febrero 08, 2021

Yo me divierto barato

 

Esta historia tiene conexiones lejanas e incongruentes, hay que armarla sin apuro. Como ya conté, en la universidad tuve una amiga cuyo deseo más profundo era ser actriz porno y que alguna vez me utilizó como sparring antes de sus pruebas fallidas dentro de la industria.(aquí el cuento) Como parte del entrenamiento, miramos muchas películas, muchas, y en una de ellas nos encontramos con un personaje que se me parecía bastante. La película en cuestión, de principio de los noventas, se llama “Mátame sin dolor” y es española y muy parecida a todas las películas condicionadas de esa época.

Como escritor de tiempo cada vez más parcial, de cierta manera y sin mucho esfuerzo busco la viralización de mis escritos o audios. Eso no estaría sucediendo y algo ocurre con la gente que me lee porque si bien por sus comentarios han disfrutado del relato, no es suficiente para compartirlo y abrirlo a un público más amplio. No reniego de eso, quizás me gustaría que al menos mi familia lo hiciera, pero no me voy a quejar.

Hace casi dos años, hice algo que me demostró que la viralización no siempre está en las redes sociales. Ya lo contó Yuval Harari en su libro Sapiens, el gran cambio de la humanidad se originó en el concepto de “chisme” y hacia ahí voy.

Hace casi dos años, para darle una mano y porque me convenía, contraté al hijo de una compañera de trabajo para hacer unos arreglos en casa. El muchacho en cuestión hizo bien el trabajo y conversamos en algún descanso. En medio de la charla intrascendente y en inglés que cuando es tímido es difícil de entender, el muchacho me preguntó si yo era policía.

-¿Policía? Pregunté, ¿por qué pensaste eso?

-Tiene aspecto de policía, y como trabaja en el Town, pensé eso.

-No, trabajo con números- le dije al momento que se me vino la idea a la cabeza y ya no pude sacármela. –Muchos me han dicho que tengo pinta de policía o de actor porno-

-No me parece, de policía sí.

-Sin embargo, allá por los noventa hice un par de películas XXX en España. Incluso en una el personaje era policía.

-¡No bromee!

-Es un pasado mucho más lejano que mi vida en este país. No lo cuento mucho porque no fui un gran actor, solo una película tuvo un poco de éxito. Se llama“Mátame sin dolor” o “kill me without pain” de 1992.

Entonces cambié de tema a la familia, los autos y las máquinas quitanieves.

Y el tiempo pasó y siguió pasando y olvidé esa charla. La gente en el trabajo es muy correcta a la vez que yo soy silencioso y no suelo dar pie a la confianza. Pero hay un personaje, un hombre de 72 años director de un departamento con el cual me permito bromear de cuando en vez y muchas veces me pide ayuda con algunos personaje que solo hablan español.

Hace un mes, mientras conversábamos de una película argentina, me largó al pasar:

-“I watched your movie, good staff” (miré tu película, buena)

-My movie? (mí película?)

-Yep, something like “killing with no pain”, old movie, interesting you look good and de actress is beautiful. (Sí, algo así como mátame sin dolor, vieja, interesante, te ves bien y la actriz es preciosa)

 

Entonces es menos de un segundo tuve que decidir que hacer con la mentira. Y decidí seguir adelante.

-Was in another life, but thanks, y appreciate your comments.

-Good staff, good staff. What was your stage name? (Buena, Buena, ¿cual era tu seudónimo?

-Old times, old memories, ¡who cares about my pseudonym! (Viejos tiempos y recuerdos, ¿A quién le importa mi seudónimo?)

Y cambiamos de tema.

Y me quedé pensando sobre la viralización de un chisme. Y me quedé pensando en la cantidad de charlas donde este hombre se mordió la lengua para no comentarme del tema.

Y me quedé pensando en la posibilidad de que toda la municipalidad esté convencida acerca de mi pasado actoral.

Y me divierte la idea y desde hace un mes que trato de dirigir las charlas hacia los gustos cinematográficos sin haber logrado aún que nadie me sugiera siquiera haber escuchado de mi película. Son todos muy respetuosos y yo me divierto barato.

Queselevacer.

