mayo 29, 2015

Stand Up de un humilde servidor. Hoy: la Risa

La risa es la reafirmación de estar pasándola bien. Cagarse de risa es reírse con liviandad estomacal, sin molestias gastrointestinales, sin apuro tal vez. A su vez es algo incontrolable, accidental, que deja oscuras secuelas y necesita de una pronta limpieza.
Es muy complicado determinar si cagarse de risa es algo positivo o negativo, aunque en mi caso suele tender a lo segundo.
Una vez, le dije a mi mujer después de una reunión con amigos, que hacia años que no me cagaba tanto de risa. Lo que fue un comentario inocente fue tomado como una agresión hacia ella; “Claro, conmigo te aburrís, te hubieras casado con Malena Pichot si querías reírte sin parar, no sé qué haces conmigo si ni siquiera te hago reír” y sigue y sigue “Debe ser horrible vivir con alguien tan apagado, ¿no?, tan embolante como yo, etc, etc….

Esos comentarios suelen dejarme en un callejón sin salida, de tres posibles reacciones y todas ellas erróneas. Puedo guardar silencio y ella dirá: “Ves que tengo razón”; puedo negar punto por punto y sonar poco creíble o puedo afirmar sus declaraciones y generar una pelea que nos mantendría enojados por varios días. ¡Ninguna sirve! Todas las posibles reacciones son una mierda, todas excepto tirarme un pedo bien fuerte y en lo posible muy oloroso y con eso cambiar el foco de atención hacia reproches mucho más sostenibles. Porque un pedo causa enojo, pero dada su esencia efímera se diluye rápidamente.  Quince años de matrimonio me han enseñado que la única forma de evitar peleas intrascendentes es tirarme pedos fuertes y olorosos. Por suerte, como buen macho que soy, siempre tengo un gas a las vueltas esperando salir y que internamente me hace cagar de risa y me libra del pecado.

diciembre 30, 2014

Estadísticas Vitales (o no tanto)

Era una pavada, pero ese día no quería escribir versos. Buscaba racionalizar todo lo racionalizable, para eso usaría los números que si bien es cierto que suelen mentir, al menos hacen sentir que los pies están sobre la tierra. Hacía sesenta y un días de mi arribo. Anote grande el 61 en el primer renglón. La temperatura promedio, no poseía datos exactos, había sido de 33,8 grados. Había hablado poco, con algunos más que con otros, este cálculo me llevó tiempo pues la memoria suele fallar transformando las mejores charlas en duraderas siendo que en realidad duraron menos que las intrascendentes. A manera de cuadro coloqué los nombres de mis interlocutores. Vastides: 26 horas, 40 minutos. (Durante las comidas conversaba, a veces) Germán: 28 horas (en los viajes en camioneta conversábamos bastante) Martina: 9 horas Marta: 1 hora, 50 minutos Rony: 2 horas Julián: 4 horas, 20 minutos (era mi profesor de trabajos en cuero) Agustín: 6 horas, 15 minutos vivo (charlamos un poco mientras hicimos las tablas) 1 hora muerto Martín: 4 horas, 40 minutos Rosa de Vastides: 30 minutos Jorgito: 2 horas, 25 minutos Jacinto: 9 minutos Sandra: 4 horas, 15 minutos Cura: 2 horas, 30 minutos Policías: 2 horas. Mamá de Rolo: 22 minutos Luis (radio): 20 minutos Otros: 1 hora. Total: 108 horas, 16 minutos. No me pareció tan poco, esperaba mucho menos. Mis cuentas arrojaban que me había pasado cuatro días conversando, y eso no implicaba que hubiera estado cincuenta y ocho días callado. Entonces hice otra cuanta más reveladora. Sesenta y un días significaban 1464 horas, a ellas había que restarle al menos doce horas diarias correspondientes al sueño y a actividades de carácter solitario. La resta me daba 732 horas de actividad. De ellas había conversado 108 y un poquito. En conclusión, había pasado más de 623 horas en silencio absoluto, quizás pensando más de la cuenta. Mis ansias numéricas no me daban paz. Había andado a caballo 37 horas, hachado leña 45 horas, fumado en soledad 81 horas (calculé 10 cigarrillos por día a 8 minutos por cigarrillo), escrito pavadas por 33 horas y mirado el fuego 86 horas. Total: 282 horas. Consideré que esta última cuenta no quitaba horas al silencio, por lo que descarté las conclusiones. La actividad sexual de la temporada se limitaba a tres orgasmos con Marta y un par de actos solitarios dedicados a la monjita. Había recibido cuatro cartas, tres de familia y una de mi amiga pechugona, no había escrito. Mis ingresos legales consistían en treinta pesos, los no tanto en seiscientos dólares. Había comido arroz en cuarenta y seis oportunidades y fideos cincuenta veces, dos asados humildes, varios bichos de campo y oso hormiguero con el difunto Agustín. En tres ocasiones tomé gaseosa, una sola pagada por mí.

