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abril 22, 2006

Perdones sin confesionario


Explorando los difusos senderos de mi lógica, encontré en mi memoria trozos diseminados de actitudes pasadas que no me dejan del todo bien parado.
Hay pequeños hechos, actitudes y situaciones que si bien no han causado demasiadas complicaciones al prójimo, me generan una sensación de intranquilidad un poco molesta.
Tal vez una pequeña deuda de hace 10 años, una cita no concretada, una actitud de desprecio inmerecida, falta de consideración para con alguna chica, pequeños robos de la infancia, alguna traición a un amigo que aunque ya perdonada todavía duele, haber hecho vivir momentos malos a los padres, haber desaprovechado oportunidades y un montón de pequeñeces que la conciencia hace surgir cuando menos lo esperamos.
Sin que uno se dé mucha cuenta, estas cosas ejercen un freno en los proyectos pensados y nos hacen perder la claridad en muchos aspectos.
Y se van y vuelven y parece que se fueron pero a los años surgen nuevamente y nos estancan, de manera inconsciente tal vez, pero nos impiden avanzar a buena velocidad.
El problema principal es que no hay por el momento posibilidad alguna de volver el tiempo atrás para solucionarlas y una vieja deuda tal vez se pueda pagarse, pero una mala decisión ya está y no queda más que aceptarla.
Alguien que quiero mucho, hace un tiempo me dio tal vez la clave para solucionar este conflicto. Y esa clave es solo una palabra. PERDONARSE. Perdonarse de una vez y para siempre, asumir todos los errores pasados y terminar con ese sentimiento de culpa de una vez por todas. No digo que sea fácil, pero tal vez sea la única solución que quede.
Y cada persona forma parte de una familia, cada familia de una comunidad, cada comunidad de una sociedad que es un país, no sé, tal vez la solución para mí deprimido país sea simplemente perdonarse y así poder empezar una nueva etapa como Dios manda. Por supuesto que no hablo de perdonar a delincuentes, corruptos, represores, asesinos, etc.; que sobre estos decida la ley. La clave quizás sea que nos perdonemos como pueblo, tal vez por no haber protestado lo suficiente en algún momento, habernos dejado comprar con alguna estabilidad ficticia, no haber sido solidarios, haber votado muy mal, incumplir reglas de urbanidad y muchas otras pequeñas cosas que hicieron que la sociedad esté como está.

Por otro lado, hace tiempo un amigo me dio un consejo que cada día valoro un poco más y creo se merecía una décima:

La historia me ha demostrado
pasando a través del tiempo
que si uno vive contento
la felicidad ha encontrado
y si mucho te han golpeado
y te cuesta reponerte
que una sonrisa incipiente
brote siempre de tu boca
y verás que la derrota
es un descanso del siempre.

Cruz Joaquín Saubidet®