Hace muchos años, en uno de mis veranos indigentes pero felices en el sur de Argentina, conseguí un lugar para dormir en una tapera cerca de un arroyo. Era más que nada un techo protector sujetado por unos trocos finos que dejaban pasar el frío y la luz de la noche de tormenta. Noche medio inquietante, silenciosa y desprotegida. Alrededor de la medianoche unos ojos se posaron en la entrada, ojos brillantes y aterradores. Acto reflejo agarré mi cuchillo y esperé su primer movimiento. Los ojos no se movieron por veinte minutos, yo tampoco hasta que un relámpago dejó al descubierto la calidad de perro de mi visitante. Nos hicimos amigos y me siguió durante cuatro días en mis paseos andinos.
Después nos abandonamos, pero quedé en deuda y luego de veintipico de años decidí escribirle un cuentito.
Su camino había sido dilatado, venía del norte quiero creer.
Sin saber la razón, alguna fuerza desconocida lo incitó a correr. Mucho tiempo de ello, tal vez pasaron años.
Por algunas semanas su instinto le hubiera permitido el regreso pero no, esa fuerza oculta e inexplicable lo obligaba a seguir, siempre adelante.
Unos días luego de su huida, recayó en un pueblito. Una gran ruta siempre transitada. Sin pedirlo siquiera, le dieron algo de comer en la puerta de un bar, no mucho, unos pedazos de carne cocida y bastante negra, comerlos le dio sed, salió corriendo y cruzó la ruta. Un estruendoso sonido agudo casi lo paraliza, saltó y en ese mismo instante vio una gran sombra que lo cubría. Ya podía estar inmóvil, temblaba quieto al costado del camino.
Siguió su rumbo esa misma tarde, esquivando las rutas grises y buscando senderos terrosos que prometían mayor seguridad.
¿Dónde iba? No era una pregunta que se hacía. ¿Qué buscaba? Nada más que sosegar el instinto que lo regía, a veces contra su voluntad.
Durante meses caminó por caminos de tierra, varias veces estuvo tentado a asentarse en lugares donde era bien recibido y la comida no faltaba. En este país la comida no faltaría nunca, si no es en un plato, será cazada de una zanja en forma de cuis o perseguida en campos como liebre, perdiz, mulita, etc.
Pero su instinto lo condicionaba al ruedo de caminos, debía seguir. Los campos verdes y las estaciones transformaban el paisaje. Cruzó ríos por puentes o a nado, vagó por campos desérticos, por montes cerrados y por trigales brillantes.
Llegó el momento que su olfato ya no recordaba su procedencia, incluso su nómada vida no le permitía atesorar demasiados olores. Estos cambiaban día a día, mes a mes, año tras año.
Los campos se habían tornado áridos, el clima ventoso y la caza complicada, no por falta de habilidad sino por la escasez de presas. Por eso, luego de casi dos años de caminar hacia el sur, cambió su rumbo hacia el poniente. Más de un mes hubo de seguir ese periplo para que la situación mejorase. Había adelgazado bastante y se tornaba difícil procurarse agua. A duras penas la conseguía y llegó a comer serpientes y bichos que no conocía.
Vio el lago de lejos y corrió a su encuentro, no esperaba tal frescura del agua, salió temblando de frío, el calor del sol volvió a templarlo. A su alrededor todo era verde, los árboles altos con sus ramas lejanas no dejaban de asombrarlo.
Se acercó a una casa, afuera, bastante gente sentada comía sin prestarle atención. Un hombre lo observaba, lo vio flaco y le ofreció alimento. No se movió de su lado hasta quedar saciado.
El hombre se levantó, saludó a sus condiscípulos, se dirigió hacia una camioneta y lo llamó. No entendió el llamado, los años lo volvieron parco. Volvió el hombre a llamarlo y él se acercó. Lo invitó a subir a la camioneta, de un salto trepó a la caja.
El camino era extraño, la tierra y las piedras se elevaban y descendían abruptamente. Se durmió.
Despertó en una ciudad, las calles eran azules o grises. Llegaron a una casa. El hombre descendió y caminó hacia la entrada.
Dudaba de bajar, no lo hizo hasta que el amigo se perdió tras la puerta. Bajo la camioneta el pasto era agradable. Era de noche. No tenía hambre ni sed. Se durmió.
Despertó antes que el Sol se asomara, caminó por el barrio, todo era silencio.