El VIDEO: https://youtu.be/gXAMEKhhv48

Cruz Saubidet


El amor es magia, el resto es literatura

 

Estar contaminados de cine y series muchas veces nos hace pensar que una intuición o un sueño tienen grandes posibilidades de ocurrir. Ya dice el dicho que si soñás que te morís, te morís y mucho más terrible si te cagás, pero no conozco casos fuera de la ficción. Yo no conozco, pero mi amigo Bob (en realidad de llama Roberto pero usa chaleco sin mangas) es un convencido de cuanta teoría conspirativa o premonitoria anda a las vueltas. Alguna vez llegó a asustarme. Un día se le metió en la cabeza que me estaban por asesinar y que posiblemente él sería el autor y que, aunque me quería mucho, no había forma de enfrentar al destino. Lo mandé a la mierda y dejé de verlo por un mes hasta que descubrí que sus palabras estaban influenciadas por la canción Obediencia Debida de la efímera banda Instrucción Cívica, de la que saldría Kevin Johansen. Corría el año 1987 y la letra: “Creo que hubo un malentendido/ yo a vos no te quise matar/ las ordenes se cumplen no se piensan/ ¡y ahí estas!”  Convenció a Bob que estaba escrita para él y que tarde o temprano me iba a tener que asesinar. Como verán no logró el objetivo pero fue la primera señal de alarma que mi amigo me regaló. Y la primera “Sevillana” que empecé a cargar en mi bolsillo, por las dudas.

Cuando los ánimos se calmaron y me juró que mi destino ya no estaba en sus manos retornamos a las aguas tormentosas de nuestra amistad. Hicimos muchas cosas juntos, yo desde mi pragmatismo y Bob desde la compleja significación de cada acción. Una chicharra fuera de época traía aparejada una invasión alienígena y si algún policía nos pedía documentos era al menos la CIA vigilándonos.

Dejando de lado a Roberto, que ya me ha regalado varias historias con múltiples apelativos, hace unos días que vengo pensando en la idea que tenemos del futuro y cómo amoldamos nuestros planes de acuerdo a percepciones sobrenaturales. Desde ya que no me refiero al trabajo ni a las finanzas, en esos casos un plan es factible y realizable en el mundo real, también hay factores que pueden influir pero son más fáciles de mantener a raya.

Ahora bien, nuestra vida afectiva y espiritual suele correr por vías mucho más delgadas y escurridizas. Muchos hemos mamado y deseado formar una familia dentro de los valores culturales que supieron enseñarnos personas equivocadas. Esos famosos valores un poco retrógrados por suerte están cambiando y ya son pocos los que prefieren vivir en un estado de masoquismo antes de romper con estándares la mayoría de las veces religiosos.

No reniego de la familia, aunque en general es más reconfortante para los hijos que para los padres, y está bien que así sea dado que los culpables de traer un hijo al mundo son los progenitores. Muchos no lo entienden todavía, pero la unidad de un matrimonio no se trata de tolerancia, compañerismo, afecto ni comunicación, o sí, también, pero nada eso es suficiente para mantener a una pareja unida y ahí entra el factor sobrenatural por excelencia llamado suerte. Y no me vengan con la cursilería de que todo se trata de amor. No reniego del amor, pero conseguir que el afecto se mantenga más o menos equilibrado entre dos personas a través de los años es algo de tinte sobrenatural. Todas las relaciones afectivas están signadas por el factor suerte, que es el que logra que dos personas independientes encastren y se sientan cómodas. La suerte radica en lo perdurable de las relaciones considerando lo efímero que es todo en nuestra vida.

Hace un tiempo hice una encuesta a muchas personas que convivían con sus parejas, la pregunta era: ¿Pensás que el amor entre dos puede existir porque ambos comparten el mismo concepto sobre el enamoramiento o porque las diferencias de concepto “amor” al menos no generan un cortocircuito? Ganó por goleada la diferencia entre el concepto de “amor” lo cual agrega puntos a favor a lo sobrenatural de las relaciones afectivas. Tenemos todos una idea más o menos uniforme y teórica acerca del amor, pero yo estoy convencido que es como las huellas digitales, diferente en cada persona, por eso considero magia que dos personas se enamoren.

