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abril 08, 2008

otro sueño

“La iba a buscar. Salía y me saludaba con un beso, era una mujer, creo que mí mujer aunque estaba borrosa. De pronto miré a mí alrededor y me encontré en la puerta de un motel. Me pregunté porque razón la venía a buscar a la puerta de un motel. Ella me explicó que estaba con el ex novio, que conmigo estaba todo bien. Caí en la cuenta que una vez por semana la pasaba a buscar por esa puerta. Me di cuenta que una vez por semana y sin reparos, mi chica tenía encuentros sexuales con otro tipo. Me enojé, pero lo que más me enervó fue darme cuenta después de tanto tiempo. Me sentí un pelotudo y la mandé a la mierda, ella me dijo que ya lo habíamos hablado y que no me enojara. Yo seguí enojado y ella insistió en que yo había aceptado la situación y no entendía porque justo ahora me enojaba. ¡Porque me acabo de dar cuenta que cogés con otro! O lo que es peor: necesitás coger con otro. Porque ella me había planteado la situación como una necesidad. Pero en ese momento caía en la cuenta que la necesidad era física y yo pensaba que era espiritual. Me sentí mal y quise despertarme, no pude, mi chica insistía en que me quería aunque quería seguir con la rutina, la mandé a la puta madre que la parió y decidí despertarme”

sueño

Soñé con una casa. En realidad era mi antiguo colegio, solo que compacto, todo más angosto, como si le hubiesen sacado los patios y todo fuera puertas, pasillos y escaleras. Yo no tenía miedo de andar por los pasillos, iba con alguien que estaba atemorizado y me decía que siempre había ruidos extraños que salen de las habitaciones superiores. Subimos por escaleras cubiertas de tierra y telarañas, siempre surgía otra, algunas puertas se abrían y las habitaciones eran iguales de brumosas y sucias que todo a mí alrededor. Me encontraba solo. En ese momento comprendí que era la casa la que me necesitaba. Necesitaba que alguien hiciera ruidos en los pisos superiores, aquellos a los que nadie accede. El anterior encargado había muerto después de tratar de salir durante años, comprobé que no era posible escapar, las escaleras siempre ascendían y al treparlas se bloqueaba la posibilidad de descenso. Una especie de video juego en donde es imposible volver a la pantalla anterior. Me sentí condenado de por vida, mi miedo no era por el lugar tenebroso, no tenía de que temer ya que estaba solo y no existía margen para la duda, mi terror era no poder salir nunca. Cada tanto aparecía una ventana en alguna habitación, pero no podía abrirla. Entonces iba en busca de algún elemento que me ayudara en la operación. A mi regreso ya no estaba y tras la puerta de escape surgía una escalera que no podía evitar subir.

abril 23, 2007

¿HACER REALIDAD LOS SUEÑOS? DIFICIL....

Despertarse maravillado por un sueño es una de las sensaciones más gratificantes y a la vez más escabrosas que puede sentir una persona que escribe.

Algunos sueños suelen expresar emociones demasiado reales y gratas. Muchas veces me sentí feliz dentro de un sueño, esos que penden apenas de la realidad y que mientras duran, uno los cuida como si cualquier cosa pudiera romperlos. Las sensaciones que generan los sueños son muy difíciles de sentir en el mundo de los despiertos y la felicidad regalada por la simpleza onírica no suele ser tal cosa cuando los ojos están abiertos y los sentidos alerta y protegidos de sensibilidades exacerbadas.

No conozco escritor que no se haya despertado con la imperiosa necesidad de escribir el sueño que ha tenido, pero en general suele ser una empresa inútil, nada interesante puede salir en comparación de la realidad del sueño en sí. Porque las sensaciones subconscientes de nuestras horas de descanso poseen otra dimensión y por ende no pueden traerse fehacientemente al mundo de la luz y los colores.

No solo he fracasado en escribir algunos sueños, también traté alguna vez de vivirlos con el mismo resultado.