Escuchó que lo llamaban, corrió hasta la camioneta y trepó otra vez, el hombre le dio algo de comida.
El viaje fue largo y lo irregular del terreno lo volvía monótono. Era mediodía, llegaron a un sitio campestre. Salió un hombre de una vivienda y saludó al conductor con amabilidad.
Bajó de la camioneta y se acercó a una de las construcciones. Un gruñido lo puso alerta. El perro ovejero lo miraba con desconfianza y emitió un ladrido. Era grande el enemigo. Corrió hacia la loma. El ovejero se aburrió de perseguirlo pero él siguió la carrera. Desde la altura observó el pasto que brillaba y a lo lejos una mancha negra.
No le gustó y caminó hacia su derecha.
La sed lo llevó hasta un arroyo, tomó agua y siguió caminando por la orilla. El suelo se hacía pedregoso y encontró una tapera. Allí pasó la primera noche. Sus necesidades estaban cubiertas, consiguió algunas presas y había buena agua. Era el momento del reposo. Decidió asentarse, le gustó el lugar.
Observó que alguien se acercaba. Entró a su casa. Esperaba que se fuera pronto, no sucedía. Llegó la noche, la persona prendió fuego. Percibió que el pájaro con el que convivía seguía adentro, decidió imitarlo. Se acercó a la entrada con sigilo. Apreció el temor del invasor, sabía que por miedo se pueden hacer locuras, así que no se acercó. Pasaron unos minutos y el hombre lo llamó, desconfiaba, a pesar de ello avanzó sigiloso. Ante el segundo llamado se puso a su lado. El hombre ya no le tenía miedo y le tocaba la cabeza. No recordaba cómo eran las caricias, gruñó sin pensarlo. Le gustaron, quería más, el hombre lo percibió y volvió a tocar su cabeza. Se sentía bien, ya no temía y apoyó su cabeza en los pies de su nuevo amigo.
Cruz J. Saubidet®
Blog de un escéptico servidor. "Creo que el kiwi no es una fruta" "Capaz si llegaron es porque transaron y si se mantuvieron es porque a muchos cag*ron." "Creo que Argentina ya no es lo que era, pero a mí me alcanza" "Me gusta más criticar que ser criticado, pero me controlo" "Está mal, pero para ponderar, me quedo callado"
marzo 28, 2018
marzo 08, 2018
Un dolorcito menor
Se
apartó un poco y se puso la camiseta. La abracé y se resistió. Noté que
lloraba, supuse que no era de dolor. -¿Qué
te pasa?- Seguía llorando.
Mi inexperiencia me hacía creer que
le había hecho algo malo. La concepción machista nos ha convencido que las
mujeres sufren más por amor que los hombres, ¡no es verdad!, Los hombres
estamos obligados a no sufrir en esos casos, lo que es un doble trabajo ya que
a pesar del dolor, tenemos que aparentar indiferencia. Esto hace más largas las
agonías.
-Yo no quería que esto pasara. ¿Qué
hicimos?
No hacía falta respuesta, el
proceso químico de la atracción sexual había explotado en su caso y mi amor
desmesurado sólo se había dejado llevar. En ningún momento me pareció que no quisiera.
-¡Qué vergüenza!
-¿Por qué?
-No sé, ¡ah qué vergüenza!, vamos,
me siento muy rara.
-Yo estoy muy contento. Sin duda lo estaba, durante meses había soñado ese momento, no de esa
forma, daba igual, la chica que amaba al fin había caído a mis brazos. Que
inocente era, en realidad, estaba a punto de perder lo poco que tenía.
Traté de abrazarla mientras
volvíamos. –Mejor no- me dijo. Y no me habló nunca más.
noviembre 03, 2017
Mis respetos, señor
Mis recuerdos de Juan datan de fines de los ochenta, pescando moncholos en un arroyo ancho de la zona de Aguará Grande, al norte de San Cristóbal. No fuimos grandes amigos, pero, a diferencia de sus cinco hermanos, el tipo pensaba distinto y como yo nunca tuve un pensamiento globalizado, las escuetas charlas que teníamos junto al arroyo muchas veces eran reveladoras. No coincidíamos en mucho más que en lo innecesario de madrugar y la exacerbación del gauchismo. Discutíamos sobre la posibilidad de utilizar cuatriciclos para recorrer, la maleabilidad de la soga en lugar del lazo de cuero y la poca calidad de los recitados del chamamé. Ambos teníamos esa dualidad entre lo rural y lo citadino que nos torturaba y que resolveríamos más tarde o más temprano.
