Las ideas vienen, fluyen y se van, la mayoría de las veces sin dejarme una conclusión satisfactoria. Eso sí, en ese momento hago uso de ellas y esas insostenibles afirmaciones pueden hacer de una conversación tediosa un momento digno de mención en charlas posteriores. Por eso debo recordar cada charla que he mantenido para no caer en una contradicción tras otra y ser considerado como lo que soy: un gran fabulador.
Estoy conciente de que ese defecto no se trata de un problema psíquico ni se ha desencadenado por efecto de situaciones conflictivas de mi vida, simplemente es genético, mi madre es así y mi abuela materna podría decirse que era la mejor.
Me resulta cómico observar a mi mujer cuando hago mis exposiciones extensas y detalladas sobre cualquier tema, su mirada es la misma que hace mi padre cuando mi madre arremete y es posible que mi abuelo, al que no conocí, hiciese la misma volada de ojos.
Los temas son infinitos:
Una charla sobre los chinos de Flushing puede desencadenar una teoría sobre las relaciones interraciales oriental-occidental. Ahí gano el foco de la discusión y aseguro sin dar cabida al error que no se trata de que los norteamericanos busquen una geisha de amante sino que, dadas las pequeñas proporciones peneanas de los hombres orientales, son ellas las que buscan individuos mejores dotados que las satisfagan. Y como la naturaleza es sabia pero no inconsciente, difícil es encontrar una pareja mujer oriental-hombre afro americano, porque caeríamos en la historia de la hormiga y el elefante.
En el caso de las chicas occidentales, por la misma razón, es improbable que las veamos del brazo de un oriental.
Hasta ahí bien, pero pasó que me invitaron a una fiesta y en ella me encontré con tres japoneses del brazo de chicas occidentales, incluso una era afroamericana. Deben ser millonarios pensé, pero los muchachos vivían en Queens y estudiaban en un college de tercera categoría. Mi teoría dio por el suelo y ya debo descartarla de toda reunión, incluso cambiar de tema si los que la escucharon comentan sobre ella.
El problema de la inmigración en EEUU me ha incitado a promulgar varias teorías que, desgraciadamente, aun no fueron dadas contra el piso por la realidad. Hace más de un año, yo aseguraba que todo seguiría igual o peor, que los políticos yanquis no moverían dedo alguno por regularizar la situación de millones por una sencilla razón: Les conviene dejar las cosas como están. Un país como este necesita gente que no ahorre, que siempre esté endeudada y que gaste, que gaste todo lo que tiene. Trataron de refutarme con el tema de las remesas enviadas por la diáspora mes a mes, pero así y todo, vivir acá no es gratis y el inmigrante se ve tentado rápidamente a consumir, consumir y consumir.
Desde el momento que le permiten al inmigrante indocumentado pagar sus impuestos y registrarse en el IRS sin que los datos se crucen con la migra, caemos en la cuenta que por bastante tiempo la cosa seguirá como está.
Le tiran algún hueso cada tanto para dejarlos tranquilos. El año pasado permitieron las marchas sin represión, este año, a pesar de ser muchísimos menos, ya les pegaron un poquito, el año que viene, los pocos que se animen a manifestar, van a correr serios riesgos de deportación.
Este país necesita de los indocumentados para poder seguir creciendo con mano de obra barata, muy pocos oriundos de aquí trabajarían por 6 o 7 dólares la hora, les conviene el seguro de desempleo.
Así y todo, creo que en el 2009 o el 2010 va a haber una reforma migratoria, eso después de tener la frontera bien cerrada y protegida.
Muchas de mis teorías producen en mucha gente una antipatía hacia mi persona que por el momento no me cuesta ignorar.
Cuando hablo de religión y considero que todas las religiones son un invento y que han utilizado a Dios como motivo y excusa de cuanta cagada se ha hecho en el mundo, muchos me miran con desprecio.
Cuando aseguro que todos lo cantantes, actores u otras personas que pregonan salvar a la naturaleza y al mundo son unos “chantas” que solo buscan prensa, algunos me insultan, incluso a mí me hace feo pensar así.
Cuando descreo de todos los gobernantes porque considero que su llegada al poder se debió sin duda a un entramado de pecados y transas, la mayoría de la gente me mira con lástima y me aseguran que nunca seré feliz.
Mi teoría sobre el sexo y la comida como únicos movilizadores de la raza humana (ver teoría) ha tratado de ser refutada, hasta el momento sin mucho éxito.
Cuando aseguro que el machismo existe porque es un invento de las mujeres que prefieren una vida con menos sobresaltos, muchas me escupen y aseguran que no es verdad, eso sí, prefieren a su lado a un hombre de carácter. Incluso no me creen cuando aseguro que el orgasmo masculino no es gran cosa si no esta acompañado de la satisfacción de haberle brindado otro a la pareja.
Las teorías son muchas, a veces me asusto al encontrarme parecido a Lord Henry, aquel personaje de Oscar Wilde que llenó la cabeza de ideas a Dorian Gray, por suerte, mis interlocutores no me toman tan en serio.
Cruz J. Saubidet®
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mayo 23, 2007
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