Volveré en pocos días, si me conectan internet en casa.
No estoy mas en New York, ahora para visitarme hay que manejar 2 1/2 horas pal norte, pero el camino es agradable.
Blog de un escéptico servidor. "Creo que el kiwi no es una fruta" "Capaz si llegaron es porque transaron y si se mantuvieron es porque a muchos cag*ron." "Creo que Argentina ya no es lo que era, pero a mí me alcanza" "Me gusta más criticar que ser criticado, pero me controlo" "Está mal, pero para ponderar, me quedo callado"
septiembre 16, 2008
julio 28, 2008
El momento justo
Nunca creí que fuera el mejor momento para hacerlo, pero como la situación lo ameritaba, decidí darle para adelante y hacer la prueba. Casi seguro de mi fracaso tomé el primer trago. Al contrario de lo que esperaba, no sentí nada extraño más que una inusual frescura recorriendo mi garganta, era como si pisara un mármol, pero mi garganta era mi pie descalzo. Tampoco sé si esa fue la sensación, porque comparar suele ser impropio de las almas escépticas como la mía. Así y todo, no puedo negar que mis esperanzas estaban bordeando la aventura, de la que suelo ser reacio.
Me habían asegurado que con un trago sería suficiente, pero como no sentía efectos, me tomé dos más. Ya no bajaban como mármol frío, ahora parecían almohadones de plumas que se negaban a superar el esófago, claro que yo ya no estaba ahí para contarlo.
Sentí como si mi cuerpo flotara y se me separasen las extremidades, no iban muy lejos, brazos y piernas flotaban a diez centímetros del cuerpo y sentía que mi cabeza también empezaba a alejarse del cuello. Lejos de asustarme, me maravillaba la sensación de poder mover los dedos aun estando desconectados de mi centro nervioso, incluso mi cerebro (y mi cabeza) ya se encontraban despegado de mi cuello. Hice unos experimentos, me cambié las piernas de lugar, puse un brazo pegado al cuello y posé la cabeza en mi mano y la hice girar cual pelota de basketball. Admito que eso me mareó un poco, pero a la vez me encantaba. Bajé mis piernas al piso y moví una y luego otra hasta que me pareció una distancia prudente, temía perder la conexión y que desaparecieran.
Mi cabeza dominaba los movimientos, quizás gracias a los ojos, la nariz y los oídos, o tal vez el cerebro, aunque la desconexión medular me hacía pensar que el poder del cerebro como amo y señor del ser humano era un mito y que hay algo invisible que dirige nuestras acciones.
El caso es que luego de quince minutos lúdicos comencé a extrañar mi cuerpo como una unidad y traté de juntarme. Lo hice, solo apoyaba a mi tronco los brazos y las piernas pero estos no se unían, solo quedaban donde les ordenaba. Algo estaba fallando y me empecé a preocupar. Me habían avisado que cada persona sentía algo diferente, pero nadie me comentó de un desmembramiento físico ni de la perdida de capacidades. Si bien había tomado tres cucharadas en lugar de una, los efectos deberían haberse terminado hacía varios minutos, sin embargo yo seguía descuartizado y sin descubrir como volver a la normalidad.
Mi tronco flotaba a un metro del suelo, sentía un poco de vértigo y por eso coloqué mis piernas debajo y las sostenía con las manos, pero, al ser las piernas mas pesadas que los brazos, cuando el tronco se movía (quizás por el viento) mis brazos quedaban sujetos a mis muslos y se separaban de mi cuerpo. Para mantener la cabeza sobre el cuello necesitaba mantener el cuerpo muy estático, pero una y otra vez el viento me movía y volvía a ser seis partes.
Si hubiera podido recostarme, me habría quedado así hasta que los efectos se fueran, pero era imposible, mi cuerpo nunca bajó de la altura de mis piernas.
Sentí ganas de vomitar, extrañas ganas de vomitar ya que la sensación estomacal buscaba una salida por la boca y esta no estaba conectada. Las arcadas subían hasta encontrar el tope del cuello y volvían al estómago. Respiraba bien, si bien el aire no llegaba a los pulmones, me daba la tranquilidad de que no iba a morir al menos por un rato. Las nauseas llenaron mi frente de un sudor frío y pegajoso que cubrió mis ojos, quedé ciego. Traté de limpiarme los ojos con una mano, pero cada pasada los empeoraba, ahora me dolían y los oídos me zumbaban. Perdí noción de la realidad, sentía que mis piernas y brazos volaban por los aires y se golpeaban entre sí, a veces pegaban contra mi cabeza, pero no podía ver hacia donde me disparaban. En un momento estaba muy lejos del cuerpo, eso creía porque mis sentidos estaban amulados. Quise gritar, pero las cuerdas vocales habían quedado en la parte del cuello, quise moverme pero era inútil, quise llorar pero mis ojos estaban demasiado irritados, quise morirme, pero no supe como.
