septiembre 22, 2005

LA DESAPARICION DE LA HOJA EN BLANCO


Una hoja en blanco ya no es tal cosa, la tecnología la ha reemplazado por una mancha blanca en la pantalla rodeada de una cantidad de íconos (así se le dice a los dibujitos que al apretarlos cumplen una u otra función) que de saber utilizarlos con corrección, son capaces de embellecer la imagen del texto y corregir errores imperdonables en la ortografía y la gramática del autor.
En realidad no existe, la pura verdad es que se trata solo de una ilusión lumínica que nos hace creer que estamos trabajando con elementos palpables, pero estos son modificables en su totalidad. Pueden teñirse de todos los matices cromáticos posibles, las mayúsculas serán minúsculas con presionar el lugar correcto, la forma de la letra será definida por el usuario y, lo más grave de todo es que no quedarán registros de los errores cometidos. Me dirán que es posible imprimir el borrador y corregirlo a mano. Claro que es posible, pero ¿vale la pena? Con lo costoso de la tinta, un hombre de mi austeridad piensa dos veces antes de derrochar.
Los problemas de corrección que presenta el uso de ordenadores se basan en la confianza que pone el escritor en los subrayados verdes o rojos que surgen bajo las palabras o frases ante los errores ortográficos o sintácticos. ¿Y si quisiera escribir un texto con errores de forma deliberada? Podría hacerlo, pero mi psiquis debería luchar contra las mencionadas rayas de color bajo las palabras y por otro lado, la picara máquina en contadas ocasiones corrige palabras de manera automática y ese pequeño desliz arruinaría mi texto erróneo con una palabra correcta.
Días atrás, en un relato, el protagonista debía sortear un guardaganados, pero el programa me discutía que por tratarse de “un” debía colocar guardaganado, sin pluralizar el sustantivo. Lo cierto es que en ese momento dudé sobre quien tenía razón y me llevó tiempo decidirme. Pensaba que si bien se trataba de un elemento (guardaganado) si éste solo se erguía para detener un ganado de los muchos que andaban por ahí, de poco valdría. Me convencí de mis razones y con la ayuda del ratón la obligué a omitir la corrección. Pero no cedía, en cuanto retomaba el texto por unos minutos la línea verde bajo “un guardaganados” reaparecía poniéndome nervioso y obligándome a retomar la deliberación semántica. Ya era una guerra declarada, la máquina no entraba en razones y mi terquedad y mis dudas se incrementaban cada vez que la línea verde reaparecía.
¿A que me refiero cuando escribo ganado? ¿Decir ganado es lo mismo que decir rodeo?, cuando se enuncia ganado es imprescindible posponer el tipo al que nos referimos (ganado bovino, lanar, equino, etc.) y en consecuencia el singular denotaba un conjunto. Por ello me creí derrotado, pero luego medité sobre dicha construcción y concluí que estaba pensada para retener todo tipo de ganado, o sea “ganados”. Así las cosas, a pesar de mi inducción, no existía forma de hacerle entender a la computadora de mis razones y ella proseguía colocando la raya verde debajo de la frase.
Mi deseo era dejar la frase como yo la creía correcta, pero la raya verde me afectó de tal manera que finalicé cediendo a los ímpetus tecnológicos y mi protagonista sorteó una gran tranquera de madera.
Por eso es peligroso, si hubiera redactado a mano o a máquina el texto, su pureza habría sido real, pero el programa me impidió utilizar el “guardaganados” por lo que me vi obligado a cambiar una parte de la historia.
Tampoco es cuestión de despotricar contra la tecnología, en verdad ayuda y mucho. Si bien en esa oportunidad me hizo perder mucho tiempo, son más las veces que lo ahorra corrigiendo un error gramatical o brindando un sinónimo no encontrado en los confines del cerebro.
La tecnología de los procesadores de texto es maravillosa, pero hay que andar con pie de plomo, no vaya a pasarle lo que a mí. Lo más probable es que al desaparecer la hoja en blanco se haya perdido un poco la pureza de los escritos pero sin duda se ha ganado en tiempo y correcciones.
Cruz Saubidet

