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enero 03, 2007

Manual absurdo para escritores de cartas de amor.

Los tiempos han cambiado decía mi abuela, luego mi madre y ahora, con dolor en el alma debo admitirlo, yo.
La comunicación ha mutado hacia nuevos símbolos antes impensados y debemos de valernos de ellos a la hora de expresar nuestros sentimientos.
La codificación amorosa es muy distinta que antaño, convenimos pronunciar con alegría que un sinnúmero de hipocresías que durante centurias llenaron las comunicaciones epistolares entre amantes han dado por el piso de la realidad.
¿Qué será de los poetas melosos glorificadores del amor más puro?
¿Qué quedará de aquellos manojos de sueños que recitaban trovadores ante públicos inocentes?
¿Quién querrá morir por amor en estos tiempos en los que se muere por petróleo?
A no desesperar, las palabras escritas seguirán siendo mensajeras del amor por los siglos de los siglos.
Pero, aquel amor que nuestro abuelo recitaba a nuestra abuela, que mantenía su virginidad para él mientras él no correspondía, ha quedado en el olvido. Desde que el sexo y el amor son uno solo, hombres y mujeres han debido hurgar nuevas alternativas a la hora de describir sus sentimientos. No ha sido tarea fácil y el camino es aun empedrado, mas es posible resaltar sentimientos en el otro valiéndose nada más que de recuerdos.
¿Cómo emocionar a nuestro ser amado con palabras escritas?
No es fácil, pero posible.

Una de las técnicas más utilizadas en la actualidad es la “esquela amorosa”, enviada por email o mensaje de texto al celular del ser amado. He aquí una prueba para la capacidad de síntesis del emisor. En los pequeños mensajes, es imprescindible hacer hincapié en dos elementos ineludibles. Un encuentro anterior o un futuro encuentro.
“Fuiste un león/leona”, “no veo la hora de verte”, “te espero perfumado/a”, “¿no habrá sido demasiado?”, “el último fue el mejor”, “¡preparate!”, etc. etc.
Estos pequeños mensajes cumplen una función libidinosa y generan un candor en vistas al futuro encuentro.
No solo es sexo en la vida, también la comida es importante, y la metáfora es muy utilizada al momento de ponderar al ser amado: “pancita de durazno”, “ojitos de almendra”, “mi jamón del medio”, “te parto como un queso”, “budincito esponjoso”, “que sabrosa/o que estabas anoche”, etc. etc.
Puede usarse la poesía, por ejemplo: Y de los efluvios derramados/ producto de caricias y de besos/ mis bigotes quedaron impregnados/ y me relamo esperando tu regreso.

No quiero defenestrar al amor puro, pero me parece que es mucho más efectivo y agradable que nuestras epístolas generen “sensaciones lúbricas”. Instituyo que una carta que dice “te amo, soy tuya/o para toda la vida” en mucho menos tentadora que “mi cuerpo te extraña, quiere ser tuyo” Porque el cuerpo termina mandando y al asegurarnos que el cuerpo de nuestro/a amada/o desea ser nuestro, tenemos el camino libre para disfrutar el resto de las cosas.

Si bien es poco utilizada la hoja de papel, nada impide escribir a mano ni comprar estampillas, sin embargo, pueden escribirse emails de amor extensos sin quitarle romanticismo al acto creador. En este caso recomiendo adjuntar un documento de texto a nuestro escrito con un título prometedor: estaremossolos.doc, mequemomientraspienso.doc, soslomaslindo.doc, sientomuchascosas.doc, eldiafuelargo.doc, meestoyquemando.doc, cuentolosminutos.doc, etc. etc.
Un elemento importante es determinar el estilo preferido de nuestro/a destinatario. Valernos de la música que escucha es un buen método, nuestro estilo puede variar si nuestra/o enamorada/o escucha Cheyene, Arjona, Sabina, Queen, Peter Gabriel, Eminem, sex pistols, 50Cents o Maná. Lo que no puede variar es la esencia del mensaje, queremos que se sienta sumamente deseada/o. Después podemos agregar las falacias “comprendido/a”, “tenida/o en cuenta”, “respetada/o”, “amada/o” pero si olvidamos “el deseo” estaremos ante una correspondencia vacía y prescindible. Es importante destacar elementos del ser amado como lunares, color de ojos, forma de caminar, tono de voz, forma de acariciar, cola, sonrisa, etc. como generadores del deseo, como encendedores de nuestra pasión.
Nunca olvidemos que una carta de amor es un mensaje comunicativo extra a nuestra comunicación normal y que como tal no debe cubrir baches cotidianos sino ser un regalo y nada más que eso. Por ende, si abusamos de ellas, caeremos en la melosidad desagradable y las convertiremos en algo carente de importancia. Ellas deben ser chispa, deben encender y hacer un poco más feliz a nuestra pareja. No valen las mentiras ni las promesas eternas, la inocencia quedó en el tiempo y con ella la necesidad de afirmaciones innecesarias.
El ejemplo lo dejo para otro momento, pero es bueno ir practicando.
Cruz J. Saubidet®
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marzo 17, 2006