mayo 27, 2014

UN POCO DE FILOSOFÍA

Luego de largos debates intelectuales y filosóficos, 
de conferencias en remotos parajes brindadas por personalidades sólo conocidas en pequeños círculos y después de haber devorado obras completas de famosos pensadores 
(Sócrates y su verdad única, 
Platón y su caverna, 
Marx y Engels y su socialismo científico, 
DESCARTES y su racionalidad, 
Hegel y su dialéctica, 
Hume y su escepticismo, 
Aquino y su filosofía moral, 
Locke y su empirismo, 
William James y su pragmatismo, 
Nietzsche y su moralismo anticristiano, 
Rousseau y su contrato social, 
Sartre y su existencialismo e 
incluso el ilustrado Voltaire;

he podido focalizar la esencia de la vida toda en una frase desnuda pero no por ello carente de profundidad:

“El foco de todos los problemas debe agarrarse con un trapo”

Cruz J. Saubidet®

mayo 03, 2013

pocoapoco

Entonces, en un acto de valor, lo mandé bien a la puta madre que lo parió. No sé si fue la solución e incluso esa actitud me cerraría muchas puertas en el futuro, pero últimamente cuando me hincho las pelotas tengo un plazo de tres días antes de explotar.


¿En que me perjudicaba ese personaje? En nada, incluso existe la posibilidad de que sintiera aprecio por mi persona, pero esa actitud de predicador y ese sombrero blanco eran demasiado para mi tolerancia.

Todo comenzó con el que escribió el Apocalipsis (quizás San Juan) donde se vomitaba a los tibios. A partir de ahí, la frase “decidite, la concha de tu hermana” fue ganando adeptos en el mundo occidental, no tanto en el oriente porque los chinos antes que nadie utilizaban la onomatopeya: ¡nomolestes! que sonaba como la imitación de un pájaro pero para todos significaba lo que significa.


 Segunda parte del texto

agosto 09, 2011

La poesía homosexual y la genialidad de Bolaño

Todos alguna vez escribimos versos y nos creímos poetas, no reneguemos de ello.
No existe la poesía de machos, para escribir rimas nuestro lado femenino debe aflorar y eso está bien porque andar impostando masculinidad a toda hora suele ser cansador.

A veces los grandes escritores nos hacen creer que fuimos usurpados de alguna idea, posiblemente eso no sea cierto y el hecho de que creamos que lo que escribió alguien nosotros ya lo habiamos pensado sea simplemente la habilidad del autor mezclada con nuestro deseo de parecernos a él. Eso me ha pasado con el difunto Roberto Bolaño. En el primer capitulo de la novela "los sinsabores de un verdadero policía" habla de los poetas de la siguiente manera:

"Para Padilla, recordaba Amalfitano, existía literatura heterosexual, homosexual y bisexual. Las novelas, generalmente, eran heterosexuales. La poesía, en cambio, era absolutamente homosexual. Dentro del inmenso océano de esta distinguía varias corrientes: maricones, maricas, mar-iquitas, locas, bujarrones, mariposas, ninfos y filenos. Las dos corrientes mayores, sin embargo, eran la de los maricones y la de los maricas. Walt Whitman, por ejemplo, era un poeta maricón. Pablo Neruda, un poeta marica. William Blake era maricón, sin asomo de duda, y Octavio Paz marica. Borges era fileno, es decir de improviso podía ser maricón y de improviso simplemente asexual. Rubén Darío era una loca, de hecho la reina y el paradigma de las locas (...) Cernuda, el querido Cernuda, era un ninfo y en ocasiones de gran amargura un poeta maricón, mientras que Guillen, Aleixandre y Alberti podían ser considerados mariquita, bujarrón y marica respectivamente...."