septiembre 15, 2005

ALLA EN EL NORTE DEL SUR


La sensación real de apunamiento la comenzó a sentir en Potosí, ciudad boliviana a cuatro mil doscientos metros de altura y de un color gris que invitaba a la depresión. Joaquín no tenía tiempo para deprimirse, estaba allí por su propia voluntad y con todos los gastos pagos. Pero no se sentía bien, la liviandad de sus pasos y el estómago revuelto lo obligaron a beberse una buena cantidad de mates de coca y tomar el cuarto de un hotel por las seis horas que restaban a la partida del ómnibus hacia Cochabamba.
Los días subsiguientes viajó a Cochabamba, a Oruro, a la Paz, de la Paz al Yungas y vuelta a La Paz, cruzó la cordillera a bordo de un avión Hércules que hacía de frigorífico y visitó campos increíbles.
Ya estaba cumplida la función de su viaje, le habían pagado para que recorriera Bolivia en busca de campos donde establecer un criadero de búfalos y había conocido muchos lugares interesantes, sacado fotos y concretado valores. Por conversaciones con productores se enteró de una exposición ganadera en Trinidad, en El Beni, al Noreste del país. Si bien no estaba en sus planes, le pareció un desperdicio estar tan cerca y no asistir. Averiguó las rutas posibles y todas representaban entre uno y dos días de viaje inseguro a través de zonas medianamente peligrosas, la única ruta segura implicaba ir a Santa Cruz de la Sierra y desde allí subir por la vía del este, pero serían tres días agotadores. Finalmente optó por tomar un avión desde La Paz a Trinidad, de esa manera el periplo sería de 50 minutos. En la Paz llovía y el frío hacía doler los huesos, una hora después estaba en medio de la selva tropical con 35 grados centígrados y un verde envolvente y húmedo que cubría todo. Bajó del avión en la pista desierta. Un señor de aspecto humilde le ofreció un taxi, aceptó concretando un valor bajo, pero el taxi en cuestión era una Honda de 100cm3 en la que se colocó tras el chofer. En quince minutos pararon en la puerta de un hotel donde Joaquín tomo la mejor habitación. El dormitorio estaba bien, no tenía TV, pero sí baño privado. La puerta daba a una galería que rodeaba un precioso jardín con un aljibe en el medio. La encargada del hotel le sugirió lugares para comer y Joaquín marchó a paso lento por las calles de la ciudad hasta desembocar en la plaza principal. Trinidad era una ciudad maravillosa, daba la sensación de estar en el siglo XIX, no solo por sus veredas techadas sino también por su gente silenciosa y con revólveres en la cintura. Luego del almuerzo tomó el mapa del lugar y buscó el sitio de la exposición. Quedaba retirado, a mas de cinco kilómetros. El mozo le sugirió que alquile una moto y así lo hizo. Montado en la Kawasaki GTO de 80cm3, se sentía feliz, recorrió la ciudad y finalmente se dirigió a la exposición. De tan humilde hasta parecía simpática. Unos pocos animales encerrados y feos, cuatro personas dando vueltas. Eso era todo, se preguntó: ¿cómo alguien tenía el coraje de hacer un panfleto promocionándola como “exposición ganadera de Beni”?. Solo una nota de color, el toro de tres cuernos, un espécimen cebú bastante feo, pero con un gran cuerno que surgía cual rinoceronte sobre su nariz.
En media hora recorrió lo poco que había y conversó con los cabañeros, fueron estos los que lo invitaron a la fiesta de la noche.
Volvió al hotel, durmió una corta siesta, se duchó y partió hacia la fiesta.
El predio estaba en penumbras, pero en una construcción cercana se escuchaba música. Hacia allí se dirigió. La fiesta no era gran cosa, un montón de mesas desparramadas en el terreno, unos tablones con caballetes formaban el bar y en la pista de baile un par de parejas se movían sin demasiado entusiasmo. Como era su costumbre, Joaquín se sentó a observar a la gente mientras se tomaba unas cervezas. El lugar se fue llenando, luego de una hora no quedaban mesas libres y la pista estaba abarrotada. Miró una rubiecita bastante linda y la sacó a bailar, fue lo único que pudo hacer, porque durante la canción no logró sacarle palabra, sin mediar despedidas volvió a la mesa, ahora ocupada por un par de señores. Amagó seguir de largo pero lo retuvieron los invasores invitándolo a sentarse con ellos. Se presentaron. José era del pueblo, le explicó a que se dedicaba pero Joaquín sacó la conclusión de que era medio atorrante; el otro era francés, Michel decía llamarse y andaba viajando solo por Latinoamérica. Había contratado a José de guía y este lo paseaba por la zona en su moto. El francés no hablaba bien español, pero se hacía entender, en realidad, luego de tres horas de cervezas a ninguno de los tres se le entendía demasiado lo que hablaba. La cabeza de Joaquín daba vueltas pero solo quería seguir tomando cerveza y hablando pavadas con sus amigos, estos actuaban de igual manera, por lo que de esa mesa solo salían risas y eructos potentes. A las cuatro de la mañana se apagó la música, pero los muchachos siguieron bebiendo durante media hora más, hasta que el bar cerró. Abrazados los tres y tambaleándose llegaron a las motos, el francés subió a la de José y Joaquín a la suya. No recordaba como volver por lo que debió seguir la otra moto. Al principio iban despacio, pero en cuanto el viento les despejó un poco la cabeza comenzaron a acelerar más de lo debido. Milagroso fue que llegaran sanos y salvos. En la puerta del hotel concretaron verse al día siguiente para ir de pesca. Joaquín durmió hasta la tardecita. Supuso que se había perdido la pesca pero no le importó demasiado, salió a comer al restaurante del día anterior y pasó el resto de la noche mirando TV sentado en una silla en el patio interno del hotel con la belleza del lugar y de la noche. Había un pasajero en el hotel que solo salía de a ratos y regresaba cargado de cigarrillos de rara procedencia, esa noche al regresar se sentó junto a Joaquín, no se dirigieron la palabra, solo compartieron un cigarrillo y luego se fueron a dormir.
Al día siguiente dio por finalizada su estadía en Trinidad, devolvió la moto y tomó un ómnibus hacia Santa Cruz, pero eso es otra historia.
CJS