A quien corresponda (Monólogo conmigo mismo)


-¡Que quieren que escriba! ¿Sobre quien? ¡Pero no, señores!, No estoy en condiciones de hacerlo, ¡de ninguna manera!.
El problema, es que la editorial no aceptaría nunca un ensayo favorable sobre él. Y es un amigo, ¿cómo voy a criticarlo?
Desde ya que puedo hacerlo. Saben bien que solo un gran amigo posee todos los elementos necesarios para detestarte, pero ese es el tema, a pesar de todo, te quiere.
¡No voy a hacerlo!, Señores directivos. Soy leal, y por mas que no comparto el 85% de lo que ha hecho, y se lo he dicho personalmente, no voy a plasmar en papel nuestras diferencias.
Saben bien ustedes, que fue la fama, nada mas que la fama, quien lo transformó en el ser odiado que es. Siempre le gustó buscar lo negativo de las situaciones y al fin de cuentas, su fama es eso, haber logrado, siempre con una tendencia negativa, (por llamarla de alguna forma) transcribir las impresiones sobre todo tipo de personajes.
¡Que alguno me diga que nunca disfrutó de sus ensayos!, Si, ya sé que muchos de ustedes cayeron en la volteada, también sé que se ofendieron profundamente, pero admitamos todos haber disfrutado al menos una vez de sus ácidos comentarios.
No podemos obviar que cada vez que escribimos un artículo sobre una persona, procuramos no plasmar aquellas impresiones subjetivas, si, recuerden, aquellas que hacen simplemente que el personaje nos resulte simpático o no.
No se nos ocurre adjetivizar de falsa o soberbia o demoníaca, la sonrisa del político al que entrevistamos.¿ No lo han sentido? ¿No han reprimido ese comentario o cualquier otra agresión netamente sensitiva?
El no lo hace. Él es leal a su percepción primaria, al golpe de la primera mirada, el primer comentario, el primer gesto.
¿Han pensado alguna vez en los fundamentos que utilizamos al proseguir o no con una relación? No pueden negar que son esas impresiones primarias y subjetivas las que nos acercan o alejan de las personas.
Si, estoy de acuerdo con algunos de ustedes en que siempre hay que dar una segunda oportunidad. ¿Ustedes la dan siempre? Yo no, a lo largo de mi vida, son mas las que no di que las que di, sin embargo, todos piensan que soy mas bueno. ¿Qué pueden saber de la bondad si solo conocen mis escritos? Y lo misma rige para él ¿Qué pueden saber de su maldad?
Desde que lo conozco y soy su amigo, convivo con su tajante clasificación de las personas. “Este es un sorete, no hay dudas”, me afirmaba a los pocos minutos de conocer a alguien. No se equivocaba demasiado, al principio hacia caso omiso a sus comentarios, pero con el correr de las cosechas, comencé a tomarlos en cuenta. También comprendí con el tiempo, que era imprescindible ser considerado un poco “sorete” para ser su amigo, siendo igualmente imprescindible considerarlo a él de la misma manera.

No se imaginen que es fácil ser su amigo.
Es una permanente sana competencia,
donde prima la libertad de juzgar y ser juzgado,
Donde los resultados no importan demasiado.

Estamos hechos de la misma madera,
Moldeada basándose en soberbia y sensaciones.
Yo elegí buscar belleza en la calidez de las palabras,
Él la encontró en las formas más heladas.

Por eso señores, no haré un solo comentario negativo,
quedó demostrado que material sobra,
no me faltan elementos para odiarlo
Sin embargo lo quiero y es mi amigo.

Excusen ustedes los vientos de poesía,
que me generan hablar de su persona,
quiero escribir en prosa, mas no puedo,
Pues se va mezclando con sus propias rimas.

Tendré que retirarme en el momento
Disculpen todos mi fugaz partida
Ya no puedo hablar como persona
Pues vienen versos en arremetida.


Cruz J. Saubidet®