febrero 07, 2006

Anecdotario de un hombre endeudado


Julián Ernesto Galeano nació hace más de cuarenta años en alguno de los tantos ranchos diseminados por el norte argentino. Creció en la miseria absoluta y siendo niño, llegó a comerse una vela para saciar el hambre de todo un día.
Desde sus ocho años ha cazado bichos de todo tipo y color para comer y vender sus cueros, siempre ha tenido perros alrededor, todos con los dientes limados y hambrientos como su dueño.
Julián nunca fue a la escuela, ni a la iglesia ni conoce de números demasiado. Julián sabe mucho de trabajo, de pobreza y, por que negarlo, de mujeres.
El hombre es de mediana estatura, de físico relleno, de cabeza grande y de fuerza descomunal. Prefiere trabajar solo, pocos pueden seguir su ritmo de trabajo porque, a diferencia del resto, cuando trabaja no piensa.
Lo he visto cavar pozos y plantar postes, incansable, durante muchas horas, lo pude observar encarando un toro de ochocientos kilos con su caballito de trescientos, lo vi caer y levantarse luego de ser pateado por vacas, terneros, caballos y alambrados eléctricos. Pero Julián no hace caso a esas pequeñeces, sabe que a la tarde de cada día, luego de tomar una jarra de vino y hacer el amor con su mujer, la vida volverá a sonreírle. Porque Julián necesita sexo al menos una vez por día, sino le hace mal, aseguraba.
La Guada era la mujer de Julián, lo fue por muchos años hasta que la “llevó” el comisario del pueblo a vivir con él. Tuvo tres hijos de Julián y luego se hizo ligar las trompas para poder disfrutar del sexo sin las incomodidades de una preñez no deseada. La Guada es grandota y fuerte, cada uno de sus pechos soportaría un niño de un año haciendo caballito. La Guada sabe escribir, mal, pero fue hasta tercer grado hasta que quedo esperando al Nenón luego de un encuentro con un vendedor ambulante. Tenía casi trece años y Doña María, su madre, adoptó al niño y nunca permitió a su madre tratarlo como hijo. La Guada cumplió los quince y hubo fiesta en el galpón, Julián estaba changueando por la estancia y se quedó al baile, siempre en un rincón con un jarro de vino en la mano. Pero esa noche, el vino cambió sus efectos y Julián bailó tres chamamés con la homenajeada, que a los pocos minutos, en la oscuridad del depósito de huevos, quedó embarazada de la primera hija del matrimonio.
Doña María mandó a llamar a Julián cuando notó lo abultado de la panza de su hija, el muchacho bajó la cabeza y construyó un rancho de palo y barro en una calle abandonada, junto a un afamado talabartero de la zona que se había armado un rancho a su medida (un metro cuarenta) que desde lejos parecía una casita de Barbie.
A pocos metros se instalaron Julián y la Guada y bajo ese techo agujereado nacieron sus tres hijos. No siempre vivieron ahí, muchas veces Julián tuvo casa en estancias, pero el vino lo dejó una y otra vez sin trabajo. Era tan buen trabajador, que lo volvían a contratar y echar de los mismos lugares infinidad de veces. Entonces Regresaba a su rancho en la “Calle Muerta” donde contaban año a año con nuevos vecinos. Y cuando no tenía trabajo salía a cazar y seguía siendo bueno, aunque el precio de los cueros ya no era tan rentable.
La familia de Guada y Julián era muy pobre, jamás tuvieron dinero en efectivo porque el sueldo indefectiblemente debía cubrir las cuentas que se amuchaban con el correr de los meses. Consumía cincuenta kilos de carne, cuarenta y cinco de pan y una bolsa de harina de veinticinco por mes. A eso había que sumarle siete o más damajuanas de vino de cinco litros, treinta y seis pilas grandes para el grabador que sonaba sin parar, caramelos para Julián y los chicos, verdulería, ropa, etc.etc. Por supuesto que todos los meses debían pagar la cuota de la mesa y las sillas, el televisor, las zapatillas Adidas de los chicos y los gigantescos vestidos de la Guada.
El sueldo de Julián tenía casi siempre un 125% de déficit, pero a él nunca le preocupó el tema, era de esos hombres que saben encontrar las soluciones en la inercia o el cansancio de los otros.
Julián jugaba bien al fútbol, era una pena que estuviera borracho todos los domingos, porque así y todo, su patada calzada en botas de goma se tornaba inatajable para los arqueros.
Hablábamos poco, pero teníamos una buena relación, cada vez que le planteaba que debía organizar su economía me respondía “AJA” y seguía pensando en sus cosas.
Llegó el día en que ningún comercio le fiaba, ya había cambiado de pueblo en tres ocasiones, pero ya no quedaba nadie a quien recurrir en 100 km. a la redonda.
Vino a mí preocupado, no tenía pan, ni papas y la vaca lechera estaba seca. Lo ayudé.
No le presté más plata porque me debía demasiada, así que lo declaré en “default” y le prohibí visitar pueblo alguno hasta que se aquieten las aguas. Yo le compraba los alimentos y otras necesidades y con lo poco que quedaba iba pagándole a los acreedores más simpáticos. Cada vez que andaba por el pueblo los comerciantes me preguntaban por él y yo les comentaba el default declarado y las quitas de intereses que deberían hacer para cobrar.
Pero llegó el día en que me fui de la zona y tuve que prepararlo a Julián para su reingreso al mundo. Un mes antes de mi partida lo llevaba conmigo y le mostraba las bondades de comprar en efectivo, él nunca lo había hecho y con celeridad le agarró el gusto al dinero constante y sonante. Incluso se transformó en ahorrativo, me lo demostró cuando al salir del supermercado me mostró un pulverizador para mosquitos y ante mi consulta sobre el veneno dijo: “el mes que viene”
Pasaron años sin verlo aunque seguí al tanto de su vida. Sus hijos se casaron y tienen hijos, la mujer lo dejó por un comisario y él, cambió mil veces de trabajo.
No encontramos en un bar hará dos años, conversamos poco como siempre, yo pagué dos cervezas y él se ofreció a pagar la última: “Anotala en mi cuenta Rolo” le dijo al mozo.

Cruz Joaquin Saubidet®

3 comentarios:

principemestizo dijo...

me gusta mucho tu forma de narrar, es honesta y franca, felicidades desde ahora considerame un fan de tu pagina

Cruz J. Saubidet dijo...

muchas gracias, aprecio mucho el comentario

Anónimo dijo...

Hola me gusto mucho el cuento, espero qe sigas escribiendo mas sobre este tema que tanto conoces.
saludos