No se comparte el amor, se lo brinda y se lo recibe siendo bien diferentes ambos, por eso es tan impresionante que el amor que uno puede brindar calce justo en alguien que lo recibe y viceversa, siendo los dos amores tan diferentes entre si. Por eso no me gusta la literatura romántica en casi ningún formato, por eso prefiero a Sabina que a Montaner, por eso me quedo con los relatos en primera persona. El enamorado nunca sabrá cómo es amado, sólo le queda estar conforme y feliz con lo que recibe y desde ese lugar brindar lo que pueda. El amor es magia, señores, no busquen otra explicación. La media naranja no existe, existe algo sobrenatural que logra encastrar partes de dos personas y acercarlos a una dicha. El resto es literatura y yo no sé nada de eso.

El VIDEO: https://youtu.be/ISq1Cjs9d2s

CRUZ SAUBIDET®

enero 11, 2021

Pensamientos desordenados y livianos volumen XXII:

 

Hace tiempo que escribo enojado y prefiero no compartirlo, ayer me pasó lo mismo pero decidí compartirlo, porque mal que mal, es lo que anda por mi cabeza en estos días de frio y encierro y ha generado esta serie de pensamientos:

La realidad está demasiado complicada. A pesar de las predicciones de un mundo mejor pos-pandemia, son pocas las cosas positivas que dejó el 2020 e incluso parece que la pos-plaga está bastante lejos todavía. Fue el año pasado el que emparejó a algunos germofóbicos con la gente de bien, incluso Poncio Pilatos dejó de ser estigmatizado ante la generalización del fregado de manos. Muchos comenzaron la cuarentena con cierta ilusión de cambio real y profundo, pero quizá por la baja mortalidad del virus o vaya a saber qué, nada cambió y el mundo sigue igual de complicado pero con barbijo.

Aquí y allá.

Y es que trato de combinar dos mundos siendo el de Argentina el que vive en mi cabeza mucho tiempo y el de estos pagos, el que trato de vivir en carne y hueso y enfrentar los problemas cotidianos como mejor me sale. Quiero creer que todo el mundo tiene al menos dos lugares en su cabeza y que se retroalimentan el uno con el otro dejando un sabor amargo y dulce a la vez. No importa mucho la distancia entre ellos, no siempre es eso lo que los separa aunque la posibilidad de unirlos se complica un poquito cada mil kilómetros.

 

Me gusta pensar que vienen años felices, ojalá sea cierto, porque si bien ya no seré un deportista de elite ni un físico nuclear, si la salud me acompaña y el sentimiento de libertad sigue creciendo tal vez, quien sabe.

El pasado me ha regalado maravillosas personas y con muy pocas he estado de acuerdo. En los albores de la pandemia me comuniqué con amigos lejanos en el tiempo. Eso los primeros tres meses, en mayo abandoné casi todo y mis amigos alejados se ve que también porque casi no recibí llamados. A veces sigo siendo naif pero ya se me va a pasar.

Me gusta valorar la diferencia y discutir sin el peligro del enojo, o si hubiere enojo, sin el temor a la enemistad. Tengo que admitir que hay gente que no me gusta sin razón, pero lo más terrible es que hay gente que me cae bien sin ningún sentido. Supongo que puedo percibir sensaciones gatunas y eso me acerca o me aleja de las personas.

Como hombre de poca fe, mi vida interior es un poco menos atractiva que mi belleza física. No se trata de religión solamente, aunque también, sino de la mayoría de las cosas. Nunca tuve fe en los gobernantes. Soy receloso de la política ideológica porque no creo que los que la lideran conserven la ideología de sus seguidores. Respeto a los jóvenes idealistas y si manifiestan en pelotas me parece fantástico. A los más grandecitos ya los miro con un poco de prejuicio, especialmente cuando no modifican sus conceptos a pesar de los fracasos comprobados. Entonces me aseguran que no fracasaron sino que los hicieron naufragar las grandes potencias, y yo que la corrupción ayudó bastante y que está a ojos vista, y ellos ya me saltan con que soy gorila (la fácil) y yo que si algo no soy es gorila pero que la cagaron con el comentario y bueh.

No hay forma de cambiar las cosas en profundidad sino de forma consecuente. Y ahí, las ideologías de cualquier extremo suelen cagarla, fundamentalmente por priorizar la politiquería y la falsa épica con la realidad. ¿Cuál es la realidad? No estoy seguro, pero una distribución mas justa de la riqueza y la justicia sería un buen comienzo. ¿Cómo? Ayudaría mucho que hubiera gente honrada a cargo, cosa que sería revolucionaria y épica de verdad.