He soñado con viajes junto a personas con las que conversar era fabuloso, he soñado partidas de poker interesantes, he soñado que cantaba afinado, he soñado con asados y vino, he soñado con triunfos académicos, he soñado con mucho dinero en mis manos, he soñado muchas cosas alegres y también tristezas. He tenido sueños eróticos intensos de orgasmos prolongados y otros precoces.

Interpretar los sueños puede ser una actividad entretenida para algunos, pero por ahora no lo considero importante, es posible que si tuviera un sueño doloroso y reiterativo trataría de saber las causas, pero por el momento, mis actividades ojos adentro vienen, no digo siempre alegres, pero al menos variadas. Tampoco juego a la quiniela o sea que no necesito numerar el tema en cuestión y por otro lado, me revuelven las tripas los “chantas” que dan vueltas a través de la interpretación onírica. Si sueñas con queso (¿quién sueña con queso?) tendrás buenas ganancias, si sueñas con un loro, alguien te adula falsamente o si sueñas con serpientes Silvio Rodríguez te firmará un autógrafo con la mano izquierda.

El tema es cuestión, y que me llevó a esta prolongada introducción fue un sueño que tuve anoche, anoche soñé con una radio que transmitía por las tardecitas para un pequeño público campestre del norte argentino, por supuesto que el sueño fue maravilloso y pasaban un sinnúmero de cosas, pero a pesar de mis esfuerzos solo puedo explayarme en un escueto resumen y nadie podrá disfrutar como yo hace unas horas de la felicidad de poseer la emisora de radio mas humilde del mundo. Pero ya es tarde.

Soñé una poesía de tiempos olvidados / De miradas angulosas con finales varios / Y encontré entre las cosas de mis años mozos / Recuerdos gozosos y algunos calvarios. CJS®

Mejor, para cerrar esto, me sujeto de don Calderón de la Barca, él tipo rimaba un poco más lindo:
Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.


febrero 14, 2006

SUEÑOS RAROS


Estos días de fuerte gripe y sueños interrumpidos, a mi subconsciente se le ha dado por soñar con la historia Argentina.
Suena extraño quizás, pero todo tiene su lógica, pues he pregonado desde aquí que la historia está cargada de gruesos errores y por ello me cuesta hasta lo imposible creer en ella.
La noche del viernes para el sábado soñé que debía caracterizar a Bernardino Rivadavia y a Juan Manuel de Rosas. Yo trabajaba en un periódico y mi escrito tenía que relatar dos fotos parecidas (eran Rivadavia y Rosas) pero sin criticar a ninguno de ellos pues estaba seguro de mi muerte si lo hacía.
Creo suponer que la disyuntiva onírica provenía de un artículo que había escrito para el diario sobre las caricaturas de Mahoma en el cual me había esforzado por ser imparcial y no creo haberlo logrado.
Del sábado al domingo soñé con Sarmiento, en este caso el bache se producía al momento que mi subconsciente no poseía demasiada información sobre los actos de gobierno de Domingo Faustino y sí aspectos de su personalidad progresiva, liberal y extremadamente racista. Debido a la falta de información antedicha, el sueño giraba en torno a banalidades, pero me exigía acumular información para continuar durmiendo tranquilo. A las tres de la mañana, después de tres repasos del mismo sueño opté por despertarme y hurgar entre mis libros alguno que hable del hombre. A las tres y media, totalmente desvelado, me sumergí en un libro de Felipe Pigna que, al menos para los requerimientos de mi sueño, me sirvió de ayuda. Apagué la lámpara en los márgenes del día, pero los sueños subsiguientes no se vieron reflejados en las lecturas.
Del domingo al lunes soñé con indios. Fue un sueño muy triste, desesperanzador. Los indios se iban al galope hacia el sur, siempre galopaban. Yo sabía que alguien los perseguía, pero como iba con ellos no me daba vuelta para mirar quienes eran. Me desperté cansado y transpirado, con un nudo en la garganta y una necesidad de leer sobre las conquistas de las tierras de los indios argentinos.
En eso ando, descreyendo un poco de cada autor, pero formándome un panorama de cómo puede haber sido esa matanza.
Anoche no soñé, estaba debilitado por las noches anteriores. Hoy me desperté a las cinco de la mañana y ya no pude seguir durmiendo.