
Hace un tiempo leí un libro de Julia Álvarez titulado “Sobre como las chicas García perdieron el acento” La historia era entretenida aunque no conquistó mis sentidos y lo olvidé en cuanto concluí sus páginas.
Pero la palabra “acento” o “tonada” ha quedado dando vueltas por mi cabeza, e incluso me ha desvelado el deducir ¿cuando? los latinos en USA perderán el acento o el idioma.
¿Cuántas generaciones necesita una familia para considerarse norteamericana?
¿En cuantas generaciones se pierde el idioma original para adoptar el del país que se habita?
Hace unos días los medios latinos hicieron eco sobre un señor mayor, hijo de mexicanos, que NO apoyaba las marchas inmigrantes, puesto que él se consideraba estadounidense.
Lo interesante de vivir en una ciudad cosmopolita es que está a la vuelta de la esquina la posibilidad del debate con personas de muchos países.
En este momento histórico, existe una exaltación del latinismo en todas sus formas, todos somos latinos, incluso aquellos que no lo son.
Entonces surge una nueva pregunta ¿Quiénes son estadounidenses? ¿No basta con ser ciudadano para considerarse tal cosa?
En las marchas del primero de mayo me encontré con una señora que caminaba junto a sus hijas con carteles que decían: “Mi bisabuelo fue inmigrante-Irlanda 1896” Ella era una norteamericana con todas las letras, pero admitía que la situación de sus ancestros era similar a la que viven los latinos (y muchos otros inmigrantes) hoy día.
En Argentina, la ola inmigratoria europea se extendió desde 1880 hasta 1950 y llegaron millones de personas huyendo del hambre de un continente diezmado por guerras y rencores. Italianos, españoles, alemanes, polacos, franceses, ingleses, etc. se instalaron en la nueva tierra y debieron amoldarse al idioma y las costumbres. Al día de hoy, su descendencia es argentina, habla español, come asado y toma mate. Por supuesto que el idioma fue un poco modificado por las nuevas culturas, pero hablan español y se sienten argentinos.
Un amigo mexicano, me asegura que por más que pasen años, un chaparrito mexicano lo seguirá siendo por más generaciones y ciudadanía que obtuviera. Eso me hizo que recordara a mi amigo Jorgito Kakazu que era tercera generación argentina y nieto de japoneses (debo admitir que me costaba un poco identificarlo como argentino ya que su aspecto era 100% oriental); él rompió con el estigma familiar y se casó con una descendiente de italianos, el idioma japonés quedará relegado en la cuarta generación.
Considero que el idioma español perdurará muchos mas años en las familias inmigrantes de Estados Unidos puesto que 40 millones de personas lo hablan y existe una infraestructura prácticamente bilingüe en todos los organismos del estado y en el comercio. También tengo claro que depende de los padres mantener el idioma en sus hijos, y eso ya es una cuestión personal. Pero, a diferencia de lo que sucede o sucedió en muchos países con sus inmigrantes, este permite mantener el idioma en casi todos los aspectos de la vida.
Existe otro problema idiomático preocupante, aún más grave y complicado: Los hijos de inmigrantes reciben su educación y se comunican con sus pares en inglés. El nivel de lenguaje que adquieren, sin el apoyo de padres que hablen bien el idioma, suele ser desastroso y los va a limitar el resto de su vida. No tienen quién los guíe en el buen uso del idioma y el que aprenden en la calle no les permitirá un ascenso social. En ese caso sucederá lo mismo que en los países latinoamericanos, aunque me pregunto si los padres latinos ponen todos sus esfuerzos en la educación de sus hijos como lo pusieron italianos, gallegos o judíos, que trabajaron sin tregua con un único objetivo, que su siguiente generación tuviera las posibilidades que a ellos les fueron negadas.
Cruz Joaquín Saubidet®
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