Siempre he caminado con personas con las que no comparto filosofías ni ideales, pienso que es mejor así, nunca necesité compartir más que momentos, siempre trabajé solo y nunca formé parte por mucho tiempo de un grupo político, cultural, filosófico o social. Porque hay lugares comunes que no ameritan ni una charla, La Libertad por ejemplo, ¿Quién va a ser tan hijoeputa para pretender coartar libertades? Después de pensar un rato, descubrí que hay muchos.

Pensamos, creemos que somos libres y criticamos a los que supuestamente nos quitan la libertad a la vez que elogiamos a los que aparentemente nos la proporcionan.

A veces pienso que la libertad está más emparentada con la soledad que con la felicidad.

Pensar en libertad como la capacidad de trasladarte sin que te controlen es algo, pero sabe a poco.

El mundo nunca tuvo en cuenta la libertad como bien esencial, desde que la gente se empezó a organizar, la base del poder fue quitar libertades y así con la obediencia alcanzar prosperidad y de paso hacerse rico y, ya que pinta, conquistar a los vecinos.

Tampoco la libertad de máxima pureza es para cualquiera, es una falacia creer que la mayoría la pretende, yo creo que son pocos los que se animan a ejercerla.

Muchos se sienten más seguros si otro se hace cargo de sus problemas sin que les importe una mierda que ese detalle le saca libertades. Incluso muchas de las libertades robadas permiten vivir con cierta dignidad. Nadie crea ser libre, es una utopía más preocupante que la felicidad plena.

Suena feo, pero perder la libertad no siempre es terrible, basta con mirar gente que se enamora, o que trabaja para otros, que paga una hipoteca, que tiene un auto o tiene hijos que es el mayor porcentaje posible de pérdida.

Por eso no creo a quienes luchan por las libertades desde un lugar de mayor libertad.

A todos nos gustaría que nuestras propias reglas rigieran cada vez que nos hacen falta. Pero no. Casi siempre jugamos con reglas de otros, o leyes o tradiciones. Al momento de jugar, aceptamos las reglas. Podemos no aceptarlas y no jugar, o tratar de cambiar las normas, pero al rebelarnos debemos tener en cuenta que una revolución, hasta que triunfa, juega con las reglas del sistema anterior. Muchas revoluciones fueron imprescindibles, otras tantas impresentables y la historia se encargó (o se encargará) de ponerlas en su lugar.

Mientras tanto, en este mundo desgastado a lijazos de soberbia y con las soluciones cada vez más alejadas, sólo me queda esperar el retorno de una cualidad que alguna vez el mundo tuvo y que se está perdiendo: La sutileza. La vara ha descendido tanto que ya nadie pretende siquiera un buen uso de las palabras a la hora de mentirnos. Antes era más lindo y factible compartir las grandes diferencias con otros, pero estos tiempos es casi imposible exponer ideas sin recibir una agresión. Lo que lamento es que se ha perdido la sutileza y que hoy en día el insulto sea la respuesta más factible. ¡Váyanse a la mierda, pelotudes! De onda lo digo. Debe ser que es más liberador denostar un pensamiento que acomodarlo y digerirlo en una charla. Parte de mi deconstrucción 2020 fue convencerme de que no hay muchas verdades, hay muchos puntos de vista.

Y esto no es argentino solamente, en el país donde vivo terminó la presidencia menos sutil en mucho tiempo y el que viene no se destaca por su discurso. Porque una cualidad con la que los políticos contaban era la sutileza, no siempre sensible, pero al menos agradable de oír. Aquella cualidad que sin necesidad de ser buena o mala cumplía una función imprescindible para las almas como la mía: embellecía.