Cruz J. Saubidet®

abril 30, 2011

Empezar de abajo y otros delirios

Empezar de abajo decía mi padre, hay que empezar desde el principio.
Mas no existen los principios. Todo en la vida es una sucesión de hechos encadenados de la mejor manera que nos sale.
Hoy conocimos a alguien, está bueno eso, pero no podemos llamarle el principio de la relación, porque cada cosa que hicimos hasta el momento nos dirigió hacia ella, y a su vez, posiblemente también sea lo que la aleje de nosotros.
Es un problema pensar así, especialmente cuando el oficio de uno es contar historias, pero el mismo oficio se encarga de encaminar las letras transformando en difusos los comienzos y los finales, porque, lamentablemente nada tampoco termina hasta la muerte. Los libros deberían terminar con la muerte de todos los personajes.
Hace tiempo quiero escribir un cuento sobre héroes encontrados por la muerte antes de tiempo, pero, si no llegan a ser héroes porque se mueren, sólo son personas normales con todas las intenciones de llegar a héroes, pero sin el detalle de la supervivencia.
Me estoy yendo por las ramas como si mi historia se tratara de un árbol genealógico.
Quiero escribir historias de amor, románticas y conmovedoras, pero no me sale.
No soy romántico, le propuse a mi mujer matrimonio por teléfono, y me pareció suficiente el anillo de oro para el triplete “declaración-compromiso-casamiento” No solamente eso, al anillo lo perdí al segundo año de casado y nunca lo repuse. Mi mano es soltera desde hace diez años. Es un símbolo sin importancia (me digo) pero quizás tenga alguna repercusión en el futuro de mi matrimonio.
En algún momento se desencadenarán los reproches y ese bizantino detalle “anillístico” formará parte de la primera fila y yo sólo podré defenderme con disparos de amor, a veces más dañinos que las balas y otras insignificantes y carentes de toda fuerza.
El amor, ladies and gentelmen, es algo difícil de soportar, pero está bueno. No siempre, pero la mayoría de las veces, hace que nos sintamos refugiados y seguros. Bien dije “hace que” y “a seguro se lo llevaron preso”, pero al menos la sensación es agradable.
Amar es entregarle una gran parte de tu vida a otra persona, no es tan complicado. El problema es que no siempre se trata de la persona correcta y entonces un día te das cuenta de que en lugar de “lavarla a mano”, mandaron tu vida a una tintorería de limpieza en seco y se te estropeó y encogió demasiado. Entonces tu vida no te entra o te da vergüenza usarla. Eso debe ser triste, le he visto en muchas personas. La mayoría de ellas, en lugar de agarrar su vida y lavarla con cuidado y cariño, no, se la entregan a otra persona sin pensarlo demasiado. Otras, nunca más dejan que nadie se la lave y tampoco es lo ideal.
Siguiendo con las analogías “baratas”, a la vez de que nuestra vida es lavada de diferentes maneras nosotros debemos mantener presentable la vida de nuestras parejas y ahí vienen los agobios; que que ayer te la lavé, que que te la lavo mañana, que que ponétela así que la mancha no se nota tanto, etc., etc. Porque no se trata de andar haciéndose lavar la vida y listo; también tenemos que agarrar el jabón en barra, el cepillo y la tabla de lavar y darle duro y parejo a la vida de quien nos acompaña.
Cuando se alcanza un estado de conformidad con la forma de limpieza de tu vida y la de tu pareja, se llega a un equilibrio donde las pulcritudes y las manchas pasan a un segundo plano y se consigue una tranquilidad de espíritu más o menos recomendable. ¿Cuánto se tarda en lograr eso? Días, años, nunca, durante períodos, que se yo. En mi caso demoró unos siete años, quizás ocho. ¿Lo logré? Vaya uno a saber. A veces pareciera que sí.
Quizás la clave sea la libertad, y no hablo de libertad descontrolada y come caminos, la libertad es mucho mas intangible que eso, la libertad es un sentimiento de poder hacer y decir cosas sin el peligro de lastimar a la pareja. O al menos lastimándola de manera superficial sin llegar a heridas graves. O al menos lastimándola de verdad, pero sin el peligro de “todo se va a la mierda”
¡Háblenme del amor, señoras de grandes pechos y hombres bien dotados! ¡Cuéntenme de qué se trata esa vaina!
Yo sólo sé la parte que me ha tocado, pero debe haber tantos matices inimaginables y posiblemente más coloridos que el mío, no digo mejores porque yo soy un afortunado. Muchos me envidian, sin ir más lejos, mi vecino Eric a veces me consulta sobre como manejar situaciones insostenibles con su esposa. Insostenible es Eric, con sus ciento y pico de kilos. Mucho para su mujer, tan pequeñita. Pero ella es fuerte, claro que no es simpática, ni Eric lo es. A veces les sugiero que alguno de los dos debería reírse, aunque el otro se enoje, pero ellos insisten con la seriedad y pulcritud.
Ella se viste como una señora, siempre con pantalones negros sueltos y camisas blancas aburridas. Me gustaría preguntarle si al menos la ropa interior es sexy, todavía no hay tanta confianza para eso. Eric, en cambio, usa ropa ajustada, generalmente Lacoste o Ralph Lauren, que le queda bastante mal considerando las dimensiones de su estómago.
Creo que no pueden salirse de su “10 years plan” y por eso andan serios y con problemas. Porque son tan afortunados que es seis años completaron el plan, pero son tan americanos que deben esperan cuatro años para trazar uno nuevo. El plan era: doscientos cincuenta mil por año: se reparten entre 140 ella y 130 él; la casa de sus sueños: lista y habitada; hijo: la niña no salió linda pero es sanita; hasta tienen camionetas costosas e iguales (una negra y una blanca)
¿Dónde está el problema? Lamento decirlo pero debe ser sexual. Cuando tenga confianza para hacer preguntas de ese tipo, me enteraré de lo que realmente me interesa.
Mi otro vecino, Philix, un cincuentón “made in Rusia” con esposa al tono, creo que es feliz. Claro que es ruso y nunca va a contarme sus problemas. Pero se lo ve contento al hombre, siempre rodeado de amigos y de hijos.