septiembre 08, 2005

UN DOLORCITO DE MUELAS


El dentista estaba parado junto al paciente, este, con la boca abierta sostenida con una armazón de hierro lo miraba descorazonado desde la inferioridad en que la situación lo había colocado.
El dolor de muelas databa de tres meses pero se le había tornado incontrolable quince días atrás.
Se trataba de la anteúltima de abajo del sector derecho de la quijada, aunque cualquiera que lo hubiese visto los últimos tiempos se habría enterado sin palabras de por medio. La hinchazón se extendía desde la quijada hasta el comienzo de la oreja y asemejaba una pequeña anguila insertada por error dentro de la sufrida piel roja y peluda, puesto que el hombre dejó de afeitarse dos semanas atrás, cualquier contacto con la fiel infectada le generaba una especie de profundos y dolorosos pinchazos que se propagaban hacia el cuello y la nuca y le anulaban cualquier posibilidad de voluntad.
Noventa días atrás, mientras se lavaba los dientes, notó una pequeña molestia que supuso una herida en la encía. Esa contrariedad lo indujo a pasar de forma reiterativa su lengua sobre la supuesta lesión. Mas la herida no era tal, y fue durante el tercer día de fricciones linguales cuando notó que esa parte de la encía había quintuplicado su tamaño y comenzaba a dolerle. Tomó un mondadientes filoso entre los dedos y palpó la muela. Evaluó que el palillo ingresaba por una cavidad y, al llegar al fondo del hueco, le hizo lanzar un aullido de dolor. La zona le latía, y más aún cuando presionaba la hinchazón. Y tanto presionó que sintió una explosión en la boca, como si se vaciara un globo de agua. Hizo unos buches y escupió sangre y pus, pero la felicidad de no sentir ya el dolor ni los latidos le evitaron cualquier impresión sobre el asunto. Por las dudas se tomó dos aspirinas. La noche fue calma.
El siguiente día fue normal aunque no podía evitar pasar la lengua por la encía en incluso tocarla con sus dedos. La hinchazón fue creciendo nuevamente, a la noche ya estaba como el día anterior. Pero no fue lo mismo, en esta ocasión no fue posible explotarla puesto que le faltaba un poco de presión, quizás porque se había extendido hacia el otro lado de la boca. Viéndolo de manera práctica resultaba bastante cómodo, al estar la muela hinchada hacia ambos lados la operación consistía en presionar con el pulgar y el índice para provocar el estallido. No lo logró, con la operatoria solo consiguió más latidos y dolor. Ingirió dos aspirinas y se acostó, a la media hora el dolor lo mantenía sentado. Cuando dieron las dos de la mañana decidió buscar una farmacia que le vendiera algo bien fuerte. El despachante de turno le entregó un calmante enérgico y le recomendó que tome antibióticos para bajar la infección. Así lo hizo, aunque debió pasar más de una hora para que el primero hiciera efecto.
La noche del dolor agudo juró ir al dentista al día siguiente, pero como los remedios lo calmaron bastante dejó pasar una semana, y luego otra. La molestia persistía, pero la dominaba con calmantes varios, en especial pastillas para dolores menstruales. De vez en cuando la encía volvía a hincharse y él volvía a reventarla y volvía a tomar antibióticos que bajaban la infección.
Algo en su interior le impedía ver al especialista, tal vez suponía una pérdida irreparable a pesar que la muela en cuestión ya había perdido una parte dentro de un pedazo de carne y ahora no solo dolía sino que le pinchaba la lengua que no podía dejar de pasar por sus aristas.
Pasaron muchos días hasta las lágrimas. Fue una tardecita en el sillón de su casa. Tomaba una cerveza helada. Se llevó una rodaja de salamín a la boca y en el primer bocado sintió que algo reventaba. La punzada fue tan violenta que se le taparon los oídos, le latía el cuello, la mandíbula, la nuca y parte de la cabeza. A pesar de los esfuerzos y movimientos de cuello no se detenía, busco hielo y se lo puso sobre la cara, tomó dos calmantes de acción rápida, un antibiótico de 750mg. Nada, el dolor se mantenía impertérrito y nada lo combatía, entonces comparecieron las lagrimas cuan trueno después del rayo, brotaban sin parar y, como si fuera un milagro, fueron ellas las que bajaron el poder del sufrimiento.
Esa noche casi no durmió, la posición horizontal incrementaba el dolor y la vertical lo mantenía despierto. Durante el día estaba bien, pero a pesar de los remedios no conciliaba un sueño profundo. El dolor se tornó crónico e insoportable, así y todo no se decidía a cortar por los sano.
Ocurrió una mañana mientras se lavaba los dientes, durante el buche sintió un mareo y un sudor frío en la frente, debió agacharse junto al inodoro y lo arremetieron una serie de arcadas. Luego tomó un te, preocupado por el malestar. A media mañana llamó al médico y le comentó el asusto. El galeno le prohibió seguir tomando calmantes pues el hígado se había resentido y podría dañarse con tanto químico.
Esa misma tarde se presentó en el consultorio del odontólogo dispuesto a perder una parte suya. Se sentó en la silla y disfrutó de los pinchazos de la anestesia. La armazón en la boca le impedía cualquier manifestación, no importaba, mientras el sacamuelas escarbaba con fierritos lustrosos no paraba de contar historias, asegurándose un receptor sin escapatoria.