Me encontraron dos días después, deshidratado y con la cara hinchada. Hace dos meses que estoy en una clínica, pero no recupero la movilidad de mi cuerpo. Mis ojos fueron sanados, pero mi cuerpo sigue ausente.
Ayer vino la enfermera con la botellita que encontraron junto a mí, me ofreció una cucharada pero me negué.
“Tome un poco”, me insistió, “un poco de ginebra no puede hacerle mal”
Cruz J. Saubidet®
Me habían asegurado que con un trago sería suficiente, pero como no sentía efectos, me tomé dos más. Ya no bajaban como mármol frío, ahora parecían almohadones de plumas que se negaban a superar el esófago, claro que yo ya no estaba ahí para contarlo.
Sentí como si mi cuerpo flotara y se me separasen las extremidades, no iban muy lejos, brazos y piernas flotaban a diez centímetros del cuerpo y sentía que mi cabeza también empezaba a alejarse del cuello. Lejos de asustarme, me maravillaba la sensación de poder mover los dedos aun estando desconectados de mi centro nervioso, incluso mi cerebro (y mi cabeza) ya se encontraban despegado de mi cuello. Hice unos experimentos, me cambié las piernas de lugar, puse un brazo pegado al cuello y posé la cabeza en mi mano y la hice girar cual pelota de basketball. Admito que eso me mareó un poco, pero a la vez me encantaba. Bajé mis piernas al piso y moví una y luego otra hasta que me pareció una distancia prudente, temía perder la conexión y que desaparecieran.
Mi cabeza dominaba los movimientos, quizás gracias a los ojos, la nariz y los oídos, o tal vez el cerebro, aunque la desconexión medular me hacía pensar que el poder del cerebro como amo y señor del ser humano era un mito y que hay algo invisible que dirige nuestras acciones.
El caso es que luego de quince minutos lúdicos comencé a extrañar mi cuerpo como una unidad y traté de juntarme. Lo hice, solo apoyaba a mi tronco los brazos y las piernas pero estos no se unían, solo quedaban donde les ordenaba. Algo estaba fallando y me empecé a preocupar. Me habían avisado que cada persona sentía algo diferente, pero nadie me comentó de un desmembramiento físico ni de la perdida de capacidades. Si bien había tomado tres cucharadas en lugar de una, los efectos deberían haberse terminado hacía varios minutos, sin embargo yo seguía descuartizado y sin descubrir como volver a la normalidad.
Mi tronco flotaba a un metro del suelo, sentía un poco de vértigo y por eso coloqué mis piernas debajo y las sostenía con las manos, pero, al ser las piernas mas pesadas que los brazos, cuando el tronco se movía (quizás por el viento) mis brazos quedaban sujetos a mis muslos y se separaban de mi cuerpo. Para mantener la cabeza sobre el cuello necesitaba mantener el cuerpo muy estático, pero una y otra vez el viento me movía y volvía a ser seis partes.
Si hubiera podido recostarme, me habría quedado así hasta que los efectos se fueran, pero era imposible, mi cuerpo nunca bajó de la altura de mis piernas.
Sentí ganas de vomitar, extrañas ganas de vomitar ya que la sensación estomacal buscaba una salida por la boca y esta no estaba conectada. Las arcadas subían hasta encontrar el tope del cuello y volvían al estómago. Respiraba bien, si bien el aire no llegaba a los pulmones, me daba la tranquilidad de que no iba a morir al menos por un rato. Las nauseas llenaron mi frente de un sudor frío y pegajoso que cubrió mis ojos, quedé ciego. Traté de limpiarme los ojos con una mano, pero cada pasada los empeoraba, ahora me dolían y los oídos me zumbaban. Perdí noción de la realidad, sentía que mis piernas y brazos volaban por los aires y se golpeaban entre sí, a veces pegaban contra mi cabeza, pero no podía ver hacia donde me disparaban. En un momento estaba muy lejos del cuerpo, eso creía porque mis sentidos estaban amulados. Quise gritar, pero las cuerdas vocales habían quedado en la parte del cuello, quise moverme pero era inútil, quise llorar pero mis ojos estaban demasiado irritados, quise morirme, pero no supe como.
Me encontraron dos días después, deshidratado y con la cara hinchada. Hace dos meses que estoy en una clínica, pero no recupero la movilidad de mi cuerpo. Mis ojos fueron sanados, pero mi cuerpo sigue ausente.
Ayer vino la enfermera con la botellita que encontraron junto a mí, me ofreció una cucharada pero me negué.
“Tome un poco”, me insistió, “un poco de ginebra no puede hacerle mal”
Cruz J. Saubidet®
julio 02, 2008
Termino, luego empiezo
A veces, es bueno temer los desenlaces porque de ellos dependerán los futuros comienzos.
Terminar algo significa mucho más que dar por concluido un asunto, implica casi siempre un nuevo comienzo cargado de adrenalina e indefiniciones.