¿Es el amor el que define la felicidad? No tengo idea. Antes pensaba que el sexo y la comida mandaban, pero cuando las hormonas se tranquilizan se esperan más cosas además de comer y coger bien.
aclaracion: este escrito no tiene remate, puedo seguir escribiendo sobre él, la bola seguirá siempre girando y las conclusiones serán efímeras, como yo, que desaparezco lentamente

octubre 27, 2009

Sin embargo no fue tan complicado

Sin embargo, señora “no se que mierda es usted pero pareciera tener poder” sus apreciaciones me suenan un poco incongruentes. Y no se trata de una reacción subjetiva a sus palabras, estoy seguro de que cualquier persona con no mucho, un poco de cabeza nada más, coincidiría conmigo tildándola de ignorante, o peor aún de infantil.

Sucede, señora mía, que el mundo es injusto y las necesidades desgraciadamente me han hecho depender de un sello que sólo usted es capaz de posar sobre este documento y, en este momento de mi vida es de suma importancia que figure en él.

Como me ha repetido, su dependencia tal como osa llamarla a pesar que la supongo más mía que suya dado que yo la utilizo, viene cumpliendo una intachable trayectoria bajo su mando y está raqueada entre las más eficientes del ministerio. También me asegura, casi con lágrimas en los ojos, que en sus veinte años de trayectoria pública jamás de los jamases ha aceptado una gratificación voluntaria de cliente alguno, ¿se refiere a coima quizás? Me pregunto las razones que la han llevado a tocar ese tema, yo no pregunté ni estaba interesado en sus ingresos extras. Claro que posiblemente me está ahorrando el mal trago de ser rechazado ante mi oferta.

Su ignorancia y mi necesidad forman una dicotomía infranqueable de conveniencias.

Usted asegura que falta un papel que yo aseguro haber dejado en mi visita anterior, es su palabra contra la mía y la discusión vacía. Usted sabe que no podré conseguir con celeridad el papel que solicita y veo un brillo orgásmico en sus ojos al negarme su aprobación.

¿Qué queda por hacer? ¿Qué me queda por hacer? Necesito el sello y ya estoy seguro que no lo apretará contra mi hoja por las buenas. Pienso, pienso en todas sus palabras y lo descubro, entonces me acerco a su oreja y le espeto: “Contra mi voluntad, señora “no se que mierda es usted pero pareciera tener poder” me veo en la obligación de ofrecerle una gratificación no-intencional para que presione su sello embadurnado en tinta sobre mis papeles”

Ella sonrió, mientras el sello volaba desde la almohadilla hacia mis papeles, yo pensaba: la vida es una mierda.

Cruz J. Saubidet®