Juancito era muy flaco pero ágil para trepar árboles, especialmente eucaliptos grandes. Nos perdimos el rastro por muchísimos años hasta que un día nostálgico buscando alguna raíz por Internet, me encuentro con el primer festival de poesía y micro relatos de San Cristóbal, auspiciado por la Cámara de Comercio y coordinado por Juancito. Sin dudarlo lo agregué al Messenger y nos pusimos al día.
Al terminar el secundario, Juancito estudió magisterio y luego emigró a Los Amores a ocupar una posición vacante en la escuela Juana Arzurduy. Ahí, en sus horas libres comenzó a plantearse la posibilidad de convertirse en el Roque Nosetto del norte Santafesino, aunque definitivamente no estaba destinado a escribir para niños. Trató de hacerlo, pero sus alumnos no comprendían el poder de la metáfora ni valoraban el vocabulario florido de sus escritos. Hubiera sido fácil cambiar un “cri-cri dice el grillito” por un “cro-cro sugirió la rana” pero el plagio no estaba en sus genes. Así y todo en las largas tardes de calor y soledad generó poesía para varios libros, siempre buscando la diferencia y la belleza hasta entonces desconocida por el mundo.
Fueron ocho años aletargados en Los Amores paradójicamente solitarios, tuvo una novia de Vera, también maestra, pero “por tanto ir y venir la relación fue perdiendo envión hasta desintegrarse”sic.
A principio de los dos mil, Juancito reacondicionó una casita en el campo de sus padres y comenzó una nueva vida lejos de la enseñanza y de la gente en general. Había decidido vivir con pocas pertenencias y distracciones y dedicarse de lleno a la literatura y a la crianza de gallinas y pavos. En dos años escribió mil trescientas páginas de versos insensibles con metáforas cargadas de realismo y dureza, de desinterés por el amor, de búsqueda de sabiduría y de desprecio por el mundo tanto urbano como rural. “Mi poesía busca apagar corazones y despertarlos de la sinrazón de que las mariposas son bonitas”
Con la aparición de Internet decidió mudarse a San Cristóbal, ocupando una casita familiar sobre la avenida trabajadores ferroviarios. Ya conectado a la red pocos lograban verlo, aunque algunos de sus escritos engalanaban las páginas culturales de “El departamental”, “La opinión” y “Castellanos”. Su columna “El Odioso” era cita obligada apenas por debajo de los avisos fúnebres.
Cuando le anuncié mi visita me pidió que no fuera un jueves, porque es el día de la semana que lava la ropa y anda desnudo. Así que fui un domingo a la mañana. Fue una experiencia minimalista y envidiable, Juancito ha logrado ser “él mismo”, un buscador de algo, que en su camino se ha ido despojando de todo para lograrlo. Yo creo que es un triunfador, quizás un poco extremista para mi gusto, que conserva un buen soplido para apagar las luces de corazones melosos.
Mis respetos, Juancito. Nos vemos pronto.
Cruz J. Saubidet®
Juancito era muy flaco pero ágil para trepar árboles, especialmente eucaliptos grandes. Nos perdimos el rastro por muchísimos años hasta que un día nostálgico buscando alguna raíz por Internet, me encuentro con el primer festival de poesía y micro relatos de San Cristóbal, auspiciado por la Cámara de Comercio y coordinado por Juancito. Sin dudarlo lo agregué al Messenger y nos pusimos al día.
Al terminar el secundario, Juancito estudió magisterio y luego emigró a Los Amores a ocupar una posición vacante en la escuela Juana Arzurduy. Ahí, en sus horas libres comenzó a plantearse la posibilidad de convertirse en el Roque Nosetto del norte Santafesino, aunque definitivamente no estaba destinado a escribir para niños. Trató de hacerlo, pero sus alumnos no comprendían el poder de la metáfora ni valoraban el vocabulario florido de sus escritos. Hubiera sido fácil cambiar un “cri-cri dice el grillito” por un “cro-cro sugirió la rana” pero el plagio no estaba en sus genes. Así y todo en las largas tardes de calor y soledad generó poesía para varios libros, siempre buscando la diferencia y la belleza hasta entonces desconocida por el mundo.