Es como el cuento del huevo y la gallina, nunca sabremos si la intención primera fue empezar algo o terminarlo. Me dirán que para terminar algo hay que empezarlo, es verdad, aunque también podemos terminar cosas que ya fueron empezadas. Asimismo es cierto que comenzamos muchas cosas que nunca terminamos y eso nos transforma en mediocres, pero a no preocuparse, desde la mediocridad suelen surgir algunas cosas interesantes.
El problema de dejar proyectos inconclusos es que debemos encontrar de forma no natural la energía necesaria para un nuevo propósito. Porque la fuerza de lo nuevo está en su esplendor en lo finalizado anteriormente.
Mantener el orden en el hogar suele ser un ejemplo práctico. Nuestro plan es tender las camas, lavar y secar los platos y limpiar el inodoro todos los días. Por un tiempo venimos bien y hacemos la tarea con decisión; pero un día no la hacemos por cualquier motivo, a partir de ese día, retomar el hábito nos dará mucho trabajo, porque nos faltará la energía que nos brinda el trabajo terminado el día anterior.
El trabajo periodístico me ha deparado una suerte parecida, mientras las notas que hacía llegaban a buen fin, encontraba de ellas el impulso para la siguiente, mas un día me trabé con una y no pude terminarla, a partir de allí me ha costado muchísimo encontrar nuevas ideas de las cuales investigar y contar algo, estoy luchando con eso, pero para seguir haciendo reportajes debo sacar energía de donde no la tengo.
Terminar cualquier cosa significa casi siempre una sensación agradable. Si lo que hacíamos nos gustaba, a pesar de la nostalgia, sentiremos que hicimos algo bueno; y si era desagradable, el placer radicará en el alivio de no tener que hacerlo más.
Creo que en la política pasa lo mismo, pero en este caso es un efecto contraproducente. La política es un lugar en donde las personas “luchan” por ser los hacedores de los cambios positivos para la población. Los políticos necesitan tener en su CV una cantidad de acciones concluidas para aspirar a nuevos cargos, y eso es un gran error.
Los políticos deberían diferenciar correctamente que las obras que propician no les pertenecen, ni ellos las harán. Será un trabajo del sistema. Y será el sistema político (y no ellos) el que se fortalezca con cada obra terminada.
Los políticos tendrían que considerar a sus proyectos como obras terminadas y no a las obras propiamente dichas, ellas ya no les pertenecen, son de la gente. Cuando el político quiere inaugurar para sentir “propia” la obra, se genera un gran problema. Las obras propuestas, serán a corto plazo o mal hechas y sobre todo estarán cargadas de egoísmo.
La política como sistema de gobierno, en cambio, se verá fortalecida con cada proyecto concluido y estará preparada y enérgica para nuevos desafíos.
Tal vez debería prohibírseles a los políticos inaugurar y de esa manera mataríamos dos pájaros de un tiro: Las obras serían realizadas sin ansiedad ni egoísmo; y los políticos contarían con mejor energía para presentar proyectos que valgan la pena.
Pero es, al igual que limpiar el inodoro a diario, otra utopía.
Cruz J. Saubidet®
Terminar algo significa mucho más que dar por concluido un asunto, implica casi siempre un nuevo comienzo cargado de adrenalina e indefiniciones.
Es como el cuento del huevo y la gallina, nunca sabremos si la intención primera fue empezar algo o terminarlo. Me dirán que para terminar algo hay que empezarlo, es verdad, aunque también podemos terminar cosas que ya fueron empezadas. Asimismo es cierto que comenzamos muchas cosas que nunca terminamos y eso nos transforma en mediocres, pero a no preocuparse, desde la mediocridad suelen surgir algunas cosas interesantes.
El problema de dejar proyectos inconclusos es que debemos encontrar de forma no natural la energía necesaria para un nuevo propósito. Porque la fuerza de lo nuevo está en su esplendor en lo finalizado anteriormente.
Mantener el orden en el hogar suele ser un ejemplo práctico. Nuestro plan es tender las camas, lavar y secar los platos y limpiar el inodoro todos los días. Por un tiempo venimos bien y hacemos la tarea con decisión; pero un día no la hacemos por cualquier motivo, a partir de ese día, retomar el hábito nos dará mucho trabajo, porque nos faltará la energía que nos brinda el trabajo terminado el día anterior.
El trabajo periodístico me ha deparado una suerte parecida, mientras las notas que hacía llegaban a buen fin, encontraba de ellas el impulso para la siguiente, mas un día me trabé con una y no pude terminarla, a partir de allí me ha costado muchísimo encontrar nuevas ideas de las cuales investigar y contar algo, estoy luchando con eso, pero para seguir haciendo reportajes debo sacar energía de donde no la tengo.
Terminar cualquier cosa significa casi siempre una sensación agradable. Si lo que hacíamos nos gustaba, a pesar de la nostalgia, sentiremos que hicimos algo bueno; y si era desagradable, el placer radicará en el alivio de no tener que hacerlo más.
