en plaza San Martín al mediodía.
* * * * * * *
Ciudad de música
en las plazas y en los subtes,
de travestis,
de mentiras,
de políticos que en campaña,
reparten abrazos
en Diagonal Norte y Florida.
* * * * * * *
De una plaza Flores
de viejos cansados
de un parque Rivadavia
con olor a porro y a infancia perdida
de un parque Centenario
triste bajo el barro
de un parque Chacabuco
lleno de cemento
y de una autopista
que la va marcando
siempre desde arriba.
* * * * * * *
Allí viví yo
Y estuvo mi vida.
Y aunque no me guste,
me encanta esa cosa,
que todos critican,
pero nadie olvida.
Cruz J. Saubidet®
Buenos Aires verso
[Buenos Aires] [verso]
marzo 21, 2007
Mi primer día de clases. Creo que es un recuerdo.
Luego de casi 30 años, volvió a mi memoria de forma intempestiva el recuerdo de mi primer día de alumno. Por esos años vivía en el medio del campo, sin televisión, teléfono ni buenos caminos para ir de un lugar a otro. El recuerdo está descargado de sentimientos intensos, solo son una escueta serie de imágenes que volvieron después de mucho tiempo.
Ya hacía calor, eran casi las 7 de la mañana de algún día de marzo de 1979. De la escuela nos separaban 12 Km, que Don Rodríguez el chatero recorría todos los días de clase cargado de alumnos.
Todo lo que sabía de la escuela provenía de mis hermanas que iban a 2º y 3º grado. Fue una lástima que ese primer día de clases no me acompañaran pues se habían quedado en Buenos Aires con mi abuela.
Así fue que con mi guardapolvo blanco, mí portafolios y mis expectativas, subí al carro de Don Rodríguez, tirado por dos caballos tordillos, con el único objetivo de empezar primer grado.
El viaje fue largo, más de una hora y en cada parada subían caras nuevas. Yo me quedé inmóvil en un rincón del carro hasta que por fin llegamos.
Al bajar, ya muchos chicos estaban en la fila por lo que la maestra nos fue acomodando uno por uno según la altura y quedé entre los primeros.
Luego de recitar un verso que con el tiempo me aprendí, la bandera ganó la punta del mástil. Después, la señora Morena (no aceptaba que le dijéramos señorita) llevó a los alumnos de primero, segundo y tercer grado a un salón y mandó al resto de los grados al otro.
En primero éramos siete chicos, contando a “La Pocha” que había empezado la escuela con mi hermana mayor, siguió con la segunda y gracias a su obstinación con primer grado, con su metro cincuenta de altura se transformó en compañera del tercer Saubidet.
Mi memoria no logró retener todo lo que pasó ese día en clase, solo un dictado para los alumnos de segundo y tercero que yo me ofrecí a hacer pues ya sabía escribir un poco. Por alguna razón que no comprendo todo lo que dijo la maestra lo transcribí sin separaciones inter-palabras y fue una gran herida en mi autoestima cuando Morena me devolvió el cuaderno y en mi supuesta obra de arte escrita en lápiz negro, una multitud de rayas rojas le propinaba el primer golpe a mis conocimientos.
Después la vida siguió sus carriles y yo me transformé en esto que no ven pero al menos leen.
Cruz J. Saubidet®
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