Fueron ocho años aletargados en Los Amores paradójicamente solitarios, tuvo una novia de Vera, también maestra, pero “por tanto ir y venir la relación fue perdiendo envión hasta desintegrarse”sic.
A principio de los dos mil, Juancito reacondicionó una casita en el campo de sus padres y comenzó una nueva vida lejos de la enseñanza y de la gente en general. Había decidido vivir con pocas pertenencias y distracciones y dedicarse de lleno a la literatura y a la crianza de gallinas y pavos. En dos años escribió mil trescientas páginas de versos insensibles con metáforas cargadas de realismo y dureza, de desinterés por el amor, de búsqueda de sabiduría y de desprecio por el mundo tanto urbano como rural. “Mi poesía busca apagar corazones y despertarlos de la sinrazón de que las mariposas son bonitas”
Con la aparición de Internet decidió mudarse a San Cristóbal, ocupando una casita familiar sobre la avenida trabajadores ferroviarios. Ya conectado a la red pocos lograban verlo, aunque algunos de sus escritos engalanaban las páginas culturales de “El departamental”, “La opinión” y “Castellanos”. Su columna “El Odioso” era cita obligada apenas por debajo de los avisos fúnebres.
Cuando le anuncié mi visita me pidió que no fuera un jueves, porque es el día de la semana que lava la ropa y anda desnudo. Así que fui un domingo a la mañana. Fue una experiencia minimalista y envidiable, Juancito ha logrado ser “él mismo”, un buscador de algo, que en su camino se ha ido despojando de todo para lograrlo. Yo creo que es un triunfador, quizás un poco extremista para mi gusto, que conserva un buen soplido para apagar las luces de corazones melosos.
Mis respetos, Juancito. Nos vemos pronto.
Cruz J. Saubidet®
octubre 11, 2017
Trabalenguas
No es el Obispo de Constantinopla ni los tres tristes tigres; es Pablito, que por andar clavando un simple clavito emula muchas cosas que pasan en el mundo y no sabría explicarlo con ejemplos verdaderos.
Pablito clavó un clavito en la mano de Jorgito. Eso está muy mal dijo la mamá de Jorgito, pero ella había sido la que solicitó a Pablito en primera instancia clavar el clavito.
Cuando la mamá de Jorgito pidió a Pablito clavar el clavito, no tuvo en cuenta que Jorgito se acercaría a Pablito mientras clavaba el clavito.
Jorgito poco sabía de clavar clavitos y rondaba a Pablito queriéndolo ayudar. Pablito no soportaba a Jorgito.
Pablito admiraba y respetaba a la mamá de Jorgito, y un poco la deseaba. Jorgito quería ser como Pablito pero su mamá lo sobreprotegía.
La mamá de Jorgito solía usar a Pablito para clavar clavitos y poner foquitos. Jorgito se sentía menos ya que su madre prefería la ayuda de Pablito a la de su propio hijo.
El papá de Jorgito usa barba candado y tiene una camioneta muy grande.
Pablito le dijo a Jorgito que posiblemente su padre tenga el pito pequeñito dada su gran camioneta y su estilo de barba.
Jorgito preguntó a su mamá si eran ciertas las afirmaciones de Pablito sobre el pito de su padre.
La mamá de Jorgito reprendió a Pablito por sus comentarios aunque no lo castigó y por lo tanto le permitió seguir clavando clavitos y poniendo foquitos.
Entonces Pablito le dijo a Jorgito que su mamá debía ser medio atorranta porque andaba siempre con camisetas apretadas.
Y Jorgito sintió que debía castigar a Pablito, con mala suerte, ya que Pablito estaba justo clavando un clavito que le había pedido la madre de Jorgito.
Nunca sabremos si fue a propósito que Pablito clavara un clavito en la mano de Jorgito o si se trató de un accidente.
Sabemos que Jorgito tuvo que darse la antitetánica porque el clavito que le clavó Pablito estaba oxidado.
La mamá de Jorgito perdonó a Pablito y le sigue pidiendo que cambie los foquitos y le clave los clavitos.
No sabemos las dimensiones del pito del papá de Jorgito, pero pensamos que es muy posible que no sea muy grande.
No sabemos si la mamá de Jorgito es o no es atorranta, pero tiene pechos bonitos que resaltan bajo camisetas ajustadas.