Creo que en la política pasa lo mismo, pero en este caso es un efecto contraproducente. La política es un lugar en donde las personas “luchan” por ser los hacedores de los cambios positivos para la población. Los políticos necesitan tener en su CV una cantidad de acciones concluidas para aspirar a nuevos cargos, y eso es un gran error.
Los políticos deberían diferenciar correctamente que las obras que propician no les pertenecen, ni ellos las harán. Será un trabajo del sistema. Y será el sistema político (y no ellos) el que se fortalezca con cada obra terminada.
Los políticos tendrían que considerar a sus proyectos como obras terminadas y no a las obras propiamente dichas, ellas ya no les pertenecen, son de la gente. Cuando el político quiere inaugurar para sentir “propia” la obra, se genera un gran problema. Las obras propuestas, serán a corto plazo o mal hechas y sobre todo estarán cargadas de egoísmo.
La política como sistema de gobierno, en cambio, se verá fortalecida con cada proyecto concluido y estará preparada y enérgica para nuevos desafíos.
Tal vez debería prohibírseles a los políticos inaugurar y de esa manera mataríamos dos pájaros de un tiro: Las obras serían realizadas sin ansiedad ni egoísmo; y los políticos contarían con mejor energía para presentar proyectos que valgan la pena.
Pero es, al igual que limpiar el inodoro a diario, otra utopía.
Cruz J. Saubidet®
junio 23, 2008
NO ME CREAN, SOY HUMANO.
Todos mentimos de manera descarada mientras pensamos superficialmente que actuamos con honestidad, pero la honestidad no existe, al menos en estado puro.
No voy a caer en críticas repetidas hacia los políticos y los poderosos, está bien que ellos nos mientan, su trabajo se basa en pequeñas mentiras que a la larga nos cagan la vida, pero no es su culpa; ¿Cómo no nos van a mentir si de sus mentiras dependen nuestros votos? Seamos razonables y no nos quejemos tanto. ¿Cómo no nos van a mentir los empresarios si de sus mentiras dependen nuestras compras? No nos pongamos quisquillosos, la mentira debe tener interlocutores ávidos de ellas para conseguir el efecto deseado.
El mundo funciona (y ha funcionado) a fuerza de mentiras. La verdad en estado de pureza está condenada al fracaso. Solo se trata de tomar conciencia de eso y continuar nuestra vida dispuestos a enfrentarla, y también midiendo las consecuencias de los demás enfrentando las nuestras.
Nuestros días comienzan con un “Buen día” que, inmerso en la resaca del sueño que se niega a retirar de nuestro cuerpo, no significa un verdadero deseo hacia el otro sino un convencionalismo vacío de significados.
¿Cómo estás? – Bien: Es la frase mas repetida y mentirosa de cada día de nuestras vidas, la repetimos por el tedio que implicaría explicar la lista de situaciones que refutarían ese “Bien”. Un conocido contesta “más o menos”, claro que tiene tiempo para explicar los motivos.
Mentimos a nuestros padres para evitar castigos, a nuestros amigos para no perderlos, a nuestras parejas para verlas felices, a nuestros hijos para que vayan aprendiendo el mundo que les espera, a nuestros jefes para que no nos molesten, a nuestros maestros para que nos aprueben.
La mentira es parte de nuestro ser y convivimos con ella y hasta tenemos una relación de camaradería con ella.
Pero, en un momento de nuestra vida, la mentira comienza a molestarnos, no la pequeña de todos los días, sino la grande, la que nos condiciona y nos castiga. En ese momento tomamos conciencia de que aquellos que hoy nos mienten de forma descarada, empezaron como nosotros, y poco a poco descubrieron que mintiendo de un modo inteligente llegarían lejos.
Todos transan, todos han transado para llegar donde están, todos mienten, todos mintieron, todos crecieron en la mentira y todos han recurrido a ella para estar donde están.
Por eso no compro discursos, solo agarro pequeños retazos de palabras de otros y trato de formarme ideas propias.
Yo sé que me mienten, desde los políticos, pasando por el papa, el dalai lama, los periodistas y hasta mis vecinos, pero lo acepto porque yo también miento y seguiré mintiendo hasta que me muera. He aprendido a convivir entre “verdades y mentiras a medias”, y hasta considero que sin la mentira girando por todas partes el mundo sería un lugar aburrido.
Cruz J. Saubidet®
No voy a caer en críticas repetidas hacia los políticos y los poderosos, está bien que ellos nos mientan, su trabajo se basa en pequeñas mentiras que a la larga nos cagan la vida, pero no es su culpa; ¿Cómo no nos van a mentir si de sus mentiras dependen nuestros votos? Seamos razonables y no nos quejemos tanto. ¿Cómo no nos van a mentir los empresarios si de sus mentiras dependen nuestras compras? No nos pongamos quisquillosos, la mentira debe tener interlocutores ávidos de ellas para conseguir el efecto deseado.