julio 26, 2005

¿HUMOR? QUE ES ESO


Desde mis diez años, la seriedad ha caracterizado el aspecto de mi cara y una mueca hacia abajo es el dibujo mas frecuente de mi boca.
A su vez, el humor ha sido mi herramienta predilecta y me ha sacado de más de un embrollo.
Entonces me pregunto: ¿Qué es el humor? ¿Qué lo diferencia de otros medios de comunicación?
No tengo demasiado claro el concepto aún, pero es sin duda la representación comunicativa más gratificante. Es probable que también sea la más difícil de todas, ya que es en el humor, donde el plagio queda a la vista con mayor facilidad. Creo que esa es la principal causa por lo que trato de evitar ese estilo literario. Es muy peligroso no caer en el error de imitar a alguien y una de las peores sensaciones que puede tener alguien que escribe es el comentario: Tenés el estilo de tal o ese chiste lo usó tal otro.
El problema en cuestión es que el humor es inevitable, está a flor de piel y salta de las formas más extrañas.
Las charlas en general poseen al humor como separador entre conceptos, como respiro impostergable ante tanta seriedad.
Los amigos necesitan del humor pues es la reafirmación de lo bien que lo pasa el uno con el otro.
Los romances abusan del humor en sus comienzos y este se agranda o se achica a la par de la pasión.
Los padres lo utilizan con sus hijos por simple egoísmo, ya que la risa que nos regalan luego de un chiste o unas cosquillas nos llenan el espíritu de felicidad.
Los profesores lo usan como un medio de acercamiento, aunque no siempre da buenos resultados.
Los gobernantes lo utilizan pero no siempre entendemos la gracia, ellos se ve que sí, ya que se ríen a carcajadas.
No tengo que aclarar que el humor está en todos los conceptos de la vida y que el de calidad está muy emparentado con la inteligencia. El humor debe ser rápido, debe calzar como una ficha de rompecabezas en ciertos casos y en otros debe descolocar al interlocutor, dejarlo tecleando como si se le hubiera caído un piano en la cabeza.
El humor debe ser maleable de acuerdo al interlocutor, el que lo utiliza debe poder diferenciar hasta que punto el chiste se transforma en agresión, como así también en que momento nos deja como tontos
Otro tema que me ha desvelado es la personalización del humor. De alguna manera, una situación o entorno determinada puede generar elementos sutiles, pero estos pierden toda su gracia sacándolos de ahí.
Por eso señores, debo aclarar que todo lo que dije no sirve para nada pues la única realidad del humor es la sonrisa que despierta en los demás, por lo tanto, por más que me esfuerce en catalogarlo una de las cosas que quiero en esta vida es “cagarme de risa”.