No sabemos dónde Pablito clavó un clavito.
No sabemos quién es realmente Pablito, sólo sabemos que clava clavitos, pone foquitos y critica a las personas.
Cruz Saubidet®
Pablito clavó un clavito en la mano de Jorgito. Eso está muy mal dijo la mamá de Jorgito, pero ella había sido la que solicitó a Pablito en primera instancia clavar el clavito.
Cuando la mamá de Jorgito pidió a Pablito clavar el clavito, no tuvo en cuenta que Jorgito se acercaría a Pablito mientras clavaba el clavito.
Jorgito poco sabía de clavar clavitos y rondaba a Pablito queriéndolo ayudar. Pablito no soportaba a Jorgito.
Pablito admiraba y respetaba a la mamá de Jorgito, y un poco la deseaba. Jorgito quería ser como Pablito pero su mamá lo sobreprotegía.
La mamá de Jorgito solía usar a Pablito para clavar clavitos y poner foquitos. Jorgito se sentía menos ya que su madre prefería la ayuda de Pablito a la de su propio hijo.
El papá de Jorgito usa barba candado y tiene una camioneta muy grande.
Pablito le dijo a Jorgito que posiblemente su padre tenga el pito pequeñito dada su gran camioneta y su estilo de barba.
Jorgito preguntó a su mamá si eran ciertas las afirmaciones de Pablito sobre el pito de su padre.
La mamá de Jorgito reprendió a Pablito por sus comentarios aunque no lo castigó y por lo tanto le permitió seguir clavando clavitos y poniendo foquitos.
Entonces Pablito le dijo a Jorgito que su mamá debía ser medio atorranta porque andaba siempre con camisetas apretadas.
Y Jorgito sintió que debía castigar a Pablito, con mala suerte, ya que Pablito estaba justo clavando un clavito que le había pedido la madre de Jorgito.
Nunca sabremos si fue a propósito que Pablito clavara un clavito en la mano de Jorgito o si se trató de un accidente.
Sabemos que Jorgito tuvo que darse la antitetánica porque el clavito que le clavó Pablito estaba oxidado.
La mamá de Jorgito perdonó a Pablito y le sigue pidiendo que cambie los foquitos y le clave los clavitos.
No sabemos las dimensiones del pito del papá de Jorgito, pero pensamos que es muy posible que no sea muy grande.
No sabemos si la mamá de Jorgito es o no es atorranta, pero tiene pechos bonitos que resaltan bajo camisetas ajustadas.
No sabemos dónde Pablito clavó un clavito.
No sabemos quién es realmente Pablito, sólo sabemos que clava clavitos, pone foquitos y critica a las personas.
Cruz Saubidet®
septiembre 25, 2017
Sobre siestas y ruidos
No hagan ruido a
la siesta decía mi padre. Y uno quería hacer ruido, incluso la voz salía
inconscientemente un poco más potente que lo normal y las puertas golpeaban con
mayor intensidad.
Vaya a saber por
qué el silencio forzado resulta tan complicado, casi como el juego de quién se
ríe primero dónde la necesidad de reír surge de evitarla. Será que nacemos con
espíritu desafiante y las reglas y prohibiciones son el combustible con el que
cargamos nuestros tanques.
Muchas veces el
silencio es confusión y angustia y el simple ruido es la mejor forma de paz que
podemos encontrar.
Ante grandes
problemas o tristezas, el silencio suele ser tortura y muchas veces el ruido es
la única manera de tener la mente en calma y relajada.
El mundo de hoy
es un gran proveedor de ruido. La radio, la televisión e Internet nos regalan tiempo
completo de ruidos capaces de mantenernos la cabeza ocupada y liviana para atenuar
los conflictos internos.
No es bueno ni
malo, es así, y aunque los problemas no se van a resolver con ruido tampoco está
demostrado que el silencio cure las penas, aunque sí el tiempo y todos sabemos
que una hora de silencio equivale a tres horas de ruido, cosa que calculé
durante mi infancia cuando mi padre dormía la siesta.