El mundo funciona (y ha funcionado) a fuerza de mentiras. La verdad en estado de pureza está condenada al fracaso. Solo se trata de tomar conciencia de eso y continuar nuestra vida dispuestos a enfrentarla, y también midiendo las consecuencias de los demás enfrentando las nuestras.
Nuestros días comienzan con un “Buen día” que, inmerso en la resaca del sueño que se niega a retirar de nuestro cuerpo, no significa un verdadero deseo hacia el otro sino un convencionalismo vacío de significados.
¿Cómo estás? – Bien: Es la frase mas repetida y mentirosa de cada día de nuestras vidas, la repetimos por el tedio que implicaría explicar la lista de situaciones que refutarían ese “Bien”. Un conocido contesta “más o menos”, claro que tiene tiempo para explicar los motivos.
Mentimos a nuestros padres para evitar castigos, a nuestros amigos para no perderlos, a nuestras parejas para verlas felices, a nuestros hijos para que vayan aprendiendo el mundo que les espera, a nuestros jefes para que no nos molesten, a nuestros maestros para que nos aprueben.
La mentira es parte de nuestro ser y convivimos con ella y hasta tenemos una relación de camaradería con ella.
Pero, en un momento de nuestra vida, la mentira comienza a molestarnos, no la pequeña de todos los días, sino la grande, la que nos condiciona y nos castiga. En ese momento tomamos conciencia de que aquellos que hoy nos mienten de forma descarada, empezaron como nosotros, y poco a poco descubrieron que mintiendo de un modo inteligente llegarían lejos.
Todos transan, todos han transado para llegar donde están, todos mienten, todos mintieron, todos crecieron en la mentira y todos han recurrido a ella para estar donde están.
Por eso no compro discursos, solo agarro pequeños retazos de palabras de otros y trato de formarme ideas propias.
Yo sé que me mienten, desde los políticos, pasando por el papa, el dalai lama, los periodistas y hasta mis vecinos, pero lo acepto porque yo también miento y seguiré mintiendo hasta que me muera. He aprendido a convivir entre “verdades y mentiras a medias”, y hasta considero que sin la mentira girando por todas partes el mundo sería un lugar aburrido.
Cruz J. Saubidet®
junio 20, 2008
Reciclaje de mejunjes azules (VI)
Soy derrochador con el dinero, pero muy ahorrativo a la hora de comprar discursos. Creo que no he comprado discurso alguno hasta la fecha.
***** ***** ***** *****
¿Me encontró la soledad, o dejé escapar a todo el mundo?
***** ***** ***** *****
El foco de todos los problemas, debe agarrarse con un trapo.
***** ***** ***** *****
Si el café se ha enfriado, significa que supiste aprovechar el tiempo.
***** ***** ***** *****
Todas las personas brillantes tienen momentos opacos; es una pena que no ocurra a la inversa.
***** ***** ***** *****
Es muy triste cuando se termina una bebida exquisita.
Cruz J. Saubidet®
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¿Me encontró la soledad, o dejé escapar a todo el mundo?
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El foco de todos los problemas, debe agarrarse con un trapo.
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Si el café se ha enfriado, significa que supiste aprovechar el tiempo.
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Todas las personas brillantes tienen momentos opacos; es una pena que no ocurra a la inversa.
***** ***** ***** *****
Es muy triste cuando se termina una bebida exquisita.
Cruz J. Saubidet®
junio 14, 2008
El alcohol se sube a mi cabeza
¿Estoy borracho?
Quizás emparcho
Con la cerveza
Penas de antaño
¿Seré un tacaño?
Que en vez de vino
Whisky, ginebra
U otras rarezas
Elige un trago
De esa cerveza
Que con certeza
Va a hacerme daño.
Me dará sueño
Porque me empeño
En beber temprano
Tengo resaca.
No se me pasa
Por más que trato
Y es que barato
Compro las latas.
Soy una rata
Que espera poco
Y se siente roto
Cada mañana.
Por la ventana
Noto que emana
Desde la calle
Gente apurada
Gente cansada
Gente confusa
Triste, difusa
Gente parada.
Gente sentada
Gente con miedo
Puedo o no puedo
Gente tocada.
Gente marcada
Con la palabra
Gana dinero
Casi tatuada.
Desconectada
De lo importante.
Desconcertante
Como sabiendo
No saber nada
De lo que piensa
De su conciencia
Desmenuzada.
No digo nada
Nada de nada
Busco otra lata
Y escribo versos
En los desiertos
De mi cabeza
Que ya está vieja
Tiene pereza
Busca lo cierto
Pero no encuentra
Tras de las puertas
Alguien despierto.
Soy un experto
Casi estoy muerto
Solo por dentro
Y aunque me duele
Y aunque recele
Mis facultades
Intelectuales
¡Calamidades!
Soy un pelele
Que pierde tiempo
Y está contento
Mirando tele.