 CRUZ J. SAUBIDET®


enero 05, 2021

Sobre el desprecio y el Rock&Roll


Siempre quise ser músico, de esos buenos, mas mis dedos nunca respondieron a mi oído y mi voz fue incapaz de armonizar con la guitarra, por eso ando escribiendo por el mundo, no por vocación ni amor por las letras sino por simple y llana frustración ante mi incapacidad musical. 
Pero esto no se trata de mí, al fin de cuentas a quien le importa, esto es acerca de música y odios vicerales. 
 El riff de Joselo Manrique o Nortencho era fácilmente reconocible, casi todas sus canciones comenzaban igual y se diferenciaban después de treinta segundos. La idea estaba buena, el efecto sorpresa era real y los fanáticos no podían reconocer lo que se venía por los primeros acordes. Gustaba y molestaba a la vez y eso explicaba su convocatoria a la hora de las presentaciones. 
 Nortencho tenía plata por su familia dueña de una fábrica de productos plásticos dónde trabajaba de lunes a viernes de once a cuatro de la tarde, porque a pesar de ser una estrella de rock o algo así, debía mantener la empresa a flote junto con sus dos hermanas. 
 Gracias a sus ingresos como empresario podía darse algunos lujos poco comunes en una banda poco exitosa. Tenían un camioncito donde guardaban los equipos, una sala de ensayo en la parte de atrás de la fábrica y lo más importante; estaban los tres bien alimentados. 

 Mario Estittoli era un virtuoso de la guitarra, la púa y los dedos se hacían invisibles en los largos solos de cada una de sus canciones. Si bien el público junto al escenario valoraba los solos e idolatraba a Mario, con el tiempo muchos de sus seguidores comenzaron a aburrirse al detectar inconscientemente cierta soberbia en el músico. De esa manera, mes tras mes metían menos gente en los lugares de rock que no eran tantos en la zona norte del conurbano. Joselo y Mario tocaron muchas veces en la misma noche o en shows barriales al aire libre, y a pesar de que nunca se tuvieron cariño ni respeto siempre se saludaron con fingida amistad. 

 Musicalmente no estaban muy lejos, power trío, ambos en busca de una mezcla metal sinfónica, ambos líderes de sus bandas, ambos poco innovadores aunque Nortencho consideraba que su originalidad al comienzo de todos sus temas era insuperable y Mario alardeaba de su capacidad con los solos y letras de contenido social. 
 En el circuito de Rock&Roll de zona norte, allá por el 2000 había unas veinte o veinticinco bandas y Mario y Nortencho punteaban en el ranking humilde de convocatoria y eran de la pequeña elite de los que cobraban unos mangos sin depender de las entradas vendidas. 

 La crisis del 2001 afectó a ambas y Mario fue el más perjudicado por la falta de dinero y energía del público a la vez que Joselo decidió enfocarse en los plásticos para evitar la quiebra de la empresa. Nunca desarmaron las bandas pero Mario tuvo que aceptar un trabajo de guitarrista en un grupo bastante exitoso de zona oeste, empleo que no disfrutaba y que lastimaba mucho su ego ya que se consideraba muy superior al líder de la “mercenaria agrupación”. 

 En 2002 el baterista de Mario se mudó a Brasil junto con el bajista de Joselo y un par de músicos de la zona hartos de cagarse de hambre. Ambos reemplazaron una y otra vez las ausencias pero no lograban encontrar la coordinación y armonía de antaño. Y a su vez el desprecio entre ambos creció por culparse mutuamente de las perdidas. 

 En 2003 un grupo de gran convocatoria tocaba en la plaza de San Isidro y Joselo y Mario fueron invitados como soportes. Tocaron tres temas cada uno y luego comenzó el recital principal. Sucedió que el cantante invitó a Mario y a Joselo por separado a tocar un cover de Pink Floyd (wish you were here) Así fue que Joselo subió al escenario con su riff de siempre y Mario se esforzaba por que su “solo” sonara perfecto y lograra tapar el chinguichingui de Joselo. En ese ida y vuelta estuvieron seis minutos para deleite del público que estaba presenciando una guerra maravillosa de guitarras y egos desde puntos opuestos de la tarima. Es difícil describir la música, pero si cerraba mis ojos había mucho odio y desprecio y a la vez belleza. 
 El cantante de la banda, que además producía, vislumbró la posibilidad de juntarlos y ver los resultados. No fue una tarea sencilla, los ensayos y la elección de canciones fueron batallas campales y hasta llegaron a encontrarse en el escenario habiendo practicado por separado las canciones de uno y otro. 
 Grabaron un CD con cuatro covers y tres canciones de cada uno. Hicieron tres presentaciones y las críticas fueron generosas. 
 Pero el desprecio entre ellos no decreció, todo lo contrario, y por eso decidieron dejar de tocar juntos. Un par de temas sonaron un tiempo en las radios, maravillosamente enojados y armoniosos. 