Cruz J. Saubidet®
junio 06, 2017
“Se terminó la abuela”
“Se terminó la abuela” Fue la frase que
quedó guardada en mis recuerdos. Podría haber sido se murió, falleció, pereció,
expiró, etc. Pero no, las dos palabras que marcaron mi primera experiencia
cercana con la muerte refirieron a un final real nunca mejor explicado. Ese día
perdí oficialmente la fe; y no porque estuviera enojado con Dios por la muerte
de mi abuela, menos porque la catequesis me llenara de miedos ni porque la misa
me aburriese ni tampoco los curas de mi colegio fueron abusadores. Ese
momento mágico cuándo ese hombre rústico y fabuloso que ya había tenido otras
clases magistrales para conmigo como cuando me dijo “no es que te quiera
enseñar, pero es para que aprendas” me anotició del deceso con un clarísimo “Se
terminó” muchas de mis tradiciones culturales y sociales que me obligaban a
sentir cosas que no sentía desaparecieron y me transformaron en un ser un poco
más abierto pero mucho más vacío. A partir de allí fue todo cuesta arriba con
mi espíritu pero mi razón por fin se puso de acuerdo con mis sentimientos. No
me enorgullece ni un poquito mi falta de fe, es lo que es y quizás un día
aparezca, no digo vuelva porque nunca la tuve ni me sentí reconfortado con la
comunión ni creí en el poder de la oración.
El problema está en las bases o los fundamentos aunque mejor no
partamos de ninguna base, porque al final del día nada de esto va a importar y
todo se va a romper en millones de pedazos inutilizables. Partir de una base
significaría darle entidad a pensamientos o teorías anteriores y, aunque me
digan que debería ser más humilde prefiero no tener nada que ver con las bases.
Es de suponer que las bases deberán soportar todo el peso posterior, pero
generalmente, debido a la imposibilidad de perfección, tarde o temprano se
rajan y tuercen llegando en muchos casos a dar por el suelo la historia de
generaciones. Por otro lado, ignorar las bases es partir de la base de que
todas estás erradas, afirmación que no podría comprobarse.
Ante la imposibilidad de bases firmes donde apoyarse, el género humano ha optado por cambiar la firmeza por lo intangible creando la institución de la Fe que, a pesar de no tenerla, me cuesta mucho menos aceptarla hacia un ser superior y creador que dirigida a un ciudadano de a pie. Quizás por eso respeto mucho más a los convencidos religiosos que a aquellos que le regalan su fe a un político cuya base de ideas casi seguro se derrumbe tarde o temprano.
La fe admite lo absoluto, la razón solo acepta la evidencia y el problema es la falta de evidencias en este mundo que nos toca en suerte.
A pesar de mi escepticismo, la sociedad me obliga a tener pequeñas dosis de fe dado que sin ellas sería imposible vivir medianamente tranquilo. Así que debo confiar en que mis hijos estarán a salvo en la escuela, que me pagarán el sueldo con regularidad, que algunos que dicen quererme realmente me quieren, que no todo está podrido, que seguirá habiendo buenos músicos, que el motor arrancará (en todos los sentidos), que la primavera será verde al igual que la yerba mate y que algún día escribiré algo que valga la pena. Lamentablemente la razón no me da para una Fe más grande que esa.
Ante la imposibilidad de bases firmes donde apoyarse, el género humano ha optado por cambiar la firmeza por lo intangible creando la institución de la Fe que, a pesar de no tenerla, me cuesta mucho menos aceptarla hacia un ser superior y creador que dirigida a un ciudadano de a pie. Quizás por eso respeto mucho más a los convencidos religiosos que a aquellos que le regalan su fe a un político cuya base de ideas casi seguro se derrumbe tarde o temprano.
La fe admite lo absoluto, la razón solo acepta la evidencia y el problema es la falta de evidencias en este mundo que nos toca en suerte.
A pesar de mi escepticismo, la sociedad me obliga a tener pequeñas dosis de fe dado que sin ellas sería imposible vivir medianamente tranquilo. Así que debo confiar en que mis hijos estarán a salvo en la escuela, que me pagarán el sueldo con regularidad, que algunos que dicen quererme realmente me quieren, que no todo está podrido, que seguirá habiendo buenos músicos, que el motor arrancará (en todos los sentidos), que la primavera será verde al igual que la yerba mate y que algún día escribiré algo que valga la pena. Lamentablemente la razón no me da para una Fe más grande que esa.