Que pierde tiempo
Y está contento
Mirando tele.
Que pierde tiempo
Y está contento
Por más que duele.
Cruz J. Saubidet®
Quizás emparcho
Con la cerveza
Penas de antaño
¿Seré un tacaño?
Que en vez de vino
Whisky, ginebra
U otras rarezas
Elige un trago
De esa cerveza
Que con certeza
Va a hacerme daño.
Me dará sueño
Porque me empeño
En beber temprano
Tengo resaca.
No se me pasa
Por más que trato
Y es que barato
Compro las latas.
Soy una rata
Que espera poco
Y se siente roto
Cada mañana.
Por la ventana
Noto que emana
Desde la calle
Gente apurada
Gente cansada
Gente confusa
Triste, difusa
Gente parada.
Gente sentada
Gente con miedo
Puedo o no puedo
Gente tocada.
Gente marcada
Con la palabra
Gana dinero
Casi tatuada.
Desconectada
De lo importante.
Desconcertante
Como sabiendo
No saber nada
De lo que piensa
De su conciencia
Desmenuzada.
No digo nada
Nada de nada
Busco otra lata
Y escribo versos
En los desiertos
De mi cabeza
Que ya está vieja
Tiene pereza
Busca lo cierto
Pero no encuentra
Tras de las puertas
Alguien despierto.
Soy un experto
Casi estoy muerto
Solo por dentro
Y aunque me duele
Y aunque recele
Mis facultades
Intelectuales
¡Calamidades!
Soy un pelele
Que pierde tiempo
Y está contento
Mirando tele.
Que pierde tiempo
Y está contento
Mirando tele.
Que pierde tiempo
Y está contento
Por más que duele.
Cruz J. Saubidet®
junio 03, 2008
Cuando la mente es un papel blanco (diálogos conmigo mismo)
Cuando la mente es un papel blanco, los pensamientos coherentes se posan en los bordes y no se animan a alojarse sobre él.
Solo se asientan pequeñeces sin sentido y una cantidad de recuerdos que de imperceptibles nomás, suelen aparecer y retirarse si dejar resquicios de que allí estuvieron.
Son recuerdos que algo los trae, algo que no sé que es. No son olores, esos son otros recuerdos, creo que los acerca la distancia en tiempo y espacio.
Es una lástima que el cerebro no cuente con coordenadas cartesianas y de esa manera pidiésemos buscar en el punto (4, -3) las personas que queríamos en junio del 94 y en el (6, - 9) nuestras simpatías del segundo año de agronomía.
Es inútil buscar los recuerdos siguiendo un orden estructural; ellos están, todos, pero el disparador para traerlos no suele estar en nuestras manos.
Me dirán que existe la hipnosis o los psicólogos y yo contestaré: que me importa.
-¡Saubidet! Tanto tiempo que no nos veíamos, así y todo, compruebo con tristeza que sus pensamientos siguen obsoletos.
-Para usted, yo creo que todo lleva a algún lugar.
-Esto podría ir a la papelera de reciclaje.
-No sea agresivo, ¿Qué necesidad de plantearme cosas interesantes si no puedo con mi cabeza?
-Al menos debería tratar, mire que hay temas de sobra como para ponerse a pensar en papeles en blanco llenos de recuerdos.
-Es cierto, pero esos recuerdos pueden llenar algunos agujeros del alma que no lograría llenar con otra cosa.
-No coincido, creo que el problema es su cabeza ociosa, ¡mire que hay temas de todos los colores!
-También es posible que necesite una guía, a veces el azar no ayuda.
-Le doy una mano: Hábleme de la crisis del campo en Argentina.
-Ya escribí sobre eso por ahí abajo, sabe que estuve leyendo un libro de Eloy Martínez que se llama el “cantor de tango”. Más allá de la historia, me sirvió para traer a mi memoria la crisis argentina del 2001/2002. Me llenó de tristeza, porque toda esa gente llena de emoción por aquellos días, dejaron que la historia los pasara por encima, incluso votaron a una señora que no les propuso nada en la campaña.
-No me amargue a mí también, ¿Qué me dice del precio del petróleo?
-Sin lugar a dudas, EEUU está tramando algo, es una locura demasiado bien pensada. ¿Cómo le echan la culpa a Arabia o a los países de ka OPEP si casi todas las petroleras son yanquis? ¿Que están urdiendo? 4,25 el galón de nafta es una locura, le quitan a uno las ganas viajar.
- Las primarias demócratas están llegando a su fin.
-Otro tema extraño, más que una interna es un experimento sociológico sobre la tolerancia norteamericana. Hombre negro – mujer blanca. Se ve que ninguna de las dos opciones cuadra mucho. Personalmente, Hillary no me caía del todo mal, pero la campaña fue tan repugnante que no puedo verla ni en fotos. Obama quien sabe, signifique algún cambio, doña Clinton está contaminada en un 100%.
-Vio, encaminando las ideas puede pensar con claridad.