julio 20, 2005

TODOS ESTAMOS EN LA MISMA


Publicado en el Nuevo Cojo Ilustrado (www.elnuevocojo.com)

El mundo parece más chico

Las cosas se agrandan y se achican, en general no podemos apreciar la transición porque estamos haciendo otra cosa.
Las cosas crecen y disminuyen de acuerdo a los ojos que las observan, y no se trata de ojos diferentes, en general es el propio ojo el que mira distinto. ¿Será que el tiempo envejece la vista? ¿Será que no-solo el cuerpo se hecha a perder? ¿Será que me pongo a pensar huevadas?
Recuerdo que hace mas de 13 años andaba errante por Bolivia, de norte a sur y de este a oeste observando todo. ¡Que grande era el mundo! ¡Que lejos que estaba todo en distancia y tiempo! Porque la lejanía muchas veces la decide el tiempo, ¡me lo van a negar! Todo el mundo dice Tiempos lejanos y lo dice bien. Consciente creé que está cometiendo un error gramatical imperdonable, pero tiene razón. El tiempo es distancia y casi nunca el maldito, permite volver sobre los pasos.
El mundo era gigante en Bolivia, todo estaba lejos y atrasado, la gente misma vivía en una realidad acorde al tiempo de su país.
Desde allá, Buenos Aires daba la sensación de súper potencia cultural-intelectual-tecnológica, eso me hacía sentir bien aunque no me servía de nada.
Cuando años después me instalé en Buenos Aires el mundo se me achicó un poco, al fin de cuentas vivía en el ombligo del país, incluso suponía que estaba en la cumbre de Latinoamérica. Con el tiempo, luego de conocer Río de Janeiro y San Pablo, comprendí que mi concepción del mundo estaba un poco trastocada, así y todo me encontraba en un sitio que para millones de personas significaba la meca de civilización.
Luego de mucho tiempo, el destino me colocó en la gran ciudad de Nueva York y digo gran ciudad no por el tamaño (es más chica que Buenos Aires) si no por lo que significa este lugar.
Ahora sí estoy en el ombligo del mundo y ahora sí todo es más pequeño.
Por esta parte del mundo se condensan y concentran todos los dineros y todas las culturas de la tierra, no exagero e incluso tratar de explicar lo que es Nueva York sería imposible sin caer en errores garrafales. ¿Cómo no voy a ver todo más pequeño?
A pesar de que la empatía siempre fue mi punto débil, viviendo entre tanta gente con historias tan dispares e interesantes, se me fue potenciando poco a poco.
Mi amigo Emin, que llegó hace tres años de Alejandría en Egipto huyendo vaya a saber de qué, trabaja en una panadería por las noches y durante el día muchas veces no puede dormir por el ruido de la calle, pero vive mejor que allá y pudo traer a su mujer y su hijo hace un año.
Aminin, se vino de Marruecos luego de casarse con un casi desconocido que le había enviado el currículo a su padre solicitándole la hija, dice que está muy feliz, pero que mataría a su marido si se le ocurriese buscar una segunda esposa tal como la ley del Corán le permite.
Awan llegó hace un año y medio de Nepal a vivir con su hermano, debió aprender un nuevo alfabeto e idioma, cuenta que en su aldea no había autos ni motores de ningún tipo y el primer avión que vio en su vida fue el que lo trajo aquí.
Jonas quedó viudo hace cuatro años en Lituania, es ingeniero y estudioso de la geografía, su hija lo convenció a vivir con ella y se vino a recibir el amor de los nietos que le hicieron descubrir la Internet, con la comparte gran cantidad de horas.
María perdió a sus hijos al separarse de su marido americano, su estatus de mexicana le jugó en contra en el juicio y ahora puede verlos una vez al mes, para colmo de males viven en Carolina del Norte, bastante lejos de New York.
Daisy vivía muy bien en Nicaragua, pero el gobierno de Ortega le confiscó todos los bienes y huyó junto a su marido dejando todo a reencontrarse con sus hijos que estudiaban aquí. Nunca quiso volver.
Vasilika, con 15 años, llegó a la ciudad luego de perder a su familia en Albania, la recibió una tía. Dice que se aburre mucho y que no encuentra amigos.
Mujta llegó de Pakistán luego de los atentados de las torres, contra las costumbres familiares, se desprendió de túnicas musulmanas y anda de civil por la vida, piensa en casarse con un americano algún día.
Taslima fue a casarse a su Bangladesh y regresó cargada de túnicas, sus nuevas ropas coloridas la hacen feliz, son muy bonitas a diferencia de las árabes.
Andrea llegó hace siete años de su Quilmes natal, en Argentina, se quedó como ilegal y se casó con un mejicano, trabaja en una panadería y tiene una hija, lo único malo es que tiene que vivir con su suegra y que si viaja a Argentina ya no podrá regresar a USA.
Jorge lleva 5 años de ilegal en Nueva York, en México dejó a su mujer embarazada y a sus hijas de 5 y 11 años. Allá arreglaba máquinas de coser pero no alcanzaba, trabajó duro y mandó religiosamente el giro mes a mes. Hace dos años tuvo un accidente laboral que lo mandó varios meses al hospital, la compañía de seguros siguió pagándole el sueldo hasta hace un mes, momento en que comenzó el juicio, espera ganarlo y hacerse de un dinero con el que volver a su país.