mayo 26, 2017
“You gonna miss me when I gone” (English version)
The process of characterizing a person requires stepping
back far enough to be able to look at the whole picture.As an amateur storyteller, I've always needed distance and time to create a character based on some known person. At this moment I could not write about my workmates or about my children, my wife, even my close family from Argentina.The separation must be total and prolonged to achieve something like reality. This arises from the familiar, wearily trite phrase: “You'll value me when I'm gone." year. “Too dangerous,” will say some, “unnecessary,” will think others, "I do not know," I will say, because I am not sure of anything.Of course, these words in the form of reproach or need know one’s value can become a double-edged sword, because of the two eventual possible scenarios: you already do value accordingly or, you realize that you have overvalued. Those are the risks that we take every time we challenge or make demands.Many theories about couples say that break-ups and reunions are never convenient. I cannot confirm it, but I suspect that the only way to truly know your life partner is after some time of separation, like six months to aThe “second times around” are never good, say the old ladies under the hair dryer. They may be right, but I suppose if they fail, it is because the partners didn’t know how to take advantage of the time of solitude to meditate and feel, and the reunification was due to simple causes, such as fear of loneliness or financial insecurity or children.
With “places” this happens somewhat similarly; I was never very angry with Argentina although it was not easy to live there. I had to move far away to realize the many positive and interesting things that my country has, as well as the other unpleasant things that have happened, do happen and certainly will happen.And I miss Argentina, almost as much as I suppose I should miss a great love, but the scales do not yet tip toward returning. The main difference in this analogy of course, is that a return to love will depend on two decisions, whereas Argentina will always be there, affable, disinterested in receiving me but with some hugs around the corner.
Cruz J. Saubidet®
With “places” this happens somewhat similarly; I was never very angry with Argentina although it was not easy to live there. I had to move far away to realize the many positive and interesting things that my country has, as well as the other unpleasant things that have happened, do happen and certainly will happen.And I miss Argentina, almost as much as I suppose I should miss a great love, but the scales do not yet tip toward returning. The main difference in this analogy of course, is that a return to love will depend on two decisions, whereas Argentina will always be there, affable, disinterested in receiving me but with some hugs around the corner.
Cruz J. Saubidet®
¡Ya me vas a extrañar! (versión español)
El proceso
de caracterizar a una persona requiere apartarse lo suficiente como para poder
mirar el panorama completo.
Como
cuentista amateur, siempre he necesitado distancia y tiempo para componer un
personaje basado en alguna persona conocida. En este momento no podría escribir
sobre mis compañeros de laburo o sobre mis hijos, mi mujer, incluso mi familia
cercana de Argentina. La separación debe ser total y prolongada para lograr
algo parecido a una realidad.
Esto surge
de una frase harto-escuchada por todos: “me vas a valorar cuando ya no esté”
Claro que
esas palabras en forma de reproche o requerimiento de valoración pueden
convertirse en un arma de doble filo, porque a la distancia pueden suceder dos
escenarios; o que valores o que te des cuenta de que sobre valoraste. Son los
riegos que se corren cada vez que desafiamos o hacemos solicitudes.
Muchas
teorías acerca de las parejas consideran que las rupturas y regresos nunca son
convenientes. No puedo confirmarlo, pero tengo la sospecha que la única forma
de conocer realmente a tu compañer@ de vida es un alejamiento digamos de entre
seis meses a un año. Peligroso dirán
algunos, innecesario pensarán otros, “no sé” diré yo que no estoy seguro de
nada.
Las
segundas vueltas nunca son buenas aseguran las señora con ruleros, puede que
tengan razón, pero supongo que si fracasan es porque no supieron aprovechar el
tiempo de soledad para meditar y sentir; y el regreso se debió a causas simples
como el temor a la soledad o inseguridad financiera o los hijos.
Con los
lugares pasa algo parecido, si bien nunca estuve muy enojado con Argentina
aunque no era fácil vivir allá, tuve que trasladarme bien lejos para darme
cuenta de muchas cosas positivas e interesantes que tiene mi país así como
también otras cosas bastante fuleras que pasaron, pasan y pasarán.
Y extraño
Argentina, casi tanto como supongo se debe extrañar un gran amor, pero la
balanza todavía no se inclina para el lado del regreso. La diferencia principal
en la analogía radica en que el regreso en el amor depende de dos decisiones,
en cambio Argentina siempre va a estar ahí, desinteresada en recibirme pero con
algunos abrazos a la vuelta de la esquina.
Cruz J. Saubidet®
Cruz J. Saubidet®
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