-No se confunda, nada de lo que dije está meditado, usted me apuró y yo dije, pero nada está elaborado.
-Así debe ser, Saubidet, ahora me voy y lo dejo tratando de llenar su hoja en blanco de recuerdos que de nada le servirán.
-Siempre tan amable usted, le agradezco por sacarme unos minutos de mi encierro.
Cruz J. Saubidet®
Solo se asientan pequeñeces sin sentido y una cantidad de recuerdos que de imperceptibles nomás, suelen aparecer y retirarse si dejar resquicios de que allí estuvieron.
Son recuerdos que algo los trae, algo que no sé que es. No son olores, esos son otros recuerdos, creo que los acerca la distancia en tiempo y espacio.
Es una lástima que el cerebro no cuente con coordenadas cartesianas y de esa manera pidiésemos buscar en el punto (4, -3) las personas que queríamos en junio del 94 y en el (6, - 9) nuestras simpatías del segundo año de agronomía.
Es inútil buscar los recuerdos siguiendo un orden estructural; ellos están, todos, pero el disparador para traerlos no suele estar en nuestras manos.
Me dirán que existe la hipnosis o los psicólogos y yo contestaré: que me importa.
-¡Saubidet! Tanto tiempo que no nos veíamos, así y todo, compruebo con tristeza que sus pensamientos siguen obsoletos.
-Para usted, yo creo que todo lleva a algún lugar.
-Esto podría ir a la papelera de reciclaje.
-No sea agresivo, ¿Qué necesidad de plantearme cosas interesantes si no puedo con mi cabeza?
-Al menos debería tratar, mire que hay temas de sobra como para ponerse a pensar en papeles en blanco llenos de recuerdos.
-Es cierto, pero esos recuerdos pueden llenar algunos agujeros del alma que no lograría llenar con otra cosa.
-No coincido, creo que el problema es su cabeza ociosa, ¡mire que hay temas de todos los colores!
-También es posible que necesite una guía, a veces el azar no ayuda.
-Le doy una mano: Hábleme de la crisis del campo en Argentina.
-Ya escribí sobre eso por ahí abajo, sabe que estuve leyendo un libro de Eloy Martínez que se llama el “cantor de tango”. Más allá de la historia, me sirvió para traer a mi memoria la crisis argentina del 2001/2002. Me llenó de tristeza, porque toda esa gente llena de emoción por aquellos días, dejaron que la historia los pasara por encima, incluso votaron a una señora que no les propuso nada en la campaña.
-No me amargue a mí también, ¿Qué me dice del precio del petróleo?
-Sin lugar a dudas, EEUU está tramando algo, es una locura demasiado bien pensada. ¿Cómo le echan la culpa a Arabia o a los países de ka OPEP si casi todas las petroleras son yanquis? ¿Que están urdiendo? 4,25 el galón de nafta es una locura, le quitan a uno las ganas viajar.
- Las primarias demócratas están llegando a su fin.
-Otro tema extraño, más que una interna es un experimento sociológico sobre la tolerancia norteamericana. Hombre negro – mujer blanca. Se ve que ninguna de las dos opciones cuadra mucho. Personalmente, Hillary no me caía del todo mal, pero la campaña fue tan repugnante que no puedo verla ni en fotos. Obama quien sabe, signifique algún cambio, doña Clinton está contaminada en un 100%.
-Vio, encaminando las ideas puede pensar con claridad.
-No se confunda, nada de lo que dije está meditado, usted me apuró y yo dije, pero nada está elaborado.
-Así debe ser, Saubidet, ahora me voy y lo dejo tratando de llenar su hoja en blanco de recuerdos que de nada le servirán.
-Siempre tan amable usted, le agradezco por sacarme unos minutos de mi encierro.
Cruz J. Saubidet®
mayo 23, 2008
Olor a campo
Argentina es un crisol de soledades donde todos creen que tiran juntos pero nadie es el primero en agarrar la soga.
“La van a bajar” me aseguró tiempo atrás un conocido que sabe de política. Yo pensé que no, porque creía que era una mujer fuerte e inteligente. Sus pocos meses de mandato vienen demostrando lo contrario. Así y todo, espero que no la bajen.
Los dos últimos años del gobierno de Néstor Kirchner y los meses de su esposa, se han mostrado opacos. Creo que esa es la palabra para definir lo que han hecho, porque algo han hecho, pero dentro de una opacidad coloreada de demagogia, populismo y falta de sentido común; y esos no son colores lindos.
¿Por qué están rodeados de gente mala? Mi única explicación es que ellos también lo son. Tener pegados a los gremios, a D’elia y a muchos otros atorrantes visibles, hace pensar que son “del palo”.
El problema con la gente del campo demuestra que no tienen buenos asesores. Hasta el más “pelotudo” se habría dado cuenta de los problemas que traería el aumento de las retenciones. Claro, los asesores tienen posiblemente un dejo de resentimiento hacia los terratenientes producto de sus años de lucha. ¿Seguirán luchando?