De vez en cuando los escucho y revivo esos años interesantes del rock. Después yo me vine a USA y el Kirchnerismo les sacó a casi todos los músicos el enojo opositor indispensable para la buena creación. Pero no importa, con Joselo y Mario aprendí que muchas veces el odio puede generar cosas muy buenas y que el amor está extremadamente sobrevaluado como elemento creador.

Cruz J. Saubidet®

diciembre 01, 2020

humor, pero del malo


A veces hay chistes fabulosos que no logran el efecto deseado, pasa lo mismo con la comida, algunas bebidas e incluso con el amor. 
  Dos moscas adolescentes salen de la escuela y una le dice a la otra: “Te invito a mi caca” 
Ese chiste podría compararse con una IPA artesanal en un bar cool, una pizza congelada de buena marca o el amor a un gato. No está mal pero no llega a romper la resistencia que todos tenemos a la carcajada. Digo todos y el amargado soy yo, el resto se ríe con mayor liviandad, vale decir que a mi primer esbozo literario lo llamé “miseriedad” un juego de palabras entre seriedad y miseria y, si bien ha pasado un tiempo de eso, la mueca de mi boca sigue tendiendo hacia abajo. 
A veces escribo maravillas que no logran el efecto deseado, aunque no sé si son maravillosas o quiero que lo sean. 
  Se encuentran dos fantasmas que hacía tiempo no se veían y uno pregunta: ¿Qué es de la muerte de tu abuelo? 
 Este chascarrillo tiene el record de no hacer reír a nadie nunca, sin embargo al igual que alguno de mis cuentos a mí me gusta mucho. Muchos lo equiparan con una Bieckert tibia, una milanesa de berenjena o el romance de Curro “el palmo”. Entonces es posible que mi sentido del gusto sea la causa de mi fracaso literario. 
  Yo soy un perro lobo, mamá loba y papá perro; yo un tiburón ballena mamá ballena y papá tiburón; yo un oso hormiguero…¡Dejate de joder! 
 Ojo, este, bien contado da para algunas risas especialmente en un año complicado como el actual donde lo social se ha condensado y el público se ha convertido en familiar directo que ya conoce casi todo lo que tengo para decir. Al principio se generaron reencuentros digitales con el pasado, pero poco a poco quizás nos dimos cuenta que la soledad sigue siendo solitaria a pesar de tanta charla virtual. ¡Doctor! Me parece que soy asmático, ¿Será grave?, No, es esdrújula. 
Este me gusta, aunque da para espetarlo en alguna reunión docente o literaria, casi no lo usé este año y ojo que va como tira de asado, daikiri y “Antes del amanecer” Ante la falta de público, calculo que he perdido un 35% de mi capacidad humorística, lo cual es complicado porque desde mi proceso de deconstrucción me vi obligado a deshacerme de un 30% de mis chistes, o sea que si alguna vez retomo la vida social me van a encontrar nada más que 35% divertido. 
Dicen que los ocupas está yendo a Hawai porque allá nadie te des-aloha. 
Y sí, me retiro con este choripán de cancha de fútbol, diet Sprite y “Seducción de dos lunas” Otro día me pongo filosófico, hoy es demasiado lunes de lluvia y frío. Queselevacer

Sobre nombres, apellidos y "El DIEGO"