Como verán, cuando hablábamos de crisol de razas en Argentina o en otros países latinoamericanos resultaba un poco exagerado, es aquí donde realmente se concentra el mundo, lo expuesto fue una muestra pero los casos son infinitos y todos tienen sus historias con más o menos dolor y nostalgia.
Todos los países del mundo tienen aquí su representación y algunos hasta sus barrios o zonas.
El mundo parece más chico, está representado en las calles de la ciudad, en las ropas, en los idiomas, en los colores de piel y hasta en las diferentes formas de andar. En esta ciudad, si en Manila, el equipo nacional de Filipinas gana la copa de pesca en bote de 5hp, de seguro sonarán algunas bocinas y se verán banderas de ese país en varias ventanas.

Por eso aquí es tan fácil la empatía, la mitad de la población está desarraigada igual que uno, y eso ayuda a no sentirse tan solo por un lado y por otro a fortalecer algunos ideales rezagados por la realidad de nuestros países.

Cruz Saubidet
Junio 20, 2005

julio 13, 2005

A LOS PASOS DE NEW YORK (21-10-2004)


Pasa el tiempo de manera inaplazable, no hay como detenerlo, solo aminora su marcha cuando la situación exige rapidez y se torna inalcanzable cuando la felicidad es grande y todos los deseos apuntan a extender la dicha.
Ha querido el destino o la suerte o la alineación planetaria que aun no haya tenido situaciones que exigiesen rapidez. Bueno, si, antes no éramos así, pero en estas tierras se nos torna imposible llegar a la estación de trenes con tiempo de sacar el pasaje en ventanilla. Nada demasiado grave, solo que sacar el pasaje arriba implica un gasto extra de 2 o 3 dólares por cabeza sin rulos. Digo así porque Amparo todavía no esta obligada a pagar boleto, puede hacerlo, nadie lo impide, pero no creemos que sea traumático para sus estructuras psicológicas el hecho de viajar de polizón. Tal vez lo sería si los guardas al menos preguntaran por su ticket, pero no, hasta la saludan y conversan pero no le exigen nada a cambio. ¿Cuánto durará este ahorro? No solo no tenemos idea, sino que ni siquiera tratamos de averiguado, claro tenemos que las condiciones no son iguales para viajes en colectivos, por ello siempre viajamos sobre ruedas de hierro. Hablo de transporte de larga distancia solamente. En el caso del urbano no hay problema, siempre y cuando no supere tantas o cuantas “inches” de altura no deberá pagar boleto alguno y si en un tiempo la ven caminar encorvada, no duden que vamos rumbo al subte.
La “home work” o la tarea escolar ha dejado de ser un problema. Les conté anteriormente que Miss Moltís se empecinaba en exigirle a mi hija un trabajo hogareño, ¿les parece? 4 añitos tiene nada más. Pero sí, desde niños deben ser responsables carajo, llénenles la cabeza por adelantado, total todo entra, y lo que no, saldrá por algún lado, Dios no quiera que sea esquizofrenia, perversiones u otras mañas. Aunque las estadísticas lo demuestran, tanta competencia desde tan corta edad no puede ser buena. Siguiendo con la tarea, algo pasó, no sabemos que, pero de un día para otro, la hace de buena gana y si no le dan, nos pide que le demos cosas para hacer, principalmente letras y números. Por estos pagos la caligrafía no se ha eliminado. Lógicamente son más prácticos, recuerdo en la primaria, que había que escribir las letras sobre una especie de pentagrama. Bueno, acá son 3 rayas o sea que los renglones son 2, en el de abajo van las minúsculas, cuyas elevaciones grafológicas pueden extenderse hasta el renglón superior pero su base, no superará los limites del inferior, aunque si el destino así lo quiere y debemos escribir una “p”, su palito estará limitado por el renglón de abajo. En el caso de las mayúsculas no se presentarán problemas, pues ellas nunca osarían salir de los límites impuestos y que son más que suficientes para sus desperezos. Ya vamos por la “F”, una cada semana. Lejos, la que mejor le sale es la “D”. En realidad va por la “F” en el jardín, ya que en casa ya ha aprendido todas y está empezando a formar algunas nuevas palabras. Ayer escribió “tomate” y “estúpido” casi sin ayuda. ¡Pensar que llegó solo escribiendo su nombre, papá y mamá!