También está la posibilidad de que desde dentro del gobierno, quieran bajar a la “señora”, pero hay que ser muy mal pensado para especular eso.
Hay otro mito cada vez menos popular: “el dueño de un campo no labura” Eso fue hace muchos años, pero muchos, en la época en que los terratenientes pasaban años en París a costillas de los regalos recibidos de gobiernos desenfocados. Pero incluso esas familias (quedan muchas), han sufrido el paso de las generaciones; y el desglosamiento de las herencias los ha dejado sin extensiones inverosímiles. Porque esas grandes familias tenían (y tienen) la costumbre de procrear al por mayor. Hoy día tienen campos, pero si los dejasen librados al azar los perderían en un abrir y cerrar de ojos.
Los últimos años han sido buenos para los agricultores y ganaderos, pero estos venían de afrontar muchos años de precios irrisorios para sus granos y vacas. Muchos quedaron en el camino y debieron vender y otros tantos dejaron por ese tiempo de vivir de sus campos y pasaron a subsistir.
Los productores saben que este oasis de precios no durará por siempre, y es razonable que quieran exprimirlo.
El gobierno no entiende que “ganar dinero” no es malo si este proviene del trabajo y la producción. Lo feo es ser rico sin que se conozcan las causas.
Otro factor que el gobierno no interpreta es el deseo intrínseco de muchos argentinos de poseer su propio campo. Este deseo existe en casi todos y por lo tanto apoyarán a quienes sienten colegas al menos en sus ambiciones.
Creo que los gobiernos no son capaces de redistribuir riqueza alguna, la única forma de que eso suceda es con mucha producción y con muchos empresarios obligados a pagar salarios apropiados. Cuando los gobiernos distribuyen, no suele haber culpables de los “desperdicios” y mucho queda en el camino.
Hay mucho más para decir, pero hay que observar que pasa.
Cruz J. Saubidet®
“La van a bajar” me aseguró tiempo atrás un conocido que sabe de política. Yo pensé que no, porque creía que era una mujer fuerte e inteligente. Sus pocos meses de mandato vienen demostrando lo contrario. Así y todo, espero que no la bajen.
Los dos últimos años del gobierno de Néstor Kirchner y los meses de su esposa, se han mostrado opacos. Creo que esa es la palabra para definir lo que han hecho, porque algo han hecho, pero dentro de una opacidad coloreada de demagogia, populismo y falta de sentido común; y esos no son colores lindos.
¿Por qué están rodeados de gente mala? Mi única explicación es que ellos también lo son. Tener pegados a los gremios, a D’elia y a muchos otros atorrantes visibles, hace pensar que son “del palo”.
El problema con la gente del campo demuestra que no tienen buenos asesores. Hasta el más “pelotudo” se habría dado cuenta de los problemas que traería el aumento de las retenciones. Claro, los asesores tienen posiblemente un dejo de resentimiento hacia los terratenientes producto de sus años de lucha. ¿Seguirán luchando?
También está la posibilidad de que desde dentro del gobierno, quieran bajar a la “señora”, pero hay que ser muy mal pensado para especular eso.
Hay otro mito cada vez menos popular: “el dueño de un campo no labura” Eso fue hace muchos años, pero muchos, en la época en que los terratenientes pasaban años en París a costillas de los regalos recibidos de gobiernos desenfocados. Pero incluso esas familias (quedan muchas), han sufrido el paso de las generaciones; y el desglosamiento de las herencias los ha dejado sin extensiones inverosímiles. Porque esas grandes familias tenían (y tienen) la costumbre de procrear al por mayor. Hoy día tienen campos, pero si los dejasen librados al azar los perderían en un abrir y cerrar de ojos.
Los últimos años han sido buenos para los agricultores y ganaderos, pero estos venían de afrontar muchos años de precios irrisorios para sus granos y vacas. Muchos quedaron en el camino y debieron vender y otros tantos dejaron por ese tiempo de vivir de sus campos y pasaron a subsistir.
Los productores saben que este oasis de precios no durará por siempre, y es razonable que quieran exprimirlo.
El gobierno no entiende que “ganar dinero” no es malo si este proviene del trabajo y la producción. Lo feo es ser rico sin que se conozcan las causas.
Otro factor que el gobierno no interpreta es el deseo intrínseco de muchos argentinos de poseer su propio campo. Este deseo existe en casi todos y por lo tanto apoyarán a quienes sienten colegas al menos en sus ambiciones.
Creo que los gobiernos no son capaces de redistribuir riqueza alguna, la única forma de que eso suceda es con mucha producción y con muchos empresarios obligados a pagar salarios apropiados. Cuando los gobiernos distribuyen, no suele haber culpables de los “desperdicios” y mucho queda en el camino.
Hay mucho más para decir, pero hay que observar que pasa.
Cruz J. Saubidet®
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