-El trabajo de todo papá es que sus hijos sean mejores que él, ustedes la tienen fácil. -¿Por qué? -Imagínense un hijo de Einstein, de Maradona, de Paco de Lucia, de Saramago, de Favaloro; esos sí que tienen trabajo. En cambio, conmigo es fácil. Con su mamá es un poco más difícil, pero yo sé que también van a ser mejores que mamá. Porque no se trata de los que hagan, la profesión que elijan será lo de menos, el tema, y no quiero condicionarlos, es hacerla mejor que lo que sus padres hicieron con la de ellos. No me acuerdo dónde leí que el nombre de pila es el resultado de lo que cada uno ha hecho con su apellido, y me gusta, porque a pesar de yo no haber todavía logrado grandes cosas con el mío, en realidad les estoy facilitando las cosas a mis hijos que sin esforzarse demasiado van a poder acrecentar el apellido heredado. Ante la muerte de Diego me vino a la cabeza esta introducción y todavía no tengo claro por qué. Diego es el último ícono que nos quedaba de una Argentina potente. Se murió Borges, se murió Pappo, se murió Favaloro, se murió Quino y se van agotando las opciones. Ojo que nunca fui fanático de la música de Pappo, pero sí de su persona y su estilo. Con Diego es al revés, siempre fui fanático del jugador de fútbol aunque no de su personalidad, sin embargo las canas (mías) me hicieron apreciarlo cada vez más y dejarme envolver por su magnetismo inexplicable incapaz de pasar inadvertido. Desde ya que no es un ejemplo a seguir en muchos aspectos, pero ojalá tuviera una parte de la pasión con que encaró su vida. De la pasión desmesurada siempre salen errores, y está bien así, pero si se acompaña esa pasión con un talento maravilloso sale un icono idóneo en traspasar cualquier pared. Y el tipo se la pasó rompiendo paredes y las bolas a muchos, se peleó con otros tantos y apoyó a muchos chantas, ¿pero quién no? Al fin de cuentas, la cruda realidad es que cada vez que lo miro gambetear, hacer jueguito, o disfrutar por millonésima vez el gol a los ingleses, se me humedecen los ojos. Queselevacer. Cruz Saubidet

agosto 24, 2020

Un paraíso profano

Así y todo, la historia me venía demostrando mi falta de capacidad para tomar buenas decisiones, desde ser de Unión, la música que ocupó mis años mozos, no ser peronista, algunos amigos, la carrera universitaria y puedo seguir pero me voy de tema. También hubo algunas decisiones inamovibles que me cagaron la vida y no supe luchar contra ellas especialmente el descreimiento hacia lo popular y espontáneo, nunca me salió y eso que en la escuela me enseñaron eso de que donde haya dos o más en mi nombre ahí estaré yo. Y no es que no haya creído en Dios, no soy tan soberbio, lo que siempre pensé es que no le importamos, así como a mí no me importan los cangrejos fantasmas. Y de tanto joder y amargarme por huevadas, un día me agarró un achaque que al final era jodido y me cagué muriendo sin más esperanza que descansar, pero ahí empezaron los problemas propiamente espirituales. Y esto es literal porque desprovisto de carne y huesos me encontré con una realidad inesperada, llena de incógnitas y, lo que es peor, de decisiones que tomar. ¡No van a creer que existe el paraíso! Lo que sí existe es el purgatorio, que es el lugar donde uno se aloja mientras toma una decisión. Es tan aburrido que varias veces me he apurado con tal de salir un poco y esa medida apresurada me ha hecho regresar una y otra vez. Tampoco está Dios a las vueltas, un ente de baja categoría te recibe, te da las pautas a cumplir y te abandona a tu suerte. La opción para salir del purgatorio es elegir una persona viva para acompañarla hasta la muerte con una mínima capacidad de ayudarla y la obligación de guiarla en la transición pos mortem. Ya de entrada me desilusionó mi espíritu de compañía, no van a creer que algún abuelo, tío, madre o amigo me había elegido. Al morirme me encontré con un espíritu antiguo y solitario que me eligió porque sabía que me quedaba poco. Incluso me guió con mala onda y desgano. El problema es que tenía que optar por una persona y al momento de mi muerte yo tenía cuatro hijos y una esposa. Fue una decisión jodida. La lógica hubiera sido quedarme con mi esposa y luego de su muerte dividirnos hacia nuestros hijos y así cubrir la mayor cantidad de afectos posibles. Pero no estaba seguro de querer compartir sus posibles nuevos amores. Pensé en mi padre pero tampoco estaba seguro de su voluntad de acompañar a alguno de mis hijos. Así fue que pasé mucho tiempo en el purgatorio. Y elegí a una de mis hermanas, que como tía comprometida y adorada por mis hijos me aseguró un buen contacto con ellos. Claro que cuando murió ella se fue con su hijo y ahí ya pude optar por el más desprotegido de los míos, sufriendo sus malas decisiones hasta su muerte, luego de la cual me comunicó la bronca que siempre me tuvo. La muerte te da sorpresas. Y no es gran cosa ni muy diferente a la vida en la tierra, uno sigue eligiendo y separándose. Cada tanto coincido en el purgatorio con algún ser querido, incluso paso tiempo ahí a la espera de que alguno de ellos aparezca, pero muchas veces el tedio del lugar me obliga a escapar y andar a la par de alguna persona. Trato de favorecer a descendientes, pero ninguno se acuerda de mí y eso me pone un poco triste. A veces tengo alegrías, hace un tiempo un tataranieto encontró una de mis novelas y la leyó. No le gustó mucho pero fue agradable. Dicen, en esas intermitentes y esporádicas charlas de purgatorio, que después de esta muerte viene una espectacular, pero yo pienso en el paraíso prometido en la Tierra en el que muchos creían y me suena a más de lo mismo. Queselevacer Cruz J. Saubidet®