El inglés se le va metiendo sin que se dé cuenta, piensa que no entiende nada, pero razona casi todo. Silvina le habla en ingles en algunos momentos, como para chequear el avance y la niña responde siempre de manera favorable.
No así el mío, este tema es más tedioso y complicado. Indudablemente algo voy aprendiendo, entiendo algo de lo que me dicen y puedo leer el diario, pero no puedo interpretar una serie de TV o el noticiero. Dicen que a caminar se aprende caminando, el problema es que yo camino poco en esto de comunicarme con otras personas.
Ya ha pasado un mes de mi último reporte, por algo será pienso como esquivando la palabra fiaca, es un poco por eso y otro tanto porque estoy focalizado en dos temas importantes. Por un lado esta mi primera novela, el titulo sea tal vez “miseriedad” aunque no puedo asegurarlo. A pesar de enmarcarla en ciertas ideas e historias, la muy perra, ha tomado una especie de vida y tiende a llevarme por caminos un poco difusos. Así y todo vengo conforme con la producción y, por primera vez, creo que va a tener un final. El otro tema que me ocupa, es mi labor periodística. Estoy produciendo una discreta cantidad de artículos que mezclan ficción y realidad y cuya trama principal es la Argentina. Poco a poco voy entendiendo que es lo que buscan los medios latinos, incluso ya coloqué uno en un diario. Se enterarán cuando lo vea publicado mas no serán partícipes del reparto del dinero.
Indudablemente debería moverme con mayor rapidez en busca de dinero, pero como este viene alcanzando bien y mi novela y escritos a buen ritmo, nada me apura o desespera demasiado.
Novedades, lo que se dice novedades, no hay. Salvo el clima, tan puntual en sus cambios como ya he contado. Está empezando el fresco, frío aun no ha hecho. Las estufas se prenden cada tanto. Lo que da deleite ver son los árboles y sus colores, muy bonitos, ya está. Más me llama la atención el cambio de color de las ardillas, supongo que están cambiando sus pelos. Por el momento son mitad gris y mitad coloradas, un poco extrañas y ya no tan lindas.
Con el descenso de la temperatura la gente se nota indecisa. Junto aun muchacho de remera pasa una chica con campera-guantes-gorro, quien estará más incómodo, solo ellos lo saben.
Tema que no me simpatiza para nada es Halloween, ¡qué fiesta pelotuda! Todo el mundo está tan pendiente de los preparativos, puertas de casas y jardines, negocios, supermercados; hace más de un mes que todo viene disfrazado de calabazas, ¿para qué? Vaya uno a saber, los bajitos van a pedir golosinas por las casas disfrazados y cagados de frío, pobrecitos, pensar que lo hacen por los padres y ni ellos se dan cuenta. En el jardín de Amparo va a haber la fiesta de Noche de Brujas (sí, es un colegio católico, pero ya les comenté que el marketing no conoce de religiones) los niños elegirán su calabaza, ¡qué emoción me da el puré que haré el primero de noviembre con la calabaza más cara de la historia!
Después vendrá el día de acción de gracias con su pavo correspondiente y más lejana, aunque los negocios la venden como si fuera mañana a la siesta: La Navidad.
Habrá que ver, pero me da la sensación que lo único que importa de los festejos son los preparativos, gastar plata comprando boludeces en función de una fecha, que al llegar, ya no tendrá demasiado sentido. Allá ellos, este año no me disfrazo de momia porque aumento el papel higiénico y con rollo de cocina queda feo.
No ocupo más de vuestro precioso (solo porque allá es primavera) tiempo. Por más que nada suceda, es innegable que cada minuto que pasa puede representar un hecho relatable, déjenmelo, que con un poco de esfuerzo e inventiva hasta le hago un cuentito. No les prometo belleza, pues son pocas las palabras que conozco, ni buena redacción (ya saben que me lleve lengua de 1º año con el profesor Valli), ni siquiera buena ortografía (aunque el Word hace milagros).
¡Mejor no me pidan nada! Que indudablemente, es lo que me mejor me sale.
CJS in NYC

¿CANCIÓN VS. POESIA?