agosto 03, 2020

Los peligros del ratón Mickey

El Mono vive bien, no mejor que antes, pero no le falta nada. Antes tenía mucho, y repartía, hasta el viaje a Disney. Volvió raro de Orlando, y eso que yo le dije que Disney era una bosta, que está bueno pero que bien pensado es todo lo que está mal. La felicidad no es por ahí, claro que muchísimos piensan lo contrario y gastan sus dólares haciendo colas interminables para convencerse de estar viviendo en un mundo de fantasía vacío de significado. Y que yo soy un amargo y miserable, y que qué se le va a hacer, y que andá a la mierda y que qué la pases lindo.
El tema es que Orlando lo cambió al Mono, aunque capaz que no fue el viaje sino darse cuenta de que él no pertenecía. Algunos viajan al Tibet para darse cuenta, otros hacen retiros de silencio, otros se clavan ayahuasca en el Amazonas y otros viajan a Disney. Porque la introspección depende de cómo te pega la falta de cotidianeidad, y si hilamos fino, qué más lejos de la realidad que un mundo de fantasía de cuentos robados creado por grandes empresarios deseosos de secar tus bolsillos a cambio de poca cosa.
Hay diferentes maneras de encontrar el valor de las cosas, una es tropezarse con la simpleza del universo en soledad y también todo lo contrario. El Mono se topó con el Mono real en Magic Kingdom, hacía calor y el cartelito de la fila auguraba 38 minutos de espera. Y allí su vida pasó por su cabeza, la primaria pública y agradable, las vacaciones en carpa con la familia, la secundaria privada y estricta, la colimba de tres meses solo en los papeles ya que nunca tuvo la oportunidad de ponerse el uniforme, la universidad gratuita y desordenada, su primer trabajo, su primer despido, su primera relación seria, su primer susto grande, su viaje a Europa a los veinte conmigo y Junquito, su primer acto de dudosa moral, su segundo, el último, la muerte de su hermano, su primer hijo, sus mujeres, sus secretos. Y llegó su turno y no quiso subir, y salió caminando en busca de un lugar solitario donde seguir pensando, porque lo que le llamaba la atención era que por su cabeza no pasaban las cosas por las que supuestamente había luchado. No figuraban su primera casa, su primer Renault Fuego, su segunda casa, su club de golf, su cabaña en Cariló, sus veranos en Punta del Este, sus fiestas ostentosas.
Después de media hora encontró una sombra más o menos solitaria. Se sentó sobre el pasto y cerró los ojos. Se sintió enojado al descubrir que sus sonrisas no provenían de cosas por las que había pagado pero como aliciente supuso que se debía a que ya las tenía y por ende ya no las necesitaba. Sí necesitaba a su hermano, a sus amigos, un fin de semana de pesca, un amor desbordante. Ahí me mandó a la mierda por whatsapp y yo supuse que con el insulto me daba la razón.
Volvió raro de Orlando, vendió la casa de Cariló y compró tres departamentos en el centro. Sigue laburando, pero mucho menos, cada tanto agarramos la lancha y nos rajamos a pescar, a veces con nuestros hijos.
Conversamos menos que antes, no me molesta, ahora cada vez que discutimos por algo profundo y filosófico suelta la frase: Disney, una mierda.
Cruz J. Saubidet®