“Una voz bella quien la tuviera, para cantarte toda la vida...
“La gota de rocío, del cielo se cayó, y en ella el amor mío la carita se lavó...”
“...Y cada vez más tu, y cada vez más yo, sin rastro de nosotros...”
“...Por eso niña te pido, que no me guardes rencor, yo no puedo darte amor, ni vos podes darme olvido...”
“...Busco acaso un encuentro, que me ilumine el día; y no hallo mas que puertas, que niegan lo que esconden...”
“...me gusta estar al lado del camino, fumando el humo mientras todo pasa, me gusta regresarme del olvido, para acordarme en sueños de mi casa,,,”
“...me cansé de amarte, no te quiero mas...”
“...solo el amor, engendra la maravilla...”
“...solo le pido a Dios, que el dolor no me sea indiferente...”

Que cosa linda la canción.
Que alternativa digna a la poesía.
Que sofisticación de la simpleza solo para transformarla en accesible.

Pasa el tiempo, a su trajín, mucho va quedando en el camino. A medida que las profesiones y los gustos cambian, el entorno secundario lo hace también.
Cuando fui estudiante, fueron mis compañeros del colegio a los que dirigí mis energías, luego los de la universidad y por ultimo los del profesorado.
Cuando la ganadería ocupó mi tiempo me volteé hacia colegas de oficio, consignatarios de hacienda, agrónomos y veterinarios.
Cada vez que tuve que vender algo, fueran pasajes de avión, abrasivos o vinílicos; ahí estaban los clientes como principal fuente de desvelos.
Durante años ocupé una especie de gerencia en una clínica y fueron los deudores los que me tuvieron en vilo.
El año que la docencia me enamoró, mis alumnos ocuparon mis pensamientos, eso sí, la cuota de afecto fue mucho mayor.

Junto con esos sentimientos de segunda índole, se presentaron desordenados los principales.
Mis amigos ocuparon un papel trascendente en mi formación sociológica y cultural, muchas veces los consideré imprescindibles a mi vida, sin duda los eran y lo son, pero descubrí que la línea de afecto soporta largos períodos de incomunicación y desencuentros.
No fue casualidad que tuvieran todos ellos una estrecha relación con el arte, especialmente la música. Resultaba imprescindible una guitarra en los encuentros y no había problema en canjear charla por canciones, muchas veces más efectivas y unificadoras. Algunos se endeudaron en pos de editar sus discos o publicar sus versos, nunca recuperaron la inversión.
No sé bien por que razón aprobé con énfasis los discos y condené las publicaciones. Supongo que siempre las canciones me resultaron más accesibles que los poemas. Adueñarse de una canción es fácil, tararearla, cantarla o estropearla es algo placentero, no tiene tiempo ni lugar y la belleza de su poesía se incrementa con los acordes.
Hacerse de una poesía es más difícil, ingresa de otra manera, más bruta, más rígida; y su autor, nunca se retrae de sus versos.
Tímidamente fui poeta inadvertido, a la vez, tuve la osadía de componer algunas canciones que interpreté sin reparos ni vergüenzas a pesar de mi impericia técnica y vocal. Sentía que debía compartir las canciones, pero los versos... navegarán años silenciosos y solo verán la luz el día que no deba rendir cuentas de mis errores.
Así las cosas, hoy día que mi oficio es de escritor, quizás sean los lectores a quienes debiera enfocar mis energías, pero es mucho más complicado. La búsqueda de la belleza es demasiado propia como para orientarla hacia un grupo de personas, el conformismo no se logra con el éxito ni el fracaso, lo más probable es que muera sin conseguirlo.
Mientras tanto tendré que ocuparme de mis afectos primarios (amigos, familia), siempre proveedores de sentimientos importantes y que, al menos por un rato, me hacen olvidar de la cantidad de cosas que sé que no hago bien.

CJS in NYC

OTRAS YERBAS



Aquí la intención es relatar y compartir escritos de cualquier tipo y aceptar críticas. Cualquiera puede probar su pluma y cualquiera defenestrar al compañero.
Avanti

Ahi va un versito:
LOS HORARIOS DEL AMOR

Cuando temprano el amor
me golpeaba la ventana
no entendí lo que pasaba
y utilicé la razón.

Una tarde me encontró
despidiendo al de temprano
y tomándome la mano
los horarios me cambió.

Que raro el amor de día
le falta el halo de duda
y esa especie de locura
que da la noche a la vida.

Y una noche por fin apareció
yo lo estaba esperando hacia tiempo
y desconociendo el sentimiento
lo confundí con caricias y pasión.

Y esa noche de locura y emoción
de mimos obscuros y rock&roll
te quise tanto que por si acaso
me deje robar el corazón.
CJS